14 de noviembre 2016    /   CREATIVIDAD
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Cualquier cosa con marco es más bonita

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Las lecciones y los deberes resultan monótonos y aburridos en la mayoría de ocasiones. Los profesores piden que hagas algo una y otra vez hasta dar con el resultado. Y esa tediosa tarea termina siendo un sufrimiento. Algo parecido le pasó a Paul McNeil cuando acudió a una escuela de arte y tuvo que dibujar su propia mano durante toda la clase. Tras una repetitiva tarde académica, abandonó el terreno realista para explorar un camino más conceptual.

Comenzó trabajando como diseñador gráfico a los 18 años pero nunca quiso encasillarse en una sola cosa. Este kiwi ha hecho vídeos musicales, libros, muebles, infinitas camisetas, tablas de surf, portadas de discos para bandas como los Beastie Boys, Beck, Pavement, Dinosaur Jr o Sonic Youth. En definitiva, si el proyecto le motiva, McNeil lo hace «Aunque si esto lo están leyendo los más pequeños… niños, ¡no abandonéis el cole!», comenta con gracia.

paul mcneil

Paul no boceta, escribe notas; normalmente palabras sueltas en su móvil que luego repasa para ver si tienen sentido. «Recomiendo anotar ideas constantemente, sin parar. La mayor parte de mi trabajo son capturas de momentos de mi día, por lo general trato de que todo sea sencillo pero con un toque de humor y, en algunas ocasiones, algo más profundo y triste», explica.

Actualmente, McNeil vive en Byron Bay, Australia, y su rutina va marcada por la marea. A primera hora mira el estado de la mar y, dependiendo de eso, empieza su día a remojo o se va a su oficina. En el estudio chequea mails durante un par de horas y luego se pone a pintar o diseñar y trata de interrumpirse para darse otro baño. «No soy muy fan de estar todo el día sentado en el lugar de trabajo. Al final, al trabajar por cuenta propia, es como si estuviera todo el día conectado», añade el artista de las antípodas.

paul mcneil

El trabajo de Keith Haring y Raymond Pettibon son fuentes importantes de inspiración. «La obra y las emociones de ambos me llenan como una canción que no puedes dejar de escuchar, pero también me motiva el surf, las mujeres, la cerveza y la música. Básicamente las cosas que me han gustado toda la vida». A la mayoría de artistas les cuesta definir su propio estilo y él no es una excepción. «Es complicado, creo que la simpleza es crucial en lo que hago», concluye.

paul mcneil

En las ideas y la sencillez visual de su obra se ve el peso de su profesión y el querer comunicar algo de manera icónica. En su trazo despreocupado de tinta y aerosol se aprecia la comodidad del artista por expresarse espontáneamente, sin necesidad de detalles ni circunloquios. No es fan de las galerías y sí del acceso democrático al arte. Se describe como un vago o un genio y aunque parezca todo muy fácil, ahí radica el encanto de su trabajo. McNeil ha demostrado que si quiere, puede ponerse técnico pintando con resinas tóxicas sobre una tabla de surf o jugando con las cámaras para sus vídeos. Si el resultado puede verse interesante, lo prueba.

paul mcneil

paul mcneil

Las lecciones y los deberes resultan monótonos y aburridos en la mayoría de ocasiones. Los profesores piden que hagas algo una y otra vez hasta dar con el resultado. Y esa tediosa tarea termina siendo un sufrimiento. Algo parecido le pasó a Paul McNeil cuando acudió a una escuela de arte y tuvo que dibujar su propia mano durante toda la clase. Tras una repetitiva tarde académica, abandonó el terreno realista para explorar un camino más conceptual.

Comenzó trabajando como diseñador gráfico a los 18 años pero nunca quiso encasillarse en una sola cosa. Este kiwi ha hecho vídeos musicales, libros, muebles, infinitas camisetas, tablas de surf, portadas de discos para bandas como los Beastie Boys, Beck, Pavement, Dinosaur Jr o Sonic Youth. En definitiva, si el proyecto le motiva, McNeil lo hace «Aunque si esto lo están leyendo los más pequeños… niños, ¡no abandonéis el cole!», comenta con gracia.

paul mcneil

Paul no boceta, escribe notas; normalmente palabras sueltas en su móvil que luego repasa para ver si tienen sentido. «Recomiendo anotar ideas constantemente, sin parar. La mayor parte de mi trabajo son capturas de momentos de mi día, por lo general trato de que todo sea sencillo pero con un toque de humor y, en algunas ocasiones, algo más profundo y triste», explica.

Actualmente, McNeil vive en Byron Bay, Australia, y su rutina va marcada por la marea. A primera hora mira el estado de la mar y, dependiendo de eso, empieza su día a remojo o se va a su oficina. En el estudio chequea mails durante un par de horas y luego se pone a pintar o diseñar y trata de interrumpirse para darse otro baño. «No soy muy fan de estar todo el día sentado en el lugar de trabajo. Al final, al trabajar por cuenta propia, es como si estuviera todo el día conectado», añade el artista de las antípodas.

paul mcneil

El trabajo de Keith Haring y Raymond Pettibon son fuentes importantes de inspiración. «La obra y las emociones de ambos me llenan como una canción que no puedes dejar de escuchar, pero también me motiva el surf, las mujeres, la cerveza y la música. Básicamente las cosas que me han gustado toda la vida». A la mayoría de artistas les cuesta definir su propio estilo y él no es una excepción. «Es complicado, creo que la simpleza es crucial en lo que hago», concluye.

paul mcneil

En las ideas y la sencillez visual de su obra se ve el peso de su profesión y el querer comunicar algo de manera icónica. En su trazo despreocupado de tinta y aerosol se aprecia la comodidad del artista por expresarse espontáneamente, sin necesidad de detalles ni circunloquios. No es fan de las galerías y sí del acceso democrático al arte. Se describe como un vago o un genio y aunque parezca todo muy fácil, ahí radica el encanto de su trabajo. McNeil ha demostrado que si quiere, puede ponerse técnico pintando con resinas tóxicas sobre una tabla de surf o jugando con las cámaras para sus vídeos. Si el resultado puede verse interesante, lo prueba.

paul mcneil

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