fbpx
3 de mayo 2018    /   ENTRETENIMIENTO
por
 

Palabras antiguas ‘con flow’ para actualizar tu vocabulario

3 de mayo 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Impresiona la riqueza de vocabulario de algunas personas. Es tan vasta la lista de palabras que manejan que casi son un diccionario en sí mismas. La periodista y escritora Carmen de Burgos fue una de ellas. En los artículos y obras literarias de esta intelectual pionera en pedir el divorcio y el voto para la mujer, a principios del siglo XX, hay cientos de voces embobadoras y de una sonoridad extraordinaria. Y aunque a ojos de hoy puedan resultar palabras antiguas e incluso cómicas, miradas con atención, son verdaderos documentos históricos que revelan mucho de la moral y las costumbres de esa época.

Palabras tan en desuso que algunos escribas de hoy, los softwares de dictado por voz de los móviles y ordenadores, no las reconocen. Estos programas informáticos apenas registran algunas. Lo más común es que se pierdan y conviertan un término como melosidades en velocidadescirigaña en City cañas.

De solo una de las novelas de Carmen de Burgos, La malcasada (1923), se puede sacar un amplio glosario de vocablos que los hablantes han ido enmudeciendo en apenas 100 años. Las palabras de este ‘nanodiccionario del desuso’ aparecen en el mismo orden que en la obra y así, de paso, servirá de lectura random, a tijeretazos, de un relato que denuncia el martirio que resultaba el matrimonio para muchas mujeres a principios del siglo XX.

Remoquete:
1. Dicho agudo y satírico.
2. Apodo (nombre que suele darse a una persona).
«La Virgen de Agosto tenía el remoquete de la Virgen de los Embusteros».

Pelinegra:
Que tiene el pelo negro.
«—¡Ahí están ya las señoritas! —exclamó la criada, una muchacha morena, pálida, desgalichada, pelinegra, con talle estrecho y caderas de ánfora».

Fililí:
1. Tela muy ligera de lana y seda que se solía traer de Berbería.
2. Delicadeza, sutileza, primor de alguna cosa.
3. Persona débil, flaca.
«—Yo no me echo en la cara más que jabón y agua —afirmó con cierto fiero orgullo la vecina de cutis embastecido y pecoso—, no me gusta nada de fililí».

Pizpireta:
Alegre, vivaz y algo coqueto.
«Nadie podía conocer en su fisonomía pizpireta y timbarilera la ciudad agarena, del silencio, de la pereza y del bostezo».

Zangolotina:
Dicho de una persona joven: Aniñada o infantil en su comportamiento y en su mentalidad.
«Delante de las andas iban varias niñas, ya zangolotinas, vestidas de ángeles».

Francachela:
Reunión de varias personas para regalarse y divertirse comiendo y bebiendo, en general sin tasa y descomedidamente.
«Y ese aspecto de cansancio de los hombres viciosos después de las francachelas».

carmen de burgos

Saltacharquillos:
Persona joven que va pisando de puntillas y medio saltando con afectación.
«Porque la trompeta del deber nos llama hacia otro lado con sonidos épicos —repuso el saltacharquillos».

Jacarandoso:
Donairoso, alegre, desenvuelto.
«Antonio, tan buen mozo y tan jaracandoso, le causaba una repugnancia invencible».

Alifafe:
Achaque generalmente leve.
«Con una degeneración hereditaria, llena de alifafes y de caries óseas, a la que era preciso alimentar con los regímenes más raros de carne cruda y leche de perra».

Promiscuar:
Comer, en días de Cuaresma en que la Iglesia lo prohíbe, carne y pescado en una misma comida.
«Tenían que advertirle cuándo era vigilia o día en que no se podía promiscuar».

Zarracatín:
Regatón que procura comprar barato para vender caro.
Cachiporro:
Farsante, vanidoso.
«Solo se quedaba allí uno de los sobrinos, un zarracatín, gordo y cachiporro, que tenía una imaginación volcánica para inventar embustes y tejer patrañas».

Melosidad:
1. Cualidad de meloso.
2. Dulzura, suavidad y blandura de algo no material.
«Por el deseo de charlar, de moverse, de oír las galanterías de mostrador, las melosidades que los dependientes tenían preparadas para criadas y modistillas».

Ñiquiñaque:
Persona o cosa muy despreciable.
«Los enamorados llenaban los pañuelos de las muchachas que festejaban de torraos, cacahuetes, avellanas tostadas y toda clase de ñiquiñaque».

Linajuda:
Dicho de una persona: Que es o se precia de ser de gran linaje.
«Las damas linajudas y de botas formaban grupo aparte».

Cenotafio:
Monumento funerario en el cual no está el cadáver del personaje a quien se dedica.
«Y al fin guardaba solo en su silencio el cenotafio de los que por la Constitución se sacrificaron».

Tijeretear:
1. Dar varios cortes con las tijeras a algo, por lo común sin arte ni tino.
2. Dicho de una persona: Disponer, según su arbitrio y dictamen, en negocios ajenos.
3. Murmurar, criticar.
«Las señoras tijereteaban, mirando pasar a las otras».

Enluchiquinado:
Esta palabra no está recogida en el diccionario de la RAE.
«Con el pañuelo saliendo en punta del bolsillo, la flor en el ojal y muy enluchiquinados».

Cirigaña:
Adulación, lisonja o zalamería.
«Apenas se hacía caso de las casetas engalanadas, que ofrecían abanicos, joyas, encajes, juguetes y demás cirigañas».

Cuquimangas:
Esta palabra no está recogida en el diccionario de la RAE.
«Pasaban riendo, hablando alto, hacían carantoñas y cuquimangas».

carmen de burgos

Rehilete:
Dicho malicioso, pulla.
«Sin preocuparse de todas aquellas señoras que les hacían blanco de sus críticas y rehiletes».

Serrallo:
1. Harén.
2. Sitio donde se cometen graves desórdenes obscenos.
«Sin que Rosalía se indica sé de aquella promiscuidad, en la que el bueno de don Eduardo tenía todo un serrallo».

Jabardillo:
1. Bandada grande, susurradora, arremolinada e inquieta, de insectos o aves.
2. Remolino de gente.
«En aquel momento las interrumpió una espantosa gritería; resumo un terrible jabardillo».

Batahola:
Bulla, ruido grande.
«Quedaron apagados los sonidos de la música entre la confusión y la batahola».

Fachenda:
Vanidad, jactancia.
«Y separaban a mirar con fachenda a todos los afiliados al partido contrario con quienes topaban».

Prosopopeya:
1. Atribución, a las cosas inanimadas o abstractas, de acciones y cualidades propias de los seres animados, o a los seres irracionales de las del ser humano.
2. Afectación de gravedad y pompa. Gasta mucha prosopopeya.
«—Tengan la bondad de dejarme —decía él sin perder su prosopopeya».

Adinamia:
Extremada debilidad muscular que impide los movimientos del enfermo.
«Tengo en este momento una extraordinaria adinamia que me impide coordinar las ideas».

Mentecato:
1. Tonto, fatuo, falto de juicio, privado de razón.
2. De escaso juicio o entendimiento.
«Si no llega usted tan a tiempo, hubiera dado una severa lección a esos mentecatos».

carmen de burgos

Prorrumpir:
1. Salir algo con ímpetu.
2. Proferir repentinamente y con fuerza o violencia una voz, un suspiro u otra demostración de dolor o pasión vehemente.
«Haciendo desesperadas señas a las gentes del coche, que al verlo acercarse prorrumpieron en carcajadas».

Ampuloso:
Dicho del lenguaje o del estilo y del escritor o del orador: Hinchado y redundante.
«Y el pobre César López exclamó con su acostumbrada ampulosidad».

Rehílo:
Temblor de algo que se mueve ligeramente.
«Sintió un rehílo en la médula, como si hubiese sufrido una quemadura en carne viva».

Atufar:
1. Trastornar con el tufo (‖ emanación gaseosa).
2. Trastornar o aturdir con el tufo (‖ hedor).
3. Enfadar, enojar.
«¿Te has ofendido? Te atufas por cualquier cosa».

Zurrapa:
1. Brizna, pelillo o sedimento que se halla en los líquidos y que poco a poco se va sentando. U. m. en pl.
2. Cosa o persona vil y despreciable.
3. Palomino (‖ mancha).
«Con ese fatto nauseabundo de zurrapas que hay en la bebida descompuesta en el estómago y combinada con el olor del tabaco y del aliento».

Llavín:
Llave pequeña.
«El llevaba un llavín y ni ella misma solía esperarlo ya».

Remusgo:
Viento tenue, frío y penetrante.
«El remusgo del mar fue apagando el calor de la tierra».

Rosicler:
Dicho de un color: Rosa claro y suave, semejante al de la aurora.
«El rosicler del Aurora hizo caminar las sombras amontonándolas hacia Poniente».

Taperujarse:
Arrebujarse o taparse de cualquier modo con la ropa.
«Sí desnudo rápidamente, se acostó y se taperujó, para fingir luego ante la doncella un despertar de mujer confiada y satisfecha».

Calaverada:
Acción propia de un calavera (‖ hombre disipado y juerguista).
«Tenía que extremar la exhibición de todos sus amores y todas sus calaveradas».

Ajamonarse:
Dicho de una persona: Engordar cuando ha pasado de la juventud.
«Paca se iba ajamonando».

Impresiona la riqueza de vocabulario de algunas personas. Es tan vasta la lista de palabras que manejan que casi son un diccionario en sí mismas. La periodista y escritora Carmen de Burgos fue una de ellas. En los artículos y obras literarias de esta intelectual pionera en pedir el divorcio y el voto para la mujer, a principios del siglo XX, hay cientos de voces embobadoras y de una sonoridad extraordinaria. Y aunque a ojos de hoy puedan resultar palabras antiguas e incluso cómicas, miradas con atención, son verdaderos documentos históricos que revelan mucho de la moral y las costumbres de esa época.

Palabras tan en desuso que algunos escribas de hoy, los softwares de dictado por voz de los móviles y ordenadores, no las reconocen. Estos programas informáticos apenas registran algunas. Lo más común es que se pierdan y conviertan un término como melosidades en velocidadescirigaña en City cañas.

De solo una de las novelas de Carmen de Burgos, La malcasada (1923), se puede sacar un amplio glosario de vocablos que los hablantes han ido enmudeciendo en apenas 100 años. Las palabras de este ‘nanodiccionario del desuso’ aparecen en el mismo orden que en la obra y así, de paso, servirá de lectura random, a tijeretazos, de un relato que denuncia el martirio que resultaba el matrimonio para muchas mujeres a principios del siglo XX.

Remoquete:
1. Dicho agudo y satírico.
2. Apodo (nombre que suele darse a una persona).
«La Virgen de Agosto tenía el remoquete de la Virgen de los Embusteros».

Pelinegra:
Que tiene el pelo negro.
«—¡Ahí están ya las señoritas! —exclamó la criada, una muchacha morena, pálida, desgalichada, pelinegra, con talle estrecho y caderas de ánfora».

Fililí:
1. Tela muy ligera de lana y seda que se solía traer de Berbería.
2. Delicadeza, sutileza, primor de alguna cosa.
3. Persona débil, flaca.
«—Yo no me echo en la cara más que jabón y agua —afirmó con cierto fiero orgullo la vecina de cutis embastecido y pecoso—, no me gusta nada de fililí».

Pizpireta:
Alegre, vivaz y algo coqueto.
«Nadie podía conocer en su fisonomía pizpireta y timbarilera la ciudad agarena, del silencio, de la pereza y del bostezo».

Zangolotina:
Dicho de una persona joven: Aniñada o infantil en su comportamiento y en su mentalidad.
«Delante de las andas iban varias niñas, ya zangolotinas, vestidas de ángeles».

Francachela:
Reunión de varias personas para regalarse y divertirse comiendo y bebiendo, en general sin tasa y descomedidamente.
«Y ese aspecto de cansancio de los hombres viciosos después de las francachelas».

carmen de burgos

Saltacharquillos:
Persona joven que va pisando de puntillas y medio saltando con afectación.
«Porque la trompeta del deber nos llama hacia otro lado con sonidos épicos —repuso el saltacharquillos».

Jacarandoso:
Donairoso, alegre, desenvuelto.
«Antonio, tan buen mozo y tan jaracandoso, le causaba una repugnancia invencible».

Alifafe:
Achaque generalmente leve.
«Con una degeneración hereditaria, llena de alifafes y de caries óseas, a la que era preciso alimentar con los regímenes más raros de carne cruda y leche de perra».

Promiscuar:
Comer, en días de Cuaresma en que la Iglesia lo prohíbe, carne y pescado en una misma comida.
«Tenían que advertirle cuándo era vigilia o día en que no se podía promiscuar».

Zarracatín:
Regatón que procura comprar barato para vender caro.
Cachiporro:
Farsante, vanidoso.
«Solo se quedaba allí uno de los sobrinos, un zarracatín, gordo y cachiporro, que tenía una imaginación volcánica para inventar embustes y tejer patrañas».

Melosidad:
1. Cualidad de meloso.
2. Dulzura, suavidad y blandura de algo no material.
«Por el deseo de charlar, de moverse, de oír las galanterías de mostrador, las melosidades que los dependientes tenían preparadas para criadas y modistillas».

Ñiquiñaque:
Persona o cosa muy despreciable.
«Los enamorados llenaban los pañuelos de las muchachas que festejaban de torraos, cacahuetes, avellanas tostadas y toda clase de ñiquiñaque».

Linajuda:
Dicho de una persona: Que es o se precia de ser de gran linaje.
«Las damas linajudas y de botas formaban grupo aparte».

Cenotafio:
Monumento funerario en el cual no está el cadáver del personaje a quien se dedica.
«Y al fin guardaba solo en su silencio el cenotafio de los que por la Constitución se sacrificaron».

Tijeretear:
1. Dar varios cortes con las tijeras a algo, por lo común sin arte ni tino.
2. Dicho de una persona: Disponer, según su arbitrio y dictamen, en negocios ajenos.
3. Murmurar, criticar.
«Las señoras tijereteaban, mirando pasar a las otras».

Enluchiquinado:
Esta palabra no está recogida en el diccionario de la RAE.
«Con el pañuelo saliendo en punta del bolsillo, la flor en el ojal y muy enluchiquinados».

Cirigaña:
Adulación, lisonja o zalamería.
«Apenas se hacía caso de las casetas engalanadas, que ofrecían abanicos, joyas, encajes, juguetes y demás cirigañas».

Cuquimangas:
Esta palabra no está recogida en el diccionario de la RAE.
«Pasaban riendo, hablando alto, hacían carantoñas y cuquimangas».

carmen de burgos

Rehilete:
Dicho malicioso, pulla.
«Sin preocuparse de todas aquellas señoras que les hacían blanco de sus críticas y rehiletes».

Serrallo:
1. Harén.
2. Sitio donde se cometen graves desórdenes obscenos.
«Sin que Rosalía se indica sé de aquella promiscuidad, en la que el bueno de don Eduardo tenía todo un serrallo».

Jabardillo:
1. Bandada grande, susurradora, arremolinada e inquieta, de insectos o aves.
2. Remolino de gente.
«En aquel momento las interrumpió una espantosa gritería; resumo un terrible jabardillo».

Batahola:
Bulla, ruido grande.
«Quedaron apagados los sonidos de la música entre la confusión y la batahola».

Fachenda:
Vanidad, jactancia.
«Y separaban a mirar con fachenda a todos los afiliados al partido contrario con quienes topaban».

Prosopopeya:
1. Atribución, a las cosas inanimadas o abstractas, de acciones y cualidades propias de los seres animados, o a los seres irracionales de las del ser humano.
2. Afectación de gravedad y pompa. Gasta mucha prosopopeya.
«—Tengan la bondad de dejarme —decía él sin perder su prosopopeya».

Adinamia:
Extremada debilidad muscular que impide los movimientos del enfermo.
«Tengo en este momento una extraordinaria adinamia que me impide coordinar las ideas».

Mentecato:
1. Tonto, fatuo, falto de juicio, privado de razón.
2. De escaso juicio o entendimiento.
«Si no llega usted tan a tiempo, hubiera dado una severa lección a esos mentecatos».

carmen de burgos

Prorrumpir:
1. Salir algo con ímpetu.
2. Proferir repentinamente y con fuerza o violencia una voz, un suspiro u otra demostración de dolor o pasión vehemente.
«Haciendo desesperadas señas a las gentes del coche, que al verlo acercarse prorrumpieron en carcajadas».

Ampuloso:
Dicho del lenguaje o del estilo y del escritor o del orador: Hinchado y redundante.
«Y el pobre César López exclamó con su acostumbrada ampulosidad».

Rehílo:
Temblor de algo que se mueve ligeramente.
«Sintió un rehílo en la médula, como si hubiese sufrido una quemadura en carne viva».

Atufar:
1. Trastornar con el tufo (‖ emanación gaseosa).
2. Trastornar o aturdir con el tufo (‖ hedor).
3. Enfadar, enojar.
«¿Te has ofendido? Te atufas por cualquier cosa».

Zurrapa:
1. Brizna, pelillo o sedimento que se halla en los líquidos y que poco a poco se va sentando. U. m. en pl.
2. Cosa o persona vil y despreciable.
3. Palomino (‖ mancha).
«Con ese fatto nauseabundo de zurrapas que hay en la bebida descompuesta en el estómago y combinada con el olor del tabaco y del aliento».

Llavín:
Llave pequeña.
«El llevaba un llavín y ni ella misma solía esperarlo ya».

Remusgo:
Viento tenue, frío y penetrante.
«El remusgo del mar fue apagando el calor de la tierra».

Rosicler:
Dicho de un color: Rosa claro y suave, semejante al de la aurora.
«El rosicler del Aurora hizo caminar las sombras amontonándolas hacia Poniente».

Taperujarse:
Arrebujarse o taparse de cualquier modo con la ropa.
«Sí desnudo rápidamente, se acostó y se taperujó, para fingir luego ante la doncella un despertar de mujer confiada y satisfecha».

Calaverada:
Acción propia de un calavera (‖ hombre disipado y juerguista).
«Tenía que extremar la exhibición de todos sus amores y todas sus calaveradas».

Ajamonarse:
Dicho de una persona: Engordar cuando ha pasado de la juventud.
«Paca se iba ajamonando».

Compártelo twitter facebook whatsapp
Vivir y morir la misma mierda es
El palpable paso del tiempo de Fong Qi Wei
Telememe electoral
Fotografiar sueños
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 4
  • Y como dicen los españoles actuales : es que eres un carraca. supongo que debo serlo ya que muchas de las palabras enumeradas arriba me son familiares y si me pongo prosopopéyico llego a usarlas en algunos escritos pomposos. La lengua española tiene la palabra exacta para designar lo que deseamos decir y en eso radica su hermosura. Es una pena que ya no se usen; en lo personal me gustaría escribir y hablar como lo hacía Galdós.

  • Conocía la mayoría, de los libros. La única que se usa por aquí es una variante de «cachiporro»: «cachiporra» («Messi no es cachiporra, a diferencia de otros jugadores peores que él.»), también existe el verbo «cachiporrerearse» («Deja de cachiporrearte, no es para tanto»).
    Unas palabras se van y otras llegan. Quizás hoy tenemos muchas más palabras que en aquel tiempo. Es cosa de saber usarlas en el momento adecuado.

  • En países latinoamericanos todavía se usan unas cuantas de esas palabras en el lenguaje coloquial… Para que luego digan que se habla mal allí..

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *