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17 de mayo 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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¿Cómo surgió el signo de interrogación?

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Apenas faltaban unas horas para la salida del sol y el escriba aún no había terminado de copiar aquel endemoniado texto. Hacía tiempo, gracias al Altísimo, que se empleaban algunos signos para separar palabras y facilitar la lectura. Pero la única manera de indicar al lector que lo que venía a continuación era una pregunta era copiando al final de la misma la palabra quaestio en su forma apocopada: qo.

No estaban los tiempos para derrochar pergamino, así que lo mejor era escribirlo en sentido vertical y no horizontal. El texto estaba lleno de preguntas retóricas y el tiempo apremiaba. El trazo del escriba se hizo tan descuidado por las prisas que aquel apócope acabó convertido en un extraño garabato: ? Se encomendó a Dios y rezó porque quien leyera en voz alta aquel manuscrito supiera entender lo que había escrito. Si aquel hermano anónimo escriba como él había conseguido colar la ñ en el alfabeto, ¿por qué él no iba a tener la misma suerte?

interrogacion

[L]os grandes descubrimientos vienen, a menudo, de casualidades. No hay constancia escrita de que así naciera el signo de interrogación, pero quizá esta historia no esté muy desencaminada. ? y ! son apócopes de las palabras latinas quaestio e interiectio, cuya evolución gráfica derivó en los signos que hoy conocemos.

Prácticamente todas las lenguas los usan para indicar que la oración es una pregunta o denota sorpresa o admiración. La peculiaridad del español, que no podía conformarse con ser como los demás idiomas, es que necesita un símbolo de apertura y uno de cierre para representar en la escritura estas dos entonaciones.

No es solo un capricho de académico revenido. En realidad se debe a una cuestión gramatical. Igual que otras lenguas, como el inglés, modifican la estructura de la frase o colocan ciertos verbos auxiliares para indicar que lo que viene es una frase interrogativa, el español no lo hace. Si alguien te escribe: Estás bien, no puedes saber a simple golpe de vista si te lo pregunta o te lo confirma. Si la frase es corta, como el ejemplo, no hay problema, bastaría un signo de cierre. Pero cuando la interrogación se alarga, ¿dónde debes empezar a cambiar la entonación?

La excepción viene cuando queremos expresar ironía o sorpresa (el equivalente al WTF inglés), donde sí está permitido usar el signo de cierre pero entre paréntesis: Le gusta comer quinoa con tocino (?) y todavía es capaz de adelgazar si se come un barreño (!).

Tras ellos puede ir cualquier otro signo de puntuación, pero nunca NUNCA el punto. Colleja para quien escriba *¿Cuánto cuesta?. Son 10 €. Y si queremos indicar que algo es una pregunta y una exclamación a la vez, la RAE nos permite usar los signos dobles (¡¿Te has casado con ese imbécil?!), tantos como grande sea la sorpresa (y la estupidez del ya marido): (¡¡¡¡¿¿¿¿Te has casado con ese imbécil????!!!!).

Apenas faltaban unas horas para la salida del sol y el escriba aún no había terminado de copiar aquel endemoniado texto. Hacía tiempo, gracias al Altísimo, que se empleaban algunos signos para separar palabras y facilitar la lectura. Pero la única manera de indicar al lector que lo que venía a continuación era una pregunta era copiando al final de la misma la palabra quaestio en su forma apocopada: qo.

No estaban los tiempos para derrochar pergamino, así que lo mejor era escribirlo en sentido vertical y no horizontal. El texto estaba lleno de preguntas retóricas y el tiempo apremiaba. El trazo del escriba se hizo tan descuidado por las prisas que aquel apócope acabó convertido en un extraño garabato: ? Se encomendó a Dios y rezó porque quien leyera en voz alta aquel manuscrito supiera entender lo que había escrito. Si aquel hermano anónimo escriba como él había conseguido colar la ñ en el alfabeto, ¿por qué él no iba a tener la misma suerte?

interrogacion

[L]os grandes descubrimientos vienen, a menudo, de casualidades. No hay constancia escrita de que así naciera el signo de interrogación, pero quizá esta historia no esté muy desencaminada. ? y ! son apócopes de las palabras latinas quaestio e interiectio, cuya evolución gráfica derivó en los signos que hoy conocemos.

Prácticamente todas las lenguas los usan para indicar que la oración es una pregunta o denota sorpresa o admiración. La peculiaridad del español, que no podía conformarse con ser como los demás idiomas, es que necesita un símbolo de apertura y uno de cierre para representar en la escritura estas dos entonaciones.

No es solo un capricho de académico revenido. En realidad se debe a una cuestión gramatical. Igual que otras lenguas, como el inglés, modifican la estructura de la frase o colocan ciertos verbos auxiliares para indicar que lo que viene es una frase interrogativa, el español no lo hace. Si alguien te escribe: Estás bien, no puedes saber a simple golpe de vista si te lo pregunta o te lo confirma. Si la frase es corta, como el ejemplo, no hay problema, bastaría un signo de cierre. Pero cuando la interrogación se alarga, ¿dónde debes empezar a cambiar la entonación?

La excepción viene cuando queremos expresar ironía o sorpresa (el equivalente al WTF inglés), donde sí está permitido usar el signo de cierre pero entre paréntesis: Le gusta comer quinoa con tocino (?) y todavía es capaz de adelgazar si se come un barreño (!).

Tras ellos puede ir cualquier otro signo de puntuación, pero nunca NUNCA el punto. Colleja para quien escriba *¿Cuánto cuesta?. Son 10 €. Y si queremos indicar que algo es una pregunta y una exclamación a la vez, la RAE nos permite usar los signos dobles (¡¿Te has casado con ese imbécil?!), tantos como grande sea la sorpresa (y la estupidez del ya marido): (¡¡¡¡¿¿¿¿Te has casado con ese imbécil????!!!!).

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