2 de octubre 2012    /   ENTRETENIMIENTO
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Nunca dejes la pasta en manos de un rockero

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O popero. O lo que sea que haga Animal Collective. Josh Dibb, más conocido como Deakin, uno de los miembros de la banda de Baltimore, levantó en 2009 26.000 pavos en Kickstarter para grabar un disco en solitario. Pero claro, ya se sabe a lo que se expone uno cuando le da dinero a estos hippies melenudos adoradores de Satán.

Como cuenta Pitchfork -yo no leo esas cosas de modernos, es que me lo ha enseñado un amigo-, Dibb tenía el plan de viajar al desierto de Mali para participar en el Festival del Desierto, editar un libro y un disco y donar una parte de los ingresos a una ONG que lucha contra la esclavitud en África, que aún existe, amigos.

Para financiarlo todo, acudió a Kickstarter, la plataforma con más renombre en esto del crowdfunding. Tras tres semanas de campaña, Deakin consiguió recaudar 26.000 dólares, una cifra suficiente para llevar a cabo su plan creativo.

El problema ha llegado ahora, casi tres años después. Algunas de las personas que tiró de cuenta corriente para ayudar la músico estadounidense han agotado su capacidad de espera. “Estoy realmente decepcionado”, explica un tal Dan Rollman. “Has minado mi capacidad de creer y tener fe en la honestidad y el compromiso de los demás. Aún espero que sigas adelante y envíes lo que prometiste, pero con cada mes que pasa, mi escepticismo crece”.

Pitchfork se puso en contacto con el músico para que aclarase en qué fase se encuentra el proyecto. “Me entristece leer esto, pero he creado una situación en la que esa podría ser la percepción y lo entiendo. Hay un par de cosas que están siendo mal planteadas”.

Deakin alega que los 26.000 dólares han ido a parar íntegramente a la ONG. Además, cuenta que “los envíos que se supone que tenía que hacer se basaban en la música que estaba escribiendo en ese momento. Cuando volví de Mali, no estaba satisfecho con ella”, señala. Para el músico existía la presión añadida de tener una fecha de entrega que, si bien no era firme, sí era aproximada. Deakin había cambiado la presión de las discográficas por la del público que esperaba su trabajo.

El estadounidense cree que su principal error ha sido no enviar a los donantes actualizaciones del estado del proyecto. Explica que envió una actualización a Kickstarter en agosto pero no está seguro de qué donantes la han recibido. “No querría llamarlo el bloqueo del escritor ya que un montón de ese trabajo se ha hecho. Es más un perfeccionismo fatal”, declara a la revista musical.

El incidente, que plantea el debate acerca de los proyectos que quedan inacabados tras haber conseguido financiación en plataformas de crowdfunding, lleva a un punto que acucia a la sociedad desde hace, al menos, un par de siglos. ¿Te puedes fiar de un músico? Está claro que de Deakin y de Melendi no.

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O popero. O lo que sea que haga Animal Collective. Josh Dibb, más conocido como Deakin, uno de los miembros de la banda de Baltimore, levantó en 2009 26.000 pavos en Kickstarter para grabar un disco en solitario. Pero claro, ya se sabe a lo que se expone uno cuando le da dinero a estos hippies melenudos adoradores de Satán.

Como cuenta Pitchfork -yo no leo esas cosas de modernos, es que me lo ha enseñado un amigo-, Dibb tenía el plan de viajar al desierto de Mali para participar en el Festival del Desierto, editar un libro y un disco y donar una parte de los ingresos a una ONG que lucha contra la esclavitud en África, que aún existe, amigos.

Para financiarlo todo, acudió a Kickstarter, la plataforma con más renombre en esto del crowdfunding. Tras tres semanas de campaña, Deakin consiguió recaudar 26.000 dólares, una cifra suficiente para llevar a cabo su plan creativo.

El problema ha llegado ahora, casi tres años después. Algunas de las personas que tiró de cuenta corriente para ayudar la músico estadounidense han agotado su capacidad de espera. “Estoy realmente decepcionado”, explica un tal Dan Rollman. “Has minado mi capacidad de creer y tener fe en la honestidad y el compromiso de los demás. Aún espero que sigas adelante y envíes lo que prometiste, pero con cada mes que pasa, mi escepticismo crece”.

Pitchfork se puso en contacto con el músico para que aclarase en qué fase se encuentra el proyecto. “Me entristece leer esto, pero he creado una situación en la que esa podría ser la percepción y lo entiendo. Hay un par de cosas que están siendo mal planteadas”.

Deakin alega que los 26.000 dólares han ido a parar íntegramente a la ONG. Además, cuenta que “los envíos que se supone que tenía que hacer se basaban en la música que estaba escribiendo en ese momento. Cuando volví de Mali, no estaba satisfecho con ella”, señala. Para el músico existía la presión añadida de tener una fecha de entrega que, si bien no era firme, sí era aproximada. Deakin había cambiado la presión de las discográficas por la del público que esperaba su trabajo.

El estadounidense cree que su principal error ha sido no enviar a los donantes actualizaciones del estado del proyecto. Explica que envió una actualización a Kickstarter en agosto pero no está seguro de qué donantes la han recibido. “No querría llamarlo el bloqueo del escritor ya que un montón de ese trabajo se ha hecho. Es más un perfeccionismo fatal”, declara a la revista musical.

El incidente, que plantea el debate acerca de los proyectos que quedan inacabados tras haber conseguido financiación en plataformas de crowdfunding, lleva a un punto que acucia a la sociedad desde hace, al menos, un par de siglos. ¿Te puedes fiar de un músico? Está claro que de Deakin y de Melendi no.

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