6 de marzo 2018    /   CREATIVIDAD
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Paritorios feministas y hospitales humanizados

6 de marzo 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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Todo está estéticamente desordenado, como en un catálogo de Ikea. La manta lánguida se escurre por el sofá, el libro a medio leer descansa sobre una repisa y la taza de café humeante parece esperar a ser bebida. La coqueta habitación está para entrar a vivir. De forma literal: es la unidad de parto del Hospital Universitario HM Nuevo Belén. Los detalles mencionados no formaban parte del proyecto de Parra-Müller. Arquitectura de maternidades; son simples añadidos estéticos para las fotos de presentación. Sin embargo, reflejan el espíritu de este estudio de arquitectura sanitaria tan bien como cualquiera de sus planos.

Marta Parra y Angela Müller quieren humanizar los paritorios. Creen que adjetivos como aséptico se tienen que limitar a los procedimientos médicos, no a la estética de sus habitaciones. «Todo lo que hacemos se puede resumir en un término: deshospitalizar», explica Müller. «Sí, te toca ir al hospital y eso no es agradable; pero el hospital no tiene por qué oler a desinfectante, no tiene por qué aumentar el estrés que ya tienes, no te tiene que dar miedo ni ponerte nervioso».

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Todo empezó con sus propias experiencias dando a luz. «Nosotras tenemos tres hijos cada una, eso hacen seis experiencias de parto», explica Parra. «A raíz de estas vivencias, en diferentes hospitales dentro y fuera de España, nos planteamos las dificultades que había para parir con dignidad y con sensatez en este país».

Su primera aproximación al tema no fue desde la arquitectura, sino desde el activismo. Ambas se embarcaron en la asociación El Parto es Nuestro, donde conocieron otras historias similares a las suyas. Constataron que algo fallaba en la manera en la que asumimos los partos. «Das por sentado que al entrar en el paritorio pierdes la ropa y la dignidad», apostilla Müller, «y no tiene por qué ser así». Entonces defendían que las teorías feministas y de identidad de género no se quedaran en la puerta del paritorio. Ahora también lo hacen, pero de forma más práctica y menos beligerante. «Cuando trabajamos somos arquitectas», confirman, «aunque desde la arquitectura se pueden hacer muchas cosas».

El parto y el sexo son muy parecidos. Para ambos necesitas seguridad, intimidad, estar a gusto…

Efectivamente, se pueden hacer. Sus espacios rompen muchos de los dogmas que teníamos asumidos a la hora de hablar de hospitales. Al principio lo hicieron enfrentándose a cierta resistencia. Hoy lo hacen impulsadas por el reconocimiento que brindan los premios. Han recibido el IIDA en la categoría Maternidades hospitalarias por su unidad de parto de Nuevo Belén, y el Premio a la Transformación e Innovación 2017.

Uno pensaría que los modernos muebles, la elección de colores o lo funcional de sus espacios es lo más destacable en su trabajo, pero lo suyo no es tanto la estética como la ética, o quizá la persecución de la segunda a través de la primera. Parra-Müller tira del diseño basado en la evidencia, de teoría feminista, de conceptos de sociología y de una aproximación humanista a la arquitectura. Sus trabajos son agradables de ver, pero más interesantes de narrar, sobre todo si las que lo hacen son ellas mismas.

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«El parto y el sexo son muy parecidos». Las palabras se quedan flotando, huérfanas de una explicación que no tarda en llegar. «Para ambos necesitas seguridad, intimidad, estar a gusto… El parto es un acto sexual». Estas condiciones, consideran, no se suelen dar en los paritorios tradicionales. Objetos concretos como el potro, pero también detalles menos evidentes como la falta de espacio y de intimidad, hacen más difícil un proceso de por sí sensible.

En sus proyectos no hay potros. «Directamente no los prescribimos», confirma Müller. Además dotan a las habitaciones de recovecos y pasillos pensando en el descanso de los acompañantes y en la privacidad de la mujer. Diseñan el espacio de tal forma que tenga ganas de moverse.

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Todos estos elementos, según las arquitectas, ayudan a que los partos se conviertan en una experiencia más agradable que traumática. Lo aseguran con conocimiento de causa. Ambas siguen en contacto con el personal responsable de alguno de sus proyectos, que les hace llegar esporádicamente mensajes de las usuarias.

Viendo las fotos de sus proyectos podría pensarse que se trata de un lujo al alcance de muy pocos, pero es precisamente este aspecto lo que juega a su favor. «No cuesta más dinero», afirma tajante Müller. «Esto es más una cuestión de conocimiento y de llegar allí con un proyecto», explica. De hecho, el estudio trabaja tanto con la sanidad privada como con la pública.

Otro de los prejuicios a los que se ha enfrentado este estudio, especialmente en sus inicios, fue la incomprensión de sus proyectos. «Muchos clientes pensaban que era una moda, o que consistía en pintar una pared de rosa». Después de años, premios y reconocimiento parecen haber demostrado que no se trata de una moda. Y con cada proyecto confirman que lo suyo es mucho más que pintar una pared de rosa.

 

*Fotos: David Frutos

Todo está estéticamente desordenado, como en un catálogo de Ikea. La manta lánguida se escurre por el sofá, el libro a medio leer descansa sobre una repisa y la taza de café humeante parece esperar a ser bebida. La coqueta habitación está para entrar a vivir. De forma literal: es la unidad de parto del Hospital Universitario HM Nuevo Belén. Los detalles mencionados no formaban parte del proyecto de Parra-Müller. Arquitectura de maternidades; son simples añadidos estéticos para las fotos de presentación. Sin embargo, reflejan el espíritu de este estudio de arquitectura sanitaria tan bien como cualquiera de sus planos.

Marta Parra y Angela Müller quieren humanizar los paritorios. Creen que adjetivos como aséptico se tienen que limitar a los procedimientos médicos, no a la estética de sus habitaciones. «Todo lo que hacemos se puede resumir en un término: deshospitalizar», explica Müller. «Sí, te toca ir al hospital y eso no es agradable; pero el hospital no tiene por qué oler a desinfectante, no tiene por qué aumentar el estrés que ya tienes, no te tiene que dar miedo ni ponerte nervioso».

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Todo empezó con sus propias experiencias dando a luz. «Nosotras tenemos tres hijos cada una, eso hacen seis experiencias de parto», explica Parra. «A raíz de estas vivencias, en diferentes hospitales dentro y fuera de España, nos planteamos las dificultades que había para parir con dignidad y con sensatez en este país».

Su primera aproximación al tema no fue desde la arquitectura, sino desde el activismo. Ambas se embarcaron en la asociación El Parto es Nuestro, donde conocieron otras historias similares a las suyas. Constataron que algo fallaba en la manera en la que asumimos los partos. «Das por sentado que al entrar en el paritorio pierdes la ropa y la dignidad», apostilla Müller, «y no tiene por qué ser así». Entonces defendían que las teorías feministas y de identidad de género no se quedaran en la puerta del paritorio. Ahora también lo hacen, pero de forma más práctica y menos beligerante. «Cuando trabajamos somos arquitectas», confirman, «aunque desde la arquitectura se pueden hacer muchas cosas».

El parto y el sexo son muy parecidos. Para ambos necesitas seguridad, intimidad, estar a gusto…

Efectivamente, se pueden hacer. Sus espacios rompen muchos de los dogmas que teníamos asumidos a la hora de hablar de hospitales. Al principio lo hicieron enfrentándose a cierta resistencia. Hoy lo hacen impulsadas por el reconocimiento que brindan los premios. Han recibido el IIDA en la categoría Maternidades hospitalarias por su unidad de parto de Nuevo Belén, y el Premio a la Transformación e Innovación 2017.

Uno pensaría que los modernos muebles, la elección de colores o lo funcional de sus espacios es lo más destacable en su trabajo, pero lo suyo no es tanto la estética como la ética, o quizá la persecución de la segunda a través de la primera. Parra-Müller tira del diseño basado en la evidencia, de teoría feminista, de conceptos de sociología y de una aproximación humanista a la arquitectura. Sus trabajos son agradables de ver, pero más interesantes de narrar, sobre todo si las que lo hacen son ellas mismas.

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«El parto y el sexo son muy parecidos». Las palabras se quedan flotando, huérfanas de una explicación que no tarda en llegar. «Para ambos necesitas seguridad, intimidad, estar a gusto… El parto es un acto sexual». Estas condiciones, consideran, no se suelen dar en los paritorios tradicionales. Objetos concretos como el potro, pero también detalles menos evidentes como la falta de espacio y de intimidad, hacen más difícil un proceso de por sí sensible.

En sus proyectos no hay potros. «Directamente no los prescribimos», confirma Müller. Además dotan a las habitaciones de recovecos y pasillos pensando en el descanso de los acompañantes y en la privacidad de la mujer. Diseñan el espacio de tal forma que tenga ganas de moverse.

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Todos estos elementos, según las arquitectas, ayudan a que los partos se conviertan en una experiencia más agradable que traumática. Lo aseguran con conocimiento de causa. Ambas siguen en contacto con el personal responsable de alguno de sus proyectos, que les hace llegar esporádicamente mensajes de las usuarias.

Viendo las fotos de sus proyectos podría pensarse que se trata de un lujo al alcance de muy pocos, pero es precisamente este aspecto lo que juega a su favor. «No cuesta más dinero», afirma tajante Müller. «Esto es más una cuestión de conocimiento y de llegar allí con un proyecto», explica. De hecho, el estudio trabaja tanto con la sanidad privada como con la pública.

Otro de los prejuicios a los que se ha enfrentado este estudio, especialmente en sus inicios, fue la incomprensión de sus proyectos. «Muchos clientes pensaban que era una moda, o que consistía en pintar una pared de rosa». Después de años, premios y reconocimiento parecen haber demostrado que no se trata de una moda. Y con cada proyecto confirman que lo suyo es mucho más que pintar una pared de rosa.

 

*Fotos: David Frutos

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Opiniones 1
  • ¡Vaya!, ya quisiera yo los paritorios de los arquitectos Parra-Mula para vivir de diario, SOLO FALTA LA PLAYA PRIVADA, ¿verdad?,debemos pedir que se incluya en el seguro público y seguir sin el sector público en investigación, dentistas u operaciones de almorranas

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