25 de junio 2018    /   IDEAS
por
 

Lo que puede (y debe) aprender el Orgullo del 8 de marzo

25 de junio 2018    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista Noviembre haciendo clic aquí.

El pasado octubre, en horario de máxima audiencia y en la televisión pública española flotaba una palabra: marica. El insulto se convertía en decorado en una actuación musical del programa Operación Triunfo, una palabra que reivindicar. Por si no había quedado claro el mensaje, la directora de la academia se dirigió a los concursantes (hombres, mujeres, homosexuales, heterosexuales, bisexuales…) como maricones. Este hecho consagraba en televisión lo que llevaba años sucediendo en la calle: la apropiación del insulto para convertirlo en arma del colectivo.

A finales del siglo XIX la sufragista francesa Hubertine Auclert se definió como feminista, para sorpresa de sus compañeras. Auclert reciclaba una palabra que hasta entonces había sido usada con desprecio –especialmente por Alejandro Dumas hijo– para definir a los hombres que apoyaban el sufragio universal. Se apropió del insulto, convirtiéndolo en un arma del colectivo. El paralelismo entre ambos fenómenos es la punta de un iceberg que reivindicar.

La homosexualidad ha estado perseguida de forma casi unánime durante toda la historia. Poniendo las cosas en perspectiva, tenemos 2000 años de persecución y 50 de conquistas. Podemos concluir que el movimiento LGTB ha conseguido realizar muchos logros en muy poco tiempo. Este éxito se explica principalmente gracias a una estrategia de lucha que ha demostrado ser muy efectiva: la imitación.

Analizando los precedentes históricos se puede justificar que el colectivo homosexual, bisexual y transexual ha utilizado algunas de las tácticas y estrategias puestas en práctica años antes por otros movimientos de liberación, especialmente el de la mujer.

shutterstock_667624399

Desde sus inicios, el feminismo y la lucha por los derechos LGTB encontraron numerosos puntos de intersección. Tienen un enemigo común, el heteropatriarcado; se enfrentan a resistencias sociales parecidas (con argumentarios de altura como «¿y por qué no hay un día del hombre?» o «¿y por qué no hay un día del orgullo hetero?») y tienen todo un colectivo, el lésbico, que milita activamente en ambos frentes.

Tanto que desde los inicios del feminismo se habló de una vertiente lesbofeminista, representada por autoras como Monique Wittig, Adrienne Rich o Audre Lorde. En base a esa inspiración mutua a lo largo de la historia, cabe suponer y esperar que el movimiento LGTB mimetice las técnicas que han llevado al feminismo a imponerse como prioridad social para conseguir un mundo más justo.

El pasado 8 de marzo, la huelga feminista cambió el discurso y puso el feminismo en la agenda de todos los partidos políticos. Uno de los grandes éxitos del movimiento en España fue revitalizar una efeméride que corría el riesgo de caer en la complacencia, cuando no en la irrelevancia o incluso en la mercantilización. En países como Italia el 8 de marzo se celebra regalando flores a las mujeres. Solo un año antes y sin salir de nuestras fronteras, las grandes cadenas comerciales tenían promociones especiales (algunas bastante humillantes) para conmemorar la fecha.

Uno de los grandes éxitos del movimiento feminista en España fue revitalizar una efeméride que corría el riesgo de caer en la complacencia, cuando no en la irrelevancia o incluso en la mercantilización

El feminismo supo esquivar todos los riesgos en los que la lucha por los derechos LGTB cae año tras año. Sin perder el tono festivo, subrayó el reivindicativo, supo a la vez implicar a potenciales aliados, explicando que sus conquistas son avances generales para toda la sociedad. El feminismo puso el foco en los problemas graves que ocupan minutos en el telediario (las violaciones, la violencia machista, la brecha salarial) sin olvidar aquellos que parecen pequeños pero que se acumulan y asfixian (los micromachismos).

Por su parte, el movimiento LGTB parece fracasar en todos estos frentes. Quizá el ejemplo más paradigmático sea la fecha escogida para celebrar ambos días. El 8 de marzo de 1911 un incendio en una fábrica de Nueva York acabó con la vida de más de 140 trabajadores, la mayoría de ellas mujeres. Por eso ese día se celebra el día de la mujer trabajadora y aún hoy, muchas de las reivindicaciones que se escuchan en esta jornada tienen que ver con la desigualdad laboral.

shutterstock_177312764

El 28 de junio de 1969 se produjeron los disturbios de Stonewall, cuando un grupo de gais, lesbianas y transexuales se enfrentaron a la policía, que pretendía detenerlos. Por eso ese día se debería celebrar el Orgullo. Pero no se hace. Desde hace años, distintas ciudades han considerado más rentable celebrar el día grande del Orgullo días, semanas o meses después del 28 de junio para que la fiesta sea más atractiva turísticamente. Como reacción a esta deriva han surgido alternativas loables como el Orgullo crítico, con predicamento entre el colectivo más activista pero una popularidad que dista mucho de ser transversal.

La frase de la revolucionaria Emma Goldman «Si no puedo bailarla, tu revolución no me interesa» fue reciclada como un eslogan del feminismo de los años 70. Parece ser el mantra, repetido hasta extremos deformantes, de las reivindicaciones LGTB. De seguir así puede convertirse en su epitafio.

El carácter festivo y económico de la efeméride ha eclipsado el resto de elementos que deberían formar parte del Orgullo, empezando por el reivindicativo. Y no es que no haya motivos para reivindicar. Las agresiones homófobas han aumentado hasta en un 34% en la comunidad de Madrid. Hay casos espeluznantes que apenas reciben atención mediática. Fuera de nuestras fronteras triunfan partidos homófobos en países como Italia, aumenta la censura en otros como Bulgaria y la violencia y represión en Rusia. Motivos para dejar de bailar y empezar a reivindicar no faltan.

Las revoluciones miméticas. ¿Cómo se conquistan los derechos?

En una charla TED, la activista Yoruba Richen trazaba un paralelismo claro entre la lucha del colectivo LGTB con el de los negros en EEUU. Richen enumera tres estrategias que, a su juicio, ayudaron en el movimiento de liberación de los negros y las tres réplicas que tuvieron en el de la conquista de derechos LGTB.

La primera sería la desobediencia civil representada por el boicot de Rosa Parks a la segregación de blancos y negros en los autobuses en 1955 y por los disturbios de Stonewall que se dieron 14 años después. La segunda estrategia la representaría la marcha sobre Washington de 1963. Fue la manifestación donde Martin Luther King pronunció su famoso «I have a dream». Jack Nichols, pionero en la lucha de los derechos gais, participó en la misma y declaró «marchamos con ellos y desde ese momento nosotros también tuvimos un sueño: hacer una marcha de proporciones similares». Lo acabaron haciendo, en marchas de las cuales el actual Orgullo es heredero.

 

 

Por último, siempre según Richen, hay una tercera estrategia: la legal. El caso Loving vs Virginia acabó con las leyes que prohibían el matrimonio interracial en 1967. La réplica LGTB se dio con el caso United States vs Windsor que acabó con la discriminación por temas de herencia al colectivo muchos años después, en 2013. De hecho, el caso Loving fue citado repetidamente como precedente durante el procedimiento judicial.

La tesis de Yoruba Richen viene a apuntalar la idea de que todos los movimientos por los derechos civiles se mimetizan e inspiran los unos en los otros. No es algo exclusivo del colectivo LGTB, todos los movimientos lo han hecho siempre, pero al ser el último en llegar, este ha heredado las técnicas mucho más depuradas y ha conseguido un avance mucho más rápido.

Todos los movimientos por los derechos civiles se inspiran los unos en los otros. No es algo exclusivo del colectivo LGTB solo que este ha sido el último en llegar

Otro elemento crucial en la lucha de derechos civiles es la existencia de líderes actuales y referentes históricos. En el caso de la liberación de los negros tenemos a gente como Malcom X, Martin Luther King, Rosa Parks o Nelson Mandela. El feminismo es fecundo en voces actuales pero más yermo al hablar de referentes históricos famosos, especialmente en su vertiente más activista y menos teórica.

No es que no haya habido, es que se les ha silenciado más, se les ha reivindicado menos. Precisamente por eso en los últimos años se multiplican los proyectos destinados a rescatar la figura de mujeres enterradas por la historia. Desde la iniciativa del New York Times, de realizar con retraso las necrológicas de mujeres que ignoró en su momento, a la que tuvo hace unos años Wikipedia, animando a las mujeres a escribir, traducir o completar la biografía de mujeres relevantes para reducir la brecha de género, que se da también en la información.

shutterstock_699352951

En su libro, How Change Happens, el jefe de investigación de Oxfam, Duncan Green, analiza los estados por los que pasan los gobernantes antes de implementar nuevas normas a favor de los derechos humanos y destaca la importancia de las movilizaciones, del ambiente que se encuentre en la calle. «Es el calor del fondo», explica, «es Malcolm X y las sufragistas y las marchas del orgullo». A lo largo de 287 páginas, Green analiza los puntos en común que tienen todos los movimientos en la defensa de los derechos humanos. Y son muchos.

En un análisis más concreto publicado en su blog, Green se preguntaba «¿Qué podemos aprender de la legalización del matrimonio homosexual en EEUU.?». Incidía una vez más sobre la idea de que los movimientos civiles tienen el poder de inspirarse los unos a los otros. Pero esta vez cambiaba el foco y ponía al movimiento LGTB no como imitador sino como modelo a imitar. Y es que aunque haya sido el último en llegar, aunque aún pueda aprender de otros movimientos; la lucha por los derechos de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales sigue siendo un movimiento inspirador.

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista Noviembre haciendo clic aquí.

El pasado octubre, en horario de máxima audiencia y en la televisión pública española flotaba una palabra: marica. El insulto se convertía en decorado en una actuación musical del programa Operación Triunfo, una palabra que reivindicar. Por si no había quedado claro el mensaje, la directora de la academia se dirigió a los concursantes (hombres, mujeres, homosexuales, heterosexuales, bisexuales…) como maricones. Este hecho consagraba en televisión lo que llevaba años sucediendo en la calle: la apropiación del insulto para convertirlo en arma del colectivo.

A finales del siglo XIX la sufragista francesa Hubertine Auclert se definió como feminista, para sorpresa de sus compañeras. Auclert reciclaba una palabra que hasta entonces había sido usada con desprecio –especialmente por Alejandro Dumas hijo– para definir a los hombres que apoyaban el sufragio universal. Se apropió del insulto, convirtiéndolo en un arma del colectivo. El paralelismo entre ambos fenómenos es la punta de un iceberg que reivindicar.

La homosexualidad ha estado perseguida de forma casi unánime durante toda la historia. Poniendo las cosas en perspectiva, tenemos 2000 años de persecución y 50 de conquistas. Podemos concluir que el movimiento LGTB ha conseguido realizar muchos logros en muy poco tiempo. Este éxito se explica principalmente gracias a una estrategia de lucha que ha demostrado ser muy efectiva: la imitación.

Analizando los precedentes históricos se puede justificar que el colectivo homosexual, bisexual y transexual ha utilizado algunas de las tácticas y estrategias puestas en práctica años antes por otros movimientos de liberación, especialmente el de la mujer.

shutterstock_667624399

Desde sus inicios, el feminismo y la lucha por los derechos LGTB encontraron numerosos puntos de intersección. Tienen un enemigo común, el heteropatriarcado; se enfrentan a resistencias sociales parecidas (con argumentarios de altura como «¿y por qué no hay un día del hombre?» o «¿y por qué no hay un día del orgullo hetero?») y tienen todo un colectivo, el lésbico, que milita activamente en ambos frentes.

Tanto que desde los inicios del feminismo se habló de una vertiente lesbofeminista, representada por autoras como Monique Wittig, Adrienne Rich o Audre Lorde. En base a esa inspiración mutua a lo largo de la historia, cabe suponer y esperar que el movimiento LGTB mimetice las técnicas que han llevado al feminismo a imponerse como prioridad social para conseguir un mundo más justo.

El pasado 8 de marzo, la huelga feminista cambió el discurso y puso el feminismo en la agenda de todos los partidos políticos. Uno de los grandes éxitos del movimiento en España fue revitalizar una efeméride que corría el riesgo de caer en la complacencia, cuando no en la irrelevancia o incluso en la mercantilización. En países como Italia el 8 de marzo se celebra regalando flores a las mujeres. Solo un año antes y sin salir de nuestras fronteras, las grandes cadenas comerciales tenían promociones especiales (algunas bastante humillantes) para conmemorar la fecha.

Uno de los grandes éxitos del movimiento feminista en España fue revitalizar una efeméride que corría el riesgo de caer en la complacencia, cuando no en la irrelevancia o incluso en la mercantilización

El feminismo supo esquivar todos los riesgos en los que la lucha por los derechos LGTB cae año tras año. Sin perder el tono festivo, subrayó el reivindicativo, supo a la vez implicar a potenciales aliados, explicando que sus conquistas son avances generales para toda la sociedad. El feminismo puso el foco en los problemas graves que ocupan minutos en el telediario (las violaciones, la violencia machista, la brecha salarial) sin olvidar aquellos que parecen pequeños pero que se acumulan y asfixian (los micromachismos).

Por su parte, el movimiento LGTB parece fracasar en todos estos frentes. Quizá el ejemplo más paradigmático sea la fecha escogida para celebrar ambos días. El 8 de marzo de 1911 un incendio en una fábrica de Nueva York acabó con la vida de más de 140 trabajadores, la mayoría de ellas mujeres. Por eso ese día se celebra el día de la mujer trabajadora y aún hoy, muchas de las reivindicaciones que se escuchan en esta jornada tienen que ver con la desigualdad laboral.

shutterstock_177312764

El 28 de junio de 1969 se produjeron los disturbios de Stonewall, cuando un grupo de gais, lesbianas y transexuales se enfrentaron a la policía, que pretendía detenerlos. Por eso ese día se debería celebrar el Orgullo. Pero no se hace. Desde hace años, distintas ciudades han considerado más rentable celebrar el día grande del Orgullo días, semanas o meses después del 28 de junio para que la fiesta sea más atractiva turísticamente. Como reacción a esta deriva han surgido alternativas loables como el Orgullo crítico, con predicamento entre el colectivo más activista pero una popularidad que dista mucho de ser transversal.

La frase de la revolucionaria Emma Goldman «Si no puedo bailarla, tu revolución no me interesa» fue reciclada como un eslogan del feminismo de los años 70. Parece ser el mantra, repetido hasta extremos deformantes, de las reivindicaciones LGTB. De seguir así puede convertirse en su epitafio.

El carácter festivo y económico de la efeméride ha eclipsado el resto de elementos que deberían formar parte del Orgullo, empezando por el reivindicativo. Y no es que no haya motivos para reivindicar. Las agresiones homófobas han aumentado hasta en un 34% en la comunidad de Madrid. Hay casos espeluznantes que apenas reciben atención mediática. Fuera de nuestras fronteras triunfan partidos homófobos en países como Italia, aumenta la censura en otros como Bulgaria y la violencia y represión en Rusia. Motivos para dejar de bailar y empezar a reivindicar no faltan.

Las revoluciones miméticas. ¿Cómo se conquistan los derechos?

En una charla TED, la activista Yoruba Richen trazaba un paralelismo claro entre la lucha del colectivo LGTB con el de los negros en EEUU. Richen enumera tres estrategias que, a su juicio, ayudaron en el movimiento de liberación de los negros y las tres réplicas que tuvieron en el de la conquista de derechos LGTB.

La primera sería la desobediencia civil representada por el boicot de Rosa Parks a la segregación de blancos y negros en los autobuses en 1955 y por los disturbios de Stonewall que se dieron 14 años después. La segunda estrategia la representaría la marcha sobre Washington de 1963. Fue la manifestación donde Martin Luther King pronunció su famoso «I have a dream». Jack Nichols, pionero en la lucha de los derechos gais, participó en la misma y declaró «marchamos con ellos y desde ese momento nosotros también tuvimos un sueño: hacer una marcha de proporciones similares». Lo acabaron haciendo, en marchas de las cuales el actual Orgullo es heredero.

 

 

Por último, siempre según Richen, hay una tercera estrategia: la legal. El caso Loving vs Virginia acabó con las leyes que prohibían el matrimonio interracial en 1967. La réplica LGTB se dio con el caso United States vs Windsor que acabó con la discriminación por temas de herencia al colectivo muchos años después, en 2013. De hecho, el caso Loving fue citado repetidamente como precedente durante el procedimiento judicial.

La tesis de Yoruba Richen viene a apuntalar la idea de que todos los movimientos por los derechos civiles se mimetizan e inspiran los unos en los otros. No es algo exclusivo del colectivo LGTB, todos los movimientos lo han hecho siempre, pero al ser el último en llegar, este ha heredado las técnicas mucho más depuradas y ha conseguido un avance mucho más rápido.

Todos los movimientos por los derechos civiles se inspiran los unos en los otros. No es algo exclusivo del colectivo LGTB solo que este ha sido el último en llegar

Otro elemento crucial en la lucha de derechos civiles es la existencia de líderes actuales y referentes históricos. En el caso de la liberación de los negros tenemos a gente como Malcom X, Martin Luther King, Rosa Parks o Nelson Mandela. El feminismo es fecundo en voces actuales pero más yermo al hablar de referentes históricos famosos, especialmente en su vertiente más activista y menos teórica.

No es que no haya habido, es que se les ha silenciado más, se les ha reivindicado menos. Precisamente por eso en los últimos años se multiplican los proyectos destinados a rescatar la figura de mujeres enterradas por la historia. Desde la iniciativa del New York Times, de realizar con retraso las necrológicas de mujeres que ignoró en su momento, a la que tuvo hace unos años Wikipedia, animando a las mujeres a escribir, traducir o completar la biografía de mujeres relevantes para reducir la brecha de género, que se da también en la información.

shutterstock_699352951

En su libro, How Change Happens, el jefe de investigación de Oxfam, Duncan Green, analiza los estados por los que pasan los gobernantes antes de implementar nuevas normas a favor de los derechos humanos y destaca la importancia de las movilizaciones, del ambiente que se encuentre en la calle. «Es el calor del fondo», explica, «es Malcolm X y las sufragistas y las marchas del orgullo». A lo largo de 287 páginas, Green analiza los puntos en común que tienen todos los movimientos en la defensa de los derechos humanos. Y son muchos.

En un análisis más concreto publicado en su blog, Green se preguntaba «¿Qué podemos aprender de la legalización del matrimonio homosexual en EEUU.?». Incidía una vez más sobre la idea de que los movimientos civiles tienen el poder de inspirarse los unos a los otros. Pero esta vez cambiaba el foco y ponía al movimiento LGTB no como imitador sino como modelo a imitar. Y es que aunque haya sido el último en llegar, aunque aún pueda aprender de otros movimientos; la lucha por los derechos de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales sigue siendo un movimiento inspirador.

Compártelo twitter facebook whatsapp
Arte-Factos, el renacer artístico de los objetos inservibles
Viejos héroes para una nueva España
Cuando el ayuntamiento lo manejan los vecinos: el fenómeno de los partidos locales
Móviles vintage y la mítica serpiente de Nokia para combatir la obsolescencia programada
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 3
  • https://es.surveymonkey.com/r/LXRYZ83

    Hola Chicos! Estamos cambiando el mundo de internet. Si podéis hacer esta encuesta de 2 minutos como mucho, os lo agradecería inmensamente. Y a lo mejor tenemos justo la solución que estabais buscando.. 😉

    Muchas gracias y que tengáis un buen día!!

  • “La tesis de Yoruba Richen viene a apuntalar la idea de que todos los movimientos por los derechos civiles se mimetizan e inspiran los unos en los otros. ”

    A mí me preocupa que los haters y trolls (alt-right, gamergaters, terfs) también están inspirándose en los movimientos pro derechos civiles, usando sus mismas tácticas y argumentos. Cualquier movimiento en favor de un colectivo desfavorecido lo convierten en un “ataque contra su individualidad” o su “identidad”, y cualquier crítica que se le hace es “hate speech”. También se mimetizan como miembros del colectivo, usando expresiones extremas disparatadas fáciles de atacar.

    Lo peor es que los movimientos civiles no han notado que están usando sus argumentos contra sí mismos, y están perdiendo el espacio conseguido y la efectividad de dichos argumentos tradicionales.

  • Comentarios cerrados.

    Publicidad