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24 de noviembre 2011    /   IDEAS
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Pegamento anticontaminación y glaciares para refrescar la ciudad

24 de noviembre 2011    /   IDEAS     por          
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El ingenio humano parece no tener límites. Otra cosa es que las ideas conduzcan a soluciones prácticas. Estas dos tienen un punto un tanto surreal. Londres sufre un problema similar a Madrid. Nunca logra cumplir con los límites de contaminación exigidos por la Union Europea. Para combatirlo, el alcalde ha puesto en marcha un programa que consiste en rociar las calles con pegamento para capturar la contaminación. Mientras tanto, en Ulan Bator (Mongolia), unos ingenieros trabajan en un proyecto que creará glaciares artificiales para garantizar el suministro del agua y reducir el consumo de energía de los aires acondicionados durante el verano.

Detrás de cada solución hay un tema de base filosófica. Una es un parche. La otra trabaja con la naturaleza para sacar lo mejor de ella. ¿Adivina cuál es cuál?

Empecemos por Londres. Durante los últimos meses, las zonas más transitadas de la ciudad han sido cubiertas con un pegamento que, según el Ayuntamiento de la ciudad, atrapa una parte de las emisiones de los coches. Un artículo de la BBC dice que la sustancia está pensada especialmente para evitar que partículas de PM10 generadas por los coches acaben en el aire. A la inhalación de PM10 se le atribuye secuelas a largo plazo como el asma y el cáncer de pulmón.

Por eso, el gobierno local ha dicho con orgullo que durante la fase de pruebas ha habido una disminución del 14% en la cantidad de partículas contaminantes en las zonas más transitadas.

A su favor está el hecho de que forma parte de una de las muchas iniciativas que está poniendo en marcha la ciudad para reducir la contaminación. Pero la realidad es que se trata de un parche que mete el problema debajo de la alfombra.

Primero, el pegamento captura una parte de las sustancias tóxicas pero no hace que desaparezcan. En vez de estar en el aire, la contaminación se extiende por otras vías.

Algunos expertos consultados por la BBC señalan que no hay que olvidar el componente político. Al igual que el Ayuntamiento de Madrid, optó por mover los medidores de contaminación a lugares con menos tráfico para intentar cumplir con el reglamento de la Unión Europea, aquí se está haciendo algo similar para evitar las multas de Bruselas que pueden ascender hasta los 350 millones de euros.

Comparado con el millón de euros que ha costado la iniciativa, el ahorro es importante. Sigue las pautas de muchas decisiones políticas motivadas por el corto plazo y la necesidad de cumplir con reglamentos varios sin importar el cómo.

El error también es de base, el mismo que cometen iniciativas como la captura de carbono. No se está atajando el fondo de la cuestión, que es que el humano tiene que buscar nuevas formas de transporte que minimicen la contaminación por razones de salud pero también de supervivencia.

Pasemos al caso reciente de Mongolia. Unos ingenieros en la capital del país están haciendo experimentos para crear glaciares artificiales durante el invierno, que se utilizarán en verano para refrescar la ciudad.

El proyecto, recogido por The Guardian, contempla crear laminas artificiales de hielo llamadas ‘naleds’, que se formarán durante el invierno extrayendo agua del fondo del río Tuul. El proceso no consiste más que en añadir más agua a la capa de hielo que se forma encima del río de manera natural durante los meses de frio, hasta que llegue a una envergadura de 7 metros.

Más tarde, cuando lleguen los meses de calor, a medida que se derriten, se usará el agua para sistemas de aire acondicionado y agua corriente. La ventaja que tienen estas formaciones de hielo es que tardan mucho más en deshacerse porque algunos llegan a tener más de 7 metros de envergadura. Este proceso se ha utilizado en el pasado en zonas de frío extremo para crear puentes temporales y zonas de paso para vehículos.

Todavía no se puede cantar victoria. Aún quedan cosas por esclarecer sobre el proceso. El artículo de The Guardian y otros análisis al respecto no han logrado explicar bien todavía cómo se distribuirá ese agua por la ciudad aunque lo lógico sería utilizar la infraestructura ya existente.

Dos visiones distintas sobre cómo solucionar la contaminación y la generación de energía, temas que a la vez están totalmente relacionados. Se pueden aplicar perfectamente a nuestro día a día. ¿Queremos pasarnos la vida creando parches o buscar soluciones a largo plazo?

Gráfico: The Guardian

Foto: NASA

El ingenio humano parece no tener límites. Otra cosa es que las ideas conduzcan a soluciones prácticas. Estas dos tienen un punto un tanto surreal. Londres sufre un problema similar a Madrid. Nunca logra cumplir con los límites de contaminación exigidos por la Union Europea. Para combatirlo, el alcalde ha puesto en marcha un programa que consiste en rociar las calles con pegamento para capturar la contaminación. Mientras tanto, en Ulan Bator (Mongolia), unos ingenieros trabajan en un proyecto que creará glaciares artificiales para garantizar el suministro del agua y reducir el consumo de energía de los aires acondicionados durante el verano.

Detrás de cada solución hay un tema de base filosófica. Una es un parche. La otra trabaja con la naturaleza para sacar lo mejor de ella. ¿Adivina cuál es cuál?

Empecemos por Londres. Durante los últimos meses, las zonas más transitadas de la ciudad han sido cubiertas con un pegamento que, según el Ayuntamiento de la ciudad, atrapa una parte de las emisiones de los coches. Un artículo de la BBC dice que la sustancia está pensada especialmente para evitar que partículas de PM10 generadas por los coches acaben en el aire. A la inhalación de PM10 se le atribuye secuelas a largo plazo como el asma y el cáncer de pulmón.

Por eso, el gobierno local ha dicho con orgullo que durante la fase de pruebas ha habido una disminución del 14% en la cantidad de partículas contaminantes en las zonas más transitadas.

A su favor está el hecho de que forma parte de una de las muchas iniciativas que está poniendo en marcha la ciudad para reducir la contaminación. Pero la realidad es que se trata de un parche que mete el problema debajo de la alfombra.

Primero, el pegamento captura una parte de las sustancias tóxicas pero no hace que desaparezcan. En vez de estar en el aire, la contaminación se extiende por otras vías.

Algunos expertos consultados por la BBC señalan que no hay que olvidar el componente político. Al igual que el Ayuntamiento de Madrid, optó por mover los medidores de contaminación a lugares con menos tráfico para intentar cumplir con el reglamento de la Unión Europea, aquí se está haciendo algo similar para evitar las multas de Bruselas que pueden ascender hasta los 350 millones de euros.

Comparado con el millón de euros que ha costado la iniciativa, el ahorro es importante. Sigue las pautas de muchas decisiones políticas motivadas por el corto plazo y la necesidad de cumplir con reglamentos varios sin importar el cómo.

El error también es de base, el mismo que cometen iniciativas como la captura de carbono. No se está atajando el fondo de la cuestión, que es que el humano tiene que buscar nuevas formas de transporte que minimicen la contaminación por razones de salud pero también de supervivencia.

Pasemos al caso reciente de Mongolia. Unos ingenieros en la capital del país están haciendo experimentos para crear glaciares artificiales durante el invierno, que se utilizarán en verano para refrescar la ciudad.

El proyecto, recogido por The Guardian, contempla crear laminas artificiales de hielo llamadas ‘naleds’, que se formarán durante el invierno extrayendo agua del fondo del río Tuul. El proceso no consiste más que en añadir más agua a la capa de hielo que se forma encima del río de manera natural durante los meses de frio, hasta que llegue a una envergadura de 7 metros.

Más tarde, cuando lleguen los meses de calor, a medida que se derriten, se usará el agua para sistemas de aire acondicionado y agua corriente. La ventaja que tienen estas formaciones de hielo es que tardan mucho más en deshacerse porque algunos llegan a tener más de 7 metros de envergadura. Este proceso se ha utilizado en el pasado en zonas de frío extremo para crear puentes temporales y zonas de paso para vehículos.

Todavía no se puede cantar victoria. Aún quedan cosas por esclarecer sobre el proceso. El artículo de The Guardian y otros análisis al respecto no han logrado explicar bien todavía cómo se distribuirá ese agua por la ciudad aunque lo lógico sería utilizar la infraestructura ya existente.

Dos visiones distintas sobre cómo solucionar la contaminación y la generación de energía, temas que a la vez están totalmente relacionados. Se pueden aplicar perfectamente a nuestro día a día. ¿Queremos pasarnos la vida creando parches o buscar soluciones a largo plazo?

Gráfico: The Guardian

Foto: NASA

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