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1 de enero 2015    /   BRANDED CONTENT

 

¡Pedalea más fuerte si quieres que tu grupo siga tocando!

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Aprovechar la energía de los festivales. Literalmente. Haciendo que los asistentes a los conciertos pedaleen y generen electricidad con su movimiento en bicicletas estáticas. Para que se enciendan los focos; para que toquen las bandas. El público se desplaza de uno a otro escenario en bici; los músicos llevan sus instrumentos remolcados en bici. Nada de coches, ni de camiones, ni cosa alguna que suene a motor de combustión. Es la filosofía del Bycicle Music Festival (BMF), que comenzó a celebrarse en 2007 en San Francisco, y que, tras tomarse 2014 como “año sabático”, según apuntan sus organizadores, volvió con fuerza en 2015.

Con fuerza y con novedades: se trasladó 10 kilómetros al este de su ciudad nodriza, a Oakland. Y pasó de festival a manifestación-concentración ecologista, una fórmula «pesada si se basa en oradores pero ligera si se sustenta en música», según pensaron sus creadores. Dicho y hecho. Se pusieron en contacto con organizaciones locales y presentaron un híbrido que llamaron BMF + Climate Rally. «Durante los cambios de las bandas, escucharás inspirados e inteligentes discursos de activistas locales», anunciaron. Los escucharon alto y claro, eso seguro, gracias a un sistema de sonido sustentado por 30 bicicletas. «¡El más grande del mundo!», enfatizaron (de su categoría, se entiende).

El objetivo del BMF es disfrutar de la música y divertirse, por supuesto, pero sobre todo, es poner el acento en que todo ello es posible sin despilfarrar (y promoviendo, de paso, la cultura ciclista). Las toneladas de residuos que generan, un consumo de energía desmedido y las emisiones de CO2 han hecho que hoy, en mayor o menor medida, los grandes festivales tomen medidas encaminadas a que la palabra ‘sostenible’ no sea solo un adorno en sus carteles.

Pero, ¿cómo se puede saber si un festival está realmente esforzándose por provocar el menor impacto en el medio ambiente? Igual que han surgido los festivales sostenibles, también han ido apareciendo premios como Greener Festival Award, Oxígeno o el reconocimiento de Ecovidrio en la categoría de Mayor Impacto Ciudadano para demostrar que su compromiso con el medio ambiente no es solo postureo.

Rototom Sunsplash ha sido galardonado con el premio europeo Greener Festival Award en varias ocasiones. Su proyecto Greenplash le ha convertido en uno de los festivales más respetuosos con el medio ambiente en toda Europa. El evento cuenta con un mercado de productos biológicos, talleres ecológicos para niños, iluminación led y paneles fotovoltaicos. Además, este festival de reggae fomenta el reciclaje de aguas grises, la recogida selectiva y realiza diversas acciones encaminadas a compensar las emisiones de CO2, como plantar varios árboles en cada edición.

Burning Man se celebra en el desierto de Nevada. Es difícil aclarar dónde, porque tiene lugar en Black Rock, una localidad que solo existe durante los siete días que dura el evento. Uno de los principios en los que se basa es el arte sin desperdicios. En Burning Man está prohibido el comercio. Tampoco hay dinero, porque no hace falta. Durante el festival, los asistentes intentan no dejar basura, y si alguno encuentra algo que no debería estar en el suelo, lo recoge. Cuando Burning Man termina, el desierto se limpia para que nada haga pensar que allí han convivido más de 50.000 personas durante una semana.

DCODE consiguió reciclar de manera selectiva el 100% de sus residuos en 2014. Por eso, ha sido galardonado con el Premio Mayor Impacto Ciudadano otorgado por la empresa de reciclaje Ecovidrio. En la sección de su web ECODE explican todas las acciones que llevan a cabo en este sentido, entre ellas, la colaboración con Bla Bla Car.

Viña Rock insta a los asistentes a reutilizar tiendas de campaña y ha creado un sistema de alquiler para evitar que, aquellos que no van a usar nunca más su tienda, no recurran a comprarla. Además, promueve el transporte sostenible, incitando a la gente a acudir a las inmediaciones del festival en transporte público. En su web facilitan la venta de billetes de autobús y se puede reservar tienda online.

DrapArt promueve el reciclaje creativo. Desde 1996, a este festival de Barcelona acuden miles de personas en busca de inspiración. El DrapArt acoge talleres, exposiciones, y diversos eventos que sirven para lanzar a artistas emergentes y despertar la creatividad del resto de asistentes.


Este artículo te lo trae Ron Ritual. Si quieres conocer más historias con impacto positivo haz clic aquí.

 

Aprovechar la energía de los festivales. Literalmente. Haciendo que los asistentes a los conciertos pedaleen y generen electricidad con su movimiento en bicicletas estáticas. Para que se enciendan los focos; para que toquen las bandas. El público se desplaza de uno a otro escenario en bici; los músicos llevan sus instrumentos remolcados en bici. Nada de coches, ni de camiones, ni cosa alguna que suene a motor de combustión. Es la filosofía del Bycicle Music Festival (BMF), que comenzó a celebrarse en 2007 en San Francisco, y que, tras tomarse 2014 como “año sabático”, según apuntan sus organizadores, volvió con fuerza en 2015.

Con fuerza y con novedades: se trasladó 10 kilómetros al este de su ciudad nodriza, a Oakland. Y pasó de festival a manifestación-concentración ecologista, una fórmula «pesada si se basa en oradores pero ligera si se sustenta en música», según pensaron sus creadores. Dicho y hecho. Se pusieron en contacto con organizaciones locales y presentaron un híbrido que llamaron BMF + Climate Rally. «Durante los cambios de las bandas, escucharás inspirados e inteligentes discursos de activistas locales», anunciaron. Los escucharon alto y claro, eso seguro, gracias a un sistema de sonido sustentado por 30 bicicletas. «¡El más grande del mundo!», enfatizaron (de su categoría, se entiende).

El objetivo del BMF es disfrutar de la música y divertirse, por supuesto, pero sobre todo, es poner el acento en que todo ello es posible sin despilfarrar (y promoviendo, de paso, la cultura ciclista). Las toneladas de residuos que generan, un consumo de energía desmedido y las emisiones de CO2 han hecho que hoy, en mayor o menor medida, los grandes festivales tomen medidas encaminadas a que la palabra ‘sostenible’ no sea solo un adorno en sus carteles.

Pero, ¿cómo se puede saber si un festival está realmente esforzándose por provocar el menor impacto en el medio ambiente? Igual que han surgido los festivales sostenibles, también han ido apareciendo premios como Greener Festival Award, Oxígeno o el reconocimiento de Ecovidrio en la categoría de Mayor Impacto Ciudadano para demostrar que su compromiso con el medio ambiente no es solo postureo.

Rototom Sunsplash ha sido galardonado con el premio europeo Greener Festival Award en varias ocasiones. Su proyecto Greenplash le ha convertido en uno de los festivales más respetuosos con el medio ambiente en toda Europa. El evento cuenta con un mercado de productos biológicos, talleres ecológicos para niños, iluminación led y paneles fotovoltaicos. Además, este festival de reggae fomenta el reciclaje de aguas grises, la recogida selectiva y realiza diversas acciones encaminadas a compensar las emisiones de CO2, como plantar varios árboles en cada edición.

Burning Man se celebra en el desierto de Nevada. Es difícil aclarar dónde, porque tiene lugar en Black Rock, una localidad que solo existe durante los siete días que dura el evento. Uno de los principios en los que se basa es el arte sin desperdicios. En Burning Man está prohibido el comercio. Tampoco hay dinero, porque no hace falta. Durante el festival, los asistentes intentan no dejar basura, y si alguno encuentra algo que no debería estar en el suelo, lo recoge. Cuando Burning Man termina, el desierto se limpia para que nada haga pensar que allí han convivido más de 50.000 personas durante una semana.

DCODE consiguió reciclar de manera selectiva el 100% de sus residuos en 2014. Por eso, ha sido galardonado con el Premio Mayor Impacto Ciudadano otorgado por la empresa de reciclaje Ecovidrio. En la sección de su web ECODE explican todas las acciones que llevan a cabo en este sentido, entre ellas, la colaboración con Bla Bla Car.

Viña Rock insta a los asistentes a reutilizar tiendas de campaña y ha creado un sistema de alquiler para evitar que, aquellos que no van a usar nunca más su tienda, no recurran a comprarla. Además, promueve el transporte sostenible, incitando a la gente a acudir a las inmediaciones del festival en transporte público. En su web facilitan la venta de billetes de autobús y se puede reservar tienda online.

DrapArt promueve el reciclaje creativo. Desde 1996, a este festival de Barcelona acuden miles de personas en busca de inspiración. El DrapArt acoge talleres, exposiciones, y diversos eventos que sirven para lanzar a artistas emergentes y despertar la creatividad del resto de asistentes.


Este artículo te lo trae Ron Ritual. Si quieres conocer más historias con impacto positivo haz clic aquí.

 

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