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29 de abril 2016    /   CREATIVIDAD
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La vida de Walter Benjamin en dibujos y otras formas de explicar la filosofía en viñetas

29 de abril 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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Durante años, Fréderic Pajak imaginó un libro. Durante años lo fue escribiendo, dibujando y, durante años, lo destruyó, frustrado porque el resultado no se parecía a lo que tenía en su cabeza. Lo único que conservaría a lo largo de todo ese tiempo sería el título: Manifiesto incierto.

En su juventud, Pajak estudió Bellas Artes, abandonó la carrera, se estableció en Suiza, regreso a su Francia natal, trabajó asfaltando carreteras, pintando el interior de camiones cisterna, realizó trabajos nocturnos agotadores e insalubres, cobró en negro, vivió en habitaciones infectas y, durante todo ese tiempo, el libro, que no se le iba de la cabeza, no acababa de concretarse.

Con cuarenta años publicó su primer trabajo al que seguirían otros más, pero todos ellos, como La inmensa soledad, título que gira en torno a Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese no eran más que ensayos fallidos de ese Manifiesto incierto.

Medio siglo después de haber sido imaginado, Fréderic Pajak ha podido por fin completar el libro que soñaba. Al menos su primer volumen, que en España acaba de ser editado por Errata Naturae.

En sus casi doscientas páginas, Pajak narra la época madurez del filósofo alemán Walter Benjamin a través de textos breves apoyados de potentes imágenes en blanco y negro realizadas con tinta china o guache que ocupan la práctica totalidad de la página.

Nacido en Berlín, la vida de Walter Benjamin está marcada por su nomadismo. En un primer momento, este constante viajar será buscado y deseado. Posteriormente, consecuencia de la persecución política, de su condición de judío, de la precariedad laboral y del ascenso del nazismo. Una realidad que tiene bastantes más paralelismos de lo que pudiera parecer con la vida del propio Pajak y, en último término, con la evolución de nuestra propia sociedad con las que se hacen constantes paralelismos en el texto.

A lo largo de la narración, además de referencias a la Guerra Civil española, a la Primera y Segunda Guerra Mundial, o la situación política del primer tercio del siglo XX, se mencionan hechos recientes de nuestra historia, como el ascenso de la ultraderecha durante los años del plomo italianos que culminaría en la masacre de la Estación de Bolonia o la situación actual de los refugiados que son retenidos a las puertas de Europa.

De esta forma, Pajak continúa en el Manifiesto incierto esa suerte de nuevo género que la crítica ha venido a denominar «novela meditativa» o «ensayo gráfico» y que no deja de ser una versión más elaborada de esa tendencia que en los últimos años ha unido el cómic con disciplinas como la filosofía, la historia o la economía.

Si filósofos como Žižek han recurrido a manifestaciones de la cultura popular como el cine para explicar ciertos temas, los dibujantes de cómic han utilizado su disciplina para tratar temas filosóficos y hacerlos así más digeribles para el lector o, sencillamente, explorar la versatilidad del lenguaje del cómic.

De entre todos esos ejemplos, tal vez el que más repercusión experimentó, gracias a la atención que le prestaron los grandes medios de comunicación, fue Logicomix. Aunque estéticamente resultaba un tanto torpe, desde el punto de vista narrativo esta novela gráfica de Christos H. Papadimi y Apostolos Doxiadisen publicada en 2011 trataba con total rigurosidad científica las investigaciones que en el campo de las matemáticas y la filosofía habían realizado personajes como Bertrand Russell, Poincaré, Gödel o Wittgenstein.

La aparición del Tractatus logicus philosophicus supuso una revolución del pensamiento filosófico, comparable a la que provocó la frase «Dios ha muerto» que, aunque ya estaba presente en textos de Hegel, es popularmente atribuida a Nietzsche.

Justamente a esa reflexión filosófica que acabaría empapando buena parte de la filosofía y la política de finales del siglo XIX y todo el siglo XX, ha dedicado el ilustrador Irkus M. Zeberio todo un álbum editado por Bang! En él, este autor representa las visiones que Nietzsche tuvo antes de escribir Así hablaba Zaratustra y las acompaña de fragmentos de la obra.

Por su parte, la filosofía más clásica ha sido tratada en cómic por Max, quien ha puesto en imágenes los guiones escritos por la profesora Maite Larrauri.

Juntos firmaron un total de nueve libros de la colección Filosofía para profanos, en la que se incluyen títulos como El deseo según Gilles Deleuze, La felicidad según Spinoza, La potencia según Nietzsche, El ejercicio según Marco-Aurelio, La sexualidad según Michel Foucault o La amistad según Epicuro.

Según Larrauri, los filósofos no eran (o son) personas que tratasen temas ajenos a la sociedad. Muy al contrario, su preocupación recaía en asuntos que afectaban directamente a la población, razón por la cual sus textos deben ser entendidos por ese público. Por eso para esta profesora resulta paradójico que la educación filosófica reglada esté tan poco vinculada con la realidad de los sujetos a la que va destinada, razón por la cual decidió poner en marcha ese proyecto con Max.

Por último y, hablando de paradojas, citemos el libro de Paul Hornschemeier Las tres paradojas editado por Astiberri, en el que el ilustrador norteamericano intercala en la historia principal las conocidas paradojas de Zenón, como la de la flecha o Aquiles y la tortuga, justamente para explicar qué le sucede a Paul, el protagonista de su historia, y a su padre.

Durante años, Fréderic Pajak imaginó un libro. Durante años lo fue escribiendo, dibujando y, durante años, lo destruyó, frustrado porque el resultado no se parecía a lo que tenía en su cabeza. Lo único que conservaría a lo largo de todo ese tiempo sería el título: Manifiesto incierto.

En su juventud, Pajak estudió Bellas Artes, abandonó la carrera, se estableció en Suiza, regreso a su Francia natal, trabajó asfaltando carreteras, pintando el interior de camiones cisterna, realizó trabajos nocturnos agotadores e insalubres, cobró en negro, vivió en habitaciones infectas y, durante todo ese tiempo, el libro, que no se le iba de la cabeza, no acababa de concretarse.

Con cuarenta años publicó su primer trabajo al que seguirían otros más, pero todos ellos, como La inmensa soledad, título que gira en torno a Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese no eran más que ensayos fallidos de ese Manifiesto incierto.

Medio siglo después de haber sido imaginado, Fréderic Pajak ha podido por fin completar el libro que soñaba. Al menos su primer volumen, que en España acaba de ser editado por Errata Naturae.

En sus casi doscientas páginas, Pajak narra la época madurez del filósofo alemán Walter Benjamin a través de textos breves apoyados de potentes imágenes en blanco y negro realizadas con tinta china o guache que ocupan la práctica totalidad de la página.

Nacido en Berlín, la vida de Walter Benjamin está marcada por su nomadismo. En un primer momento, este constante viajar será buscado y deseado. Posteriormente, consecuencia de la persecución política, de su condición de judío, de la precariedad laboral y del ascenso del nazismo. Una realidad que tiene bastantes más paralelismos de lo que pudiera parecer con la vida del propio Pajak y, en último término, con la evolución de nuestra propia sociedad con las que se hacen constantes paralelismos en el texto.

A lo largo de la narración, además de referencias a la Guerra Civil española, a la Primera y Segunda Guerra Mundial, o la situación política del primer tercio del siglo XX, se mencionan hechos recientes de nuestra historia, como el ascenso de la ultraderecha durante los años del plomo italianos que culminaría en la masacre de la Estación de Bolonia o la situación actual de los refugiados que son retenidos a las puertas de Europa.

De esta forma, Pajak continúa en el Manifiesto incierto esa suerte de nuevo género que la crítica ha venido a denominar «novela meditativa» o «ensayo gráfico» y que no deja de ser una versión más elaborada de esa tendencia que en los últimos años ha unido el cómic con disciplinas como la filosofía, la historia o la economía.

Si filósofos como Žižek han recurrido a manifestaciones de la cultura popular como el cine para explicar ciertos temas, los dibujantes de cómic han utilizado su disciplina para tratar temas filosóficos y hacerlos así más digeribles para el lector o, sencillamente, explorar la versatilidad del lenguaje del cómic.

De entre todos esos ejemplos, tal vez el que más repercusión experimentó, gracias a la atención que le prestaron los grandes medios de comunicación, fue Logicomix. Aunque estéticamente resultaba un tanto torpe, desde el punto de vista narrativo esta novela gráfica de Christos H. Papadimi y Apostolos Doxiadisen publicada en 2011 trataba con total rigurosidad científica las investigaciones que en el campo de las matemáticas y la filosofía habían realizado personajes como Bertrand Russell, Poincaré, Gödel o Wittgenstein.

La aparición del Tractatus logicus philosophicus supuso una revolución del pensamiento filosófico, comparable a la que provocó la frase «Dios ha muerto» que, aunque ya estaba presente en textos de Hegel, es popularmente atribuida a Nietzsche.

Justamente a esa reflexión filosófica que acabaría empapando buena parte de la filosofía y la política de finales del siglo XIX y todo el siglo XX, ha dedicado el ilustrador Irkus M. Zeberio todo un álbum editado por Bang! En él, este autor representa las visiones que Nietzsche tuvo antes de escribir Así hablaba Zaratustra y las acompaña de fragmentos de la obra.

Por su parte, la filosofía más clásica ha sido tratada en cómic por Max, quien ha puesto en imágenes los guiones escritos por la profesora Maite Larrauri.

Juntos firmaron un total de nueve libros de la colección Filosofía para profanos, en la que se incluyen títulos como El deseo según Gilles Deleuze, La felicidad según Spinoza, La potencia según Nietzsche, El ejercicio según Marco-Aurelio, La sexualidad según Michel Foucault o La amistad según Epicuro.

Según Larrauri, los filósofos no eran (o son) personas que tratasen temas ajenos a la sociedad. Muy al contrario, su preocupación recaía en asuntos que afectaban directamente a la población, razón por la cual sus textos deben ser entendidos por ese público. Por eso para esta profesora resulta paradójico que la educación filosófica reglada esté tan poco vinculada con la realidad de los sujetos a la que va destinada, razón por la cual decidió poner en marcha ese proyecto con Max.

Por último y, hablando de paradojas, citemos el libro de Paul Hornschemeier Las tres paradojas editado por Astiberri, en el que el ilustrador norteamericano intercala en la historia principal las conocidas paradojas de Zenón, como la de la flecha o Aquiles y la tortuga, justamente para explicar qué le sucede a Paul, el protagonista de su historia, y a su padre.

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