24 de abril 2017    /   BUSINESS
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‘Freelance’ y otras palabras que salieron de los libros

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Lewis Carroll disfrutaba mezclando e inventando palabras. De su poema Jabberwocky (considerado uno de los mejores poemas sin sentido del mundo), la lengua inglesa se quedó varios vocablos, entre ellos chortle, portmanteau, galumph y frabjous. Chortle es una risa nasal que surge de la unión de chuckle (reírse entre dientes) y snort (bufar). De la misma manera inventó galumph (correr con torpeza).

Aquel poema fue todo un reto para los traductores y solo en castellano existen varias versiones, a cuál más extravagante. Por ejemplo, frabjous, palabra que también se quedó el inglés, en castellano se tradujo como ristolerto, fragarante, promifortunoso, fragoso y frazoso.

En el capítulo 68 de Rayuela, Julio Cortázar hizo algo similar y creó el glíglico. Consistía en alternar palabras inventadas y reales en frases cuyo significado el lector puede llegar a intuir. El glíglico es una explosión para los sentidos de lo más imaginativo.

Cuando decimos del inglés que es el idioma de Shakespeare, también se podría asegurar que el inglés es casi suyo. Si hubo un creador de palabras especialmente prolífico, ese fue William Shakespeare. Él inventó incluso nombres propios como Olivia y Jessica y dotó al inglés de más de 1.700 palabras. Gossip (chisme), unreal (irreal) y dawn (amanecer) son algunas de ellas.

Son varios los téminos que han surgido de la imaginación de escritores y que las lenguas se han ido quedando. Más allá de los previsibles y conocidos epónimos literarios como gargantuesco o rocambolesco, estas son algunas de las palabras que nacieron en los libros:

Serendipia

Según el DRAE: «Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual».

Serendip es la isla en la que transcurre el cuento persa Los tres príncipes de Serendip. Siempre que aquellos príncipes estaban en apuros, una casualidad les salvaba. Serendip no es una isla imaginaria: hoy se llama Sri Lanka. Horace Walpole había leído este cuento gracias a la traducción al italiano por parte del armenio Christophoro Armeno, en la que se basa la versión inglesa. A raíz del antiguo topónimo de la isla, Walpole inventó serendipity. El inglés adoptó la palabra y el castellano se quedó con serendipia.

A mediados del siglo XVIII, Walpole escribió una carta en la que hablaba de la creación de su palabra y su significado. Es el primer documento escrito en el que aparece serendipity:

«La comprenderá mejor con su origen que con definiciones. Leí en una ocasión un cuentecillo titulado Los tres príncipes de Serendip: en él sus altezas realizaban continuos descubrimientos en sus viajes, descubrimientos por accidente y sagacidad de cosas que en principio no buscaban: por ejemplo, uno de ellos descubría que una mula ciega del ojo derecho recorría últimamente el mismo camino porque la hierba estaba más raída por el lado izquierdo —¿comprende ahora la serendipia?».

Utopía

Según el DRAE: «Plan, proyecto, doctrina o sistema deseables que parecen de muy difícil realización».

Además de escritor, Tomás Moro era humanista, teólogo y político. Unió dos palabras griegas, οὐ (no) y τόπος (lugar) y creó la palabra utopía, con la que tituló uno de sus libros más conocidos. La Utopía de Moro es también una isla, en este caso, imaginaria. Es, literalmente, un no-lugar. No existe, es un sitio idealizado y habitado por personas tan perfectas —la sociedad que habita la isla también se llama utopía— que nunca existirá.

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Frente a la utopía surge la distopía como un lugar horrible e indeseable. En este caso, los términos griegos que conformaron la palabra fueron δυσ- (prefijo de sentido negativo) y τόπος (lugar o paisaje). Se considera creador de esta palabra al político británico John Stuart Mill, que la empleó en un discurso, inspirado por la utopía de Moro.

Pantalón

Según el DRAE: «Prenda de vestir que se ajusta a la cintura y llega generalmente hasta el pie, cubriendo cada pierna separadamente. U. t. en pl. con el mismo significado que en sing».

Pantaleón de Nicodemia fue un mártir cristiano decapitado en Turquía en el año 305. Cuando los mercaderes venecianos supieron de su existencia, convirtieron a San Pantaleón en patrón de Venecia. De Turquía, los venecianos también se trajeron el calzón largo. Tras construir un templo en honor a San Pantaleón, el furor por este santo que los mercaderes venecianos difundieron les valió el apodo de pantaloni con el que los demás italianos los caricaturizaban, en parte, por su vestimenta.

Pantaleone es un anciano veneciano que viste calzones largos, al estilo turco, y protagoniza una comedia italiana del siglo XII. Aquel nombre lo difundieron las compañías teatrales por las plazas de los pueblos de toda Italia.

La palabra pasó a nombrar la prenda que los venecianos trajeron de Turquía y fue derivando. A raíz de la Revolución Francesa, se puso de moda el calzón largo y pasó a llamarse pantalon en Francia. Del pantaloni italiano, pasando por el pantalon francés, el castellano se quedó con pantalón.

Freelance

Según el DRAE: «Dicho de una persona: Que realiza por su cuenta trabajos periodísticos escritos o gráficos y los ofrece en venta a los medios de comunicación. U. t. c. s.»

La primera referencia escrita de freelance se ha atribuido a Walter Scott. En su novela Ivanhoe, que se publicó en 1820 pero que transcurre en la Inglaterra del siglo XII, aparecen los Free Lances («lanzas libres»). Eran mercenarios, guerreros independientes que ofrecían sus servicios a cualquiera que necesitara de sus armas.

Walter Scott también inventó el nombre Cedric, aunque lo popularizó otro escritor: Frances Hodgson Burnett.

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Robot

Según el DRAE: «Máquina o ingenio electrónico programable, capaz de manipular objetos y realizar operaciones antes reservadas solo a las personas».

Esta palabra aparece por primera vez escrita en 1920, en la novela R.U.R. (Rossum’s Universal Robots), del checo Karel Čapek. De nuevo, todo comienza en una isla. En la ínsula que habita Harry Domin se fabrican androides con la finalidad de utilizarlos como mano de obra barata. Cuando al fin alguien los dota de alma, los robots se vuelven contra la humanidad.

En realidad, el término robot, según explicó el escritor en una carta, se le ocurrió a su hermano Josef. Robota, en checo, significa trabajo o prestación personal y con ella se nombraba a los trabajadores —en condiciones de servidumbre— en el imperio austro-húngaro. También servía para nombrar el periodo de tiempo que tenían que trabajar para otro. Años despues, Isaac Asimov comenzó a utilizar el término robótica.

Chapek 9 es un lugar similar a la isla de R.U.R.: es un planeta habitado por robots en Futurama. El nombre es una referencia clara al inventor del término robot. De los humanos, los robot de Chapek 9 y los de Čapek piensan lo mismo.

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Lewis Carroll disfrutaba mezclando e inventando palabras. De su poema Jabberwocky (considerado uno de los mejores poemas sin sentido del mundo), la lengua inglesa se quedó varios vocablos, entre ellos chortle, portmanteau, galumph y frabjous. Chortle es una risa nasal que surge de la unión de chuckle (reírse entre dientes) y snort (bufar). De la misma manera inventó galumph (correr con torpeza).

Aquel poema fue todo un reto para los traductores y solo en castellano existen varias versiones, a cuál más extravagante. Por ejemplo, frabjous, palabra que también se quedó el inglés, en castellano se tradujo como ristolerto, fragarante, promifortunoso, fragoso y frazoso.

En el capítulo 68 de Rayuela, Julio Cortázar hizo algo similar y creó el glíglico. Consistía en alternar palabras inventadas y reales en frases cuyo significado el lector puede llegar a intuir. El glíglico es una explosión para los sentidos de lo más imaginativo.

Cuando decimos del inglés que es el idioma de Shakespeare, también se podría asegurar que el inglés es casi suyo. Si hubo un creador de palabras especialmente prolífico, ese fue William Shakespeare. Él inventó incluso nombres propios como Olivia y Jessica y dotó al inglés de más de 1.700 palabras. Gossip (chisme), unreal (irreal) y dawn (amanecer) son algunas de ellas.

Son varios los téminos que han surgido de la imaginación de escritores y que las lenguas se han ido quedando. Más allá de los previsibles y conocidos epónimos literarios como gargantuesco o rocambolesco, estas son algunas de las palabras que nacieron en los libros:

Serendipia

Según el DRAE: «Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual».

Serendip es la isla en la que transcurre el cuento persa Los tres príncipes de Serendip. Siempre que aquellos príncipes estaban en apuros, una casualidad les salvaba. Serendip no es una isla imaginaria: hoy se llama Sri Lanka. Horace Walpole había leído este cuento gracias a la traducción al italiano por parte del armenio Christophoro Armeno, en la que se basa la versión inglesa. A raíz del antiguo topónimo de la isla, Walpole inventó serendipity. El inglés adoptó la palabra y el castellano se quedó con serendipia.

A mediados del siglo XVIII, Walpole escribió una carta en la que hablaba de la creación de su palabra y su significado. Es el primer documento escrito en el que aparece serendipity:

«La comprenderá mejor con su origen que con definiciones. Leí en una ocasión un cuentecillo titulado Los tres príncipes de Serendip: en él sus altezas realizaban continuos descubrimientos en sus viajes, descubrimientos por accidente y sagacidad de cosas que en principio no buscaban: por ejemplo, uno de ellos descubría que una mula ciega del ojo derecho recorría últimamente el mismo camino porque la hierba estaba más raída por el lado izquierdo —¿comprende ahora la serendipia?».

Utopía

Según el DRAE: «Plan, proyecto, doctrina o sistema deseables que parecen de muy difícil realización».

Además de escritor, Tomás Moro era humanista, teólogo y político. Unió dos palabras griegas, οὐ (no) y τόπος (lugar) y creó la palabra utopía, con la que tituló uno de sus libros más conocidos. La Utopía de Moro es también una isla, en este caso, imaginaria. Es, literalmente, un no-lugar. No existe, es un sitio idealizado y habitado por personas tan perfectas —la sociedad que habita la isla también se llama utopía— que nunca existirá.

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Frente a la utopía surge la distopía como un lugar horrible e indeseable. En este caso, los términos griegos que conformaron la palabra fueron δυσ- (prefijo de sentido negativo) y τόπος (lugar o paisaje). Se considera creador de esta palabra al político británico John Stuart Mill, que la empleó en un discurso, inspirado por la utopía de Moro.

Pantalón

Según el DRAE: «Prenda de vestir que se ajusta a la cintura y llega generalmente hasta el pie, cubriendo cada pierna separadamente. U. t. en pl. con el mismo significado que en sing».

Pantaleón de Nicodemia fue un mártir cristiano decapitado en Turquía en el año 305. Cuando los mercaderes venecianos supieron de su existencia, convirtieron a San Pantaleón en patrón de Venecia. De Turquía, los venecianos también se trajeron el calzón largo. Tras construir un templo en honor a San Pantaleón, el furor por este santo que los mercaderes venecianos difundieron les valió el apodo de pantaloni con el que los demás italianos los caricaturizaban, en parte, por su vestimenta.

Pantaleone es un anciano veneciano que viste calzones largos, al estilo turco, y protagoniza una comedia italiana del siglo XII. Aquel nombre lo difundieron las compañías teatrales por las plazas de los pueblos de toda Italia.

La palabra pasó a nombrar la prenda que los venecianos trajeron de Turquía y fue derivando. A raíz de la Revolución Francesa, se puso de moda el calzón largo y pasó a llamarse pantalon en Francia. Del pantaloni italiano, pasando por el pantalon francés, el castellano se quedó con pantalón.

Freelance

Según el DRAE: «Dicho de una persona: Que realiza por su cuenta trabajos periodísticos escritos o gráficos y los ofrece en venta a los medios de comunicación. U. t. c. s.»

La primera referencia escrita de freelance se ha atribuido a Walter Scott. En su novela Ivanhoe, que se publicó en 1820 pero que transcurre en la Inglaterra del siglo XII, aparecen los Free Lances («lanzas libres»). Eran mercenarios, guerreros independientes que ofrecían sus servicios a cualquiera que necesitara de sus armas.

Walter Scott también inventó el nombre Cedric, aunque lo popularizó otro escritor: Frances Hodgson Burnett.

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Robot

Según el DRAE: «Máquina o ingenio electrónico programable, capaz de manipular objetos y realizar operaciones antes reservadas solo a las personas».

Esta palabra aparece por primera vez escrita en 1920, en la novela R.U.R. (Rossum’s Universal Robots), del checo Karel Čapek. De nuevo, todo comienza en una isla. En la ínsula que habita Harry Domin se fabrican androides con la finalidad de utilizarlos como mano de obra barata. Cuando al fin alguien los dota de alma, los robots se vuelven contra la humanidad.

En realidad, el término robot, según explicó el escritor en una carta, se le ocurrió a su hermano Josef. Robota, en checo, significa trabajo o prestación personal y con ella se nombraba a los trabajadores —en condiciones de servidumbre— en el imperio austro-húngaro. También servía para nombrar el periodo de tiempo que tenían que trabajar para otro. Años despues, Isaac Asimov comenzó a utilizar el término robótica.

Chapek 9 es un lugar similar a la isla de R.U.R.: es un planeta habitado por robots en Futurama. El nombre es una referencia clara al inventor del término robot. De los humanos, los robot de Chapek 9 y los de Čapek piensan lo mismo.

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