26 de marzo 2012    /   BUSINESS
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¡Ojalá te mueras!

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Acercarse a un kiosco de prensa bien surtido es una experiencia enriquecedora y reveladora, por cuanto nos proporciona una radiografía del ocio de la gente. Hay cabeceras con nombres realmente increíbles, como el título de este post (un fanzine de los años noventa) y no digamos ya sus contenidos esquinados, que nos descubren mundos cuya existencia ni siquiera sospechábamos.

2000 Maniacos costaba 600 pts y rozaba los códigos pornográficos, con mucho humor y no menos espíritu punk. La legendaria Mondo Brutto es, para muchos, la mejor publicación española de todos los tiempos, editada por los no menos legendarios hermanos Pizarro.

Nunca pude comprender cómo a un editor se le puede ocurrir llamar “Burda” a una revista, pero lo cierto es que es un clásico de nuestros kioscos, ya saben repleta de trucos y consejos de costura, punto, macramé y otras actividades semejantes. Y no solo hay una “Burda”, sino varias, como “Burda Novias”, “Burda Kids”, o mi favorita, “Burda Style”, cuya carga semántica salta a la vista (¿es que nadie echó mano del diccionario antes de aprobar el nombre?).

Los aficionados a los ferrocarriles cuentan con “Tren Manía”, con páginas pobladas de monstruos de metal, y que llega a repasar incluso las biografías de algunas locomotoras. Su equivalente en el mundo de la aviación es “Avión Revue”, que resulta harto curiosa para el profano, y que no requiere de conocimientos previos sobre aeronáutica. Me estremece “Hunter”, subtitulada “Cazadores sin fronteras”, precisamente por ese subtítulo, que evoca a una organización humanitaria con la escopeta al hombro. Otras son decididamente verticales, como “Thermomix”, que lleva ya muchos años conquistando los ratos de ocio de los propietarios de esos repelentes robots de cocina homónimos.

Hay revistas para buscadores de tesoros, como “Treasure Hunting Magazine” que son la guía espiritual para quien se compra un detector de metales y mata el tiempo rastreando el parque o el camino de su pueblo en busca de sextercios romanos. Hace poco un escocés encontró un conjunto de joyas del siglo XII por este sistema, y el British Museum lo adquirió por medio millón de libras, o sea que el asunto no es baladí.

Easyrider” y “Viva Scooter” hablan de motos las dos, aunque desde perspectivas totalmente opuestas. Lo curioso es que las edita la misma empresa, como si “As” y “Marca” compartieran accionariado. Más curioso aun es el hecho de que muchas revistas de armas incluyan publicidad sobre material para adultos, pero nunca al revés.

Estoy hojeando el último número de “Bizarre”. Hay un amplio reportaje sobre suspensión, que es el arte de perforar la piel con grandes ganchos de acero quirúrgico y colgarse de lugares más o menos pintorescos (un helicóptero, una grúa, etc.). También hablan de unos tipos que extraen de los mataderos huesecillos ensangrentados de cadáveres , que después convierten en preciosos collares. Ambos trabajos conviven con un amplio análisis de la consola Nintendo 3DS y algunas buenas fotos de nenas tatuadas. La relación entre unas y otras cosas ha de establecerla el lector.

Durante décadas, los pequeños ejemplares de “Reader’s Digest” han constituido las únicas lecturas para decenas de miles de amas de casa y no pocos maridos. Un cóctel de noticias, consejos, tendencias domésticas, relatos improbables y publirreportajes camuflados consiguió encandilar a varias generaciones.

Otra cabecera que me resulta muy exótica es “Bananas”. Solo salen chicas con poca ropa (pero con ropa, sin mostrar nada) lamiendo o introduciéndose plátanos en la boca. Así, los editores, logran sortear la legislación local (se publica en Hawai) y agotan rápidamente cada nuevo número. El efecto es bastante perturbador, y abre posibilidades para otras hortalizas.

La próxima vez que se acerquen a un kiosko pregunten por revistas peculiares y dense un capricho. Leerse de cabo a rabo un ejemplar de “Pesca de altura” puede resultar un pasatiempo muy relajante (abstenerse marinos profesionales y grumetes).

Portada: Wikimedia Commons

Portada 2000 maniacos: Movie Magazine,

Portada Mondo Brutto: Facebook

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2000 Maniacos costaba 600 pts y rozaba los códigos pornográficos, con mucho humor y no menos espíritu punk. La legendaria Mondo Brutto es, para muchos, la mejor publicación española de todos los tiempos, editada por los no menos legendarios hermanos Pizarro.

Nunca pude comprender cómo a un editor se le puede ocurrir llamar “Burda” a una revista, pero lo cierto es que es un clásico de nuestros kioscos, ya saben repleta de trucos y consejos de costura, punto, macramé y otras actividades semejantes. Y no solo hay una “Burda”, sino varias, como “Burda Novias”, “Burda Kids”, o mi favorita, “Burda Style”, cuya carga semántica salta a la vista (¿es que nadie echó mano del diccionario antes de aprobar el nombre?).

Los aficionados a los ferrocarriles cuentan con “Tren Manía”, con páginas pobladas de monstruos de metal, y que llega a repasar incluso las biografías de algunas locomotoras. Su equivalente en el mundo de la aviación es “Avión Revue”, que resulta harto curiosa para el profano, y que no requiere de conocimientos previos sobre aeronáutica. Me estremece “Hunter”, subtitulada “Cazadores sin fronteras”, precisamente por ese subtítulo, que evoca a una organización humanitaria con la escopeta al hombro. Otras son decididamente verticales, como “Thermomix”, que lleva ya muchos años conquistando los ratos de ocio de los propietarios de esos repelentes robots de cocina homónimos.

Hay revistas para buscadores de tesoros, como “Treasure Hunting Magazine” que son la guía espiritual para quien se compra un detector de metales y mata el tiempo rastreando el parque o el camino de su pueblo en busca de sextercios romanos. Hace poco un escocés encontró un conjunto de joyas del siglo XII por este sistema, y el British Museum lo adquirió por medio millón de libras, o sea que el asunto no es baladí.

Easyrider” y “Viva Scooter” hablan de motos las dos, aunque desde perspectivas totalmente opuestas. Lo curioso es que las edita la misma empresa, como si “As” y “Marca” compartieran accionariado. Más curioso aun es el hecho de que muchas revistas de armas incluyan publicidad sobre material para adultos, pero nunca al revés.

Estoy hojeando el último número de “Bizarre”. Hay un amplio reportaje sobre suspensión, que es el arte de perforar la piel con grandes ganchos de acero quirúrgico y colgarse de lugares más o menos pintorescos (un helicóptero, una grúa, etc.). También hablan de unos tipos que extraen de los mataderos huesecillos ensangrentados de cadáveres , que después convierten en preciosos collares. Ambos trabajos conviven con un amplio análisis de la consola Nintendo 3DS y algunas buenas fotos de nenas tatuadas. La relación entre unas y otras cosas ha de establecerla el lector.

Durante décadas, los pequeños ejemplares de “Reader’s Digest” han constituido las únicas lecturas para decenas de miles de amas de casa y no pocos maridos. Un cóctel de noticias, consejos, tendencias domésticas, relatos improbables y publirreportajes camuflados consiguió encandilar a varias generaciones.

Otra cabecera que me resulta muy exótica es “Bananas”. Solo salen chicas con poca ropa (pero con ropa, sin mostrar nada) lamiendo o introduciéndose plátanos en la boca. Así, los editores, logran sortear la legislación local (se publica en Hawai) y agotan rápidamente cada nuevo número. El efecto es bastante perturbador, y abre posibilidades para otras hortalizas.

La próxima vez que se acerquen a un kiosko pregunten por revistas peculiares y dense un capricho. Leerse de cabo a rabo un ejemplar de “Pesca de altura” puede resultar un pasatiempo muy relajante (abstenerse marinos profesionales y grumetes).

Portada: Wikimedia Commons

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