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22 de marzo 2019    /   IDEAS
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Pedro Vera: el detector de ranciofrases cerograciosas

22 de marzo 2019    /   IDEAS     por          
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Este hombre las pilla al vuelo. Tiene un olfato inigualable para cazar esas frases que se dicen con afán de hacer la gracia pero, en realidad, son de un rancio invencible. O peor aún: esos dichos manidos que la gente repite a perpetuidad y encima cree que está dando un consejo sabio y novedoso:

—Nos casamos.
—Sí, sí. Cuando hay hijos es lo mejor. Por si a alguno le pasa algo.

Pero la ranciedumbre no solo se despacha a gusto en bodas y conversaciones de panadería. Internet y la jerga actual derrochan ranciedad sin miramientos: esa foto de un tipo bebiendo que dice «Aquí, dándolo todo», ese post acribillado a exclamaciones finales de «Por fin es juernes!!!!!!!!».

Pedro Vera los detecta, los dibuja y a partir de ese instante se convierten en #ranciofacts. No sabe el futuro qué gran documentalista tiene en este hombre murciano. En el 2100, la Historia y la Sociología buscarán las causas de los desastres políticos y sociales en archivos burocráticos y académicos. Pero no llegarán a ninguna conclusión seria si no analizan cada palabra y cada dibujo de este cronista: ahí están las verdades de la miseria humana. Ahí, detalladas en la serie de cómics #Ranciofacts, de la editorial Astiberri.

pedro vera ranciofacts

Buenos días, por decir algo.

Buenos días por la mañana.

¿Qué tiene que ocurrir para que algo se vuelva rancio y se convierta en un #ranciofact?

El proceso de cocción de un rancio era antes reposado, como un vino añejo que se agria, alargado en el tiempo con generaciones machacando con lo mismo, pico y pala. Ahora, las redes sociales ejercen de catalizador, como el que lleva el pegamento de dos componentes para que fragüe instantáneamente.

Una «gracia» subida por la mañana a Twitter, Facebook o WhatsApp se propaga con tal velocidad que a la tarde ya anda machacando con ella media humanidad. El otro día hice este «experimento» en Twitter:

También es verdad que hay situaciones o expresiones que ya nacieron rancias: «Yo no soy racista, pero…», «Ojo, que yo tengo muchos amigos homosexuales», «Buenos días a todos menos a uno», «Como venga la Marie Kondo a mi casa y vea la de libros que tengo, le da un algo. Juo, juo, juo».

Ya no hay tomates que saben a tomate.

Normal, porque «el tomate es el jamón de la tierra» y las aceitunas, «el caviar español». Pero Igual te has confundido y le has pegado un bocao a un caqui en lugar de a un tomate.

Llega una señora a la panadería y dice: «Una barra de pan, pero cocidita, ¿eh?».

¿Estas señoras llevarán una guía Pantone para comparar el color? «Yo es que sin pan no sé comer».

pedro vera ranciofacts

Tienes material «para aburrir» en «el Vietnam rancio de las bodas». Ese: «Me caso por la iglesia por mis padres». Es casi un tic nervioso.

Es como si fuera una catarsis colectiva. Oyes la palabra boda y comienzas a disparar ranciedades. Pero es normal porque ranciedad llama a ranciedad. Si nos paramos a pensar (y yo estoy casado, ojo), el matrimonio es una obligación contractual, religiosa en muchos casos, que te ata a una persona de por vida.

Perdí la cuenta de las páginas de boda que dibujé. Y todavía no me he atrevido con ese final boss que son las «despedidas de soltero».

Das la medalla de oro de lo rancio a los matrimonios que se llaman entre ellos papá y mamá… ¡sin haber tenido hijos! ¿Esa degeneración existe?

No solo lo he visto en las películas, también en la vida real. O parejas de novios adolescentes, compañeros en secundaria, que se llaman entre sí marido y mujer. Para dibujar todo esto usé de inspiración las imágenes de una web llamada algo así como «gente riendo que parece muerta por dentro».

Hay palabras y expresiones que no es que sean rancias. Es que retuercen las tripas. Por ejemplo: juntaletras. ¿Cómo describirías la sensación que te produce escucharlas?

Me siento como espectador de un combate de ancianos, porque alguien que usa estas expresiones a menudo no puede bajar de los 80 años. Juntaletras, tuercebotas, negro sobre blanco o los insultos de Jiménez Losantos, que es como una especie de Cthulhu carpetovetónico: Basuriento, Maricomplejines, Tonticristo, Asaltacapillas, etc.

pedro vera ranciofacts

¿Qué hacemos con el apestoso «ni tan mal»?

«Ni tan mal» NO «es bien». A los primeros les diría que terminen la puta comparativa. «Ni tan mal… ¡¡¡¡¿como qué o como quién?!!!! Y a los segundos que se vayan a la selva a ligar con Jane, «yo Tarzán, hablar así porque repetir como loro tontás de internet». ¡Ah!, y muerte lenta a los de «PARFAVAR».

¿Qué te molesta más: una expresión manida o una falta de ortografía?

Dependerá del contexto, claro. En principio, me chinan más los que repiten la frase de moda que han aprendido en internet que los que sufren carencias ortográficas a lo bestia (me jode leer a ambos, pero, bueno, nunca he reprochado a nadie su mala ortografía).

Guillermo Torres, el dibujante de El Jueves, te dijo: «Te imaginaba como un heavy lleno de tachuelas, pero ahora que te veo con cara de seminarista, me cuadra mucho más. Eres muy hijo de puta». ¿Acertó en la descripción?

Más o menos. Yo me tengo por buena persona, pero la peña me dice cosas sorprendentes: lo de Guillermo que mencionas, una chica en la Universidad que me dijo que mi mirada era de desprecio, y un profesor de bachillerato que me confesó que le daba miedo mirarme directamente a los ojos.

No te digo na y te lo digo to.

Echa por la sombra, que el sol derrite los bombones.

 

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Este hombre las pilla al vuelo. Tiene un olfato inigualable para cazar esas frases que se dicen con afán de hacer la gracia pero, en realidad, son de un rancio invencible. O peor aún: esos dichos manidos que la gente repite a perpetuidad y encima cree que está dando un consejo sabio y novedoso:

—Nos casamos.
—Sí, sí. Cuando hay hijos es lo mejor. Por si a alguno le pasa algo.

Pero la ranciedumbre no solo se despacha a gusto en bodas y conversaciones de panadería. Internet y la jerga actual derrochan ranciedad sin miramientos: esa foto de un tipo bebiendo que dice «Aquí, dándolo todo», ese post acribillado a exclamaciones finales de «Por fin es juernes!!!!!!!!».

Pedro Vera los detecta, los dibuja y a partir de ese instante se convierten en #ranciofacts. No sabe el futuro qué gran documentalista tiene en este hombre murciano. En el 2100, la Historia y la Sociología buscarán las causas de los desastres políticos y sociales en archivos burocráticos y académicos. Pero no llegarán a ninguna conclusión seria si no analizan cada palabra y cada dibujo de este cronista: ahí están las verdades de la miseria humana. Ahí, detalladas en la serie de cómics #Ranciofacts, de la editorial Astiberri.

pedro vera ranciofacts

Buenos días, por decir algo.

Buenos días por la mañana.

¿Qué tiene que ocurrir para que algo se vuelva rancio y se convierta en un #ranciofact?

El proceso de cocción de un rancio era antes reposado, como un vino añejo que se agria, alargado en el tiempo con generaciones machacando con lo mismo, pico y pala. Ahora, las redes sociales ejercen de catalizador, como el que lleva el pegamento de dos componentes para que fragüe instantáneamente.

Una «gracia» subida por la mañana a Twitter, Facebook o WhatsApp se propaga con tal velocidad que a la tarde ya anda machacando con ella media humanidad. El otro día hice este «experimento» en Twitter:

También es verdad que hay situaciones o expresiones que ya nacieron rancias: «Yo no soy racista, pero…», «Ojo, que yo tengo muchos amigos homosexuales», «Buenos días a todos menos a uno», «Como venga la Marie Kondo a mi casa y vea la de libros que tengo, le da un algo. Juo, juo, juo».

Ya no hay tomates que saben a tomate.

Normal, porque «el tomate es el jamón de la tierra» y las aceitunas, «el caviar español». Pero Igual te has confundido y le has pegado un bocao a un caqui en lugar de a un tomate.

Llega una señora a la panadería y dice: «Una barra de pan, pero cocidita, ¿eh?».

¿Estas señoras llevarán una guía Pantone para comparar el color? «Yo es que sin pan no sé comer».

pedro vera ranciofacts

Tienes material «para aburrir» en «el Vietnam rancio de las bodas». Ese: «Me caso por la iglesia por mis padres». Es casi un tic nervioso.

Es como si fuera una catarsis colectiva. Oyes la palabra boda y comienzas a disparar ranciedades. Pero es normal porque ranciedad llama a ranciedad. Si nos paramos a pensar (y yo estoy casado, ojo), el matrimonio es una obligación contractual, religiosa en muchos casos, que te ata a una persona de por vida.

Perdí la cuenta de las páginas de boda que dibujé. Y todavía no me he atrevido con ese final boss que son las «despedidas de soltero».

Das la medalla de oro de lo rancio a los matrimonios que se llaman entre ellos papá y mamá… ¡sin haber tenido hijos! ¿Esa degeneración existe?

No solo lo he visto en las películas, también en la vida real. O parejas de novios adolescentes, compañeros en secundaria, que se llaman entre sí marido y mujer. Para dibujar todo esto usé de inspiración las imágenes de una web llamada algo así como «gente riendo que parece muerta por dentro».

Hay palabras y expresiones que no es que sean rancias. Es que retuercen las tripas. Por ejemplo: juntaletras. ¿Cómo describirías la sensación que te produce escucharlas?

Me siento como espectador de un combate de ancianos, porque alguien que usa estas expresiones a menudo no puede bajar de los 80 años. Juntaletras, tuercebotas, negro sobre blanco o los insultos de Jiménez Losantos, que es como una especie de Cthulhu carpetovetónico: Basuriento, Maricomplejines, Tonticristo, Asaltacapillas, etc.

pedro vera ranciofacts

¿Qué hacemos con el apestoso «ni tan mal»?

«Ni tan mal» NO «es bien». A los primeros les diría que terminen la puta comparativa. «Ni tan mal… ¡¡¡¡¿como qué o como quién?!!!! Y a los segundos que se vayan a la selva a ligar con Jane, «yo Tarzán, hablar así porque repetir como loro tontás de internet». ¡Ah!, y muerte lenta a los de «PARFAVAR».

¿Qué te molesta más: una expresión manida o una falta de ortografía?

Dependerá del contexto, claro. En principio, me chinan más los que repiten la frase de moda que han aprendido en internet que los que sufren carencias ortográficas a lo bestia (me jode leer a ambos, pero, bueno, nunca he reprochado a nadie su mala ortografía).

Guillermo Torres, el dibujante de El Jueves, te dijo: «Te imaginaba como un heavy lleno de tachuelas, pero ahora que te veo con cara de seminarista, me cuadra mucho más. Eres muy hijo de puta». ¿Acertó en la descripción?

Más o menos. Yo me tengo por buena persona, pero la peña me dice cosas sorprendentes: lo de Guillermo que mencionas, una chica en la Universidad que me dijo que mi mirada era de desprecio, y un profesor de bachillerato que me confesó que le daba miedo mirarme directamente a los ojos.

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Opiniones 3
  • Me encanta la entrevista. Adoro a Pedro Vera, no solamente por su genial estilo dibujando, sino por lo que transmite.
    ¿Y qué opinan ustedes del «no sé qué no, lo siguiente»?
    A mí me saca de quicio.

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