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9 de octubre 2019    /   CREATIVIDAD
por
 Konsu Llorente

Otto Von Busch: «Tratamos a la moda como si fuera comida rápida, como si fuera mierda»

9 de octubre 2019    /   CREATIVIDAD     por          Konsu Llorente
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Lleva las uñas pintadas, pesados abalorios cuelgan de su cuello y se enfunda camisetas remendadas en ángulos imposibles. Cuando uno ve a Otto Von Busch, lo primero que piensa es que va hecho un cuadro. Pero después de una animada charla con este teórico de la moda, la percepción cambia radicalmente y uno tiende a juzgar con más dureza la propia vestimenta y con más benevolencia la suya. A fin de cuentas, Von Busch lleva más de una década analizando cómo nos vestimos, estudiando la moda desde perspectivas innovadoras como la subcultura queer, el budismo o la cultura hacker.

De todas estas experiencias ha sacado teorías interesantes. Aboga por una moda más inclusiva y bidireccional y entiende la máquina de coser como una herramienta de liberación. Dice que no hay que convertir la industria textil en sostenible sino cambiarla de raíz, y asegura que los ricos nos están ganando el relato al hacernos creer que el problema es el consumismo de las clases medias y no la sobreproducción de las grandes empresas. Tiene unas ideas refrescantes y una elocuente manera de exponerlas.

Otto Von Busch siempre ha estado vinculado al mundo de la moda, primero como activista, después como diseñador, y en los últimos años como profesor de la prestigiosa escuela de arte y diseño Parsons, de Nueva York. Le llamamos por Skype un viernes por la mañana, cuando, entre clase y clase, tiene un hueco para dejar de lado su máquina de coser y encender su ordenador.

Sé que esta pregunta suena extrañamente sexy, sobre todo para hacerla por videollamada, pero dime, ¿qué llevas puesto?

Ja, ja, ja. Pantalones cortos y una camiseta, aunque ambos están customizados. Si te soy sincero antes lo hacía mucho más, cambiar mi ropa y adaptarla; pero ahora, entre los niños y el trabajo, es más difícil. Creo que es divertido jugar con la ropa. Como sabes, soy profesor en Parsons; sería una pena si me presentara en una escuela de moda con una sudadera y unos vaqueros cada día.

Y antes de ser profesor, ¿cómo y cuándo empezaste a customizarte la ropa?

Creo que con veintipocos. Me llevó tiempo reunir la seguridad y la autoestima para hacerlo. La moda me gustaba ya de antes, en mi adolescencia, pero no tenía dinero para permitírmelo, así que no estaba en mi radar realmente. Después empecé a ganar dinero, tomé algunas clases y gané confianza. Es un equilibrio complicado, necesitas seguridad para empezar a jugar con la moda. Tuve suerte porque al final, no sé de dónde, pero la saqué.

¿Crees que mucha gente llega a ese punto? ¿A tener esa confianza para empezar a jugar con la moda?

No y es curioso. Tenemos que empezar a preguntarnos, ¿qué pasa con la moda cuando nos hacemos mayores? Quiero decir, cuando somos niños nos encanta jugar con la ropa, nos disfrazamos de superhéroes, de detectives, de brujas… Incluímos la ropa en nuestros juegos. Después empezamos el colegio y algo pasa durante esos años que acabamos todos con una camiseta y unos vaqueros. Somos muy pocos los que nos salimos de eso. Ayuda quizá el que te muevas en ciertos ambientes, en la subcultura queer, el mundo del arte o el de la moda.

Otto Von Busch
Vital Vogues, (work by Otto Von Busch, photo by Ari Elefterin)

Como es tu caso. Antes hablabas de tus hijos, imagino que están en edad escolar. ¿Cómo se toman ellos que su padre tenga una estética tan peculiar?

Ja, ja, ja. Bueno, resuelves muchas situaciones explicando que trabajas en el mundo de la moda. De hecho les he escuchado diciéndoselo a sus amigos, «Sí, es profe de moda, a veces se viste un poco raro». Pero es curioso porque… lo cierto es que sí que pienso cómo me voy a vestir cuando voy a recoger a mis hijos al colegio y me rebajo un poco. ¿Sabes? No quiero que se metan con ellos por cómo viste su padre. El colegio es un época delicada, no quieres que te avergüencen tus padres.

Pero al final siempre lo hacen. En el colegio te suele avergonzar casi todo, especialmente en lo relativo a la moda…

Cierto. Hay algo en el colegio, en la experiencia social, que nos hace tener miedo a equivocarnos con nuestro look. Quizá sean los niños crueles que se meten contigo por no llevar la marca adecuada o simplemente que te haces mayor y cambias. El caso es que me llama la atención: en otros aspectos de la vida valoramos la espontaneidad, la libertad, pensar por uno mismo… Pero en la moda nuestras decisiones acaban tomándose por el miedo, la ansiedad y la vergüenza. Y creo que esto es algo fascinante.

Hay algo en este miedo que nos hace mirar a unos líderes, necesitamos a alguien que nos diga qué llevar. ¿Qué dice Anna Wintour?, ¿qué dicen las revistas?, ¿qué se ponen los famosos? Nos gusta vernos como independientes y valientes, pero lo cierto es que siempre estamos mirando alrededor para ver cómo encajar.

Tampoco tenemos muchas alternativas. La gente en su casa tiene libros de recetas o sartenes, pero raramente tiene libros de patronaje y máquinas de coser. ¿Por qué la moda se ha convertido en un monólogo y no en un diálogo?

Bueno, puedes achacarlo al consumismo. Pones el ejemplo de la cocina: ahora mismo cada vez hay más congelados, más comida basura y ultraprocesados listos para comer. Sucede en todos los campos, pero quizá el de la moda sea el más extremo. Tiene una producción tan intensiva y la globalización ha reducido los precios tanto que ahora es más barato comprar ropa que crearla tú.

Antes los pobres iban con ropa hecha en casa, ahora es lo contrario. Si ves niños con ropa hecha a mano significa que sus padres tienen tiempo para hacerlo, así que ya no es una cuestión de clase. Creo que tenemos que reclamar la máquina de coser como un elemento de liberación, dar la posibilidad a la gente de que haga cosas, no solo de que las compre. Me gustaría pensar que es algo que podría pasar en las propias tiendas, donde se puedan vender partes separadas y remiendos de ropa. Quiero decir, esto no debería ser una cosa contracultural o de cuatro jipis que se van a vivir al campo, debería ser algo integrado en la sociedad.

Creo que tenemos que reclamar la máquina de coser como un elemento de liberación, dar la posibilidad a la gente de que haga cosas, no solo de que las compre

¿Qué otras cosas cambiarías en la industria de la moda? ¿Cómo ves este sector, a qué problemas se enfrenta y cómo los está encarando?

Mal. Se habla mucho últimamente de la sostenibilidad y a mí me gustaría que alguien me dijera qué es, exactamente, lo que queremos sostener. El discurso imperante hoy en día es que la moda está bien como está, pero que nos gustaría quizá reducir el impacto ambiental que tiene, tapar un par de heridas aquí y allá para que las cosas sigan exactamente como están. Y creo que antes de hacer esto tenemos que empezar a cuestionarnos todo el sistema. ¿Es esta la mejor industria de moda que podemos imaginar? La gente tiene una relación tóxica con la moda, consume por los motivos equivocados. Es como «mañana tengo una cita, voy a comprarme algo, o estoy deprimido así que me voy a comprar un jersey barato para sentirme ligeramente mejor, o a comprar algo online de lo que ni siquiera me acordaré mañana».

Tratamos a la moda como si fuera comida rápida, como si fuera mierda. Y ha llegado un punto en el que los consumidores necesitan ese subidón de azúcar en sus venas. Como diseñadores tenemos que cambiar esto, tenemos que implicar al consumidor, enriquecer su experiencia. No se trata de convertir en sostenible nuestra relación tóxica con la ropa sino de cambiarla.

Entonces, ¿el gran problema de la industria de la moda es cómo consumimos?

No exactamente. Verás, el problema es también cómo lo enfocamos. Culpamos a la gente con pocos recursos, a la gente que compra en Zara o en H&M, de perpetuar las horribles condiciones de trabajo en países subdesarrollados. Y al mismo tiempo admiramos a la gente que se puede comprar un Chanel o un Vuitton. Idolatramos a la estrellas de cine y a las modelos que nos enseñan sus enormes armarios llenos de ropa cara; son aspiracionales, todo el mundo quiere ser como ellos. Y esto es hipocresía de rico: no puedes culpar a la gente que está imitando ese comportamiento.

Otto Von Busch
Ravenous Djinn by Otto Von Busch (2016) Mixed media, 31×28 cm

Culpar a la gente por sus hábitos de compras y decirles cómo deberían consumir es no darse cuenta de que para muchas personas la ropa es el vehículo para implicarse en la sociedad, para entrar en ese club, ver a sus amigos o conseguir ese trabajo. La moda va sobre disfrazarse, sobre ser alguien que aún no eres pero que puedes ser, y sobre mostrar quién quieres ser en un entorno social.

El problema, pues, no es tanto cómo consumimos sino cómo producimos. Culpamos a los clientes, decimos que el problema es el sobreconsumo, pero seguimos produciendo más y más y más. Es un juego de culpas y los consumidores lo están perdiendo. Pero no es cuestión de echarse la pelota sino de buscar soluciones entre productores, políticos y sociedad.

Muy bonito, pero ¿no es un planteamiento un poco naif? Estás hablando de cambiar algo que genera mucho dinero, ¿es factible que se produzcan estos cambios?

Ja, ja, ja. ¡Claro que no! Pero igualmente tenemos que cambiarlo, tenemos que intentarlo. Yo, por ejemplo, les enseño a mis alumnos que hay otras formas de ser diseñador, no la única que tienen en mente. El activismo es importante, hay un montón de campañas intentando conseguir más transparencia o más responsabilidad.

Tratamos a la moda como si fuera comida rápida, como si fuera mierda. Y ha llegado un punto en el que los consumidores necesitan ese subidón de azúcar en sus venas

Deberíamos tener una agenda más clara y añadir presión, desde fuera de la industria y desde dentro. No podemos solucionar los problemas de la industria con una colección de bambú, necesitamos herramientas más potentes y una visión más global.

¿Cómo valoras las colecciones cápsula de H&M con diseñadores como Alexander Wang o Moschino? ¿Crees que estos gestos ayudan a democratizar la alta costura?

Se está hablando mucho sobre el tema porque hay quien asegura que la industria de la moda se está democratizando, pero yo no lo creo. Simplemente porque la gente pueda abrirse un blog, convertirse en influencer o comprar ropa barata de grandes diseñadores dicen que el sistema se ha vuelto democrático. Y obviamente no es así. En democracia, para empezar, todos los votos son iguales, cosa que no sucede en la moda, donde la gente rica tiene más voz y voto. Aquí no hay elecciones, aquí no hay escrutinio.

La prensa generalista analiza y critica a los políticos; las revistas de moda rara vez lo hacen con los diseñadores. Claro, que estas revistas viven de sus anuncios y es muy difícil criticar las prácticas que te están dando de comer. No son nada críticos, es más bien la propaganda del sistema actual.

Otto Von Busch

La transparencia es necesaria, pero ¿crees que serviría para cambiar algo?

Ya, es algo que deberíamos discutir porque creo que todos nosotros sabemos qué es lo que está mal. Sabemos cómo son las condiciones de trabajo de las fábricas de H&M y similares, sabemos que nuestros iPhones están hechos con minerales de sangre en África, pero la recompensa social de tener estos bienes nos puede, la sociedad nos empuja a ello, pero es nuestra responsabilidad. Es como: necesito un teléfono para hacer mi trabajo diario, prácticamente tengo que mancharme las manos para gestionar mi vida diaria y sucede lo mismo con la industria de la moda. Hay una enorme presión que nos lleva al consumismo.

Todos estos problemas, ¿han cambiado a mejor o peor en los últimos años? ¿Qué podemos esperar del futuro?

La mayoría de las cuestiones que estamos hablando ahora llevan discutiéndose desde hace más de 30 años. Todo, desde los materiales ecológicos hasta las condiciones de los trabajadores y todo lo demás. Y muy poco ha mejorado en estos 30 o 40 años. De hecho la industria ha crecido tanto que lo poco que se ha hecho ha sido tragado, arrollado por este enorme crecimiento en la producción.

Lleva las uñas pintadas, pesados abalorios cuelgan de su cuello y se enfunda camisetas remendadas en ángulos imposibles. Cuando uno ve a Otto Von Busch, lo primero que piensa es que va hecho un cuadro. Pero después de una animada charla con este teórico de la moda, la percepción cambia radicalmente y uno tiende a juzgar con más dureza la propia vestimenta y con más benevolencia la suya. A fin de cuentas, Von Busch lleva más de una década analizando cómo nos vestimos, estudiando la moda desde perspectivas innovadoras como la subcultura queer, el budismo o la cultura hacker.

De todas estas experiencias ha sacado teorías interesantes. Aboga por una moda más inclusiva y bidireccional y entiende la máquina de coser como una herramienta de liberación. Dice que no hay que convertir la industria textil en sostenible sino cambiarla de raíz, y asegura que los ricos nos están ganando el relato al hacernos creer que el problema es el consumismo de las clases medias y no la sobreproducción de las grandes empresas. Tiene unas ideas refrescantes y una elocuente manera de exponerlas.

Otto Von Busch siempre ha estado vinculado al mundo de la moda, primero como activista, después como diseñador, y en los últimos años como profesor de la prestigiosa escuela de arte y diseño Parsons, de Nueva York. Le llamamos por Skype un viernes por la mañana, cuando, entre clase y clase, tiene un hueco para dejar de lado su máquina de coser y encender su ordenador.

Sé que esta pregunta suena extrañamente sexy, sobre todo para hacerla por videollamada, pero dime, ¿qué llevas puesto?

Ja, ja, ja. Pantalones cortos y una camiseta, aunque ambos están customizados. Si te soy sincero antes lo hacía mucho más, cambiar mi ropa y adaptarla; pero ahora, entre los niños y el trabajo, es más difícil. Creo que es divertido jugar con la ropa. Como sabes, soy profesor en Parsons; sería una pena si me presentara en una escuela de moda con una sudadera y unos vaqueros cada día.

Y antes de ser profesor, ¿cómo y cuándo empezaste a customizarte la ropa?

Creo que con veintipocos. Me llevó tiempo reunir la seguridad y la autoestima para hacerlo. La moda me gustaba ya de antes, en mi adolescencia, pero no tenía dinero para permitírmelo, así que no estaba en mi radar realmente. Después empecé a ganar dinero, tomé algunas clases y gané confianza. Es un equilibrio complicado, necesitas seguridad para empezar a jugar con la moda. Tuve suerte porque al final, no sé de dónde, pero la saqué.

¿Crees que mucha gente llega a ese punto? ¿A tener esa confianza para empezar a jugar con la moda?

No y es curioso. Tenemos que empezar a preguntarnos, ¿qué pasa con la moda cuando nos hacemos mayores? Quiero decir, cuando somos niños nos encanta jugar con la ropa, nos disfrazamos de superhéroes, de detectives, de brujas… Incluímos la ropa en nuestros juegos. Después empezamos el colegio y algo pasa durante esos años que acabamos todos con una camiseta y unos vaqueros. Somos muy pocos los que nos salimos de eso. Ayuda quizá el que te muevas en ciertos ambientes, en la subcultura queer, el mundo del arte o el de la moda.

Otto Von Busch
Vital Vogues, (work by Otto Von Busch, photo by Ari Elefterin)

Como es tu caso. Antes hablabas de tus hijos, imagino que están en edad escolar. ¿Cómo se toman ellos que su padre tenga una estética tan peculiar?

Ja, ja, ja. Bueno, resuelves muchas situaciones explicando que trabajas en el mundo de la moda. De hecho les he escuchado diciéndoselo a sus amigos, «Sí, es profe de moda, a veces se viste un poco raro». Pero es curioso porque… lo cierto es que sí que pienso cómo me voy a vestir cuando voy a recoger a mis hijos al colegio y me rebajo un poco. ¿Sabes? No quiero que se metan con ellos por cómo viste su padre. El colegio es un época delicada, no quieres que te avergüencen tus padres.

Pero al final siempre lo hacen. En el colegio te suele avergonzar casi todo, especialmente en lo relativo a la moda…

Cierto. Hay algo en el colegio, en la experiencia social, que nos hace tener miedo a equivocarnos con nuestro look. Quizá sean los niños crueles que se meten contigo por no llevar la marca adecuada o simplemente que te haces mayor y cambias. El caso es que me llama la atención: en otros aspectos de la vida valoramos la espontaneidad, la libertad, pensar por uno mismo… Pero en la moda nuestras decisiones acaban tomándose por el miedo, la ansiedad y la vergüenza. Y creo que esto es algo fascinante.

Hay algo en este miedo que nos hace mirar a unos líderes, necesitamos a alguien que nos diga qué llevar. ¿Qué dice Anna Wintour?, ¿qué dicen las revistas?, ¿qué se ponen los famosos? Nos gusta vernos como independientes y valientes, pero lo cierto es que siempre estamos mirando alrededor para ver cómo encajar.

Tampoco tenemos muchas alternativas. La gente en su casa tiene libros de recetas o sartenes, pero raramente tiene libros de patronaje y máquinas de coser. ¿Por qué la moda se ha convertido en un monólogo y no en un diálogo?

Bueno, puedes achacarlo al consumismo. Pones el ejemplo de la cocina: ahora mismo cada vez hay más congelados, más comida basura y ultraprocesados listos para comer. Sucede en todos los campos, pero quizá el de la moda sea el más extremo. Tiene una producción tan intensiva y la globalización ha reducido los precios tanto que ahora es más barato comprar ropa que crearla tú.

Antes los pobres iban con ropa hecha en casa, ahora es lo contrario. Si ves niños con ropa hecha a mano significa que sus padres tienen tiempo para hacerlo, así que ya no es una cuestión de clase. Creo que tenemos que reclamar la máquina de coser como un elemento de liberación, dar la posibilidad a la gente de que haga cosas, no solo de que las compre. Me gustaría pensar que es algo que podría pasar en las propias tiendas, donde se puedan vender partes separadas y remiendos de ropa. Quiero decir, esto no debería ser una cosa contracultural o de cuatro jipis que se van a vivir al campo, debería ser algo integrado en la sociedad.

Creo que tenemos que reclamar la máquina de coser como un elemento de liberación, dar la posibilidad a la gente de que haga cosas, no solo de que las compre

¿Qué otras cosas cambiarías en la industria de la moda? ¿Cómo ves este sector, a qué problemas se enfrenta y cómo los está encarando?

Mal. Se habla mucho últimamente de la sostenibilidad y a mí me gustaría que alguien me dijera qué es, exactamente, lo que queremos sostener. El discurso imperante hoy en día es que la moda está bien como está, pero que nos gustaría quizá reducir el impacto ambiental que tiene, tapar un par de heridas aquí y allá para que las cosas sigan exactamente como están. Y creo que antes de hacer esto tenemos que empezar a cuestionarnos todo el sistema. ¿Es esta la mejor industria de moda que podemos imaginar? La gente tiene una relación tóxica con la moda, consume por los motivos equivocados. Es como «mañana tengo una cita, voy a comprarme algo, o estoy deprimido así que me voy a comprar un jersey barato para sentirme ligeramente mejor, o a comprar algo online de lo que ni siquiera me acordaré mañana».

Tratamos a la moda como si fuera comida rápida, como si fuera mierda. Y ha llegado un punto en el que los consumidores necesitan ese subidón de azúcar en sus venas. Como diseñadores tenemos que cambiar esto, tenemos que implicar al consumidor, enriquecer su experiencia. No se trata de convertir en sostenible nuestra relación tóxica con la ropa sino de cambiarla.

Entonces, ¿el gran problema de la industria de la moda es cómo consumimos?

No exactamente. Verás, el problema es también cómo lo enfocamos. Culpamos a la gente con pocos recursos, a la gente que compra en Zara o en H&M, de perpetuar las horribles condiciones de trabajo en países subdesarrollados. Y al mismo tiempo admiramos a la gente que se puede comprar un Chanel o un Vuitton. Idolatramos a la estrellas de cine y a las modelos que nos enseñan sus enormes armarios llenos de ropa cara; son aspiracionales, todo el mundo quiere ser como ellos. Y esto es hipocresía de rico: no puedes culpar a la gente que está imitando ese comportamiento.

Otto Von Busch
Ravenous Djinn by Otto Von Busch (2016) Mixed media, 31×28 cm

Culpar a la gente por sus hábitos de compras y decirles cómo deberían consumir es no darse cuenta de que para muchas personas la ropa es el vehículo para implicarse en la sociedad, para entrar en ese club, ver a sus amigos o conseguir ese trabajo. La moda va sobre disfrazarse, sobre ser alguien que aún no eres pero que puedes ser, y sobre mostrar quién quieres ser en un entorno social.

El problema, pues, no es tanto cómo consumimos sino cómo producimos. Culpamos a los clientes, decimos que el problema es el sobreconsumo, pero seguimos produciendo más y más y más. Es un juego de culpas y los consumidores lo están perdiendo. Pero no es cuestión de echarse la pelota sino de buscar soluciones entre productores, políticos y sociedad.

Muy bonito, pero ¿no es un planteamiento un poco naif? Estás hablando de cambiar algo que genera mucho dinero, ¿es factible que se produzcan estos cambios?

Ja, ja, ja. ¡Claro que no! Pero igualmente tenemos que cambiarlo, tenemos que intentarlo. Yo, por ejemplo, les enseño a mis alumnos que hay otras formas de ser diseñador, no la única que tienen en mente. El activismo es importante, hay un montón de campañas intentando conseguir más transparencia o más responsabilidad.

Tratamos a la moda como si fuera comida rápida, como si fuera mierda. Y ha llegado un punto en el que los consumidores necesitan ese subidón de azúcar en sus venas

Deberíamos tener una agenda más clara y añadir presión, desde fuera de la industria y desde dentro. No podemos solucionar los problemas de la industria con una colección de bambú, necesitamos herramientas más potentes y una visión más global.

¿Cómo valoras las colecciones cápsula de H&M con diseñadores como Alexander Wang o Moschino? ¿Crees que estos gestos ayudan a democratizar la alta costura?

Se está hablando mucho sobre el tema porque hay quien asegura que la industria de la moda se está democratizando, pero yo no lo creo. Simplemente porque la gente pueda abrirse un blog, convertirse en influencer o comprar ropa barata de grandes diseñadores dicen que el sistema se ha vuelto democrático. Y obviamente no es así. En democracia, para empezar, todos los votos son iguales, cosa que no sucede en la moda, donde la gente rica tiene más voz y voto. Aquí no hay elecciones, aquí no hay escrutinio.

La prensa generalista analiza y critica a los políticos; las revistas de moda rara vez lo hacen con los diseñadores. Claro, que estas revistas viven de sus anuncios y es muy difícil criticar las prácticas que te están dando de comer. No son nada críticos, es más bien la propaganda del sistema actual.

Otto Von Busch

La transparencia es necesaria, pero ¿crees que serviría para cambiar algo?

Ya, es algo que deberíamos discutir porque creo que todos nosotros sabemos qué es lo que está mal. Sabemos cómo son las condiciones de trabajo de las fábricas de H&M y similares, sabemos que nuestros iPhones están hechos con minerales de sangre en África, pero la recompensa social de tener estos bienes nos puede, la sociedad nos empuja a ello, pero es nuestra responsabilidad. Es como: necesito un teléfono para hacer mi trabajo diario, prácticamente tengo que mancharme las manos para gestionar mi vida diaria y sucede lo mismo con la industria de la moda. Hay una enorme presión que nos lleva al consumismo.

Todos estos problemas, ¿han cambiado a mejor o peor en los últimos años? ¿Qué podemos esperar del futuro?

La mayoría de las cuestiones que estamos hablando ahora llevan discutiéndose desde hace más de 30 años. Todo, desde los materiales ecológicos hasta las condiciones de los trabajadores y todo lo demás. Y muy poco ha mejorado en estos 30 o 40 años. De hecho la industria ha crecido tanto que lo poco que se ha hecho ha sido tragado, arrollado por este enorme crecimiento en la producción.

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