25 de enero 2022    /   CREATIVIDAD
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Okokume, la pintora catalana desconocida en España y que arrasa en Japón

Laura Mas (Mataró, 1985) creció viendo series de Akira Toriyama como ‘Dragon Ball’ o ‘Dr. Slump’, que acabaron convirtiéndola en una artista única.

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Tokio, abril de 2019. A pesar de que solo son las cinco de la mañana, en una estrecha calle del barrio de Harajuku una multitud de jóvenes japoneses se congrega haciendo cola frente al Cosmic Girl Café. Están ansiosos por hacerse con una de las ediciones limitadas que los artistas Kasing Lung y Okokume han creado conjuntamente y presentan ese día.

Lung es un creador nacido en Hong Kong; la sorpresa es Okokume, cuyo verdadero nombre es Laura Mas y es una artista de Mataró, Barcelona, apenas conocida en nuestro país.

Okokume

Okokume es un caso raro en el mundo del arte español. Mientras que en España cuesta encontrar referencias de su trabajo, en países de extremo oriente, como Japón, le dedican reportajes en revistas, presenta exposiciones en solitario y vende cuadros por auténticas fortunas. ¿Cómo es posible que haya ocurrido algo así? ¿Cómo se lo toma ella? ¿Quién es Okokume?

«Okokume es el nombre que elegí para mi trabajo artístico, Laura Mas es el que me dio mi familia. Nací en la ciudad costera de Mataró, cerca de Barcelona, en el verano del 85», explica. Desde pequeña, a Mas le encantaba dibujar a los personajes de las películas, series y libros que veía y podía pasarse el día entero pintándolos y coloreándolos.

Con solo 8 años empezó a asistir después de la escuela a una academia de arte. Allí comenzó a experimentar con diversas técnicas y vertientes artísticas, comenzando a definir el estilo que posteriormente la haría famosa años después.

Pero la vida práctica, como suele decirse, se interpuso en su camino. «Como muchas otras personas, acabé estudiando algo que no tenía nada que ver con el arte pero que prometía darme un puesto de trabajo seguro», cuenta Laura Mas.

«Tras aprobar y trabajar un tiempo, me di cuenta de que no era lo que quería para mi vida y comencé a frustrarme mucho. Acabé graduándome en la Escuela de Diseño y Arte Llotja de Barcelona en Gráfica Publicitaria, pero, aunque era un trabajo más creativo, tampoco acababa de llenarme. Tras varios años estudiando y trabajando, me di cuenta de que tenía que seguir lo que siempre me había llenado desde pequeña e intentar luchar por el sueño de ser artista».

Poco a poco, Mas fue definiendo su estilo, muy influido por la cultura japonesa. «Crecí viendo series de Akira Toriyama como Dragon Ball, Dr. Slump y muchas otras que ponían en la televisión catalana», recuerda. «De ahí pasé a leer mangas, continué viendo animes y visitaba todos los museos de arte que podía. Adoraba, por ejemplo, ir al Museo Guggenheim de Bilbao siempre que visitaba a mi familia de allí, y arrastraba a todos conmigo aunque al resto no les interesase mucho el arte en general».

Es así como a su imaginario se van sumando referencias como el surrealismo clásico o el surrealismo pop propio del movimiento Lowbrow, cuyos máximos representantes son artistas como Mark Ryden o Gary Baseman.

«De ahí surgió de forma espontánea el retratar a mujeres con rostros turquesas, buscando una forma de destacar o de que se me reconociese fácilmente. Más tarde fui consciente de lo mucho que me había influido en ello el anime Akira, de Katsuhiro Ōtomo», reconoce la pintora. Su paleta se fue enriqueciendo con colores vivos y llamativos, en un principio en tonos más pastel, pero que poco a poco se fueron saturando, pasando a ser una especie de marca personal.

Con el estilo llegó su personaje estrella, Cosmic Girl, que ella define como «un espíritu de cabello rosado y piel turquesa, que quiere exponer de manera consciente y respetuosa la importancia de proteger el medioambiente, así como hacer reflexionar sobre las causas sociales, defender a aquellos que lo necesiten y cuidar de todos los seres vivos de este planeta».

El personaje fue también la respuesta a una búsqueda personal de la propia Mas, que sentía que necesitaba una nueva forma de expresarse y un punto de vista diferente. «Pasé de retratar a mujeres con cicatrices que quería ir sanando a necesitar un giro drástico y representar más a ese ser que muchos a veces buscamos que nos salve, que nos ayude y que nos enseñe a comprender la vida y el mundo en el que vivimos».

El personaje de Cosmic Girl ha ido creciendo y evolucionando, siguiendo la evolución personal de la propia artista y del mensaje que quería transmitir en sus obras, que se han convertido en un vehículo para exponer los temas que le preocupan, como el cambio climático o las crisis de refugiados. «Parece que nos hemos acostumbrado a ver cada día las mismas noticias y a estar insensibilizados con los problemas que hay», afirma Okokume.

«Quiero luchar contra eso y sensibilizar sobre los problemas sociales, hacer notar que el cambio climático sigue ahí. Sé que quizás el mensaje no llegará a todo el mundo, pero seré feliz si al menos puedo llegar a algunos de ellos. Intento implicarme socialmente de diversas maneras, siento que tengo la oportunidad de poder llegar a un gran público y de esta forma poder ayudar tanto como me sea posible a dar visibilidad a lo que es importante para mí».

A pesar de tener las cosas tan claras, Laura Mas reconoce que los principios fueron duros. Los artistas jóvenes tienen que superar muchas dificultades para ser tomados en serio. Muchos, nunca lo consiguen.

«Gracias al apoyo de mis amigos y de mi pareja, logré participar en varias exposiciones grupales y fui escalando hasta encontrarme con un muro que no me permitía seguir creciendo aquí en España. Entonces hice varias exposiciones fuera de nuestro país, como en Berlín, Australia e incluso organicé una exhibición en Los Ángeles junto con otras mujeres de diferentes partes del mundo. Pero no fue hasta que me uní en 2017 a la galería JPS de Hong Kong que empezó a despegar realmente mi carrera».

La galería vio potencial en el trabajo de la pintora catalana y la apoyó durante su proceso de desarrollo hasta que ella se sintió preparada para promocionar su carrera. «Con ellos han salido proyectos muy bonitos, desde ediciones para obras benéficas a un libro infantil que le tengo especial cariño, entre muchos otros», recuerda.

«Todo esto ha ocurrido en un periodo de tiempo realmente corto, pero ha supuesto un crecimiento tanto a nivel personal como creativo muy gratificante e intenso. El resultado, además, ha tenido una grandísima acogida por parte del público. Jamás hubiera podido imaginarlo».

Las obras de Okokume llevan años teniendo una maravillosa acogida en exposiciones colectivas y en las varias ediciones de Art Fair Tokyo a las que se han presentado. Esto permitió a la artista realizar una exhibición en solitario el año pasado en Hong Kong a la que no pudo asistir por culpa de las restricciones de la pandemia.

Pero la fama de Cosmic Girl ha llegado a ser tan grande, especialmente en Japón, que, además del proyecto del Cosmic Girl Café, del que ya hemos hablado, Mas ha lanzado una línea de art toys que van desde las figuras de vinilo hasta los peluches, pasando por esculturas de bronce y otros materiales.

«Estos proyectos surgen de la necesidad de llegar a más público y poder dar la oportunidad a cualquiera de poder coleccionar una pieza mía a un valor más asequible», comenta la artista.

Queda la duda de si este contraste entre el éxito fuera de su lugar de origen (Laura Mas sigue viviendo en Barcelona y no tiene pensado cambiar de residencia), y el relativo desconocimiento de su obra en España le molesta de algún modo.

«La verdad es que lo llevo muy bien, disfruto del reconocimiento hacia mi trabajo pero en casa. Por ahora, puedo vivir tranquilamente en el anonimato. Nunca he llevado muy bien ser el centro de atención, es más, en todas mis inauguraciones me da algo de ansiedad el momento de exponerme, pero entiendo que es parte de mi trabajo y también lo hago con todo el aprecio y agradecimiento para todas aquellas personas que vienen a apoyarme», concluye.

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Tokio, abril de 2019. A pesar de que solo son las cinco de la mañana, en una estrecha calle del barrio de Harajuku una multitud de jóvenes japoneses se congrega haciendo cola frente al Cosmic Girl Café. Están ansiosos por hacerse con una de las ediciones limitadas que los artistas Kasing Lung y Okokume han creado conjuntamente y presentan ese día.

Lung es un creador nacido en Hong Kong; la sorpresa es Okokume, cuyo verdadero nombre es Laura Mas y es una artista de Mataró, Barcelona, apenas conocida en nuestro país.

Okokume

Okokume es un caso raro en el mundo del arte español. Mientras que en España cuesta encontrar referencias de su trabajo, en países de extremo oriente, como Japón, le dedican reportajes en revistas, presenta exposiciones en solitario y vende cuadros por auténticas fortunas. ¿Cómo es posible que haya ocurrido algo así? ¿Cómo se lo toma ella? ¿Quién es Okokume?

«Okokume es el nombre que elegí para mi trabajo artístico, Laura Mas es el que me dio mi familia. Nací en la ciudad costera de Mataró, cerca de Barcelona, en el verano del 85», explica. Desde pequeña, a Mas le encantaba dibujar a los personajes de las películas, series y libros que veía y podía pasarse el día entero pintándolos y coloreándolos.

Con solo 8 años empezó a asistir después de la escuela a una academia de arte. Allí comenzó a experimentar con diversas técnicas y vertientes artísticas, comenzando a definir el estilo que posteriormente la haría famosa años después.

Pero la vida práctica, como suele decirse, se interpuso en su camino. «Como muchas otras personas, acabé estudiando algo que no tenía nada que ver con el arte pero que prometía darme un puesto de trabajo seguro», cuenta Laura Mas.

«Tras aprobar y trabajar un tiempo, me di cuenta de que no era lo que quería para mi vida y comencé a frustrarme mucho. Acabé graduándome en la Escuela de Diseño y Arte Llotja de Barcelona en Gráfica Publicitaria, pero, aunque era un trabajo más creativo, tampoco acababa de llenarme. Tras varios años estudiando y trabajando, me di cuenta de que tenía que seguir lo que siempre me había llenado desde pequeña e intentar luchar por el sueño de ser artista».

Poco a poco, Mas fue definiendo su estilo, muy influido por la cultura japonesa. «Crecí viendo series de Akira Toriyama como Dragon Ball, Dr. Slump y muchas otras que ponían en la televisión catalana», recuerda. «De ahí pasé a leer mangas, continué viendo animes y visitaba todos los museos de arte que podía. Adoraba, por ejemplo, ir al Museo Guggenheim de Bilbao siempre que visitaba a mi familia de allí, y arrastraba a todos conmigo aunque al resto no les interesase mucho el arte en general».

Es así como a su imaginario se van sumando referencias como el surrealismo clásico o el surrealismo pop propio del movimiento Lowbrow, cuyos máximos representantes son artistas como Mark Ryden o Gary Baseman.

«De ahí surgió de forma espontánea el retratar a mujeres con rostros turquesas, buscando una forma de destacar o de que se me reconociese fácilmente. Más tarde fui consciente de lo mucho que me había influido en ello el anime Akira, de Katsuhiro Ōtomo», reconoce la pintora. Su paleta se fue enriqueciendo con colores vivos y llamativos, en un principio en tonos más pastel, pero que poco a poco se fueron saturando, pasando a ser una especie de marca personal.

Con el estilo llegó su personaje estrella, Cosmic Girl, que ella define como «un espíritu de cabello rosado y piel turquesa, que quiere exponer de manera consciente y respetuosa la importancia de proteger el medioambiente, así como hacer reflexionar sobre las causas sociales, defender a aquellos que lo necesiten y cuidar de todos los seres vivos de este planeta».

El personaje fue también la respuesta a una búsqueda personal de la propia Mas, que sentía que necesitaba una nueva forma de expresarse y un punto de vista diferente. «Pasé de retratar a mujeres con cicatrices que quería ir sanando a necesitar un giro drástico y representar más a ese ser que muchos a veces buscamos que nos salve, que nos ayude y que nos enseñe a comprender la vida y el mundo en el que vivimos».

El personaje de Cosmic Girl ha ido creciendo y evolucionando, siguiendo la evolución personal de la propia artista y del mensaje que quería transmitir en sus obras, que se han convertido en un vehículo para exponer los temas que le preocupan, como el cambio climático o las crisis de refugiados. «Parece que nos hemos acostumbrado a ver cada día las mismas noticias y a estar insensibilizados con los problemas que hay», afirma Okokume.

«Quiero luchar contra eso y sensibilizar sobre los problemas sociales, hacer notar que el cambio climático sigue ahí. Sé que quizás el mensaje no llegará a todo el mundo, pero seré feliz si al menos puedo llegar a algunos de ellos. Intento implicarme socialmente de diversas maneras, siento que tengo la oportunidad de poder llegar a un gran público y de esta forma poder ayudar tanto como me sea posible a dar visibilidad a lo que es importante para mí».

A pesar de tener las cosas tan claras, Laura Mas reconoce que los principios fueron duros. Los artistas jóvenes tienen que superar muchas dificultades para ser tomados en serio. Muchos, nunca lo consiguen.

«Gracias al apoyo de mis amigos y de mi pareja, logré participar en varias exposiciones grupales y fui escalando hasta encontrarme con un muro que no me permitía seguir creciendo aquí en España. Entonces hice varias exposiciones fuera de nuestro país, como en Berlín, Australia e incluso organicé una exhibición en Los Ángeles junto con otras mujeres de diferentes partes del mundo. Pero no fue hasta que me uní en 2017 a la galería JPS de Hong Kong que empezó a despegar realmente mi carrera».

La galería vio potencial en el trabajo de la pintora catalana y la apoyó durante su proceso de desarrollo hasta que ella se sintió preparada para promocionar su carrera. «Con ellos han salido proyectos muy bonitos, desde ediciones para obras benéficas a un libro infantil que le tengo especial cariño, entre muchos otros», recuerda.

«Todo esto ha ocurrido en un periodo de tiempo realmente corto, pero ha supuesto un crecimiento tanto a nivel personal como creativo muy gratificante e intenso. El resultado, además, ha tenido una grandísima acogida por parte del público. Jamás hubiera podido imaginarlo».

Las obras de Okokume llevan años teniendo una maravillosa acogida en exposiciones colectivas y en las varias ediciones de Art Fair Tokyo a las que se han presentado. Esto permitió a la artista realizar una exhibición en solitario el año pasado en Hong Kong a la que no pudo asistir por culpa de las restricciones de la pandemia.

Pero la fama de Cosmic Girl ha llegado a ser tan grande, especialmente en Japón, que, además del proyecto del Cosmic Girl Café, del que ya hemos hablado, Mas ha lanzado una línea de art toys que van desde las figuras de vinilo hasta los peluches, pasando por esculturas de bronce y otros materiales.

«Estos proyectos surgen de la necesidad de llegar a más público y poder dar la oportunidad a cualquiera de poder coleccionar una pieza mía a un valor más asequible», comenta la artista.

Queda la duda de si este contraste entre el éxito fuera de su lugar de origen (Laura Mas sigue viviendo en Barcelona y no tiene pensado cambiar de residencia), y el relativo desconocimiento de su obra en España le molesta de algún modo.

«La verdad es que lo llevo muy bien, disfruto del reconocimiento hacia mi trabajo pero en casa. Por ahora, puedo vivir tranquilamente en el anonimato. Nunca he llevado muy bien ser el centro de atención, es más, en todas mis inauguraciones me da algo de ansiedad el momento de exponerme, pero entiendo que es parte de mi trabajo y también lo hago con todo el aprecio y agradecimiento para todas aquellas personas que vienen a apoyarme», concluye.

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