24 de noviembre 2020    /   IDEAS
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‘Coronavirus’, la palabra que ojalá no existiera en el diccionario

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Ya teníamos virus pululando por el aire que respiramos y ocupando una entrada en el Diccionario de la RAE, pero maldita la necesidad y las ganas que teníamos de incorporar a esta obra de consulta la palabra coronavirus. Es una de las gracias que nos ha dejado este 2020 tan distópico (quédate con el término, que ahora te explicamos algo más) que estamos viviendo y una de las 2.557 novedades que podemos encontrar en el DLE a partir de hoy, tanto adiciones de artículos y de acepciones como enmiendas.

Lo cierto es que a la fuerza ahorcan, que dice el refrán, y si el bicho ha sido (y es) el rey de la fiesta en nuestro lenguaje durante este año, se ha ganado el derecho de estar en ese enorme registro que es nuestro diccionario. Junto a esa palabra se han incorporado otras relacionadas con él como COVID, desconfinar, desescalada y distópico. ¿Distópico? Sí, es nueva. Teníamos distopía, pero nos hacía falta incorporar el adjetivo, que para eso le hemos dado tanta vidilla este año.

Las cosas de comer también están de enhorabuena porque han encontrado su espacio en el Diccionario, así que demos la bienvenida como corresponde a faláfel, arbequino y nacho. Y aunque ya podíamos saber lo que era un marmitaco, ahora también podremos encontrarlo escrito con esa k tan vasca y tan rotunda: marmitako, ¡ahí va la hostia!

Saludemos también a palabras relacionadas con la medicina como antirretroviral, melatonina y vigorexia y regodeémonos buscando y encontrando términos como trol y trolear. En otros casos, el equipo de lexicógrafos de la RAE ha añadido acepciones nuevas a palabras ya existentes, como es el caso de hilo, jibarizar, animalista o avatar.

«El Diccionario es como una base desde la cual se puede entrar en otros mundos, en otros conocimientos», afirmaba Paz Battaner, académica y directora del Diccionario, «y esta es una de nuestras mayores riquezas». Pero también ha remarcado que los hablantes tenemos un gran desconocimiento de él. El propio director de la Academia, Santiago Muñoz Machado, ha considerado oportuno explicar cómo se incorporan nuevas entradas y acepciones en el diccionario, quizá la pregunta del millón que nos hacemos muchos hablantes.

Según Muñoz Machado, estos criterios son rigurosos y pasan por un proceso igual de meticuloso. Cualquier hablante, académico o no, propone una nueva palabra o un cambio en una definición. Las diversas comisiones estudian si ese término se usa «dispersamente, intensamente y en todas partes» y lo hacen revisando los corpus, en especial el CORPES XXI. Si cumple todos esos requisitos y está ampliamente documentada en esos corpus, pasa a una nueva comisión del pleno para estudiar su posible definición. Una vez que se fija, se envía a las Academias americanas para que aporten su criterio y modificaciones, si se diera el caso. Y una vez que ya está consensuado con ellas, se aprueba su incorporación al Diccionario.

‘CRÓNICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA 2020’

Esas novedades que presenta el DLE para este año están recogidas también en un volumen de casi 900 páginas titulado Crónica de la lengua española 2020. Esta será la primera de una serie de publicaciones anuales con las que la RAE hará balance de la actividad lingüística del año.

Su objetivo es difundir los trabajos desarrollados por la Real Academia Española y describir o explicar los problemas más relevantes que afectan a la unidad de nuestra lengua en el universo hispanohablante, exponer sus criterios sobre cómo abordarlos y enfrentar los cambios que experimenta nuestro idioma, tanto en lo relativo al léxico como a la gramática.

En definitiva, como ha explicado Muñoz Machado, «explicamos a los hablantes en general qué es lo que hemos hecho y qué problemas hemos advertido en el español como lengua de comunicación y de cultura. Es una herramienta para que se conozca mejor el trabajo de la Academia, pero al mismo tiempo es una obra que pretende reflejarla también como institución cultural». Porque el director de la RAE quiere resaltar que el suyo no es solo un trabajo lingüístico, sino también cultural y humanístico.

Por eso, esta obra que la Academia califica de panhispánica incorpora escritos de académicos actuales e históricos y textos de grandes literatos reconocidos con el premio Nobel y el premio Cervantes, como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Octavio Paz y Sergio Ramírez. También de ensayos sobre cuestiones lingüísticas, textos y discursos históricos, y muestras de la actividad literaria de los académicos que conforman o han conformado la RAE.

Santiago Muñoz Machado divide la obra en tres grandes capítulos: el tiempo de las catedrales, que recoge el nacimiento de la institución en el siglo XVIII, así como sus primeras obras normativas; el tiempo de la unidad, en la que se consigue unificar los criterios de todas las academias americanas y española; y el reto de la digitalización.

Por último, se incluyen los discursos de ingreso en la institución de Benito Pérez Galdós y Miguel Delibes.

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Ya teníamos virus pululando por el aire que respiramos y ocupando una entrada en el Diccionario de la RAE, pero maldita la necesidad y las ganas que teníamos de incorporar a esta obra de consulta la palabra coronavirus. Es una de las gracias que nos ha dejado este 2020 tan distópico (quédate con el término, que ahora te explicamos algo más) que estamos viviendo y una de las 2.557 novedades que podemos encontrar en el DLE a partir de hoy, tanto adiciones de artículos y de acepciones como enmiendas.

Lo cierto es que a la fuerza ahorcan, que dice el refrán, y si el bicho ha sido (y es) el rey de la fiesta en nuestro lenguaje durante este año, se ha ganado el derecho de estar en ese enorme registro que es nuestro diccionario. Junto a esa palabra se han incorporado otras relacionadas con él como COVID, desconfinar, desescalada y distópico. ¿Distópico? Sí, es nueva. Teníamos distopía, pero nos hacía falta incorporar el adjetivo, que para eso le hemos dado tanta vidilla este año.

Las cosas de comer también están de enhorabuena porque han encontrado su espacio en el Diccionario, así que demos la bienvenida como corresponde a faláfel, arbequino y nacho. Y aunque ya podíamos saber lo que era un marmitaco, ahora también podremos encontrarlo escrito con esa k tan vasca y tan rotunda: marmitako, ¡ahí va la hostia!

Saludemos también a palabras relacionadas con la medicina como antirretroviral, melatonina y vigorexia y regodeémonos buscando y encontrando términos como trol y trolear. En otros casos, el equipo de lexicógrafos de la RAE ha añadido acepciones nuevas a palabras ya existentes, como es el caso de hilo, jibarizar, animalista o avatar.

«El Diccionario es como una base desde la cual se puede entrar en otros mundos, en otros conocimientos», afirmaba Paz Battaner, académica y directora del Diccionario, «y esta es una de nuestras mayores riquezas». Pero también ha remarcado que los hablantes tenemos un gran desconocimiento de él. El propio director de la Academia, Santiago Muñoz Machado, ha considerado oportuno explicar cómo se incorporan nuevas entradas y acepciones en el diccionario, quizá la pregunta del millón que nos hacemos muchos hablantes.

Según Muñoz Machado, estos criterios son rigurosos y pasan por un proceso igual de meticuloso. Cualquier hablante, académico o no, propone una nueva palabra o un cambio en una definición. Las diversas comisiones estudian si ese término se usa «dispersamente, intensamente y en todas partes» y lo hacen revisando los corpus, en especial el CORPES XXI. Si cumple todos esos requisitos y está ampliamente documentada en esos corpus, pasa a una nueva comisión del pleno para estudiar su posible definición. Una vez que se fija, se envía a las Academias americanas para que aporten su criterio y modificaciones, si se diera el caso. Y una vez que ya está consensuado con ellas, se aprueba su incorporación al Diccionario.

‘CRÓNICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA 2020’

Esas novedades que presenta el DLE para este año están recogidas también en un volumen de casi 900 páginas titulado Crónica de la lengua española 2020. Esta será la primera de una serie de publicaciones anuales con las que la RAE hará balance de la actividad lingüística del año.

Su objetivo es difundir los trabajos desarrollados por la Real Academia Española y describir o explicar los problemas más relevantes que afectan a la unidad de nuestra lengua en el universo hispanohablante, exponer sus criterios sobre cómo abordarlos y enfrentar los cambios que experimenta nuestro idioma, tanto en lo relativo al léxico como a la gramática.

En definitiva, como ha explicado Muñoz Machado, «explicamos a los hablantes en general qué es lo que hemos hecho y qué problemas hemos advertido en el español como lengua de comunicación y de cultura. Es una herramienta para que se conozca mejor el trabajo de la Academia, pero al mismo tiempo es una obra que pretende reflejarla también como institución cultural». Porque el director de la RAE quiere resaltar que el suyo no es solo un trabajo lingüístico, sino también cultural y humanístico.

Por eso, esta obra que la Academia califica de panhispánica incorpora escritos de académicos actuales e históricos y textos de grandes literatos reconocidos con el premio Nobel y el premio Cervantes, como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Octavio Paz y Sergio Ramírez. También de ensayos sobre cuestiones lingüísticas, textos y discursos históricos, y muestras de la actividad literaria de los académicos que conforman o han conformado la RAE.

Santiago Muñoz Machado divide la obra en tres grandes capítulos: el tiempo de las catedrales, que recoge el nacimiento de la institución en el siglo XVIII, así como sus primeras obras normativas; el tiempo de la unidad, en la que se consigue unificar los criterios de todas las academias americanas y española; y el reto de la digitalización.

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