26 de diciembre 2019    /   BUSINESS
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¿Gastamos más cuando utilizamos dinero en metálico o en tarjeta?

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«¿En efectivo o con tarjeta?». La pregunta sigue siendo frecuente en los comercios a la hora de hacer el pago. Lo cierto es que la respuesta «con tarjeta» es cada vez más mayoritaria. Lo de llevar dinero en efectivo parece más un gesto nostálgico o viejuno; quizá, incluso, en vías de extinción.

Si miramos al exterior, el pago electrónico ya sea a través de tarjeta de crédito o débito, del móvil, de los monederos electrónicos (e-wallets) o con aplicaciones es mayoritario en países como Suecia o China. En este último, pocas transacciones se hacen ya con efectivo, ni siquiera con tarjeta. Allí prefieren hacerlo a través del móvil, ya sea mediante aplicaciones que efectúan los pagos directamente o a través de códigos QR.

Así lo corrobora René Mier Christoffersen, danés que trabaja actualmente en el país asiático para SAIC Volkswagen como senior director controlling. «Aquí todo va con móvil: WeChat Pay o Alipay. Casi no usamos billetes o tarjeta», explica. «Hasta los que venden en el metro o piden limosna usan estos métodos de pago». A Mier Christoffersen le resulta también muchísimo más cómodo pagar a través de estas aplicaciones. Se ahorra comisiones, puede controlar mejor los gastos de sus hijos cuando salen y es más automático, cuenta.

Para el economista Miguel Ángel Martínez Barral, pagar con tarjeta o cualquier otro medio electrónico es mucho más ventajoso que hacerlo en efectivo. Además de la comodidad, «no es necesario ir a un cajero a sacar efectivo y tienes un mayor control de tus gastos al tener un extracto que los detalla», comenta. Martínez cree que este será el pago del futuro. «Acabo de estar en Suecia y allí todo se paga con tarjeta. El Gobierno ha promulgado una ley para que se admita el pago en efectivo», explica. Y aunque no cree que pagar con moneda física vaya a desaparecer, sí está seguro de que será un sistema minoritario.

Pago electrónico

ESPAÑA NO ES PAÍS PARA EL PAGO ELECTRÓNICO

En España, según datos de un estudio realizado este verano por el Banco Central Europeo (BCE), el 87% de los españoles aún paga en efectivo a pesar de que el número de tarjetas de crédito y débito ha aumentado considerablemente en los últimos cinco años. A eso también apuntan las conclusiones obtenidas en el seminario ¿Hacia la desaparición del dinero en efectivo? organizado por el Instituto de Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada: el 53% de los españoles prefiere el pago en metálico.

Quizá a ello contribuya el hecho de que no todos los comercios aceptan el pago electrónico. Las comisiones que los comerciantes deben pagar por aceptar este tipo de cobros son altas y a muchos de ellos no les resulta rentables cuando las compras son pequeñas. «Es más caro para el comercio, pero no para el usuario», apunta Martínez Barral. Incluso hay entidades financieras que pagan o premian de alguna manera a sus clientes por usar las tarjetas.

La cuestión generacional también es importante: cuanto más mayor se es, más resistencia se muestra a salir sin efectivo en el bolsillo.

Pero si hacemos caso a otros estudios como el Índice de Ciudades Cashless’ de Mastercard, siete de cada diez españoles prefieren los pagos electrónicos frente al efectivo para sus compras diarias. Y la tendencia va al alza.

Por el contrario, según un estudio de 2017 de ING, el 21% de los europeos afirmaba que no solía llevar dinero en metálico encima y que el 54% de los encuestados había usado mucho menos este tipo de pago en los últimos 12 meses.

¿POR QUÉ SEGUIR PAGANDO EN EFECTIVO?

Hay quien considera que el dinero en efectivo es más seguro (quizá por aquello del contacto físico) que el digital; que es menos propenso al fraude. Pero en esto tampoco está de acuerdo el economista Martínez Barral. «No, porque lo denuncias a la empresa de pagos y lo anulan. De todas formas, se ha incrementado mucho la seguridad. Y la cartera te la pueden robar».

Quienes aún prefieren pagar con billetes y monedas dan una razón de peso para seguir haciéndolo: gastan menos. Y esto se debe a factores psicológicos, lo que se conoce como ausencia del dolor. Diversos estudios demuestran perder 100 euros nos provoca más dolor que la alegría que sentimos al ganar 100 euros, aunque hablemos de idénticas cantidades. Lo cierto es que el contacto físico con el dinero es capaz de frenar las compras compulsivas.

Pago electrónico

Drazen Prelec, profesor del MIT, dirigió un estudio para comprobar hasta qué punto esto era así. Usó como conejillos de indias a los estudiantes de la escuela de negocios Sloan, subastando entre ellos entradas para un partido de la NBA que estaban agotadas. A unos les pidió que pujaran con dinero en efectivo y a otros, con tarjeta de crédito. Estos últimos arriesgaron y pujaron mucho más alto que quienes tenían que hacerlo con los billetes en la mano.

En opinión de Prelec, las tarjetas de crédito son traicioneras porque desconectan el consumo (algo agradable) con el pago (algo doloroso), lo que él llama «impuesto moral». «El impuesto moral se desdibuja con las tarjetas de crédito. Cuando compras no estás pensando en los pagos; y cuando pagas, no sabes lo que estás pagando», comentaba en una entrevista para Spectrum.

¿Ocurre lo mismo con las tarjetas de débito? En opinión del profesor de MIT, sí. «No hay una buena razón para preferir las tarjetas de débito a las de crédito, a menos que hayamos aprendido a temer la factura de la tarjeta de crédito».

Y esto es algo que las entidades financieras tienen muy en cuenta a la hora de aplicar la psicología del consumidor en la oferta de sus productos. Si no te duele soltar dinero, comprarás más y más alegremente. Y ya sabemos lo que ocurre cuando nos escuece el bolsillo, algo que no interesa a estas empresas.

«La facilidad de pago y la percepción de que cualquier pago es asumible está reduciendo la asignación de valor a lo que se compra y todo parece asequible, sea cual sea el nivel de renta de que se disponga», alertaba el Instituto de Coordenadas en otro de sus análisis.

Sin embargo, ni Martínez Barral ni Mief Christoffersen, fervientes defensores del pago electrónico, tienen la sensación de que gasten más usando sus tarjetas o su móvil. El danés cree que, si es el sistema de pago favorito en China, entre sus conocidos, es por las bajas comisiones que se pagan a las entidades bancarias con estos sistemas y por lo mucho que facilitan la vida diaria: desde repartir los gastos de una cena a abonar las actividades que los niños realizan en el colegio.

«El pago electrónico es el futuro», sentencia el economista. Quizá la clave esté en usar más la cabeza y aprender a controlar el gasto como hace nuestra abuela al abrir su monedero si no queremos arruinarnos.

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«¿En efectivo o con tarjeta?». La pregunta sigue siendo frecuente en los comercios a la hora de hacer el pago. Lo cierto es que la respuesta «con tarjeta» es cada vez más mayoritaria. Lo de llevar dinero en efectivo parece más un gesto nostálgico o viejuno; quizá, incluso, en vías de extinción.

Si miramos al exterior, el pago electrónico ya sea a través de tarjeta de crédito o débito, del móvil, de los monederos electrónicos (e-wallets) o con aplicaciones es mayoritario en países como Suecia o China. En este último, pocas transacciones se hacen ya con efectivo, ni siquiera con tarjeta. Allí prefieren hacerlo a través del móvil, ya sea mediante aplicaciones que efectúan los pagos directamente o a través de códigos QR.

Así lo corrobora René Mier Christoffersen, danés que trabaja actualmente en el país asiático para SAIC Volkswagen como senior director controlling. «Aquí todo va con móvil: WeChat Pay o Alipay. Casi no usamos billetes o tarjeta», explica. «Hasta los que venden en el metro o piden limosna usan estos métodos de pago». A Mier Christoffersen le resulta también muchísimo más cómodo pagar a través de estas aplicaciones. Se ahorra comisiones, puede controlar mejor los gastos de sus hijos cuando salen y es más automático, cuenta.

Para el economista Miguel Ángel Martínez Barral, pagar con tarjeta o cualquier otro medio electrónico es mucho más ventajoso que hacerlo en efectivo. Además de la comodidad, «no es necesario ir a un cajero a sacar efectivo y tienes un mayor control de tus gastos al tener un extracto que los detalla», comenta. Martínez cree que este será el pago del futuro. «Acabo de estar en Suecia y allí todo se paga con tarjeta. El Gobierno ha promulgado una ley para que se admita el pago en efectivo», explica. Y aunque no cree que pagar con moneda física vaya a desaparecer, sí está seguro de que será un sistema minoritario.

Pago electrónico

ESPAÑA NO ES PAÍS PARA EL PAGO ELECTRÓNICO

En España, según datos de un estudio realizado este verano por el Banco Central Europeo (BCE), el 87% de los españoles aún paga en efectivo a pesar de que el número de tarjetas de crédito y débito ha aumentado considerablemente en los últimos cinco años. A eso también apuntan las conclusiones obtenidas en el seminario ¿Hacia la desaparición del dinero en efectivo? organizado por el Instituto de Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada: el 53% de los españoles prefiere el pago en metálico.

Quizá a ello contribuya el hecho de que no todos los comercios aceptan el pago electrónico. Las comisiones que los comerciantes deben pagar por aceptar este tipo de cobros son altas y a muchos de ellos no les resulta rentables cuando las compras son pequeñas. «Es más caro para el comercio, pero no para el usuario», apunta Martínez Barral. Incluso hay entidades financieras que pagan o premian de alguna manera a sus clientes por usar las tarjetas.

La cuestión generacional también es importante: cuanto más mayor se es, más resistencia se muestra a salir sin efectivo en el bolsillo.

Pero si hacemos caso a otros estudios como el Índice de Ciudades Cashless’ de Mastercard, siete de cada diez españoles prefieren los pagos electrónicos frente al efectivo para sus compras diarias. Y la tendencia va al alza.

Por el contrario, según un estudio de 2017 de ING, el 21% de los europeos afirmaba que no solía llevar dinero en metálico encima y que el 54% de los encuestados había usado mucho menos este tipo de pago en los últimos 12 meses.

¿POR QUÉ SEGUIR PAGANDO EN EFECTIVO?

Hay quien considera que el dinero en efectivo es más seguro (quizá por aquello del contacto físico) que el digital; que es menos propenso al fraude. Pero en esto tampoco está de acuerdo el economista Martínez Barral. «No, porque lo denuncias a la empresa de pagos y lo anulan. De todas formas, se ha incrementado mucho la seguridad. Y la cartera te la pueden robar».

Quienes aún prefieren pagar con billetes y monedas dan una razón de peso para seguir haciéndolo: gastan menos. Y esto se debe a factores psicológicos, lo que se conoce como ausencia del dolor. Diversos estudios demuestran perder 100 euros nos provoca más dolor que la alegría que sentimos al ganar 100 euros, aunque hablemos de idénticas cantidades. Lo cierto es que el contacto físico con el dinero es capaz de frenar las compras compulsivas.

Pago electrónico

Drazen Prelec, profesor del MIT, dirigió un estudio para comprobar hasta qué punto esto era así. Usó como conejillos de indias a los estudiantes de la escuela de negocios Sloan, subastando entre ellos entradas para un partido de la NBA que estaban agotadas. A unos les pidió que pujaran con dinero en efectivo y a otros, con tarjeta de crédito. Estos últimos arriesgaron y pujaron mucho más alto que quienes tenían que hacerlo con los billetes en la mano.

En opinión de Prelec, las tarjetas de crédito son traicioneras porque desconectan el consumo (algo agradable) con el pago (algo doloroso), lo que él llama «impuesto moral». «El impuesto moral se desdibuja con las tarjetas de crédito. Cuando compras no estás pensando en los pagos; y cuando pagas, no sabes lo que estás pagando», comentaba en una entrevista para Spectrum.

¿Ocurre lo mismo con las tarjetas de débito? En opinión del profesor de MIT, sí. «No hay una buena razón para preferir las tarjetas de débito a las de crédito, a menos que hayamos aprendido a temer la factura de la tarjeta de crédito».

Y esto es algo que las entidades financieras tienen muy en cuenta a la hora de aplicar la psicología del consumidor en la oferta de sus productos. Si no te duele soltar dinero, comprarás más y más alegremente. Y ya sabemos lo que ocurre cuando nos escuece el bolsillo, algo que no interesa a estas empresas.

«La facilidad de pago y la percepción de que cualquier pago es asumible está reduciendo la asignación de valor a lo que se compra y todo parece asequible, sea cual sea el nivel de renta de que se disponga», alertaba el Instituto de Coordenadas en otro de sus análisis.

Sin embargo, ni Martínez Barral ni Mief Christoffersen, fervientes defensores del pago electrónico, tienen la sensación de que gasten más usando sus tarjetas o su móvil. El danés cree que, si es el sistema de pago favorito en China, entre sus conocidos, es por las bajas comisiones que se pagan a las entidades bancarias con estos sistemas y por lo mucho que facilitan la vida diaria: desde repartir los gastos de una cena a abonar las actividades que los niños realizan en el colegio.

«El pago electrónico es el futuro», sentencia el economista. Quizá la clave esté en usar más la cabeza y aprender a controlar el gasto como hace nuestra abuela al abrir su monedero si no queremos arruinarnos.

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