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31 de enero 2018    /   CINE/TV
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Pantomima Full: «Nuestros vídeos van de gente que se toma algo muy en serio»

31 de enero 2018    /   CINE/TV     por          
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Alberto Casado (Madrid, 1983) y Rober Bodegas (A Coruña, 1982) llevan toda su vida profesional creando personajes. Su primer encontronazo con el público mainstream tuvo lugar en lo que hicísteis, el programa humorístico que La Sexta emitió en sus primeros años como cadena. Tras dejar el programa, ambos siguieron trabajando en la tele, pero detrás de los focos.

«Mi primer trabajo fue ahí, saliendo en la tele. Cuando ya no sales, da la sensación de que estás viviendo debajo de un puente y en la droga», dice Alberto. Él y Rober han vuelto a ponerse delante de una cámara para dar rienda suelta a Pantomima Full, un hilarante proyecto que expone a todo tipo de gente excéntrica. La diferencia es, que esta vez, la cámara es la de un móvil.

Ellos pensaban que la cosa no llegaría demasiado lejos, que solo tendría «cierta gracia y que los vídeos los compartiría algo de gente». La fórmula: vídeos protagonizados por personajes basados en personas que todo el mundo conoce. El canallita del bar, el experto en vinos, el pesado de Malasaña, el emprendedor. Todos tienen cabida en Pantomima Full.

«Nuestros vídeos van de gente que se toma muy en serio algo y te vende una filosofía que no tiene. Te gusta el café, pues toma café, pero no me vendas cosas ni digas “voy a ser el que sabe de café y mi tema de conversación es el café, y te veo y te cuento un dato sobre el café”. Déjame en paz», cuenta Rober. «La gente es muy de pedirse algo. Me mola el running y ya, cada vez que quedemos, te hablo de running. Todo lo que gira en torno a mí es running. Da igual que sea running, cine o cualquier tontería. Se piden algo y eso ya es su vida», comenta Alberto.

Quizá la palabra que defina a la perfección estas conductas, como apunta Rober, sea pereza. Pero ¿de verdad somos tan ridículos? «Sí, somos megarridículos en general. Yo también. Muchas de las cosas que salen en los vídeos son nuestras», responde Alberto. «Hablamos mucho, es inevitable no soltar un topicazo», añade Rober.

¿Dónde está la línea que separa lo excéntrico de lo tóxico?

Rober: Yo creo que la línea está en la tolerancia. Tú estás flipado con el vino, pero si a mí no me sale de los cojones hacer así con la copa, no me digas «lo estás bebiendo mal».

Alberto: El no tomarte demasiado en serio. Te puedes flipar con algo, pero que sepas reírte de ello te hace una persona más respetable.

Lo realmente sorprendente de Pantomima Full, más allá del éxito y de las risas, es el hecho de haber articulado un tipo de humor blanco que se asimila muy fácil, que puede entender todo el mundo. «Intentamos que los vídeos sean cabrones, pero al final lo puede ver cualquiera», señala Alberto. ¿Y gusta a todos? ¿Se encaja la crítica? «Hay gente a la que no le mola lo que hacemos, que me parece bien, pero al final no se trata de decirle nada a la gente, sino de grabar un vídeo que nos hace gracia», dice Alberto.

«El problema es cuando te lo tomas en serio. Hay vídeos en los que llega gente y dice “no sé hasta qué punto está bien porque en realidad”. A ver tío, es un puto sketch. Esta cosa de que todo fomenta, eso me toca los cojones. Si haces chistes sobre esto, fomentas no sé qué. Cuando lo recibes con esa actitud, es que hay algo que está mal en tu cabeza», apunta Rober.

Los vídeos de Alberto y Rober corren como la pólvora por Facebook. Son el tipo de contenido que se comparte y funciona muy bien en la red social. En YouTube, donde crearon el canal hace dos años, ya acumulan más de 11 millones de visionados en sus cerca de 60 vídeos. «Al final esto parte de unos vídeos que nos hacen gracia a nosotros dos. Y es poner el letrero a este tío, y retratar a este gilipollas y tal. Intentamos mantener eso: no pensar tanto en lo que le pueda molar a la gente, sino en lo que nos hace gracia a nosotros», afirma Alberto.

El formato funciona más allá de internet. Su espectáculo en teatros y salas está más vivo que nunca: «La gente ya viene predispuesta y sabe a lo que viene. Antes era al contrario».

¿Y cansa, lo de interpretar siempre a personajes?

Rober: Ninguno dura tanto como para que nos cansemos de ellos, en Pantomima nacen y mueren. Lo guay ahora es que el formato para la gente está muy claro. Se entiende el código y puedes hacer personajes de cosas muy pequeñas.

La comedia en internet: ¿hacia dónde vamos?

Lo bueno de hacer humor en internet también es lo malo de hacer humor en internet: muchos likes y shares, poca monetización. «Nosotros es que ni siquiera lo monetizamos, porque nos parece ridículo lo que podríamos cobrar. Pero sí se monetiza de forma externa. En un vídeo sacas una aplicación o hablas de una marca y sí se puede vivir de eso. Mi madre me dice: “¿Pero Facebook os paga?”. Facebook no, pero si llega Peugeot y dice “quiero que hagáis un vídeo en Facebook con mi coche”, ahí sí», explica Alberto.

«Hay un cambio de chip en las marcas y nos dicen “haced lo que os dé la gana”. Las primeras veces que nos llamaban decíamos: ¿cómo vamos a hacer un anuncio si lo que hacemos nosotros es hablar mal o reírnos de algo?», cuenta Rober.

«No pretendemos ocultarlo, nos da igual. El único objetivo es que el vídeo mole. Si Beefeater nos ha pagado y hay que sacar a Beefeater, pues guay porque también tenemos que vivir. Nos dan mucha libertad, no se nota que sea un anuncio. Si me hicieras decir “el mejor gin-tonic; la mejor ginebra es Beefeater”, pues no lo haríamos», dice Alberto.

¿No echáis de menos la tele?

Alberto: Lo que se echa de menos es hacer lo que te gusta. Cuando salíamos en la tele fue lo más cercano que hemos hecho a algo que nos gusta. Luego, cuando hemos currado en un programa o en una serie, a mí la mayoría de las veces el producto no me molaba.

Rober: Estar en la tele por estar en la tele no mola. Para hacer un programa cutre, mejor estar detrás. Lo escribes sin mucho esfuerzo y es un curro más.

Alberto: Con las limitaciones que tienes intentas que a ti te mole, aunque sea un programa de mierda. Si no, me aburriría. Pero obviamente tienes que ceñirte a un formato. No decides tú.

Rober: Es como si eres cocinero y haces un plato de una manera. Pero luego trabajas en un restaurante y te dicen «no, aquí lo queremos así». Y tú eres eso. Eres un tío que tienes que escribir lo que te han pedido.

Tras lo qué hicisteis, Rober y Alberto montaron, junto a Ángel Martín, un proyecto de humor online llamado SoloComedia. La cosa no cuajó. Era 2011. «Recuerdo un par de reuniones que tuvimos con marcas. Decías que tu producto estaba en internet y la respuesta era “no me interesa” o “no tenemos presupuesto para acciones en internet”. Ahora no creo que haya ninguna marca que no tenga presupuesto para internet. Muchas tendrán más que para la tele u otros medios», comenta Rober.

Han pasado los años y, aparte de los evidentes despegues de Netflix, HBO y otras compañías, existen plataformas como Flooxer, un portal digital de contenido mayoritariamente cómico promovido por Atresmedia. ¿Tanto ha cambiado el paradigma de lo digital? «Ha cambiado muchísimo. SoloComedia lo recuerdo como algo cercano, y ni siquiera nos planteamos subirlo a YouTube, cosa que ahora es impensable. Hasta los programas de Movistar+ están en YouTube. Sin embargo, en aquel momento montamos aquello y era una página web», responde Alberto.

Nuevas ideas, nuevos formatos, nuevas plataformas. La comedia no cesa. Cada vez es más fácil llegar a un público amplio. «Nuestra experiencia es que sin ningún medio que nos apoye, ni dinero ni nada, hemos montado algo que ha funcionado. Hay una libertad brutal para hacer cosas y para que la gente se anime a hacer cosas nuevas y arriesgarse. Antes dependías de que alguien en la tele o en la radio te fichase. Ahora no; ahora tienes una idea, la subes y si funciona depende de ti», dice Alberto. A eso hay que sumar, según Rober, que cada vez «es más fácil tener buenos resultados técnicos con menos inversión. Ahora con un móvil y un micro te puedes hacer un vídeo de buena calidad».

Entonces, ¿ya no es viable el humor en televisión?

Alberto: En la tele en abierto gente como nosotros lo tiene muy complicado. Y al final es que tampoco nos interesa, porque nuestro público ya no está ahí. La gente a la que le puede interesar lo que hacemos ya no ve la tele. Si me hablas de Movistar+ o Netflix, entonces sí.

Rober: No me imagino a nadie que esté pendiente de la programación. «Hostia, me voy que a las diez empieza algo».

Lo cierto es que, desde lo qué hicisteis, ha habido multitud de intentos de hacer programas de humor de sobremesa. Pero es complicado. «Estás en horarios protegidos en los que no puedes decir casi nada. Y al final es muy difícil que seduzcas a una persona de 30 años si tienes una censura para niños de ocho. Ese afán por que los programas gusten a todo el mundo… No creo que haya nada que pueda gustar a niños, jóvenes, adolescentes, adultos y ancianos. Se quiere hacer una cosa tan amplia que muchas veces no llega de verdad a nadie», explica Rober, que ve difícil que pueda llegar a haber una programación buena en abierto. «Primero se tiene que jubilar alguna gente», remata.

Alberto Casado (Madrid, 1983) y Rober Bodegas (A Coruña, 1982) llevan toda su vida profesional creando personajes. Su primer encontronazo con el público mainstream tuvo lugar en lo que hicísteis, el programa humorístico que La Sexta emitió en sus primeros años como cadena. Tras dejar el programa, ambos siguieron trabajando en la tele, pero detrás de los focos.

«Mi primer trabajo fue ahí, saliendo en la tele. Cuando ya no sales, da la sensación de que estás viviendo debajo de un puente y en la droga», dice Alberto. Él y Rober han vuelto a ponerse delante de una cámara para dar rienda suelta a Pantomima Full, un hilarante proyecto que expone a todo tipo de gente excéntrica. La diferencia es, que esta vez, la cámara es la de un móvil.

Ellos pensaban que la cosa no llegaría demasiado lejos, que solo tendría «cierta gracia y que los vídeos los compartiría algo de gente». La fórmula: vídeos protagonizados por personajes basados en personas que todo el mundo conoce. El canallita del bar, el experto en vinos, el pesado de Malasaña, el emprendedor. Todos tienen cabida en Pantomima Full.

«Nuestros vídeos van de gente que se toma muy en serio algo y te vende una filosofía que no tiene. Te gusta el café, pues toma café, pero no me vendas cosas ni digas “voy a ser el que sabe de café y mi tema de conversación es el café, y te veo y te cuento un dato sobre el café”. Déjame en paz», cuenta Rober. «La gente es muy de pedirse algo. Me mola el running y ya, cada vez que quedemos, te hablo de running. Todo lo que gira en torno a mí es running. Da igual que sea running, cine o cualquier tontería. Se piden algo y eso ya es su vida», comenta Alberto.

Quizá la palabra que defina a la perfección estas conductas, como apunta Rober, sea pereza. Pero ¿de verdad somos tan ridículos? «Sí, somos megarridículos en general. Yo también. Muchas de las cosas que salen en los vídeos son nuestras», responde Alberto. «Hablamos mucho, es inevitable no soltar un topicazo», añade Rober.

¿Dónde está la línea que separa lo excéntrico de lo tóxico?

Rober: Yo creo que la línea está en la tolerancia. Tú estás flipado con el vino, pero si a mí no me sale de los cojones hacer así con la copa, no me digas «lo estás bebiendo mal».

Alberto: El no tomarte demasiado en serio. Te puedes flipar con algo, pero que sepas reírte de ello te hace una persona más respetable.

Lo realmente sorprendente de Pantomima Full, más allá del éxito y de las risas, es el hecho de haber articulado un tipo de humor blanco que se asimila muy fácil, que puede entender todo el mundo. «Intentamos que los vídeos sean cabrones, pero al final lo puede ver cualquiera», señala Alberto. ¿Y gusta a todos? ¿Se encaja la crítica? «Hay gente a la que no le mola lo que hacemos, que me parece bien, pero al final no se trata de decirle nada a la gente, sino de grabar un vídeo que nos hace gracia», dice Alberto.

«El problema es cuando te lo tomas en serio. Hay vídeos en los que llega gente y dice “no sé hasta qué punto está bien porque en realidad”. A ver tío, es un puto sketch. Esta cosa de que todo fomenta, eso me toca los cojones. Si haces chistes sobre esto, fomentas no sé qué. Cuando lo recibes con esa actitud, es que hay algo que está mal en tu cabeza», apunta Rober.

Los vídeos de Alberto y Rober corren como la pólvora por Facebook. Son el tipo de contenido que se comparte y funciona muy bien en la red social. En YouTube, donde crearon el canal hace dos años, ya acumulan más de 11 millones de visionados en sus cerca de 60 vídeos. «Al final esto parte de unos vídeos que nos hacen gracia a nosotros dos. Y es poner el letrero a este tío, y retratar a este gilipollas y tal. Intentamos mantener eso: no pensar tanto en lo que le pueda molar a la gente, sino en lo que nos hace gracia a nosotros», afirma Alberto.

El formato funciona más allá de internet. Su espectáculo en teatros y salas está más vivo que nunca: «La gente ya viene predispuesta y sabe a lo que viene. Antes era al contrario».

¿Y cansa, lo de interpretar siempre a personajes?

Rober: Ninguno dura tanto como para que nos cansemos de ellos, en Pantomima nacen y mueren. Lo guay ahora es que el formato para la gente está muy claro. Se entiende el código y puedes hacer personajes de cosas muy pequeñas.

La comedia en internet: ¿hacia dónde vamos?

Lo bueno de hacer humor en internet también es lo malo de hacer humor en internet: muchos likes y shares, poca monetización. «Nosotros es que ni siquiera lo monetizamos, porque nos parece ridículo lo que podríamos cobrar. Pero sí se monetiza de forma externa. En un vídeo sacas una aplicación o hablas de una marca y sí se puede vivir de eso. Mi madre me dice: “¿Pero Facebook os paga?”. Facebook no, pero si llega Peugeot y dice “quiero que hagáis un vídeo en Facebook con mi coche”, ahí sí», explica Alberto.

«Hay un cambio de chip en las marcas y nos dicen “haced lo que os dé la gana”. Las primeras veces que nos llamaban decíamos: ¿cómo vamos a hacer un anuncio si lo que hacemos nosotros es hablar mal o reírnos de algo?», cuenta Rober.

«No pretendemos ocultarlo, nos da igual. El único objetivo es que el vídeo mole. Si Beefeater nos ha pagado y hay que sacar a Beefeater, pues guay porque también tenemos que vivir. Nos dan mucha libertad, no se nota que sea un anuncio. Si me hicieras decir “el mejor gin-tonic; la mejor ginebra es Beefeater”, pues no lo haríamos», dice Alberto.

¿No echáis de menos la tele?

Alberto: Lo que se echa de menos es hacer lo que te gusta. Cuando salíamos en la tele fue lo más cercano que hemos hecho a algo que nos gusta. Luego, cuando hemos currado en un programa o en una serie, a mí la mayoría de las veces el producto no me molaba.

Rober: Estar en la tele por estar en la tele no mola. Para hacer un programa cutre, mejor estar detrás. Lo escribes sin mucho esfuerzo y es un curro más.

Alberto: Con las limitaciones que tienes intentas que a ti te mole, aunque sea un programa de mierda. Si no, me aburriría. Pero obviamente tienes que ceñirte a un formato. No decides tú.

Rober: Es como si eres cocinero y haces un plato de una manera. Pero luego trabajas en un restaurante y te dicen «no, aquí lo queremos así». Y tú eres eso. Eres un tío que tienes que escribir lo que te han pedido.

Tras lo qué hicisteis, Rober y Alberto montaron, junto a Ángel Martín, un proyecto de humor online llamado SoloComedia. La cosa no cuajó. Era 2011. «Recuerdo un par de reuniones que tuvimos con marcas. Decías que tu producto estaba en internet y la respuesta era “no me interesa” o “no tenemos presupuesto para acciones en internet”. Ahora no creo que haya ninguna marca que no tenga presupuesto para internet. Muchas tendrán más que para la tele u otros medios», comenta Rober.

Han pasado los años y, aparte de los evidentes despegues de Netflix, HBO y otras compañías, existen plataformas como Flooxer, un portal digital de contenido mayoritariamente cómico promovido por Atresmedia. ¿Tanto ha cambiado el paradigma de lo digital? «Ha cambiado muchísimo. SoloComedia lo recuerdo como algo cercano, y ni siquiera nos planteamos subirlo a YouTube, cosa que ahora es impensable. Hasta los programas de Movistar+ están en YouTube. Sin embargo, en aquel momento montamos aquello y era una página web», responde Alberto.

Nuevas ideas, nuevos formatos, nuevas plataformas. La comedia no cesa. Cada vez es más fácil llegar a un público amplio. «Nuestra experiencia es que sin ningún medio que nos apoye, ni dinero ni nada, hemos montado algo que ha funcionado. Hay una libertad brutal para hacer cosas y para que la gente se anime a hacer cosas nuevas y arriesgarse. Antes dependías de que alguien en la tele o en la radio te fichase. Ahora no; ahora tienes una idea, la subes y si funciona depende de ti», dice Alberto. A eso hay que sumar, según Rober, que cada vez «es más fácil tener buenos resultados técnicos con menos inversión. Ahora con un móvil y un micro te puedes hacer un vídeo de buena calidad».

Entonces, ¿ya no es viable el humor en televisión?

Alberto: En la tele en abierto gente como nosotros lo tiene muy complicado. Y al final es que tampoco nos interesa, porque nuestro público ya no está ahí. La gente a la que le puede interesar lo que hacemos ya no ve la tele. Si me hablas de Movistar+ o Netflix, entonces sí.

Rober: No me imagino a nadie que esté pendiente de la programación. «Hostia, me voy que a las diez empieza algo».

Lo cierto es que, desde lo qué hicisteis, ha habido multitud de intentos de hacer programas de humor de sobremesa. Pero es complicado. «Estás en horarios protegidos en los que no puedes decir casi nada. Y al final es muy difícil que seduzcas a una persona de 30 años si tienes una censura para niños de ocho. Ese afán por que los programas gusten a todo el mundo… No creo que haya nada que pueda gustar a niños, jóvenes, adolescentes, adultos y ancianos. Se quiere hacer una cosa tan amplia que muchas veces no llega de verdad a nadie», explica Rober, que ve difícil que pueda llegar a haber una programación buena en abierto. «Primero se tiene que jubilar alguna gente», remata.

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