25 de noviembre 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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Un joven ruso persigue su sueño de ser un ornitorrinco

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«Soy gordo, soy feo y de color amarillo; si preguntas quién soy, respondo cua, cua, cua y hago popó mientras camino. ¿Quién soy yo?». El acertijo que le puso el médico del partido nazi a Guido –Roberto Benigni- nos valdría para acercarnos a esta historia de un joven ruso que, tras siete años y casi una decena de operaciones, ha cumplido su sueño de ser un…
¡Exacto!, gallifante para que el que haya pensado en un ornitorrinco. Hablamos de un mamífero semiacuático cuyo origen está en el este de Australia y de la isla de Tasmania, que este joven tenía en la cabeza cuando vio por primera vez este animal de pico negruzco, ancho y alargado.
ornitorrinco
«Me miro al espejo y veo los animales que llevo en mi interior», afirma este animal-modelo de 26 años. Además del aspecto de ornitorrinco, está convencido de llevar en su interior un pájaro, lo que nos hace pensar que lleva una compresa con alas o se pasado de frenada bebiendo Red Bull.
Quizá es solo un artista al que se le ha ido un poco de las manos la concepción del arte en el propio cuerpo, más que nada por la incomodidad de ser un incomprendido o la gente le vea como un bicho raro. Miren este vídeo y observen la aventura para pedir una hamburguesa y que no le observen con cara de «Can you repeat por cuarta vez, please?». Pero oye, «si es feliz», como diría una madre, «por mí, como si se opera»… Hablando de madre, no dejo de pensar en qué dirían sus padres al enterarse de su deseo de ser un ornitorrinco. Esta es la conversación imaginaria de ellos con el futuro hijo ornitorrinco:
Padre: Cari, ¿te has enterado que el chico quiere ser ahora un ornitorrinco?… Este se ha vuelto gilipo…
Madre: Deja al chico, hombre, tiene sus cosas como cualquier joven… Hoy en día son muy modernos, no como nosotros, que lo único que hacíamos era ir a la verbena con la falda por debajo de la rodilla.
Padre: No sé, pa’ mí que se le ha pirado un poco… ¿Va a ir por la calle haciendo el ornitorrinco?¿Se va a poner patas también?
Madre: No sé, pregúntaselo… Que haga lo que quiera, siempre va a ser mi niño.
Padre: Igual vas por la calle y piensas de verdad que es un ornitorrinco y no reconoces ni a tu propio hijo.
Madre: ¡Manuéee! Ven aquí, hijo, cuéntanos qué te vas a hacer.
Hijo: No sé, ‘mama’, tú sabes que yo siempre era un poco rarito, que me gustan los bichos… ¿Te acuerdas con cinco añitos cuando te dije que quería ser como un pájaro?
(el padre los escucha incrédulo)
Madre: Sí, hijo, pero pensé que era en sentido figurado. Si quieres, te compro una careta con hocico… ¡Ay!, me da miedo ahora de que te hagan mal el agujero y parezcas un oso hormiguero.
Hijo: Que no, vieja, que esto está controlao. El cirujano coge un carioca, te pinta las líneas y corta por ellas con el bisturí como si fuera un violín.
Padre: Amos, no me jodas, tú lo que eres es un ornitorrincus absurdus…
Madre: No insultes a mi niño y vete a dar una vuelta. Yo hablo con él.
Hijo: Bueno, troncos, yo me piro, que hoy toca cortarse un poco el tabique para hacerme luego el hueco pa’l pico.
Madre: ¡Ay, hijo!, llama cuando salgas del quirófano… Si no te entiendo, te mando un guasá.
Hijo: Vieja, los ornitorrincos no entienden de tecnología… ¡cua-cua!
ornitorrinco-hombre-ave
Aconsejamos con insistencia que lean la noticia y, de seguido, la confesión un poco más abajo con el título Son cosas de la edad, del lector Rafael Muñoz Cañete. Su experiencia es muy interesante para averiguar lo que le pasa por la cabeza a un tipo que «solo se encuentra en la etapa de madurez sexual, en la ‘etapa genital’, que diría Freud», añade el lector.
—–
Estos artículos, escritos por PARECE DEL MUNDO TODAY, son interpretaciones ficticias y humorísticas de noticias reales que aparecen en medios de comunicación.

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¡Exacto!, gallifante para que el que haya pensado en un ornitorrinco. Hablamos de un mamífero semiacuático cuyo origen está en el este de Australia y de la isla de Tasmania, que este joven tenía en la cabeza cuando vio por primera vez este animal de pico negruzco, ancho y alargado.
ornitorrinco
«Me miro al espejo y veo los animales que llevo en mi interior», afirma este animal-modelo de 26 años. Además del aspecto de ornitorrinco, está convencido de llevar en su interior un pájaro, lo que nos hace pensar que lleva una compresa con alas o se pasado de frenada bebiendo Red Bull.
Quizá es solo un artista al que se le ha ido un poco de las manos la concepción del arte en el propio cuerpo, más que nada por la incomodidad de ser un incomprendido o la gente le vea como un bicho raro. Miren este vídeo y observen la aventura para pedir una hamburguesa y que no le observen con cara de «Can you repeat por cuarta vez, please?». Pero oye, «si es feliz», como diría una madre, «por mí, como si se opera»… Hablando de madre, no dejo de pensar en qué dirían sus padres al enterarse de su deseo de ser un ornitorrinco. Esta es la conversación imaginaria de ellos con el futuro hijo ornitorrinco:
Padre: Cari, ¿te has enterado que el chico quiere ser ahora un ornitorrinco?… Este se ha vuelto gilipo…
Madre: Deja al chico, hombre, tiene sus cosas como cualquier joven… Hoy en día son muy modernos, no como nosotros, que lo único que hacíamos era ir a la verbena con la falda por debajo de la rodilla.
Padre: No sé, pa’ mí que se le ha pirado un poco… ¿Va a ir por la calle haciendo el ornitorrinco?¿Se va a poner patas también?
Madre: No sé, pregúntaselo… Que haga lo que quiera, siempre va a ser mi niño.
Padre: Igual vas por la calle y piensas de verdad que es un ornitorrinco y no reconoces ni a tu propio hijo.
Madre: ¡Manuéee! Ven aquí, hijo, cuéntanos qué te vas a hacer.
Hijo: No sé, ‘mama’, tú sabes que yo siempre era un poco rarito, que me gustan los bichos… ¿Te acuerdas con cinco añitos cuando te dije que quería ser como un pájaro?
(el padre los escucha incrédulo)
Madre: Sí, hijo, pero pensé que era en sentido figurado. Si quieres, te compro una careta con hocico… ¡Ay!, me da miedo ahora de que te hagan mal el agujero y parezcas un oso hormiguero.
Hijo: Que no, vieja, que esto está controlao. El cirujano coge un carioca, te pinta las líneas y corta por ellas con el bisturí como si fuera un violín.
Padre: Amos, no me jodas, tú lo que eres es un ornitorrincus absurdus…
Madre: No insultes a mi niño y vete a dar una vuelta. Yo hablo con él.
Hijo: Bueno, troncos, yo me piro, que hoy toca cortarse un poco el tabique para hacerme luego el hueco pa’l pico.
Madre: ¡Ay, hijo!, llama cuando salgas del quirófano… Si no te entiendo, te mando un guasá.
Hijo: Vieja, los ornitorrincos no entienden de tecnología… ¡cua-cua!
ornitorrinco-hombre-ave
Aconsejamos con insistencia que lean la noticia y, de seguido, la confesión un poco más abajo con el título Son cosas de la edad, del lector Rafael Muñoz Cañete. Su experiencia es muy interesante para averiguar lo que le pasa por la cabeza a un tipo que «solo se encuentra en la etapa de madurez sexual, en la ‘etapa genital’, que diría Freud», añade el lector.
—–
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