27 de febrero 2017    /   CREATIVIDAD
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Nuria Román: la escultora empeñada en coser la Tierra

27 de febrero 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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Los muros son la manifestación física del miedo. Es un miedo poderoso, a tenor del tamaño de los mismos. Su máxima expresión ha sido la Gran Muralla China, pero donde más se reconoce ese pavor es en las ciudades fortificadas del medievo. Pese a la incuestionable belleza de algunas de ellas, es imposible no verlas como metrópolis acobardadas.

Ahora Donald Trump quiere construir otro muro. No es el único, pero sí el más mediático. Y mientras tanto, frente a tal pretensión mastodóntica, una escultora llamada Nuria Román se ha empeñado en remendar las viejas heridas producidas por los muros y las fronteras a lo largo de la historia. Es, como siempre, la eterna contienda entre David y Goliat. Sólo que en esta ocasión, David es mujer.

El proyecto, llamado Latitud 40N, es ambicioso. Consiste en realizar una serie de esculturas que se instalarán a lo lo largo de dicha latitud, uniéndose todas ellas gracias a un hilo imaginario que pretende enhebrar la Tierra. La primera escultura, ya instalada, se encuentra en la isla de Menorca. Concretamente, en la playa de Mongofre. Una hermosísima cala de la zona norte a la que sólo se puede acceder por mar.

nuria2

El siguiente emplazamiento será en el río Tajo, a la altura de Aranjuez. En este momento se está viendo el lugar idóneo con las autoridades locales. Después, el hilo inmaterial se irá alargando hacia New Jersey, Philadelphia y California. Más adelante, Japón, Corea, China (Pekín) y, tras cruzar Asia Occidental, regresará al Mediterráneo para establecerse en Grecia (Monte Olímpico) e Italia. En todos estos lugares se buscarán los espacios y artistas colaboradores idóneos para completar esta obra global y colectiva.

Yo asistí al emplazamiento de la llamada «Aguja de Mongofre». Clavada en la tierra, se trata de una escultura realizada con acero corten y troncos que el mar ha ido dejando en la costa. Con 4,5 metros de altura, fue la puntada inaugural de este proyecto.

nuria

El izado de la aguja se realizó con cuerdas tiradas por un nutrido grupo de voluntarios. Era el 31 de julio de 2012 y recuerdo que sudamos bastante hasta conseguirlo. Pero Nuria Román es lo suficientemente tenaz y testaruda como para conseguir todo lo que se propone.

Nacida en Madrid, y tras haber vivido un largo período de su vida en Los Ángeles, ahora reside en Menorca. Su casa, paradójicamente amurallada, es un antiguo polvorín situado en la pequeña cala de San Esteve, una de las más secretas y hermosas de la isla. Desde ese lugar, donde también tiene instalado su estudio, dirige y coordina todo el proyecto.

Pese a los servicios de inteligencia, los satélites espía y el big data, los constructores de muros jamás podrán controlarlo todo. Y mucho menos los hilos inmateriales que, como el proyecto de esta escultora, seguirán empeñados en coser sin ruido lo que ellos desgarran.

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Los muros son la manifestación física del miedo. Es un miedo poderoso, a tenor del tamaño de los mismos. Su máxima expresión ha sido la Gran Muralla China, pero donde más se reconoce ese pavor es en las ciudades fortificadas del medievo. Pese a la incuestionable belleza de algunas de ellas, es imposible no verlas como metrópolis acobardadas.

Ahora Donald Trump quiere construir otro muro. No es el único, pero sí el más mediático. Y mientras tanto, frente a tal pretensión mastodóntica, una escultora llamada Nuria Román se ha empeñado en remendar las viejas heridas producidas por los muros y las fronteras a lo largo de la historia. Es, como siempre, la eterna contienda entre David y Goliat. Sólo que en esta ocasión, David es mujer.

El proyecto, llamado Latitud 40N, es ambicioso. Consiste en realizar una serie de esculturas que se instalarán a lo lo largo de dicha latitud, uniéndose todas ellas gracias a un hilo imaginario que pretende enhebrar la Tierra. La primera escultura, ya instalada, se encuentra en la isla de Menorca. Concretamente, en la playa de Mongofre. Una hermosísima cala de la zona norte a la que sólo se puede acceder por mar.

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El siguiente emplazamiento será en el río Tajo, a la altura de Aranjuez. En este momento se está viendo el lugar idóneo con las autoridades locales. Después, el hilo inmaterial se irá alargando hacia New Jersey, Philadelphia y California. Más adelante, Japón, Corea, China (Pekín) y, tras cruzar Asia Occidental, regresará al Mediterráneo para establecerse en Grecia (Monte Olímpico) e Italia. En todos estos lugares se buscarán los espacios y artistas colaboradores idóneos para completar esta obra global y colectiva.

Yo asistí al emplazamiento de la llamada «Aguja de Mongofre». Clavada en la tierra, se trata de una escultura realizada con acero corten y troncos que el mar ha ido dejando en la costa. Con 4,5 metros de altura, fue la puntada inaugural de este proyecto.

nuria

El izado de la aguja se realizó con cuerdas tiradas por un nutrido grupo de voluntarios. Era el 31 de julio de 2012 y recuerdo que sudamos bastante hasta conseguirlo. Pero Nuria Román es lo suficientemente tenaz y testaruda como para conseguir todo lo que se propone.

Nacida en Madrid, y tras haber vivido un largo período de su vida en Los Ángeles, ahora reside en Menorca. Su casa, paradójicamente amurallada, es un antiguo polvorín situado en la pequeña cala de San Esteve, una de las más secretas y hermosas de la isla. Desde ese lugar, donde también tiene instalado su estudio, dirige y coordina todo el proyecto.

Pese a los servicios de inteligencia, los satélites espía y el big data, los constructores de muros jamás podrán controlarlo todo. Y mucho menos los hilos inmateriales que, como el proyecto de esta escultora, seguirán empeñados en coser sin ruido lo que ellos desgarran.

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Opiniones 1
  • Hola. Soy artista plástica en proceso de doctorado y trabajo tengo un proyecto relacionado con la creación de muros con pasta de papel reciclado. Me ha interesado mucho este artículo. Me gustaría conocer más. Saludos!

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