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10 de diciembre 2019    /   CIENCIA
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¿Padeces ortosomnia? Puede que tu pulsera de actividad tenga la culpa

10 de diciembre 2019    /   CIENCIA     por          
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Estaba convencida de que no dormía bien. Su pulsera Fitbit se lo dejaba muy claro mañana tras mañana, cuando repasaba las estadísticas de sueño de la noche anterior. Así que acudió al médico y solicitó que le hicieran un estudio exhaustivo para poner remedio a su mal. Pero los resultados de las varias pruebas a las que la sometieron decían otra cosa: la joven dormía bien. No había ningún problema al respecto. Sin embargo, ella seguía mostrándose incrédula. «Entonces, ¿por qué mi Fitbit me dice que duermo mal?».

La anécdota es real. La cuentan los investigadores de las universidades de Northwestern y Rush en Chicago (EEUU) que participaron en un estudio sobre ortosomnia, publicado en el Journal of Clinical Sleep Medicine, la revista de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (AASM por sus siglas en inglés). Y ahí, a la ortosomnia, queríamos llegar.

Estos investigadores acuñaron el término a partir de las palabras griegas orthos (correcto) y somnia (sueño) para tratar de definir un nuevo trastorno: el de la obsesión malsana que sienten algunas personas por lograr la calidad de sueño perfecta y su cuantificación. Y a esta obsesión han contribuido en gran parte los dispositivos que la miden y que muchas personas lucen en sus muñecas.

Lo que por un lado podría resultar positivo, esa involucración de los individuos en la búsqueda de un sueño saludable gracias a estos medidores, se convierte, sin embargo, en un problema que hace que algunas personas estén «llevando la autocuantificación (los parámetros para dormir bien) demasiado lejos», como se afirma en el citado informe.

Tanta es la preocupación de estas personas por conseguir el sueño adecuado en todas sus fases que acaba generándoles ansiedad. Y entran así en una rueda infinita en la que la ansiedad deriva en insomnio, que trata de combatirse durmiendo un excesivo número de horas, lo que acaba provocando más insomnio y unos resultados en los medidores desastrosos que generan ansiedad.

La cuestión es: ¿son fiables estos tipos de dispositivos para medir la calidad del sueño? Los modelos más populares cuentan con un actímetro, un sistema que detecta movimientos. Es lo que les permite contar los pasos que damos, por ejemplo, y lo que utilizan también para medir el sueño.

Parten de la premisa de que cuando no nos movemos es porque hemos entrado en la fase de sueño profundo (la que proporciona más descanso), mientras que si detectan algún movimiento, nuestro sueño es ligero. Es el principio de la actigrafía frente a la polisomnografía, que mide la calidad del sueño de los pacientes conectándolos a una serie de electrodos que registran una serie de parámetros bastante más complejos.

Un estudio sobre el papel de la actigrafía para medir el sueño y los ritmos circadianos publicado en la AASM concluye que, si bien puede ser útil para distinguir entre estados de sueño y vigilia, no es tan precisa para diagnosticar trastornos del sueño como la polisomnografía. En esa misma línea, otro estudio realizado por el departamento de Psicología de la West Virginia University comparando la polisomnografía con medidores del sueño como la pulsera Fitbit determinó que tanto la actigrafía como la pulsera «identifican erróneamente la vigilia como sueño y, por lo tanto, sobrestiman tanto el tiempo como la calidad del sueño».

La preocupación por el sueño no es nueva. Y es de sobra conocido que dormir mal o poco acaba teniendo consecuencias negativas para nuestra salud. Quienes padecen ortosomnia padecen insomnio, irratibilidad, problemas de concentración y una profunda decepción cuando, al despertar, comprueban en sus dispositivos que la calidad de su sueño no ha sido tan perfecta como hubieran deseado.

Así que poca broma. Te diga lo que te diga tu pulsera de actividad, sabrás que has dormido bien si te levantas descansado. Quizá la clave para dormir mejor consista en algo tan sencillo (o tan complicado, quién sabe) como saber cuándo es una hora prudente para darle al stop en Netflix y dejar esa serie para mañana; apagar cualquier aparato que te diga que has recibido un email; y entender que el mundo no va a dejar de dar vueltas porque tú no hayas recogido la cocina después de cenar. El sueño es una necesidad, pero el estrés con el que lo afrontes es una elección. Así que acuéstate, cierra los ojos y duerme.

Estaba convencida de que no dormía bien. Su pulsera Fitbit se lo dejaba muy claro mañana tras mañana, cuando repasaba las estadísticas de sueño de la noche anterior. Así que acudió al médico y solicitó que le hicieran un estudio exhaustivo para poner remedio a su mal. Pero los resultados de las varias pruebas a las que la sometieron decían otra cosa: la joven dormía bien. No había ningún problema al respecto. Sin embargo, ella seguía mostrándose incrédula. «Entonces, ¿por qué mi Fitbit me dice que duermo mal?».

La anécdota es real. La cuentan los investigadores de las universidades de Northwestern y Rush en Chicago (EEUU) que participaron en un estudio sobre ortosomnia, publicado en el Journal of Clinical Sleep Medicine, la revista de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (AASM por sus siglas en inglés). Y ahí, a la ortosomnia, queríamos llegar.

Estos investigadores acuñaron el término a partir de las palabras griegas orthos (correcto) y somnia (sueño) para tratar de definir un nuevo trastorno: el de la obsesión malsana que sienten algunas personas por lograr la calidad de sueño perfecta y su cuantificación. Y a esta obsesión han contribuido en gran parte los dispositivos que la miden y que muchas personas lucen en sus muñecas.

Lo que por un lado podría resultar positivo, esa involucración de los individuos en la búsqueda de un sueño saludable gracias a estos medidores, se convierte, sin embargo, en un problema que hace que algunas personas estén «llevando la autocuantificación (los parámetros para dormir bien) demasiado lejos», como se afirma en el citado informe.

Tanta es la preocupación de estas personas por conseguir el sueño adecuado en todas sus fases que acaba generándoles ansiedad. Y entran así en una rueda infinita en la que la ansiedad deriva en insomnio, que trata de combatirse durmiendo un excesivo número de horas, lo que acaba provocando más insomnio y unos resultados en los medidores desastrosos que generan ansiedad.

La cuestión es: ¿son fiables estos tipos de dispositivos para medir la calidad del sueño? Los modelos más populares cuentan con un actímetro, un sistema que detecta movimientos. Es lo que les permite contar los pasos que damos, por ejemplo, y lo que utilizan también para medir el sueño.

Parten de la premisa de que cuando no nos movemos es porque hemos entrado en la fase de sueño profundo (la que proporciona más descanso), mientras que si detectan algún movimiento, nuestro sueño es ligero. Es el principio de la actigrafía frente a la polisomnografía, que mide la calidad del sueño de los pacientes conectándolos a una serie de electrodos que registran una serie de parámetros bastante más complejos.

Un estudio sobre el papel de la actigrafía para medir el sueño y los ritmos circadianos publicado en la AASM concluye que, si bien puede ser útil para distinguir entre estados de sueño y vigilia, no es tan precisa para diagnosticar trastornos del sueño como la polisomnografía. En esa misma línea, otro estudio realizado por el departamento de Psicología de la West Virginia University comparando la polisomnografía con medidores del sueño como la pulsera Fitbit determinó que tanto la actigrafía como la pulsera «identifican erróneamente la vigilia como sueño y, por lo tanto, sobrestiman tanto el tiempo como la calidad del sueño».

La preocupación por el sueño no es nueva. Y es de sobra conocido que dormir mal o poco acaba teniendo consecuencias negativas para nuestra salud. Quienes padecen ortosomnia padecen insomnio, irratibilidad, problemas de concentración y una profunda decepción cuando, al despertar, comprueban en sus dispositivos que la calidad de su sueño no ha sido tan perfecta como hubieran deseado.

Así que poca broma. Te diga lo que te diga tu pulsera de actividad, sabrás que has dormido bien si te levantas descansado. Quizá la clave para dormir mejor consista en algo tan sencillo (o tan complicado, quién sabe) como saber cuándo es una hora prudente para darle al stop en Netflix y dejar esa serie para mañana; apagar cualquier aparato que te diga que has recibido un email; y entender que el mundo no va a dejar de dar vueltas porque tú no hayas recogido la cocina después de cenar. El sueño es una necesidad, pero el estrés con el que lo afrontes es una elección. Así que acuéstate, cierra los ojos y duerme.

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