fbpx
17 de diciembre 2013    /   ENTRETENIMIENTO
por
 

‘Palabras moribundas’ que quizá no oigas nunca más

17 de diciembre 2013    /   ENTRETENIMIENTO     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Las palabras están sujetas al efecto plastilina. Van cambiando con el uso y dependen de las manos en las que caigan. La utilización determina si un término es común o es raro, si está de moda o tiene los días contados. Vocablos como pocholo, guateque, enagua o aviador inundaron conversaciones de otras épocas. Hoy, en cambio, agonizan.

Son “palabras moribundas”. Términos que se dejaron de usar y que están en peligro de muerte. La especialista en geolingüística y dialectología Pilar G. Mouton lleva más de 15 años investigando y, de algún modo, rescatando vocablos que están cayendo en el olvido. No es nada trágico. Está en la propia naturaleza de la lengua. Nacer, morir, evolucionar y a veces, incluso, resucitar.

“Muchas palabras mueren porque desaparecen las cosas que representan”, explica la investigadora del CSIC. “De esto ya hablaron los lingüistas alemanes hace mucho tiempo. Estudiaban las palabras y las cosas. Es un trabajo de geografía lingüística. Esto ocurre, por ejemplo, con palabras relacionadas con la siembra, la cosecha y sus ritos. La desaparición de esta actividad supone la pérdida de los instrumentos utilizados en la siembra y sus ritos asociados”.

Quedan fuera de la lengua palabras centenarias y términos que tuvieron una vida muy breve. Tan corta que cuando las admite la RAE ya se han dejado de usar. Eso ocurrió con pocholo, por ejemplo. “Era una palabra moderna y cuando la incluyeron en el diccionario ya resultaba antigua”.

Puede que el mundo cambie y la palabra, no. Hay términos que parecen estar más allá del bien y del mal, del espacio y el tiempo. Así ocurre con el agua, el cielo, la paz o el amor. Hay otras, en cambio, que mueren y vuelven a vivir. Eso ocurrió, por ejemplo, con azafata. Pilar G. Mouton y Álex Grijelmo explican la evolución de este vocablo en su libro Palabras moribundas, de Taurus. Azafate entró en el español con la llegada de los árabes. En aquella época era una «bandeja con borde de poca altura» y de ahí surgió azafata. En 1726 los dos términos se incorporan al Diccionario de Autoridades para describir el “oficio de la Casa Real, que sirve una viuda noble, la qual guarda y tiene en su poder las alhájas y vestídos de la Réina, y entra a despertarla con la Camaréra mayor, y una señora de honór, llevando en un azafáte el vestído y demás cosas que se ha de poner la Réina, las quales vá dando à la Camaréra mayor, que es quien las sirve. Llámase Azafáta por el azafáte que lleva y tiene en las manos mientras se viste la Réina”.

Muchas palabras patrimoniales que no se mencionan en los medios ni en las ciudades están bajo sospecha y caen en descrédito

La definición se fue haciendo cada vez más breve en las siguientes ediciones del léxico de la Academia. El uso también iba cambiando al paso de los nuevos tiempos. El vocablo parecía estar condenado a su desaparición pero, de pronto, el auge de la aviación lo rescató del olvido y lo utilizó para nombrar a las «empleadas de las compañías aéreas que se encargan de atender –también con una bandeja– a los ilustres pasajeros». Azafata no solo revivió. Salió de la habitación de la reina y empezó a viajar por el mundo. No solo en aviones. También en trenes, barcos y autobuses. Y, además, admitió un compañero de viaje. El masculino: azafato.

Hay otra forma de volver al mundo. Una palabra puede ser rescatada para describir algo que nada tiene que ver con su origen. “La palabra servidor ha sido resucitada por la informática”, comenta Mouton, “pero ahora tiene un nuevo significado”.

El concepto de lo políticamente correcto y los eufemismos tienen un peso importante en el efecto plastilina de la lengua. Esto hace que unas palabras se sustituyan por otras en muy poco tiempo o que algunos términos caigan en el más absoluto descrédito. Y aquí los medios de comunicación tienen un poder abrumador. “Ya no se dice retrete, por ejemplo; y en el uso social cambiamos sobaco por axila, mear por orinar”, escriben en Palabras moribundas. “También se produce esa misma sustitución léxica en términos que afectan a la sensibilidad social, y por eso se evitan palabras como pobre, mendigo, subnormal, anormal, mongólico, negro o moro”.

Los autores piensan que los medios de comunicación y la lengua urbana ha hecho el lenguaje más uniforme. Muchas palabras patrimoniales que no se mencionan en los medios ni en las ciudades están bajo sospecha y caen en descrédito. Las tachan de “antiguas, pueblerinas y hasta incorrectas”, dicen. “Lo nuevo tiene prestigio y, sin embargo, aquellas palabras arrinconadas son parte de la riqueza que heredamos de las generaciones anteriores y nos sirven para nombrar nuestra cultura y para leer a los clásicos”.

Pilar G. Mouton sigue buscando palabras en peligro de extinción. En su investigación participan decenas de personas de todo el país. El punto de encuentro es un espacio en RNE, cada quince días, llamado también Palabras moribundas. Muchos individuos dan pistas de términos que oyeron y usaron en su niñez, y hoy apenas se utilizan. “Este programa cumple una función social”, indica la especialista en dialectología. “Recuperamos palabras que se están perdiendo y damos prestigio a palabras antiguas”.

Estos son algunos de los vocablos que están hoy en las puertas del adiós…

aviator
El aviador Robert M. Hanson en 1943. Wikimedia.org

Archiperres. Trastos, cosas inútiles. “Se usa en la zona de Burgos y es frecuente en la zona de la Rioja Alavesa, mientras que achiperris, acabada en –is resulta más bien madrileña. En Navalcán (Toledo), achiperres es muy normal para referirse a los adornos –collares, pulseras, abalorios– de alguien que va muy sobrecargado, y también forma parte del vocabulario cotidiano en un pueblecito de Ávila llamado La Colilla. En Melilla hay quien emplea archipirris para designar un conjunto grande de pequeños elementos accesorios o figuritas” (Palabras moribundas, Taurus).

Aviador. En 1914 la definición era así: «Dícese de la persona que gobierna un aparato de aviación o que va en él». Poco se ha revisado desde entonces, según dicen Mouton y Grijelmo en Palabras moribundas, porque la definición académica actual [«Que gobierna un aparato de aviación, especialmente si está provista de licencia para ello»] es muy similar y una “expresión imposible en un lenguaje actualizado”.

“Los hablantes tienen una idea estereotipada de lo que sería un aviador en toda regla de los primeros tiempos de la aviación, con sus gafas de mosca, su gorro y sus orejeras (…). Algunos relacionan la palabra con el presente, pero se trata de un presente que mira al pasado, como la película de Scorsese El aviador (2004), protagonizada por Leonardo di Caprio, y se encuentran ecos del pasado en el nombre del grupo Aviador Dro”.

Cuchipanda. La RAE describe esta palabra como “comida que toman juntas y regocijadamente varias personas”. La definición, como dicen los autores de Palabras moribundas, resulta “un poco cursi” y esto se debe a que no ha cambiado desde que se introdujo en el diccionario, en 1884.

Dandi. Esta palabra resuena hoy a tiempos muertos. El diccionario de la RAE atribuye este término a un «hombre que se distingue por su extremada elegancia y buen tono» (edición de 1983) pero, en la calle, ya nadie habla de dandi. El vocablo se utilizó, sobre todo, en los años centrales del XX. A principios de aquel siglo tampoco era tan común. En 1927, cuando entró en el diccionario, escribieron: “Anglicismo por petimetre”. Era así como llamaban a los hombres refinados y elegantes: Petimetres. Venía del francés, petit maître (pequeño señor, señorito), y tenía un cierto tono despectivo. Llamaban así a una “persona que se preocupa mucho de su compostura y de seguir las modas”.

En 1950 los académicos cambiaron el significado de la palabra y lo sustituyeron por “Anglicismo por lechuguino o pisaverde”. Un lechuguino es un “Muchacho imberbe que se mete a galantear aparentando ser hombre hecho” y un “Hombre joven que se compone mucho y sigue rigurosamente la moda”. Un pisaverde, según Palabras moribundas, es “Hombre presumido y afeminado, que no conoce más ocupación que la de acicalarse, perfumarse y andar vagando todo el día en busca de galanteos”.

Descocado, descocada. «El que muestra demasiada libertad y desenvoltura» (RAE). Esta definición tiene, como dicen Mouton y Grijelmo, “un tonillo de censura”. La palabra aparecía ya en el Diccionario de Autoridades, en el siglo XVIII. Entonces descocarse era: «v.r. Desvergonzarse, descararse, faltar al respeto con insolencia». Eso que hacían las mujeres con escotes profundos y faldas cortas, y los hombres que no se abrochaban la camisa.

Dulcería. «Establecimiento donde los confiteros hacen y venden los dulces, y que a veces es también salón de té». La palabra resiste en Canarias y América. En la península se ha sustituído por pastelería o confitería.

Enagua. Este vocablo procede de un idioma antillano, el taíno. Lo hablaban en Cuba y Puerto Rico en la época en la que Cristóbal Colón llegó a América, y desde allí viajó a España, según Palabras moribundas. El origen era nagua pero con el tiempo se convirtió en enagua o enaguas y se metió entre la ropa interior femenina y el vestido para dar vuelo a la falda.

En la Mancha y otros lugares se llamó también el viso. En Almería, sayas. Después le llamaron combinación. Eran “de tela banca rematadas con puntillas y las niñas solían presumir de ellas, levantándose un poquito el vestido para enseñarlas”. Hace años que la prenda se dejó de utilizar y la palabra, en consecuencia, también.

Fetén. Esta palabra es un préstamo. Viene del caló, el lenguaje de los gitanos españoles, y significa «Bueno, estupendo, excelente» y también «Sincero, auténtico, verdadero, evidente». El uso más antiguo recogido por la Academia data de 1932. En la comedia Usted tiene ojos de mujer fatal, de Enrique Jardiel Poncela, Sergio dice a Adelaida:

–Y lo que te ha dicho Oshidori es la verdad.
–Pero, ¿la verdad fetén?
–La verdad fetenísima.

“La palabra fetén la utiliza sobre todo la generación que ahora tendría más de 90 años. La debieron de aprender en la Guerra Civil para referirse a algo bueno y de calidad en grado superlativo”, dicen en Palabras moribundas. “Debe de ser palabra de los años 30 y 40. Luego, sus hijas la usaron para describir a los chicos de la pandilla más atractivos: «Está fetén» o «Está chipén».

lecheria
Lechería en el barrio madrileño de Lavapiés

Gallofero. «Holgazán y vagabundo que anda pidiendo limosna» (DRAE). Y de ahí salió el verbo gallofear: «Pedir limosna, viviendo vaga y ociosamente, sin aplicarse a trabajo ni ejercicio alguno». La palabra aparece ya en El Lazarillo de Tormes (S. XVI): «Tú bellaco y gallofero eres. Busca un amo a quien sirvas». En el diccionario de 1734 la definición es: «Pobretón, holgazán y ocioso, que se da a la briva, y anda pidiendo limosna». Darse a la briva era ‘hacer vida de pícaro holgazán, de bribón’.

Ganapán. Este término, de etimología transparente, significa «Hombre que se gana la vida llevando recados o transportando bultos de un punto a otro».

Lechería. Esta palabra se utilizaba cuando aún se compraba leche del día. Cuando la leche iba en botella de cristal y se devolvía el casco. El término se fue borrando a la vez que desaparecieron estos establecimentos.

Niqui. Es una prenda de punto y el origen del vocablo procede del alemán. En España entró con una película de Nicholas Ray titulada Llamar a cualquier puerta (1949). En ella aparecía un niño llamado Nicky que vestía siempre una camiseta. Pero la moda no llegó lejos y la palabra ha tenido una vida cortísima en los diccionarios españoles.

Pardiez. El término, como dicen en Palabras moribundas, “suena a Siglo de Oro, a espadachines y caballeros”. Su origen está en la expresión ‘Par Dios’ y la fórmula de juramento ‘lo juro por Dios’. Pero después cambiaron la s por la z para evitar “decir el nombre de Dios en vano”.

Parvulito, parvulita. El DRAE le da varios sentidos. «Dicho de un niño: De muy corta edad», «Inocente, que sabe poco o es fácil de engañar».

Pololos. «Pantalones bombachos cortos que se ponen debajo de la falda y la enagua, y forman parte de algunos trajes regionales femeninos». El uso del vocablo desapareció a la vez que se dejaron de usar.

Zorrocloco. «Hombre tardo en sus acciones y que parece bobo, pero que no se descuida en su utilidad y provecho», según la Academia. El término apareció por primera vez en 1739 con una definición muy parecida y que en su acepción principal define como «Una especie de nuégados en forma de canutillos, que en el Reino de Murcia, y en la Mancha llaman assi».

Imagen de portada: The Dandy Club (1818). Wikimedia.org, reproducido bajo licencia CC.

Las palabras están sujetas al efecto plastilina. Van cambiando con el uso y dependen de las manos en las que caigan. La utilización determina si un término es común o es raro, si está de moda o tiene los días contados. Vocablos como pocholo, guateque, enagua o aviador inundaron conversaciones de otras épocas. Hoy, en cambio, agonizan.

Son “palabras moribundas”. Términos que se dejaron de usar y que están en peligro de muerte. La especialista en geolingüística y dialectología Pilar G. Mouton lleva más de 15 años investigando y, de algún modo, rescatando vocablos que están cayendo en el olvido. No es nada trágico. Está en la propia naturaleza de la lengua. Nacer, morir, evolucionar y a veces, incluso, resucitar.

“Muchas palabras mueren porque desaparecen las cosas que representan”, explica la investigadora del CSIC. “De esto ya hablaron los lingüistas alemanes hace mucho tiempo. Estudiaban las palabras y las cosas. Es un trabajo de geografía lingüística. Esto ocurre, por ejemplo, con palabras relacionadas con la siembra, la cosecha y sus ritos. La desaparición de esta actividad supone la pérdida de los instrumentos utilizados en la siembra y sus ritos asociados”.

Quedan fuera de la lengua palabras centenarias y términos que tuvieron una vida muy breve. Tan corta que cuando las admite la RAE ya se han dejado de usar. Eso ocurrió con pocholo, por ejemplo. “Era una palabra moderna y cuando la incluyeron en el diccionario ya resultaba antigua”.

Puede que el mundo cambie y la palabra, no. Hay términos que parecen estar más allá del bien y del mal, del espacio y el tiempo. Así ocurre con el agua, el cielo, la paz o el amor. Hay otras, en cambio, que mueren y vuelven a vivir. Eso ocurrió, por ejemplo, con azafata. Pilar G. Mouton y Álex Grijelmo explican la evolución de este vocablo en su libro Palabras moribundas, de Taurus. Azafate entró en el español con la llegada de los árabes. En aquella época era una «bandeja con borde de poca altura» y de ahí surgió azafata. En 1726 los dos términos se incorporan al Diccionario de Autoridades para describir el “oficio de la Casa Real, que sirve una viuda noble, la qual guarda y tiene en su poder las alhájas y vestídos de la Réina, y entra a despertarla con la Camaréra mayor, y una señora de honór, llevando en un azafáte el vestído y demás cosas que se ha de poner la Réina, las quales vá dando à la Camaréra mayor, que es quien las sirve. Llámase Azafáta por el azafáte que lleva y tiene en las manos mientras se viste la Réina”.

Muchas palabras patrimoniales que no se mencionan en los medios ni en las ciudades están bajo sospecha y caen en descrédito

La definición se fue haciendo cada vez más breve en las siguientes ediciones del léxico de la Academia. El uso también iba cambiando al paso de los nuevos tiempos. El vocablo parecía estar condenado a su desaparición pero, de pronto, el auge de la aviación lo rescató del olvido y lo utilizó para nombrar a las «empleadas de las compañías aéreas que se encargan de atender –también con una bandeja– a los ilustres pasajeros». Azafata no solo revivió. Salió de la habitación de la reina y empezó a viajar por el mundo. No solo en aviones. También en trenes, barcos y autobuses. Y, además, admitió un compañero de viaje. El masculino: azafato.

La definición se fue haciendo cada vez más breve en las siguientes ediciones del léxico de la Academia. El uso también iba cambiando al paso de los nuevos tiempos. El vocablo parecía estar condenado a su desaparición pero, de pronto, el auge de la aviación lo rescató del olvido y lo utilizó para nombrar a las «empleadas de las compañías aéreas que se encargan de atender –también con una bandeja– a los ilustres pasajeros». Azafata no solo revivió. Salió de la habitación de la reina y empezó a viajar por el mundo. No solo en aviones. También en trenes, barcos y autobuses. Y, además, admitió un compañero de viaje. El masculino: azafato.

Hay otra forma de volver al mundo. Una palabra puede ser rescatada para describir algo que nada tiene que ver con su origen. “La palabra servidor ha sido resucitada por la informática”, comenta Mouton, “pero ahora tiene un nuevo significado”.

El concepto de lo políticamente correcto y los eufemismos tienen un peso importante en el efecto plastilina de la lengua. Esto hace que unas palabras se sustituyan por otras en muy poco tiempo o que algunos términos caigan en el más absoluto descrédito. Y aquí los medios de comunicación tienen un poder abrumador. “Ya no se dice retrete, por ejemplo; y en el uso social cambiamos sobaco por axila, mear por orinar”, escriben en Palabras moribundas. “También se produce esa misma sustitución léxica en términos que afectan a la sensibilidad social, y por eso se evitan palabras como pobre, mendigo, subnormal, anormal, mongólico, negro o moro”.

Los autores piensan que los medios de comunicación y la lengua urbana ha hecho el lenguaje más uniforme. Muchas palabras patrimoniales que no se mencionan en los medios ni en las ciudades están bajo sospecha y caen en descrédito. Las tachan de “antiguas, pueblerinas y hasta incorrectas”, dicen. “Lo nuevo tiene prestigio y, sin embargo, aquellas palabras arrinconadas son parte de la riqueza que heredamos de las generaciones anteriores y nos sirven para nombrar nuestra cultura y para leer a los clásicos”.

Pilar G. Mouton sigue buscando palabras en peligro de extinción. En su investigación participan decenas de personas de todo el país. El punto de encuentro es un espacio en RNE, cada quince días, llamado también Palabras moribundas. Muchos individuos dan pistas de términos que oyeron y usaron en su niñez, y hoy apenas se utilizan. “Este programa cumple una función social”, indica la especialista en dialectología. “Recuperamos palabras que se están perdiendo y damos prestigio a palabras antiguas”.

Estos son algunos de los vocablos que están hoy en las puertas del adiós…

aviator
El aviador Robert M. Hanson en 1943. Wikimedia.org

Archiperres. Trastos, cosas inútiles. “Se usa en la zona de Burgos y es frecuente en la zona de la Rioja Alavesa, mientras que achiperris, acabada en –is resulta más bien madrileña. En Navalcán (Toledo), achiperres es muy normal para referirse a los adornos –collares, pulseras, abalorios– de alguien que va muy sobrecargado, y también forma parte del vocabulario cotidiano en un pueblecito de Ávila llamado La Colilla. En Melilla hay quien emplea archipirris para designar un conjunto grande de pequeños elementos accesorios o figuritas” (Palabras moribundas, Taurus).

Aviador. En 1914 la definición era así: «Dícese de la persona que gobierna un aparato de aviación o que va en él». Poco se ha revisado desde entonces, según dicen Mouton y Grijelmo en Palabras moribundas, porque la definición académica actual [«Que gobierna un aparato de aviación, especialmente si está provista de licencia para ello»] es muy similar y una “expresión imposible en un lenguaje actualizado”.

“Los hablantes tienen una idea estereotipada de lo que sería un aviador en toda regla de los primeros tiempos de la aviación, con sus gafas de mosca, su gorro y sus orejeras (…). Algunos relacionan la palabra con el presente, pero se trata de un presente que mira al pasado, como la película de Scorsese El aviador (2004), protagonizada por Leonardo di Caprio, y se encuentran ecos del pasado en el nombre del grupo Aviador Dro”.

Cuchipanda. La RAE describe esta palabra como “comida que toman juntas y regocijadamente varias personas”. La definición, como dicen los autores de Palabras moribundas, resulta “un poco cursi” y esto se debe a que no ha cambiado desde que se introdujo en el diccionario, en 1884.

Dandi. Esta palabra resuena hoy a tiempos muertos. El diccionario de la RAE atribuye este término a un «hombre que se distingue por su extremada elegancia y buen tono» (edición de 1983) pero, en la calle, ya nadie habla de dandi. El vocablo se utilizó, sobre todo, en los años centrales del XX. A principios de aquel siglo tampoco era tan común. En 1927, cuando entró en el diccionario, escribieron: “Anglicismo por petimetre”. Era así como llamaban a los hombres refinados y elegantes: Petimetres. Venía del francés, petit maître (pequeño señor, señorito), y tenía un cierto tono despectivo. Llamaban así a una “persona que se preocupa mucho de su compostura y de seguir las modas”.

En 1950 los académicos cambiaron el significado de la palabra y lo sustituyeron por “Anglicismo por lechuguino o pisaverde”. Un lechuguino es un “Muchacho imberbe que se mete a galantear aparentando ser hombre hecho” y un “Hombre joven que se compone mucho y sigue rigurosamente la moda”. Un pisaverde, según Palabras moribundas, es “Hombre presumido y afeminado, que no conoce más ocupación que la de acicalarse, perfumarse y andar vagando todo el día en busca de galanteos”.

Descocado, descocada. «El que muestra demasiada libertad y desenvoltura» (RAE). Esta definición tiene, como dicen Mouton y Grijelmo, “un tonillo de censura”. La palabra aparecía ya en el Diccionario de Autoridades, en el siglo XVIII. Entonces descocarse era: «v.r. Desvergonzarse, descararse, faltar al respeto con insolencia». Eso que hacían las mujeres con escotes profundos y faldas cortas, y los hombres que no se abrochaban la camisa.

Dulcería. «Establecimiento donde los confiteros hacen y venden los dulces, y que a veces es también salón de té». La palabra resiste en Canarias y América. En la península se ha sustituído por pastelería o confitería.

Enagua. Este vocablo procede de un idioma antillano, el taíno. Lo hablaban en Cuba y Puerto Rico en la época en la que Cristóbal Colón llegó a América, y desde allí viajó a España, según Palabras moribundas. El origen era nagua pero con el tiempo se convirtió en enagua o enaguas y se metió entre la ropa interior femenina y el vestido para dar vuelo a la falda.

En la Mancha y otros lugares se llamó también el viso. En Almería, sayas. Después le llamaron combinación. Eran “de tela banca rematadas con puntillas y las niñas solían presumir de ellas, levantándose un poquito el vestido para enseñarlas”. Hace años que la prenda se dejó de utilizar y la palabra, en consecuencia, también.

Fetén. Esta palabra es un préstamo. Viene del caló, el lenguaje de los gitanos españoles, y significa «Bueno, estupendo, excelente» y también «Sincero, auténtico, verdadero, evidente». El uso más antiguo recogido por la Academia data de 1932. En la comedia Usted tiene ojos de mujer fatal, de Enrique Jardiel Poncela, Sergio dice a Adelaida:

–Y lo que te ha dicho Oshidori es la verdad.
–Pero, ¿la verdad fetén?
–La verdad fetenísima.

“La palabra fetén la utiliza sobre todo la generación que ahora tendría más de 90 años. La debieron de aprender en la Guerra Civil para referirse a algo bueno y de calidad en grado superlativo”, dicen en Palabras moribundas. “Debe de ser palabra de los años 30 y 40. Luego, sus hijas la usaron para describir a los chicos de la pandilla más atractivos: «Está fetén» o «Está chipén».

lecheria
Lechería en el barrio madrileño de Lavapiés

Gallofero. «Holgazán y vagabundo que anda pidiendo limosna» (DRAE). Y de ahí salió el verbo gallofear: «Pedir limosna, viviendo vaga y ociosamente, sin aplicarse a trabajo ni ejercicio alguno». La palabra aparece ya en El Lazarillo de Tormes (S. XVI): «Tú bellaco y gallofero eres. Busca un amo a quien sirvas». En el diccionario de 1734 la definición es: «Pobretón, holgazán y ocioso, que se da a la briva, y anda pidiendo limosna». Darse a la briva era ‘hacer vida de pícaro holgazán, de bribón’.

Ganapán. Este término, de etimología transparente, significa «Hombre que se gana la vida llevando recados o transportando bultos de un punto a otro».

Lechería. Esta palabra se utilizaba cuando aún se compraba leche del día. Cuando la leche iba en botella de cristal y se devolvía el casco. El término se fue borrando a la vez que desaparecieron estos establecimentos.

Niqui. Es una prenda de punto y el origen del vocablo procede del alemán. En España entró con una película de Nicholas Ray titulada Llamar a cualquier puerta (1949). En ella aparecía un niño llamado Nicky que vestía siempre una camiseta. Pero la moda no llegó lejos y la palabra ha tenido una vida cortísima en los diccionarios españoles.

Pardiez. El término, como dicen en Palabras moribundas, “suena a Siglo de Oro, a espadachines y caballeros”. Su origen está en la expresión ‘Par Dios’ y la fórmula de juramento ‘lo juro por Dios’. Pero después cambiaron la s por la z para evitar “decir el nombre de Dios en vano”.

Parvulito, parvulita. El DRAE le da varios sentidos. «Dicho de un niño: De muy corta edad», «Inocente, que sabe poco o es fácil de engañar».

Pololos. «Pantalones bombachos cortos que se ponen debajo de la falda y la enagua, y forman parte de algunos trajes regionales femeninos». El uso del vocablo desapareció a la vez que se dejaron de usar.

Zorrocloco. «Hombre tardo en sus acciones y que parece bobo, pero que no se descuida en su utilidad y provecho», según la Academia. El término apareció por primera vez en 1739 con una definición muy parecida y que en su acepción principal define como «Una especie de nuégados en forma de canutillos, que en el Reino de Murcia, y en la Mancha llaman assi».

Imagen de portada: The Dandy Club (1818). Wikimedia.org, reproducido bajo licencia CC.

Compártelo twitter facebook whatsapp
Los creadores de Angry Birds, en busca de los nuevos 'Juegos del hambre'
Cobranding y sexo seguro
El Asesino Binario (Binary Killer) – Capítulo 7
Mr. Bingo: el mercenario que se convirtió en artista insultando a gente
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 105
    • En Almadén, un pueblo de Ciudad Real, la palabra azafate se utiliza aún con normalidad aunque la nueva generación se pierde un poco. También se usa una palabra que no sé si como un derivado de zorrocloco, aquí se dice zocotroco y significa poco más o menos lo mismo.

  • Sí, hombre, sí: parvulitos de toda la vida. Yo, por lo menos, lo he oído con regularidad en mis 21 años de vida, aunque más como sinónimo de guardería: “Ese niño va a parvulitos” o “Es muy pequeño, aún va a parvulitos”. En esa línea.

    Un saludo

  • Curioso esto del lenguaje, depende de las zonas, en Canarias hay palabras que ni por asomo se han utilizado y me ha llamado la atención la palabra zorrocloco, que me encanta y que por estos lares significa: “Costumbre que existía en Canarias, que consistía en la permanencia, desde el nacimiento del hijo, del padre en la cama, mientras la madre volvía a sus labores habituales”. Igualmente, buen artículo.

    • En Lanzarote, se usa zorrocloco como sinónimo de astuto, taimado, pero sobre todo se le dice a los niños cuando consiguen salirse con la suya mediante estratagemas más propias de adultos.

  • Por suerte, en La Mancha se siguen utilizando la mayoría de ellos. Recuerdo un vestido con enaguas que me encantaba cuando iba a parvulitos y que iba enseñando a todo el mundo, comer en cuchipanda con mi familia y que mi madre me regañase por ir muy descocada.. ¡Good bless la España profunda!

  • Está muy, pero que muy interesante. Siempre me encantó, y creo que a toda persona le debería gustar, saber de dónde provienen las palabras y sus definiciones. Lo único que hecho en falta es la corrección. Hay muchas faltas de ortografía.

    Muchas gracias por el artículo.

  • No estoy muy de acuerdo en algunas de las palabras mencionadas, porque siguen siendo correctas y difícilmente reemplazables, pero está claro que hay palabras y expresiones que desaparecerán, a menos que consigan lexicalizarse.

    Queda pendiente un artículo equivalente con expresiones: ¿alguien todavía “tira de la cadena” o “cuelga el teléfono”?

    • Aunque no quedan muchas cisternas con cadena, no se me ocurre otra forma de decirlo. Y colgar, que también ha perdido su sentido original, sigue en uso tan tranquilamente. Se puede finalizar la llamada, pero qué demonios, aún colgamos el teléfono. Aunque no esté en la pared.

    • La palabra “Pololo” en sudamerica, Argentina y Chile para ser mas exacto, proviene el Mapudungu, viene de “piulliu” que significa mosca y metaforiza al novio alrededor de la fruta, la traducción al “español” es enamorado, que es la palabra que usan en otras partes, como en Perú.
      En Chile también se usa para un trabajo esporádico, muy usado por quienes nunca tienen trabajo fijo.

  • Y que me dices de la palabra ‘Deshollinador’??? Creo que desde la epoca de ‘Mary Poppins’ que ya no se usa, jeje. Yo y un grupo de amigas la hemos “rescatado” en un grupo de guasap donde vamos “conquistando” terracitas curiosas donde cenamos amigablemente, o cuchipandimente. 😉

  • Hay que tener en cuenta que la palabra “pololos” si bien se dejó de usar en esos términos, en Chile es una palabra muy común, usada en todos los estratos sociales y que se utiliza para nombrar a las parejas (de cualquier edad) que tienen una relación pero que no están casados.

  • Pues a mí la palabra Dandy (anglicismo por petrimetre) me trae a la mente directamente a Pérez Reverte. Antiguo sí es pero no me parece que estén aún moribundo… Y la palabra aguanta mientras haya al menos uno que la sostenga:( … Pérez Reverte lleva ya 10 años en la RAE ( sillón T creo) y parece que con vocación de seguir … http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/156/mujeres-como-las-de-antes/ 🙂

  • El termino Enagua se sigue utilizando en muchos pueblos de extremadura para referirse a la doble manta que cubre una mesa camilla en la cual se pone un brasero de picon o electrico. Y en ese ambito pondria tambien el uso de la palabra Badila, que es la palilla que se usa para mover y mantener el calor de los braseros de picón

  • Aquí en México aun se usan muchas de las palabras esas O_o incluso es famoso un perfume que justo se llama Barón Dandi 😛 y ya no decir de enagua o lechería.

  • Antes de nada me ha encantado la entrada, muy buen trabajo de investigación, pero sobre todo debo decir que me ha ilusionado ver una mención de mi pueblo, La Colilla (Ávila), ya que es un pueblo de no más de 200 personas y se me hace increíble que tengamos un vocablo cuasi propio, aunque aclaro que más que “archiperres” decimos una variante “cachiperres”. También quiero decir que aquí lo de “niqui” se sigue usando, debe ser que somos unos rebeldes que nos negamos a decir adiós a las palabras. Un saludo!

  • También, cada uno de nosotros, abandonamos palabras, o nos abandonan ellas a nosotros…

    PALABRAS EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

    Cuando abriste la maleta
    mis palabras deambularon
    algunas de ellas se acercaron
    a todos los precipicios
    te acompañaron a la puerta
    pegadas a tus zapatos
    como invisibles huellas
    y pusiste fin a aquel principio
    que empezó una dulce primavera
    aunque era un duro invierno
    luego todo se convirtió en silencio
    menos la lenta quietud de mi llanto
    mis palabras vinieron a mi encuentro
    actuando como un fiel bálsamo
    impregnando cien mil folios en blanco
    con los que recubro mi corazón.

    Luego a mis palabras pasé lista
    unas respondieron levantando la mano
    otras contestaron de manera afirmativa
    algunas simplemente me abrazaron
    a bastantes di como desaparecidas
    tras no volver a verlas tras tu partida
    palabras en peligro de extinción
    que el silencio que dejaste aniquiló
    mientras el resto cicatriza mis heridas
    pero todas y cada una de ellas
    se prepara en el punto de partida
    para magnificar al siguiente amor.

  • También, cada uno de nosotros, abandonamos palabras, o nos abandonan ellas a nosotros…

    PALABRAS EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

    Cuando abriste la maleta
    mis palabras deambularon
    algunas de ellas se acercaron
    a todos los precipicios
    te acompañaron a la puerta
    pegadas a tus zapatos
    como invisibles huellas
    y pusiste fin a aquel principio
    que empezó una dulce primavera
    aunque era un duro invierno
    luego todo se convirtió en silencio
    menos la lenta quietud de mi llanto
    mis palabras vinieron a mi encuentro
    actuando como un fiel bálsamo
    impregnando cien mil folios en blanco
    con los que recubro mi corazón.

    Luego a mis palabras pasé lista
    unas respondieron levantando la mano
    otras contestaron de manera afirmativa
    algunas simplemente me abrazaron
    a bastantes di como desaparecidas
    tras no volver a verlas tras tu partida
    palabras en peligro de extinción
    que el silencio que dejaste aniquiló
    mientras el resto cicatriza mis heridas
    pero todas y cada una de ellas
    se prepara en el punto de partida
    para magnificar al siguiente amor.

  • Hola yo tengo 24 años y soy de Bilbao. Utilizo a menudo la palabra fetén, con el mismo significado que se utilizaba antes. Decimos feten para aprobar la propuesta de otro, como perfecto, o para describir algo estupendo y genial.

  • Muchas de las palabras que dices se utilizan con normalidad en mi tierra Cádiz.

    Descocado, descocada.
    Enagua. para el mantel largo que cubre la mesa que tiene el brasero.
    Fetén
    Niqui.
    Parvulito, parvulita.

  • Y lechería? Quizás ya no exista la tienda donde excluisivamente se vendía leche, pero la palabra sigue existiendo como la fabrica donde se produce leche, el que trabaje en una no dirá trabajo en una industria procesadora de leche sino en una lechería. Por cierto alguien sabe lo que es un tabardo? Mi padre la sigue usando y tampoco es tan mayor, eso si es el único que lo hace.

  • ¡Precioso artículo!, que además me ha recordado algunas cosas de mi niñez. Mi madre sigue diciendo con frecuencia lo de “niqui”, y he oído muy a menudo “enaguas” (para referirse a la prenda y para hablar de la ropa de la mesa camilla); también he oído “combinación” y no me sorprendería que algunas personas siguieran usando la prenda de vestir a la que se hace referencia. Soy de un pueblo de la campiña de Jaén. “Párvulo” era el niño que asistía al segundo año de preescolar, con cinco años de edad; “parvulito” el que asistía a la escuela por primera vez, con cuatro años. Por cierto, hay un tipo de habas pequeñas verdes a la que en casa llamamos “brísoles”; se preparan y se comen con la vaina y están riquísimos… por si hay alguien más que la conoce.

  • Gracias a esto entendi el posible significado de la palabra “pololo” utilizada actualmente en chile para significar (vulgarmente) “novio o enamorado”

  • En Araba cuando hablamos en castellano usamos niqui, por ejemplo; cuchipanda, que es la cuadrilla, pero cuando vamos más de juerga que lo normal, incluyendo papeo, claro; pocholo, a, pocholada (sust) para decir que alguien es muy rico,a o majetón na; archiperres usamos si los padres son de Bastida por ejemplo y descocada por una moza que viste algo ligera de ropa en un contexto que en teoría no habría por qué, puede significar también calentorrica, sin ser peyorativo para nada.

  • La profesión de piloto de avión lleva el título de Piloto Aviador. En ámbitos profesionales nos referimos a el Capitán Piloto Aviador. Y desde un punto más romántico, el pionero de la aviación Elrey B. Jeppesen:
    “Vamos a dejar algo en claro, hay una gran diferencia entre piloto y Aviador. El primero en un técnico, el segundo un artista enamorado de el vuelo”

  • En Chile la palabra pololo/polola alude a novio y novia. Ya que acá en chile novio/novia sería lo que en otros lugares es prometido o prometida.

  • Me encantan las palabras antiguas…. astracanadas, gomoso, pisaverde…
    Pololo se sigue usando en chile, para referirse a una pareja sin pretención aún de matrimonio, que sería”novios”.
    Existen ahí unos escarabajos grandes que se les llama pololos.
    Quizás estén todos relacionados a los pantalones.
    -Fuí al cine con mi polola
    -terminé con mi pololo
    -Llevan un mes de pololeo
    -¿supiste que Juan y María están pololeando? (POLOLiANDO, en la calle)
    -¿quiéres pololear conmigo?

    saludos!

  • “Amanuense” podía ser otra palabra, y otras que han ido a refugiarse en el lenguaje poético, como fementidas, “arcano”, “panegírico”, entro otras.

  • Precioso artículo. Me inspira guardarlo y utilizar de nuevo alguna de estas palabras. Petimetre la voy a usar sin duda, me encanta. Y fetén también.

  • Hola, me ha gustado mucho el artículo. Es muy interesante la argumentación, documentación y anécdotas. Me gustaría aportar que en Santander aún se utilizan bastante a menudo las palabras ‘niqui’ refiriéndose a la camiseta de manga corta y ‘pololos’ tanto del traje regional como para la vestimenta de los bebés.

  • Soy un chico de 26 años y suelo utilizar mucho la palabra fetén, gracias al humorista Raúl Cimas; que la utiliza frecuentemente. También creía que niqui no existía. Un saludo.

  • Aviador es ampliamente utilizado en México, pero le han cambiado el significado. Ahora se refiere a personas que se encuentran en la nómina de paga de una empresa pero nunca se presentan va trabajar. Algo así como un trabajador fantasma pero que si cobra el salario.

  • En mi pueblo, la Santísima Trinidad de los Porongos, en Uruguay, existe la palabra “chijete” para expresar que algo es disparatado o inverosímil. Ej: “¿Sabes que el hombre viajó a la luna?”; … “No, no repitas chijetes”.
    .¿existe en otro lugar?

  • Hola Mar:
    Mi hijo de siete años estaba un día muy cabreado con sus amigos por alguna picia que le habían hecho jugando; se paró, y a gritos les llamó “mentecatos” y alguna cosa más… como cabrones [sic], hay futuro para algunas palabras.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *