6 de mayo 2015    /   CREATIVIDAD
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Outings: El arte de liberar a los personajes secuestrados en los museos

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La historia por la que el artista y cineasta Julien de Casabianca empezó con su proyecto, Outings, es algo así como un cuento medieval escrito en las páginas del siglo XXI:
«Comencé porque vi a un bella muchacha en una pared, prisionera en una pintura, en un marco, prisionera en un castillo llamado Le Louvre», narra su aventura a Yorokobu este caballero francés contemporáneo. «Tuve la necesidad como príncipe azul de liberarla. Todo empezó como un broma, pero cuanto la pegué en la calle, el acto fue en sí una revelación. Hay un poder insospechado en ello».
Casabianca es el hombre responsable de que en los últimos meses ciudades de todo el mundo hayan empezado a transformar sus calles en museos clásicos a la intemperie. No todos los resultados son suyos. Él mismo abrió la propuesta a cualquier voluntario con el propósito de que entre todos no quedaran muros abandonados sin aspiraciones a galería.
A aquella chica encerrada que vio en el Louvre el autor le hizo una fotografía, la imprimió y la pegó en una pared de la calle. Después probó con muchas más. Eso mismo pide a sus seguidores que hagan con la intención de «convertir los cuadros clásicos de los museos en arte urbano, donde puedan recibir la renovada atención que merecen», cuenta el ideólogo.
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«Yo vengo de una zona pobre y sé lo mucho que necesitamos la belleza, reapropiarnos del arte de los museos, porque a menudo tenemos la sensación de que el arte es algo para ricos y turistas en vez de para los ciudadanos. No es cierto, pero es un sentimiento que tiene demasiada gente». «¿Por qué si no tantos habitantes no van a los museos de sus propias ciudades a pesar de tenerlos tan cerca? En mi opinión, es porque piensan que es un lugar de eruditos, clasificado por siglos y periodos y no por las emociones que suscitan. El público general es humilde acerca de los conocimientos que poseen, creen que no es un lugar para ellos. No hay una sala que hable del amor, del miedo, del odio o de la amistad. Los museos son increíbles, pero para muchas personas es difícil sentir algo dentro de ellos».
En la web del proyecto, Casabianca da las instrucciones y consejos necesarios para que artistas y aficionados se incluyan en la idea aportando sus propios trabajos. «Con el propio teléfono cualquiera puede fotografiar el personaje del cuadro que más le guste del museo de su ciudad, imprimirlo y liberarlo en la calle de forma anónima», indica. Para tranquilidad de los rescatadores de obras, aporta información útil como que los derechos de autor están extintos si la obra tiene más de 70 años; que de las pinturas en muros abandonados nadie suele quejarse; que utilizando pegamento transparente el daño es mínimo -como su posible multa-; o que aunque en muchos museos no se permite hacer fotos «si uno es rápido y discreto puede tomarla antes de pedir que le dejen hacerlo».
Outings se compromete a aportar subvenciones económicas para los que se pongan en contacto con ellos y tengan una buena idea en mente, y también ofrece realizar las impresiones que les pidan desde cualquier lado del mundo a un módico precio. Las fotografías que envíe la gente de una obra trasladada a la calle se publicarán en la página para mostrar como va quedando el gran museo urbano, que ya cuenta con «galerías» (muros) en ciudades como París, Nueva York, Barcelona, Frankfurt, Río de Janeiro o Madrid entre más de una veintena.
La causa: pequeños y grandes personajes que antes vivían en lugares como el Thyssen-Bornemisza, el Museu Picasso, el MNAC, el Prado, el Metropolitan o la misma National Gallery de Londres se han saltado los muros de sus instituciones.
«Es la narración de historias de un modo diferente», dice el cineasta». «Un museo con el arte clasificado en periodos diría: “Mira lo que pasó en tal y tal siglo”. Si se trata de una exposición temporal, dirían: “Mire lo que hicieron estos artistas”. Outings tiene otro discurso: “Esto es tuyo, está dentro de tu vocabulario -el arte urbano-, dentro de tu área, de tu concepto de belleza… te pertenece”. Uno deja de ser pasivo para convertirse en activo. La oportunidad de mirar el cuadro desde la imaginación de uno mismo. Se trata simplemente de un modo distinto de observar el arte».
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«Comencé porque vi a un bella muchacha en una pared, prisionera en una pintura, en un marco, prisionera en un castillo llamado Le Louvre», narra su aventura a Yorokobu este caballero francés contemporáneo. «Tuve la necesidad como príncipe azul de liberarla. Todo empezó como un broma, pero cuanto la pegué en la calle, el acto fue en sí una revelación. Hay un poder insospechado en ello».
Casabianca es el hombre responsable de que en los últimos meses ciudades de todo el mundo hayan empezado a transformar sus calles en museos clásicos a la intemperie. No todos los resultados son suyos. Él mismo abrió la propuesta a cualquier voluntario con el propósito de que entre todos no quedaran muros abandonados sin aspiraciones a galería.
A aquella chica encerrada que vio en el Louvre el autor le hizo una fotografía, la imprimió y la pegó en una pared de la calle. Después probó con muchas más. Eso mismo pide a sus seguidores que hagan con la intención de «convertir los cuadros clásicos de los museos en arte urbano, donde puedan recibir la renovada atención que merecen», cuenta el ideólogo.
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«Yo vengo de una zona pobre y sé lo mucho que necesitamos la belleza, reapropiarnos del arte de los museos, porque a menudo tenemos la sensación de que el arte es algo para ricos y turistas en vez de para los ciudadanos. No es cierto, pero es un sentimiento que tiene demasiada gente». «¿Por qué si no tantos habitantes no van a los museos de sus propias ciudades a pesar de tenerlos tan cerca? En mi opinión, es porque piensan que es un lugar de eruditos, clasificado por siglos y periodos y no por las emociones que suscitan. El público general es humilde acerca de los conocimientos que poseen, creen que no es un lugar para ellos. No hay una sala que hable del amor, del miedo, del odio o de la amistad. Los museos son increíbles, pero para muchas personas es difícil sentir algo dentro de ellos».
En la web del proyecto, Casabianca da las instrucciones y consejos necesarios para que artistas y aficionados se incluyan en la idea aportando sus propios trabajos. «Con el propio teléfono cualquiera puede fotografiar el personaje del cuadro que más le guste del museo de su ciudad, imprimirlo y liberarlo en la calle de forma anónima», indica. Para tranquilidad de los rescatadores de obras, aporta información útil como que los derechos de autor están extintos si la obra tiene más de 70 años; que de las pinturas en muros abandonados nadie suele quejarse; que utilizando pegamento transparente el daño es mínimo -como su posible multa-; o que aunque en muchos museos no se permite hacer fotos «si uno es rápido y discreto puede tomarla antes de pedir que le dejen hacerlo».
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La causa: pequeños y grandes personajes que antes vivían en lugares como el Thyssen-Bornemisza, el Museu Picasso, el MNAC, el Prado, el Metropolitan o la misma National Gallery de Londres se han saltado los muros de sus instituciones.
«Es la narración de historias de un modo diferente», dice el cineasta». «Un museo con el arte clasificado en periodos diría: “Mira lo que pasó en tal y tal siglo”. Si se trata de una exposición temporal, dirían: “Mire lo que hicieron estos artistas”. Outings tiene otro discurso: “Esto es tuyo, está dentro de tu vocabulario -el arte urbano-, dentro de tu área, de tu concepto de belleza… te pertenece”. Uno deja de ser pasivo para convertirse en activo. La oportunidad de mirar el cuadro desde la imaginación de uno mismo. Se trata simplemente de un modo distinto de observar el arte».
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