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22 de febrero 2012    /   BUSINESS
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Organización social, empresa innovadora

22 de febrero 2012    /   BUSINESS     por          
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Se suele pensar que las ideas tienen precio cuando lo cierto es que las ideas son gratuitas. Obviamos que en ocasiones los que nos entregan las ideas son clientes que lo único que buscan es ser tenidos en cuenta, o que nos proponen recibir un servicio de una manera diferente a la habitual. La otra fuente inagotable de ideas gratuitas para la empresa son los trabajadores. Ahora bien, ¿éstas les escuchan o fomentan de la manera correcta su colaboración y entrega?

Las normas sociales dentro del día a día de la empresa marcan mucho el escepticismo de éstas respecto a cualquier acción o innovación disruptiva. Me refiero a aquellas que rompen con el estándar natural y que son contrarias a la innovación sostenida, y que de alguna manera intentan cambiar las reglas del juego de la industria en la que se mueve la empresa.

Normalmente, las empresas se mueven según los designios que marcan los clientes respecto a qué ofrecerles, cuando aparece algo que en principio el sentido común dice que nadie lo va a utilizar, no dejan lugar a dudas y el proyecto termina escondido en el baúl de los recuerdos. Sin embargo, existen personas que se niegan a aceptar el escepticismo y se arriesgan con productos que a primera vista el mercado rechaza o no se ajustan a lo que quieren oír las empresas que les digan los estudios de mercado que han solicitado. Son productos que no se tienen en cuenta porque el cliente no lo demanda o no los valora, porque seguramente ni siquiera sabe que existe, lo que impide en muchas ocasiones reinventarse a las empresas en algo tan vital como su modelo de negocio.

El dilema de la innovación al que se ven sometidas muchas empresas, por lo general las grandes, y también las que no son tan grandes, habla de eso, de hacer o no caso a lo que nos digan los clientes, tanto los externos (negocio), como los internos (conocimiento), a fijarnos sólo en las necesidades que ellos tengan ahora, cuando la reinvención de la empresa y del negocio piden conectarse a aquello que aún no saben que necesitan.

¿Qué implica esto? Que, por lo general, cuando pensamos en innovación, lo hacemos de acuerdo a lo que pueden necesitar nuestros clientes y a que si ellos no están interesados en lo que se les ofrece, se pare en el desarrollo que se esté llevando a cabo. Esto en sí mismo es un contrasentido. Si analizamos detenidamente lo que implica la innovación, en la mayoría de los casos el cliente no sabrá si realmente le interesa el producto o servicio, porque éste es nuevo e innovador y no sabrá qué utilidad darle sin una demanda a la que poder ofertar. Ahí es donde está ese dilema de la innovación al que ahora nos estamos refiriendo, seguir con nuestra idea o hacer caso al freno que puede suponer la negativa de un cliente importante a ese desarrollo “social” que la organización tiene entre sus manos.

Ante estos puntos de vista o maneras de entender la gestión muy del siglo pasado, de lo que se habla hoy en día dentro de las organizaciones es de la innovación abierta o colaborativa entre diferentes personas, clientes externos e internos, distintas compañías o delegaciones territoriales dentro de un mismo grupo empresarial, e incluso empresas sin nexo accionarial común, para compartir la semilla del conocimiento entre el mayor número de miembros posibles en esa comunidad que se empieza a organizar. La innovación, tal y como debe ser entendida hoy, no es un ente cerrado, es abierto. El conocimiento no está en poder de una única persona, departamento, organización, delegación… sino que es más factible, y a la larga beneficioso, compartir tus conocimientos con aquellos que te pueden sacar del atolladero, ya sea otro departamento dentro de tu organización, otra empresa e incluso la universidad, compartiendo y colaborando.

Aquí es donde entran en juego los medios sociales y lo que su uso implica en cualquier organización: tener a estas herramientas como un semillero de ideas, donde esparcir y compartir las mismas de manera abierta, encontrando a aquellos innovadores y emprendedores que pueden lograr que un proyecto que parece que va a ir a la deriva se enderece en base a los comentarios recogidos. Supone poner en el “mercado”, por la organización, ese negocio, usando las ideas de la innovación abierta, buscando la optimización de los recursos disponibles no sólo entre las personas conocidas, sino más allá. Algo en donde todos salgan beneficiados tanto en conocimiento, como en información y tiempo.

Algunos autores, entre ellos Tom Peters, cuando tocaban estos temas en sus conferencias, indicaban que “la innovación es sencilla”. No lo veo así, porque la innovación abarca muchas más cosas que la “simple” creatividad, que ésta sí veo, dentro de lo que cabe, sencilla (es complicado llegar a la idea, cuando se llega, pero eso no es innovación, lo complicado viene cuando hay que ponerla en marcha). Ya la investigación y la implementación son complicadas y requieren sus procesos, sobre todo en lo referente a limar y desprenderse de las ideas y conceptos que la gente entiende que sí son innovación, cuando en realidad no lo son.

Reflexiono de nuevo con esa idea de que la innovación es sencilla, y entiendo que esa afirmación iría más relacionada con la idea de que es algo que no hay que complicar ni tratar como algo habitual en una empresa, sino que hay que dejar que fluya natural por sí misma. La innovación tiene que ser transparente y bidireccional, además de ir acompañada del apoyo y el esfuerzo de la alta dirección, que será quienes den luz y marcarán el camino a quienes tienen que ir alimentando todo proyecto innovador. Lo sencillo sería la misión que se debe asignar a toda innovación, la complejidad empieza al implementarla, y esto es un ejemplo muy válido cuando se trata de traer los medios sociales dentro de una organización.

Le preguntaban en una entrevista a Don Tapscott si la economía digital es una economía real, a lo que él respondía indicando que en la actualidad el único activo valioso y la única forma importante de capital es el intelectual. Que en la era de la Web social, de las personas por encima de todo, las tecnologías de la wikieconomía posibilitan como nunca antes el desarrollo de ideas junto a la comunicación, gestión e intercambio de conocimientos. Para él, una compañía sigue siendo competitiva sólo si adquiere, desarrolla y emplea el conocimiento con más rapidez que la competencia, y que el éxito en el mercado depende del genio creativo y del conocimiento de los estrategas, diseñadores y vendedores del producto.

En The Social Organization (traducido al español) se dice que una organización social es aquella que aplica estratégicamente la colaboración de masas para tratar los retos y oportunidades empresariales importantes. Aquella en la que sus líderes son conscientes de que convertirse en una organización o empresa social (apuntemos aquí lo de innovadora), no implica una mejora incremental (y aquí la idea de la disrupción). Para los autores, esas organizaciones saben que el cambio requiere una nueva manera de pensar (principios de la innovación abierta), y por eso intentan ir más allá de esas iniciativas tácticas originadas tiempo atrás y tratan de aumentar su impacto mediante un enfoque planificado y reflexionado de aplicación de los medios sociales.

Como resultado de esto, toda organización social será más ágil, producirá mejores resultados, e incluso desarrollará formas de operar totalmente nuevas. Y será así porque tendrá metido dentro de su adn el gen de la innovación, con el que movilizará todo el talento y la energía de sus empleados, a través de las comunidades sociales y el esfuerzo colectivo que se va creando al compartir y conversar de igual a igual.

Si eres un directivo o un empresario no tan familiarizado con las implicaciones que tiene acercarse a los medios sociales, y que ha empezado a dejarse engatusar por las bondades de estas herramientas, tendrás que buscar la ayuda necesaria para aprender a introducir lo “social” dentro de tu organización. Aprendiendo de lo que sepas compartir y recoger de tus conversaciones con esos otros “clientes”, ahora sociales, que tan necesarios son. Y lo más importante, mostrarás a la sociedad que tu organización se está reinventando y comunicando, sobre todo esto, y que también sabes cómo ser una empresa innovadora.

Más información | Social Business News
En We Are Social | Social business: Social media integration

Se suele pensar que las ideas tienen precio cuando lo cierto es que las ideas son gratuitas. Obviamos que en ocasiones los que nos entregan las ideas son clientes que lo único que buscan es ser tenidos en cuenta, o que nos proponen recibir un servicio de una manera diferente a la habitual. La otra fuente inagotable de ideas gratuitas para la empresa son los trabajadores. Ahora bien, ¿éstas les escuchan o fomentan de la manera correcta su colaboración y entrega?

Las normas sociales dentro del día a día de la empresa marcan mucho el escepticismo de éstas respecto a cualquier acción o innovación disruptiva. Me refiero a aquellas que rompen con el estándar natural y que son contrarias a la innovación sostenida, y que de alguna manera intentan cambiar las reglas del juego de la industria en la que se mueve la empresa.

Normalmente, las empresas se mueven según los designios que marcan los clientes respecto a qué ofrecerles, cuando aparece algo que en principio el sentido común dice que nadie lo va a utilizar, no dejan lugar a dudas y el proyecto termina escondido en el baúl de los recuerdos. Sin embargo, existen personas que se niegan a aceptar el escepticismo y se arriesgan con productos que a primera vista el mercado rechaza o no se ajustan a lo que quieren oír las empresas que les digan los estudios de mercado que han solicitado. Son productos que no se tienen en cuenta porque el cliente no lo demanda o no los valora, porque seguramente ni siquiera sabe que existe, lo que impide en muchas ocasiones reinventarse a las empresas en algo tan vital como su modelo de negocio.

El dilema de la innovación al que se ven sometidas muchas empresas, por lo general las grandes, y también las que no son tan grandes, habla de eso, de hacer o no caso a lo que nos digan los clientes, tanto los externos (negocio), como los internos (conocimiento), a fijarnos sólo en las necesidades que ellos tengan ahora, cuando la reinvención de la empresa y del negocio piden conectarse a aquello que aún no saben que necesitan.

¿Qué implica esto? Que, por lo general, cuando pensamos en innovación, lo hacemos de acuerdo a lo que pueden necesitar nuestros clientes y a que si ellos no están interesados en lo que se les ofrece, se pare en el desarrollo que se esté llevando a cabo. Esto en sí mismo es un contrasentido. Si analizamos detenidamente lo que implica la innovación, en la mayoría de los casos el cliente no sabrá si realmente le interesa el producto o servicio, porque éste es nuevo e innovador y no sabrá qué utilidad darle sin una demanda a la que poder ofertar. Ahí es donde está ese dilema de la innovación al que ahora nos estamos refiriendo, seguir con nuestra idea o hacer caso al freno que puede suponer la negativa de un cliente importante a ese desarrollo “social” que la organización tiene entre sus manos.

Ante estos puntos de vista o maneras de entender la gestión muy del siglo pasado, de lo que se habla hoy en día dentro de las organizaciones es de la innovación abierta o colaborativa entre diferentes personas, clientes externos e internos, distintas compañías o delegaciones territoriales dentro de un mismo grupo empresarial, e incluso empresas sin nexo accionarial común, para compartir la semilla del conocimiento entre el mayor número de miembros posibles en esa comunidad que se empieza a organizar. La innovación, tal y como debe ser entendida hoy, no es un ente cerrado, es abierto. El conocimiento no está en poder de una única persona, departamento, organización, delegación… sino que es más factible, y a la larga beneficioso, compartir tus conocimientos con aquellos que te pueden sacar del atolladero, ya sea otro departamento dentro de tu organización, otra empresa e incluso la universidad, compartiendo y colaborando.

Aquí es donde entran en juego los medios sociales y lo que su uso implica en cualquier organización: tener a estas herramientas como un semillero de ideas, donde esparcir y compartir las mismas de manera abierta, encontrando a aquellos innovadores y emprendedores que pueden lograr que un proyecto que parece que va a ir a la deriva se enderece en base a los comentarios recogidos. Supone poner en el “mercado”, por la organización, ese negocio, usando las ideas de la innovación abierta, buscando la optimización de los recursos disponibles no sólo entre las personas conocidas, sino más allá. Algo en donde todos salgan beneficiados tanto en conocimiento, como en información y tiempo.

Algunos autores, entre ellos Tom Peters, cuando tocaban estos temas en sus conferencias, indicaban que “la innovación es sencilla”. No lo veo así, porque la innovación abarca muchas más cosas que la “simple” creatividad, que ésta sí veo, dentro de lo que cabe, sencilla (es complicado llegar a la idea, cuando se llega, pero eso no es innovación, lo complicado viene cuando hay que ponerla en marcha). Ya la investigación y la implementación son complicadas y requieren sus procesos, sobre todo en lo referente a limar y desprenderse de las ideas y conceptos que la gente entiende que sí son innovación, cuando en realidad no lo son.

Reflexiono de nuevo con esa idea de que la innovación es sencilla, y entiendo que esa afirmación iría más relacionada con la idea de que es algo que no hay que complicar ni tratar como algo habitual en una empresa, sino que hay que dejar que fluya natural por sí misma. La innovación tiene que ser transparente y bidireccional, además de ir acompañada del apoyo y el esfuerzo de la alta dirección, que será quienes den luz y marcarán el camino a quienes tienen que ir alimentando todo proyecto innovador. Lo sencillo sería la misión que se debe asignar a toda innovación, la complejidad empieza al implementarla, y esto es un ejemplo muy válido cuando se trata de traer los medios sociales dentro de una organización.

Le preguntaban en una entrevista a Don Tapscott si la economía digital es una economía real, a lo que él respondía indicando que en la actualidad el único activo valioso y la única forma importante de capital es el intelectual. Que en la era de la Web social, de las personas por encima de todo, las tecnologías de la wikieconomía posibilitan como nunca antes el desarrollo de ideas junto a la comunicación, gestión e intercambio de conocimientos. Para él, una compañía sigue siendo competitiva sólo si adquiere, desarrolla y emplea el conocimiento con más rapidez que la competencia, y que el éxito en el mercado depende del genio creativo y del conocimiento de los estrategas, diseñadores y vendedores del producto.

En The Social Organization (traducido al español) se dice que una organización social es aquella que aplica estratégicamente la colaboración de masas para tratar los retos y oportunidades empresariales importantes. Aquella en la que sus líderes son conscientes de que convertirse en una organización o empresa social (apuntemos aquí lo de innovadora), no implica una mejora incremental (y aquí la idea de la disrupción). Para los autores, esas organizaciones saben que el cambio requiere una nueva manera de pensar (principios de la innovación abierta), y por eso intentan ir más allá de esas iniciativas tácticas originadas tiempo atrás y tratan de aumentar su impacto mediante un enfoque planificado y reflexionado de aplicación de los medios sociales.

Como resultado de esto, toda organización social será más ágil, producirá mejores resultados, e incluso desarrollará formas de operar totalmente nuevas. Y será así porque tendrá metido dentro de su adn el gen de la innovación, con el que movilizará todo el talento y la energía de sus empleados, a través de las comunidades sociales y el esfuerzo colectivo que se va creando al compartir y conversar de igual a igual.

Si eres un directivo o un empresario no tan familiarizado con las implicaciones que tiene acercarse a los medios sociales, y que ha empezado a dejarse engatusar por las bondades de estas herramientas, tendrás que buscar la ayuda necesaria para aprender a introducir lo “social” dentro de tu organización. Aprendiendo de lo que sepas compartir y recoger de tus conversaciones con esos otros “clientes”, ahora sociales, que tan necesarios son. Y lo más importante, mostrarás a la sociedad que tu organización se está reinventando y comunicando, sobre todo esto, y que también sabes cómo ser una empresa innovadora.

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