13 de septiembre 2021    /   IDEAS
por
Ilustración  julymilks (Shutterstock)

Nuevo curso, nueva temporada de adolescencia líquida (para ellas)

Las chicas son más libres y atrevidas que ellos. Un logro del feminismo

13 de septiembre 2021    /   IDEAS     por        Ilustración  julymilks (Shutterstock)
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista del Verano haciendo clic aquí.

Ellas volverán con el nuevo curso a su sexo líquido, lleno de apetencia libre y curiosidad, de experimentación, de intercambios, con el zurrón mental algo más vacío de prejuicios. Ellos también, pero menos. «Se nota mucho el trabajo que el feminismo hizo estos años, el empoderamiento de la mujer, el progresivo reequilibrio de los géneros», dice la psicóloga clínica Lorena Casete, con más de 30 años a su espalda tratando con Z, milenials, Y… este tipo de generaciones que con la perspectiva del tiempo sabremos cómo llamar.

«Las nuevas masculinidades son ahora la asignatura pendiente, ya que sobre el machirulismo, los esquemas heteropatriarcales de dominio masculino, no se ha profundizado mucho. Los chicos están abandonados a su suerte y eso supone que se les deja a los pies de los caballos: deportes machistas, pornografía machista, música machista… reproducen los esquemas dominantes con muchísima facilidad». Así nos lo cuenta el sexólogo Borja Rodríguez.

«Mi hija, que dice que es lesbiana. Pues mira tú qué importancia tiene eso. Yo lo que quiero es que sea feliz. ¿Qué importa que sea lesbiana?». El productor audiovisual Guillermo González le comentaba esto a uno de sus colaboradores durante un café de relax, en mitad de un rodaje. A los pocos meses, la conversación continuaba. «Ahora está con un tío. Pues muy bien también».

El episodio, más allá de una anécdota, tiene varias claves que definen una de las tendencias a las que apunta la muchachada posadolescente de la actualidad. Aquella que ronda entre los 18 y los 25 y que ahora regresa a una cierta normalidad después del tirón hacia abajo de sus expectativas vitales a corto plazo que supuso el corona.

Son las chicas y chicos de la generación que al nacer ya tenía internet. La más audaz y creativa. La que responde al tópico de mejor formada. La que más viaja. La que ha ido labrando su experiencia entre pantallas, papis y mamis enrollados y un sistema escolar renqueante, tradicional, con escasa capacidad de adaptación al ritmo de los tiempos y en la que nada, o casi nada, les habla de sus vaginas y de sus penes, pero muchísimo menos del placer sexual. Puede, incluso, que algunos de sus miembros —dependiendo de dónde hayan elegido escolarizarles— continúen identificando sexo con reproducción. Ora pro nobis.

«Muchas personas de esa edad son, sobre todo, curiosas, se atreven más a experimentar, a probar cosas al margen de lo establecido por la tradición», dice Casete. «Ahora cuentan con unos aliados que generaciones anteriores no tenían: los padres y madres, que en muchos casos actúan como si fuesen colegas, renunciando al papel de educadores. Llegamos así a la situación de que con 13 o 14 años ya llevan a la pareja a casa y pueden follar sin que nadie cuestione nada, como algo natural y aceptado, pero casi siempre con toda la carga de machismo y tradicionalismo que conlleva. Eso es llegar al sexo a ciegas, con la cabeza todavía algo reblandecida por los cuentos de príncipes y princesas».

El papel de padres y madres también es destacado por Borja Rodríguez: «Sus progenitores, en muchos casos, trabajan ambos, están menos en casa, se desentienden un poco de las labores educativas, con lo que los chavales se buscan la vida».

La escuela del siglo XXI sigue dejando a sus clientes ante un abismo que llenan otras sustancias, como los esquemas heteropatriarcales heredados, tan bien resumidos en la palabra machismo, o la pornografía como fuente de saber, no como fantasía creativa. Porno «con toda su carga conceptual llena de estereotipos, que se convierte en su principal fuente informativa sobre el sexo y les induce a reproducir prácticas muy machistas», dice Rodríguez.

Tras la luz del sexo más experimental y líquido de las adolescentes y posadolescentes, se esconden unos niveles de machismo que en muchos casos rozan lo patológico, identificando el amor con los celos exacerbados o controlando el teléfono móvil de la víctima

Actualmente la existencia del porno ni siquiera se ve compensada, como en otros momentos, por programas televisivos o contenidos informativos como los del programa de Lorena Berdún o algunos otros contenidos, sustituidos ahora casi completamente por el entretenimiento más banal. Casete lamenta que no se generalice la existencia de talleres de educación afectivosexual y que estos no tengan un lugar en el contenido curricular del sistema educativo.

Pero tras la luz del sexo más experimental y líquido de las adolescentes y posadolescentes, se esconden unos niveles de machismo que en muchos casos rozan lo patológico, identificando el amor con los celos exacerbados o controlando el teléfono móvil de la víctima. La pareja-policía continúa reproduciendo sus esquemas más crueles.

Un panorama en el que conviven el sexo líquido, algo indefinido, experimental, de chicas, sobre todo chicas atrevidas y valientes, con la dimensión más heredada, acrítica, tradicional, machista y ruda con la que muchos chavales todavía se identifican.

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista del Verano haciendo clic aquí.

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista del Verano haciendo clic aquí.

Ellas volverán con el nuevo curso a su sexo líquido, lleno de apetencia libre y curiosidad, de experimentación, de intercambios, con el zurrón mental algo más vacío de prejuicios. Ellos también, pero menos. «Se nota mucho el trabajo que el feminismo hizo estos años, el empoderamiento de la mujer, el progresivo reequilibrio de los géneros», dice la psicóloga clínica Lorena Casete, con más de 30 años a su espalda tratando con Z, milenials, Y… este tipo de generaciones que con la perspectiva del tiempo sabremos cómo llamar.

«Las nuevas masculinidades son ahora la asignatura pendiente, ya que sobre el machirulismo, los esquemas heteropatriarcales de dominio masculino, no se ha profundizado mucho. Los chicos están abandonados a su suerte y eso supone que se les deja a los pies de los caballos: deportes machistas, pornografía machista, música machista… reproducen los esquemas dominantes con muchísima facilidad». Así nos lo cuenta el sexólogo Borja Rodríguez.

«Mi hija, que dice que es lesbiana. Pues mira tú qué importancia tiene eso. Yo lo que quiero es que sea feliz. ¿Qué importa que sea lesbiana?». El productor audiovisual Guillermo González le comentaba esto a uno de sus colaboradores durante un café de relax, en mitad de un rodaje. A los pocos meses, la conversación continuaba. «Ahora está con un tío. Pues muy bien también».

El episodio, más allá de una anécdota, tiene varias claves que definen una de las tendencias a las que apunta la muchachada posadolescente de la actualidad. Aquella que ronda entre los 18 y los 25 y que ahora regresa a una cierta normalidad después del tirón hacia abajo de sus expectativas vitales a corto plazo que supuso el corona.

Son las chicas y chicos de la generación que al nacer ya tenía internet. La más audaz y creativa. La que responde al tópico de mejor formada. La que más viaja. La que ha ido labrando su experiencia entre pantallas, papis y mamis enrollados y un sistema escolar renqueante, tradicional, con escasa capacidad de adaptación al ritmo de los tiempos y en la que nada, o casi nada, les habla de sus vaginas y de sus penes, pero muchísimo menos del placer sexual. Puede, incluso, que algunos de sus miembros —dependiendo de dónde hayan elegido escolarizarles— continúen identificando sexo con reproducción. Ora pro nobis.

«Muchas personas de esa edad son, sobre todo, curiosas, se atreven más a experimentar, a probar cosas al margen de lo establecido por la tradición», dice Casete. «Ahora cuentan con unos aliados que generaciones anteriores no tenían: los padres y madres, que en muchos casos actúan como si fuesen colegas, renunciando al papel de educadores. Llegamos así a la situación de que con 13 o 14 años ya llevan a la pareja a casa y pueden follar sin que nadie cuestione nada, como algo natural y aceptado, pero casi siempre con toda la carga de machismo y tradicionalismo que conlleva. Eso es llegar al sexo a ciegas, con la cabeza todavía algo reblandecida por los cuentos de príncipes y princesas».

El papel de padres y madres también es destacado por Borja Rodríguez: «Sus progenitores, en muchos casos, trabajan ambos, están menos en casa, se desentienden un poco de las labores educativas, con lo que los chavales se buscan la vida».

La escuela del siglo XXI sigue dejando a sus clientes ante un abismo que llenan otras sustancias, como los esquemas heteropatriarcales heredados, tan bien resumidos en la palabra machismo, o la pornografía como fuente de saber, no como fantasía creativa. Porno «con toda su carga conceptual llena de estereotipos, que se convierte en su principal fuente informativa sobre el sexo y les induce a reproducir prácticas muy machistas», dice Rodríguez.

Tras la luz del sexo más experimental y líquido de las adolescentes y posadolescentes, se esconden unos niveles de machismo que en muchos casos rozan lo patológico, identificando el amor con los celos exacerbados o controlando el teléfono móvil de la víctima

Actualmente la existencia del porno ni siquiera se ve compensada, como en otros momentos, por programas televisivos o contenidos informativos como los del programa de Lorena Berdún o algunos otros contenidos, sustituidos ahora casi completamente por el entretenimiento más banal. Casete lamenta que no se generalice la existencia de talleres de educación afectivosexual y que estos no tengan un lugar en el contenido curricular del sistema educativo.

Pero tras la luz del sexo más experimental y líquido de las adolescentes y posadolescentes, se esconden unos niveles de machismo que en muchos casos rozan lo patológico, identificando el amor con los celos exacerbados o controlando el teléfono móvil de la víctima. La pareja-policía continúa reproduciendo sus esquemas más crueles.

Un panorama en el que conviven el sexo líquido, algo indefinido, experimental, de chicas, sobre todo chicas atrevidas y valientes, con la dimensión más heredada, acrítica, tradicional, machista y ruda con la que muchos chavales todavía se identifican.

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista del Verano haciendo clic aquí.

Compártelo twitter facebook whatsapp
El despertador
Formas de usar mal el correo electrónico
¿Por qué la Administración y las empresas envían papeles indescifrables?
‘Esclavos del tiempo’: ¿Nos dan las máquinas más tiempo libre o nos lo roban?
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *