19 de agosto 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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Soy objetor ortográfico

19 de agosto 2014    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Me confieso un ‘hater’ y un ‘lover’ de la RAE. Más ‘hater’ que ‘lover’, para qué mentir, porque nunca me dejarían usar ‘hater’ o ‘lover’, considerando que usar palabras extranjeras que existen en castellano es una forma de empobrecer la expresión. Pero decir ‘el que odia’ no tiene tanta fuerza. La palabra es ‘hater’, y punto, aquí y en Twitter, que es donde pasa todo y donde, en realidad, no pasa nada.
Servidor de ustedes es periodista, y vive -entre otras cosas- de escribir. Para mí las palabras son ladrillos, y no hay torre que aguante si no se empasta bien la estructura. No entiendo un periodista de la palabra que no sepa escribir, ya sea hilando un discurso, ya sea utilizando la ortografía correcta. Sencillamente, no es posible.
La cosa es, ¿cuál es la regla correcta? Lo que dice la RAE, que para algo es la RAE, claro. Pero lo que dice la RAE… ¿cuándo?
Confesaré que en primero de carrera suspendí un examen por una falta que la gramática de unos años atrás aceptaba, pero que había dejado de aceptar. Casualmente, por mi apellido, mi examen era de los últimos y mi error estaba al final del texto. La profesora me dijo que mi examen era de sobresaliente (lo cual era bastante inusual, debo decir), pero que nos veríamos en septiembre. No recuerdo qué palabra era. Años después no pocos alumnos a los que suspendí por no pocas faltas de ortografía encajaron con bastante menos templanza la decisión, pero esa ya es otra historia.
La cosa es que siempre he tenido, a pesar de ser periodista y ‘escribidor’, una cierta manía a la RAE. Fundamentalmente por esa tendencia a castellanizarlo todo, que a fin de cuentas es para lo que les pagamos, para que limpien, fijen y den esplendor defendiendo que esa palabra que dices en otro idioma existe en el nuestro. Sí, pero no tiene la misma carga, o la misma sonoridad. Pero a ellos les da igual: es su trabajo. Lo dicen hasta en su perfil de Twitter: «La Real Academia Española (RAE), fundada en 1713, vela por el buen uso y la unidad de la lengua española, patrimonio común de 500 millones de hispanohablantes».
En realidad, lo que me da más rabia es el paso siguiente: si una palabra extranjera no existe, hago una adaptación chusquera al idioma e intento que se utilice. Zum por zoom, cederrón por CD-ROM o güisqui por whisky. Lo siento, con esto no puedo. No es que no vaya a escribir «zum» en mi vida, es que  -personalmente- me parece ridículo. En mi humilde opinión, aceptar extranjerismos no sólo es una cuestión de traducciones, sino de significados: ‘grandeur’ no sólo es ‘grandeza’; ‘saudade’ no sólo es melancolía.
Hasta esos días teníamos un equilibrio de respeto profundo por su trabajo y cierta rabia por lo que, a mi juicio, eran excesos de celo que empobrecen los ladrillos con los que trabajo (que oiga, no son míos, ni mucho menos, y ellos saben mucho más de todo esto que yo). Pero la cosa fue degenerando.
Supongo que todo empezó cuando uno de los escritores y periodistas más llorados de nuestro tiempo, Gabriel García Márquez, la lió en el primer congreso de la lengua que se organizaba en Zacatecas. Dijo todo esto, y aquí tienes el fragmento más llamativo

«Una lengua que desde hace tiempo no cabe en su pellejo», dijo, y no le faltaba razón. Joaquín Sabina no tiene tanto glamour intelectual como García Márquez, dónde va uno a parar, pero gusta de juegos similares. Igual que Andrés Calamaro (ya perdonaréis las comparaciones). Su «mi sierra eléctrica no cierra los feriados» lleva aparejada una sonrisa tarantinesca que, imagino, no todos los hispanohablantes entenderán. Porque el castellano es como Dios, pero a lo bestia: no es uno y trino, sino uno e infinito. Del ‘mi arma’ al ‘la hostia’, del ‘feriado’, al ‘choclo’.
Más de 500 millones de personas hablando un idioma acaban hablando lenguas diferentes. El Babel de Cervantes, que por ser diverso difiere hasta en el nombre del idioma con un océano de por medio. Porque… ¿es español o castellano?
La cosa es que finalmente la RAE empezó a relajar reglas. «Sólo» dejó de existir, como las tildes en los pronombres demostrativos. Cuando yo estudiaba, que tampoco hace tanto de eso, la tilde era diacrítica, distinguiendo el adverbio (solamente) del adjetivo (que indica soledad). Luego dijeron que el acento era opcional. Al final, lo prohibieron. «Sólo» se ha quedado solo, y sin acento. Como guión, que ya no tiene guión encima de la ‘o’ porque es «guion».
Tan duros contra los verbos invasores, tan descuidados con nuestras propias reglas.
Así que decidí declararme a mí mismo insumiso ortográfico. A mí, qué queréis, se me hace raro no escribir Rey en mayúscula (y eso que no soy monárquico). No puedo escribir «sólo» sin acento, ni jamás usaré «zum» o «güisqui». Tampoco soy de «carné», sino de carnets. No sé qué es el «pudín» (así, agudo), porque yo soy de pudding (y eso que, como el whisky, no me gusta).
Mientras todo esto pasa y combatimos contra enemigos lingüísticos que nos inventamos -como si las abreviaturas en el móvil tienen consecuencias negativas en cómo escriben los estudiantes-, pasan cosas mucho más graves. En Selectividad se relajaron las exigencias ortográficas hace años y ahora los universitarios muchas veces no saben escribir correctamente. Eso es de ser un truhán lingüístico (así, con acento, que duele más).
Mientras, en Latinoamérica, muchas veces los titulares de la prensa copian el estilo estadounidense de usar mayúsculas en cada palabra o de escribir sin preposiciones. Mientras, aquí, los correctores automáticos de los móviles cambian nuestros errores (y a veces ponen otros). Mientras, muchísima gente (incluso profesionales de la escritura) tienen serios problemas con los signos de puntuación y no aciertan ni una: comas separando sujeto y predicado, párrafos sin puntos finales…
No seré yo quien diga que nunca he cometido una falta, porque no es verdad: he cometido muchas. Tampoco seré yo quien diga que este artículo esté perfecto desde el punto de vista de un corrector profesional (seguro que no). Pero sí diré que no conozco a nadie que escriba «zum», que le resulte normal que se quiten acentos porque la gente se líe o que sea capaz de leer un texto en voz alta correctamente si las comas están mal puestas.
Así que ya ves, yo, que defiendo a capa y espada las normas ortográficas, acabo siendo incorrecto por errores propios… y por propia voluntad. Lo bueno es que en esta batalla no estoy solo (sin acento): muchos otros han seguido acentuando los «sólo» y los «éste». Las lenguas, en fin, se hacen, no se dictan. Y ahora, por favor, quítenme el carnet (con «t» final) de periodista.

Me confieso un ‘hater’ y un ‘lover’ de la RAE. Más ‘hater’ que ‘lover’, para qué mentir, porque nunca me dejarían usar ‘hater’ o ‘lover’, considerando que usar palabras extranjeras que existen en castellano es una forma de empobrecer la expresión. Pero decir ‘el que odia’ no tiene tanta fuerza. La palabra es ‘hater’, y punto, aquí y en Twitter, que es donde pasa todo y donde, en realidad, no pasa nada.
Servidor de ustedes es periodista, y vive -entre otras cosas- de escribir. Para mí las palabras son ladrillos, y no hay torre que aguante si no se empasta bien la estructura. No entiendo un periodista de la palabra que no sepa escribir, ya sea hilando un discurso, ya sea utilizando la ortografía correcta. Sencillamente, no es posible.
La cosa es, ¿cuál es la regla correcta? Lo que dice la RAE, que para algo es la RAE, claro. Pero lo que dice la RAE… ¿cuándo?
Confesaré que en primero de carrera suspendí un examen por una falta que la gramática de unos años atrás aceptaba, pero que había dejado de aceptar. Casualmente, por mi apellido, mi examen era de los últimos y mi error estaba al final del texto. La profesora me dijo que mi examen era de sobresaliente (lo cual era bastante inusual, debo decir), pero que nos veríamos en septiembre. No recuerdo qué palabra era. Años después no pocos alumnos a los que suspendí por no pocas faltas de ortografía encajaron con bastante menos templanza la decisión, pero esa ya es otra historia.
La cosa es que siempre he tenido, a pesar de ser periodista y ‘escribidor’, una cierta manía a la RAE. Fundamentalmente por esa tendencia a castellanizarlo todo, que a fin de cuentas es para lo que les pagamos, para que limpien, fijen y den esplendor defendiendo que esa palabra que dices en otro idioma existe en el nuestro. Sí, pero no tiene la misma carga, o la misma sonoridad. Pero a ellos les da igual: es su trabajo. Lo dicen hasta en su perfil de Twitter: «La Real Academia Española (RAE), fundada en 1713, vela por el buen uso y la unidad de la lengua española, patrimonio común de 500 millones de hispanohablantes».
En realidad, lo que me da más rabia es el paso siguiente: si una palabra extranjera no existe, hago una adaptación chusquera al idioma e intento que se utilice. Zum por zoom, cederrón por CD-ROM o güisqui por whisky. Lo siento, con esto no puedo. No es que no vaya a escribir «zum» en mi vida, es que  -personalmente- me parece ridículo. En mi humilde opinión, aceptar extranjerismos no sólo es una cuestión de traducciones, sino de significados: ‘grandeur’ no sólo es ‘grandeza’; ‘saudade’ no sólo es melancolía.
Hasta esos días teníamos un equilibrio de respeto profundo por su trabajo y cierta rabia por lo que, a mi juicio, eran excesos de celo que empobrecen los ladrillos con los que trabajo (que oiga, no son míos, ni mucho menos, y ellos saben mucho más de todo esto que yo). Pero la cosa fue degenerando.
Supongo que todo empezó cuando uno de los escritores y periodistas más llorados de nuestro tiempo, Gabriel García Márquez, la lió en el primer congreso de la lengua que se organizaba en Zacatecas. Dijo todo esto, y aquí tienes el fragmento más llamativo

«Una lengua que desde hace tiempo no cabe en su pellejo», dijo, y no le faltaba razón. Joaquín Sabina no tiene tanto glamour intelectual como García Márquez, dónde va uno a parar, pero gusta de juegos similares. Igual que Andrés Calamaro (ya perdonaréis las comparaciones). Su «mi sierra eléctrica no cierra los feriados» lleva aparejada una sonrisa tarantinesca que, imagino, no todos los hispanohablantes entenderán. Porque el castellano es como Dios, pero a lo bestia: no es uno y trino, sino uno e infinito. Del ‘mi arma’ al ‘la hostia’, del ‘feriado’, al ‘choclo’.
Más de 500 millones de personas hablando un idioma acaban hablando lenguas diferentes. El Babel de Cervantes, que por ser diverso difiere hasta en el nombre del idioma con un océano de por medio. Porque… ¿es español o castellano?
La cosa es que finalmente la RAE empezó a relajar reglas. «Sólo» dejó de existir, como las tildes en los pronombres demostrativos. Cuando yo estudiaba, que tampoco hace tanto de eso, la tilde era diacrítica, distinguiendo el adverbio (solamente) del adjetivo (que indica soledad). Luego dijeron que el acento era opcional. Al final, lo prohibieron. «Sólo» se ha quedado solo, y sin acento. Como guión, que ya no tiene guión encima de la ‘o’ porque es «guion».
Tan duros contra los verbos invasores, tan descuidados con nuestras propias reglas.
Así que decidí declararme a mí mismo insumiso ortográfico. A mí, qué queréis, se me hace raro no escribir Rey en mayúscula (y eso que no soy monárquico). No puedo escribir «sólo» sin acento, ni jamás usaré «zum» o «güisqui». Tampoco soy de «carné», sino de carnets. No sé qué es el «pudín» (así, agudo), porque yo soy de pudding (y eso que, como el whisky, no me gusta).
Mientras todo esto pasa y combatimos contra enemigos lingüísticos que nos inventamos -como si las abreviaturas en el móvil tienen consecuencias negativas en cómo escriben los estudiantes-, pasan cosas mucho más graves. En Selectividad se relajaron las exigencias ortográficas hace años y ahora los universitarios muchas veces no saben escribir correctamente. Eso es de ser un truhán lingüístico (así, con acento, que duele más).
Mientras, en Latinoamérica, muchas veces los titulares de la prensa copian el estilo estadounidense de usar mayúsculas en cada palabra o de escribir sin preposiciones. Mientras, aquí, los correctores automáticos de los móviles cambian nuestros errores (y a veces ponen otros). Mientras, muchísima gente (incluso profesionales de la escritura) tienen serios problemas con los signos de puntuación y no aciertan ni una: comas separando sujeto y predicado, párrafos sin puntos finales…
No seré yo quien diga que nunca he cometido una falta, porque no es verdad: he cometido muchas. Tampoco seré yo quien diga que este artículo esté perfecto desde el punto de vista de un corrector profesional (seguro que no). Pero sí diré que no conozco a nadie que escriba «zum», que le resulte normal que se quiten acentos porque la gente se líe o que sea capaz de leer un texto en voz alta correctamente si las comas están mal puestas.
Así que ya ves, yo, que defiendo a capa y espada las normas ortográficas, acabo siendo incorrecto por errores propios… y por propia voluntad. Lo bueno es que en esta batalla no estoy solo (sin acento): muchos otros han seguido acentuando los «sólo» y los «éste». Las lenguas, en fin, se hacen, no se dictan. Y ahora, por favor, quítenme el carnet (con «t» final) de periodista.

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Opiniones 34
  • El gran problema de la RAE, desde mi humilde punto de vista, es que es un diccionario histórico que pretenden que utilicemos como «de uso».
    Otro problemilla que tiene es esta nueva manía de adelantarse a la historia, como con los cambios que comentas y que hasta a los más puristas, entre los que me incluyo, sacan de sus casillas.
    De todos modos, miedito me da que alguien tome tu reivindicación como excusa para seguir prestando la poca atención que se presta a la lengua en los medios actualmente (especialmente en los digitales, supongo que con la excusa de la inmediatez).
    Pero, ya sabes, «haters gonna hate».

  • Hater lo traduciría como odiador (está en el drae), y esto si que tiene más fuerza que hater.
    La traducción de zoom no sabía que existía. Tendrían que haber elegido zuum 🙂
    Carnet no me gusta nada, y carné parece que está sin acabar. Tenía que haber sido carnete.

  • He de confesar que a mí lo del sólo y lo del guión me llegó al corazón. En ese momento la RAE perdió mucha de su credibilidad en mi fuero interno.

  • Me parece vital la corrección ortográfica, cosa que defiendo a capa y espada. Pero es dificil defender la lengua española basándose en la RAE cuando desde la propia institución incluyen términos como: bluyin, almóndiga, toballa, asín, zum… A este paso será correcto decir «haber si nos vemos». Y es que en ocasiones el exceso de celo puede perjudicar más que ayudar.
    Saludos

    • Vanesa, lo gracioso es lo rápido que se apresura la gente a criticar a la RAE por ciertas palabras sin tener ni idea de por qué están ahí.
      Almóndiga, toballa y asín son *arcaísmos*. No son palabras mal dichas. Son variantes de las palabras que se usaban hace siglos, pero en el registro culto fueron dejadas de usar y sin embargo el vulgo las mantuvo (motivo por el que piensas que están «mal dichas»). En el siglo XV hay bastantes obras literarias que incluyen esos términos.
      Bluyin o zum son cuestiones diferentes: es aceptación de palabras nuevas. Zum es la adaptación ortográfica de un extranjerismo, como se ha hecho con casi todos los demás (¿o tú escribes leader en lugar de líder?). Bluyin es lo mismo, que quizá a ti te parezca más estrambótica o superflua porque en España no se dice bluyin. Pero España es una minoría en el conjunto del idioma y en América mucha gente llama así a los pantalones vaqueros.
      Antes de criticar lo que hace la RAE deberíamos informarnos del motivo. De otro modo caemos en el ridículo.

  • Me considero un defensor de la RAE ante los ataques hacia ella. De hecho que utilizar «extranjerismos» (cuando hubiere necesidad) enriquece la experiencia del lector (mientras empobrece el castellano), pero es sensato que alguien marque el camino mientras nosotros nos desviamos, de esta manera, siempre habrá forma de volver a la senda correcta. Así, celebro las palabras extranjeras que nos permiten expresarnos y hacernos entender de una mejor manera, como también celebro al guardián que diariamente hace de nuestro idioma, un idioma más sólido.

  • Pingback: Blog de Notas
  • Estoy de acuerdo, pero sólo en parte. Hay una nueva generación de periodistas que desprecia de forma abierta la capacidad de expresión del castellano. Entiendo que la sonoridad cambia y que algunos extranjerismos abarcan más significado que su contrapartida española, pero las páginas de tendencias (un ejemplo de muchos) son una tortura gramática y ortográfica, donde el lenguaje se retuerce para conseguir el guiño fácil al lector de redes sociales.
    Antes uno podía instruirse leyendo la prensa, pero ahora es la prensa la que está domesticada por el usuario y sometida a los dictados del posicionamiento en buscadores: ¿soy el único al que se le erizan los pelos al leer titulares tipo «Un Hombre Cruzó La Calle Y No Pudo Imaginar Lo Que El Destino Le Tenía Preparado» o la coletilla «revoluciona Internet»?
    Lo que aprecio es que la RAE reacciona tarde y mal, pues añade palabras de uso común muchos años después de su uso extendido y poda trozos de gramática como quien se depila el entrecejo.

  • Pues ya somos dos, Borja. O suma uno más, porque yo tampoco estoy de acuerdo con algunos de los últimos cambios de la RAE y jamás me ha entrado en la cabeza eso de los «carné», «cedé» y «deuvedé». ¿Será el influjo del Aserejé? Por otro lado, también duele leer a periodistas escribir: «os lo recomiendo: irse a ver esta película». ¿Irse? ¿Demasiada pereza para conjugar un imperativo?

  • Estoy de acuerdo con su opinión sobre la supresión de los acentos diacríticos. Proporcionaban matices diferenciadores y evitaban ambigüedades. Pero en total desacuerdo con su opinión sobre los anglicismos. Creo que se deben castellanizar los irremediables. Irremediables no porque no tengan traducción sino por la generalización de su uso. A nadie ya le suena mal fútbol o amateur (aunque ambas tendrían una fácil traducción: balompié y aficionado). Pero me entristece la facilidad y alegría «esnobista» (elitista/pedante/baladrón) con que acuñamos palabras y expresiones anglosajonas. Hemos heredado un idioma riquísimo que no somos capaces de mantenerlo, ni mucho menos de enriquecerlo. La mayoría de estas palabras inglesas tienen una correspondencia con una o varias españolas. Y de no tenerla, disponemos de prefijos y sufijos latinos, griegos y árabes para crearlas y enriquecer así un idioma que hemos heredado de otros que anteriormente sí hicieron esta labor creativa.
    Unos cuantos ejemplos (podría escribir cien más):
    hobby – afición, pasatiempo
    bestseller – superventas
    handicap – desventaja, menoscabo, dificultad, quebranto, mengua
    chic – elegante, distinguido, fino, garboso, airoso, gallardo, exclusivo
    backup – copia de seguridad
    e-mail – correo/mensaje electrónico, cibercorreo, cibermensaje
    link – enlace, vínculo, nexo, unión
    parking – aparcamiento
    stand – expositor, caseta, pabellón, mostrador
    backstage – entre bastidores, entre bambalinas
    fashion o trendy – a la moda, a la última, moderno
    freaky – excéntrico, extravagante, insólito, grotesco
    hat-trick – triplete
    hedge funds – fondos de cobertura o de protección
    hub – centro de conexión o centro de distribución
    look – imagen, estilo, aire, clase, maneras
    quad: cuatriciclo o cuatrimoto
    casting – selección/prueba para un papel
    chance – oportunidad, ocasión
    overbooking – sobrecontratación
    show – espectáculo
    top model – supermodelo
    single – sencillo
    Blue jean: vaquero/tejano.
    Business: negocio(s)
    Chat: charla, conversación.
    Confort: comodidad, bienestar
    Mobbing: acoso laboral
    Bullying – hostigamiento escolar
    Por no hablar de expresiones traducidas literalmente del inglés:
    Primero de todo (first of all) – antes de nada,
    De acuerdo a (according to) – De acuerdo con / según
    En adición a (in addition to) – Además de
    En dos minutos (in two minutes – Dentro de dos minutos
    El día de después (the day after) – al día siguiente
    Poner el foco (focus on) – centrarse, concentrarse, fijarse en
    Y en cuanto a los anglicismos aparecidos por exigencia de nuevas tecnologías, modas, servicios, etc., creémoslos con la misma imaginación y lógica como lo hacen los anglosajones. Ellos utilizan la prefijación y la sufijación así como una gran inventiva (software, mouse, booting) ¿Por qué no hacemos lo mismo?
    top less (sin la parte de arriba) – ¿por qué no torsonuto?
    Para eso los franceses son admirables. Su computer es el ordenateur (luego copiado por nosotros) y su software es su logiciel (soporte lógico).
    Sí, ya sé, luchar contra corriente, gritar en el desierto.
    Y en absoluto coincido con usted, señor periodista, en que ‘hater’ tenga tanta rotundidad como dice; este adjetivo tiene perdida la fuerza de tan manoseado. Y ya que odiador no está admitido por la RAE, haga usted algo además de malhablar en spanglish e invente usted algún adjetivo que tenga más contundencia que el odioso hater, como:
    detestante, execrante, abominante, desdeñante
    Me duele decirlo, pero la grey periodística es la que más daño está haciendo al llano castellano.

  • Qué machote. » En mi humilde opinión, aceptar extranjerismos no sólo es una cuestión de traducciones, sino de significados: ‘grandeur’ no sólo es ‘grandeza’; ‘saudade’ no sólo es melancolía»…
    Verdad, verdad. Todos sabemos que «fútbol», no es para nada igual que «football». Y Nueva York??? Putos idiotas, se dice NEW YORK, y si no sabes pronunciarlo por que tu lengua nativa no te lo ha mostrado te jodes. Qué puta mierda es eso de Tailandia? De toda la vida se ha pronunciado ประเทศไทย o THailandia. Que así lo adoptaron los ingleses y, como llegaron antes, tenemos que seguir su modelo. Eso de «limusina»??? Estamos locos?? Limusín, con cara de francés se ha de decir. Perrito caliente será la bitch de tu abuela, se dice hot dog. «Bicicleta de montaña»?? Estás de puta broma? Mountain Bike so paleto (o hillbilly)!!! «Fin de semana»? Tus putos muertos. Weekend, de toda la vida. Los franceses lo adoptaron bien, no como los paletos españoles que a veces intentan mantener un sistema cuerdo de correspondencia letra-sonido para democratizar el aprendizaje. Pero es su puta culpa si no saben inglés.
    Creo que tenemos muchos deberes que hacer los lingüistas . Si se escriben chorradas como esta… es que nadie se ha enterado de qué es una lengua y de la importancia de mantenerla accesible para evitar marginar a aquellos que tengan menos acceso a la cultura. Por que al final, esto de usar extranjerismos consigue que aquellos que no sepan el idioma de moda queden como paletos, y no es justo que por esta mierda la gente sea estigmatizada.

    • Oiga, que cierta razón tiene usted, pero se pasa dos pueblos y medio. “Gente estigmatizada”, madre del amor hermoso, ni me imagino lo que deben sufrir las pobres personitas que leen “saudade” y no lo entienden o tienen que invertir treinta segundos de su precioso tiempo en googlearlo. ¡Drama! ¡Ay, la gente mala que escribe “saudade” para putear a las probes gentes sensillas y de buen corasón! Mire, una cosa es ridiculizar lo coñazo que son ciertos escritores esnobs al usar expresiones extranjeras para dárselas de cosmopolitas –lo secundo-, y otra diferente no entender o fingir no entender que entre “New York” y “Nueva York” existe una correspondencia exacta, como en el resto de sus ejemplos, y entre “saudade” y “nostalgia” se pierden matices. Y digo yo que dependerá del contexto en el que se use y de la intención del autor.

      • Ni puta idea de lo que ha demostrado mil veces ya la sociolingüística, saudade puede no ser el mejor ejemplo, pero mi padre escribe zum así, porque no sabe inglés, y no es justo ni inteligente defender que tenemos que escribir su forma en inglés. Siempre recuerdo además una norma, escribe como te salga del puto culo, pero si no son las normas del español ponlo en cursivas. Escribe Qatar si quieres, pero en cursivas. Este artículo es uno de millones escrito por idiotas capullos que no tienen ni puta idea de la labor que hace la rae y no hacen más que quejarse como niñatos porque a veces los académicos quieren que mantengamos un sistema de lectoescritura cuerdo y regular. Podrá calar o no, pero es su OBLIGACIÓN ofrecernos esas palabras.

        • Que sí, y por eso escribí lo de «cierta razón tiene usted»; lo que no alcanzo a comprender es a qué viene su bilis y exabruptos, esos «idiotas capullos que no tienen ni puta idea» y «se quejan como niñatos». ¿Tiene alguna cuenta pendiente con el autor? ¿Quizá éste suspendió a su padre por un quítame allá esos zums?

          • Soy lingüista y estoy hartísimo de idiotas escribiendo sobre este tema. Me requema que tanto ignorante publique semejantes gilipolleces en torno a esto, no puedo con ello. Básicamente, si supiera la de veces que he leído y escuchado tonterías sobre estos temas me comprendería. Pero con la lingüística es así, todo el mundo habla de ello. Supongo que siento lo que siente un médico al leer un artículo de un tío defendiendo los «compuestos activos» de la homeopatía.
            Nada personal.

  • También hay que inventar palabras. (siempre hubo una primera vez…), como:
    EEUUropa explica la situación con el TTIP.
    CatalunYA refleja en catalán la inmediatez de su independencia.
    EL PPAÍS expone el sesgo derechista actual del diario.

  • Hola. Eres interesante en tu forma de expresarte. Creo que confundes acento con tilde, solo eso. Porque lo demás, sé que lo escribiste de esa forma a propósito. Me parece que los casos de truhan y guion, entre otros, tienen sentido. Ah, y el asunto de los tildes en solo y los pronombres demostrativos; el que no lleven tilde es solo una recomendación, no una obligación, por lo que tengo entendido. Por último, según la RAE, puedes ocupar los extranjerimos si quieres, pero en cursiva o con comillas. Saludos cordiales.

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