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16 de mayo 2017    /   CINE/TV
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‘Dhogs’ o cómo sacar adelante una película independiente en España

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Si les preguntaban hace cuatro años, lo único que sabían es que iban a rodar una película. El pequeño detalle de no tener ni idea de cómo ya era otra historia. La inconsciencia, a veces, te hace llegar lejos. Algo así debieron de pensar cuatro chavales de Meira, una villa de la provincia de Lugo que apenas cuenta con 1.700 habitantes. Su bagaje se limitaba a algunos cortos experimentales, para lo que habían fundado Gaitafilmes, una pequeña productora. Pero un largometraje era algo muy distinto. Era salir corriendo antes de aprender a caminar.

Andrés Goteira firmaría el guion y la dirigiría, eso estaba claro. Su película se llamaría Dhogs, una mezcla de perros y cerdos en inglés. Los demás (Suso López, Adrián Folgueira y Laura Doval) llevarían la producción aunque, igual que el director, terminaron haciendo un poco de todo. Por delante, un sueño muy difícil de convertir en realidad. Ellos, que prácticamente no habían hecho una factura en su vida, tenían que elaborar un presupuesto muy complejo.

Así transcurrieron los primeros dos años, armando el proyecto, informándose, peleando con todos los trámites y requisitos imaginables e intentando que la burocracia no les quitara las ganas. Y buscando financiación, claro. Porque cualquier película, incluso la más barata, es cara.

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Había que convencer a mucha gente. Y pedir muchos favores. Por el camino, lograron el apoyo de patrocinadores privados de la zona (Galipizza y Cerveza Áncora) y de administraciones públicas (Ayuntamiento de Meira, Diputación de Lugo, y Agadic).

Además, iniciaron una campaña de micromecenazgo que superó cualquier expectativa. Se marcaron un objetivo de 7.000 euros y obtuvieron más de 12.000. Suso López, uno de los productores, apunta que «el apoyo de casi 300 personas nos hizo aumentar la responsabilidad de hacerlo lo mejor posible». Ellos, por su parte, capitalizaron su trabajo. Para sobrevivir durante la travesía, compaginaron el proyecto con varios empleos, sacando tiempo de donde no lo había.

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Además del equipo técnico, que acabaría compuesto por una treintena de personas, faltaba otra minucia: las personas que se ponen delante de la cámara. A fuerza de tesón, que es un eufemismo tan bueno como otro cualquiera para decir que fueron muy pesados, lograron convencer a nombres importantes del audiovisual gallego.

Antonio Durán ‘Morris’ confesaba en una entrevista reciente a Radio Galega que «normalmente, un director vende el proyecto como muy acabado. Te vende un poco la moto y te dejas embaucar. Pero ellos se mostraban sinceros, como eran, y yo los veía con tantas dudas que les decía de quedar dentro de quince días. Y así estuvimos unos meses».

La incertidumbre era comprensible. Principalmente, porque daban un paso sin saber si habían acertado en el anterior. Consiguieron completar el reparto con Melania Cruz, Miguel de Lira, Carlos Blanco, María Costas e Iván Marcos, entre otros. Aquello iba tomando forma. Además, otra productora gallega, Pixel Films, se sumó al proyecto.

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Por fin, llegó el momento de rodar. En esa fase tampoco abandonaron la osadía del principiante. López lo explica así: «Hubo muchas dificultades. Por ejemplo, empezamos sin haber conseguido la última ayuda, sin la que no podríamos haber terminado la película. Sacar adelante los ajustadísimos planes de rodaje, conseguir permisos sobre la campana, encontrar a las personas justas para cada puesto. A veces pienso que si no hubiese estado fulanito, esto no salía ni de coña».

Porque, cuando el dinero escasea, se han de multiplicar los esfuerzos. Para organizarse, decidieron que la película se rodaría en dos partes. La primera de ella, claro está, en Galicia. «Aquí grabamos casi todo de noche. Algunos éramos zombis de no dormir y por el estrés. Tuvimos mucha suerte porque el equipo técnico y artístico siempre construyó. Sin su ayuda y voluntad hubiéramos vuelto a casa el segundo día. A veces te entraban ganas de tirar la toalla, por el cansancio y por lo lejos que se veía el final. Es un trabajo muy de resistencia», recuerda el productor.

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José Luis Garci define el cine como encender una cámara en medio del desierto y que empiece a llover. Exactamente eso es lo que les ocurrió en Almería, hasta donde el equipo se desplazó para rodar la parte western de la cinta. Se cruzan España por carretera huyendo de la lluvia gallega… y les recibe un diluvio en el punto más seco de la Península Ibérica. No obstante, a veces sí que esquivaron la mala fortuna.

Por ejemplo, al coche del personaje del taxista se le rompió el motor justo al día siguiente de terminar de rodar. Se libraron por poco, pero en Almería las complicaciones salían de debajo de las piedras. López insiste: «El cúmulo de problemas era tal que una noche pensé que a la mañana siguiente tenía que decirles a todos que recogíamos las cosas y nos volvíamos a casa».

Pero no lo hicieron. De hecho, incluso terminaron el rodaje. Tras la postproducción, la película estaba lista. Varios años y muchos sufrimientos después, Dhogs era una realidad. La describe Andrés Goteira, guionista, director y, en definitiva, punto de partida de esta aventura: «En este primer viaje he querido realizar una película de género, jugar con las narrativas y, a partir de ahí, dar al espectador la posibilidad de sacar sus propias conclusiones. Me interesan mucho los cambios de perspectiva y las miradas desde diferentes puntos de vista».

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Si cuando arrancaron tenían pocas nociones de cómo se levanta una película, qué decir de cómo se distribuye. La idea era organizar un estreno en su pueblo, donde nadie se ha quedado sin comprarles una camiseta, y luego compartirla por internet. El sueño ya se había cumplido solo con terminarla. Pero cuando la cinta llegó a manos de gente con más experiencia en la industria, les avisaron: nada de subirla a cualquier plataforma. La película tenía posibilidades. Así, tocó documentarse sobre el funcionamiento de los festivales, pero sin albergar demasiadas esperanzas. A quién iba a interesarle la ópera prima de unos meirenses de los que nadie había oído hablar.

De repente, el bombazo. El Bafici, el prestigioso festival de cine de Buenos Aires, había seleccionado Dhog para competir en la sección Vanguardia y género. Cuando se repusieron de la sorpresa, organizaron la expedición a la capital argentina. El estreno mundial de tu película bien merece cruzar el charco.

Allí la presentaron, recibieron sus primeras críticas positivas y, en definitiva, se sintieron como los cineastas que son. Este increíble viaje bien podría terminar a orillas del río de la Plata, pero aún faltaba un pasito más. La distribuidora parisina Stray Dogs se interesó por el film y la ha incluido en su catálogo. A partir de ahora, será la encargada de moverla profesionalmente por otros festivales. Y, por supuesto, de intentar venderla.

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Pese a que la odisea no haya concluido, el productor hace balance: «Estamos muy orgullosos de que, dentro del bajo presupuesto del proyecto, hemos cerrado la peli sin deudas y pagando a todos los trabajadores, aunque mucho menos de los que nos gustaría». El resultado es una reivindicación del cine periférico, una mezcla de géneros rodada en gallego que mira de frente al espectador. «Queremos señalar a los malos y también al público, a la sociedad pasiva que no actúa. Sabemos que no es comercial, es dura y cruda. Buscamos generar sensaciones y movilizar conciencias, pero confiamos en tener un buen recorrido», aseguran.

En el aspecto técnico, lo último que transmite el acabado de la cinta es ser el resultado del arrojo de unos chavales inexpertos. Lo que se percibe es el talento de unos tipos que, lejos de la imagen que se asocia a algunos productores cinematográficos, se lanzaron a ciegas a hacer cine por pura vocación.

Y no piensan detenerse. Goteira ya está dándole vueltas a la segunda. Suso López concluye: «Ojalá podamos hacer la siguiente sin tener todos los días el agua al cuello. Bueno, no. No vamos a pedir tanto. Ojalá podamos hacer otra y ya; y que nos salga mejor. La ilusión la mantendremos. Es precioso hacer una película».

Si les preguntaban hace cuatro años, lo único que sabían es que iban a rodar una película. El pequeño detalle de no tener ni idea de cómo ya era otra historia. La inconsciencia, a veces, te hace llegar lejos. Algo así debieron de pensar cuatro chavales de Meira, una villa de la provincia de Lugo que apenas cuenta con 1.700 habitantes. Su bagaje se limitaba a algunos cortos experimentales, para lo que habían fundado Gaitafilmes, una pequeña productora. Pero un largometraje era algo muy distinto. Era salir corriendo antes de aprender a caminar.

Andrés Goteira firmaría el guion y la dirigiría, eso estaba claro. Su película se llamaría Dhogs, una mezcla de perros y cerdos en inglés. Los demás (Suso López, Adrián Folgueira y Laura Doval) llevarían la producción aunque, igual que el director, terminaron haciendo un poco de todo. Por delante, un sueño muy difícil de convertir en realidad. Ellos, que prácticamente no habían hecho una factura en su vida, tenían que elaborar un presupuesto muy complejo.

Así transcurrieron los primeros dos años, armando el proyecto, informándose, peleando con todos los trámites y requisitos imaginables e intentando que la burocracia no les quitara las ganas. Y buscando financiación, claro. Porque cualquier película, incluso la más barata, es cara.

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Había que convencer a mucha gente. Y pedir muchos favores. Por el camino, lograron el apoyo de patrocinadores privados de la zona (Galipizza y Cerveza Áncora) y de administraciones públicas (Ayuntamiento de Meira, Diputación de Lugo, y Agadic).

Además, iniciaron una campaña de micromecenazgo que superó cualquier expectativa. Se marcaron un objetivo de 7.000 euros y obtuvieron más de 12.000. Suso López, uno de los productores, apunta que «el apoyo de casi 300 personas nos hizo aumentar la responsabilidad de hacerlo lo mejor posible». Ellos, por su parte, capitalizaron su trabajo. Para sobrevivir durante la travesía, compaginaron el proyecto con varios empleos, sacando tiempo de donde no lo había.

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Además del equipo técnico, que acabaría compuesto por una treintena de personas, faltaba otra minucia: las personas que se ponen delante de la cámara. A fuerza de tesón, que es un eufemismo tan bueno como otro cualquiera para decir que fueron muy pesados, lograron convencer a nombres importantes del audiovisual gallego.

Antonio Durán ‘Morris’ confesaba en una entrevista reciente a Radio Galega que «normalmente, un director vende el proyecto como muy acabado. Te vende un poco la moto y te dejas embaucar. Pero ellos se mostraban sinceros, como eran, y yo los veía con tantas dudas que les decía de quedar dentro de quince días. Y así estuvimos unos meses».

La incertidumbre era comprensible. Principalmente, porque daban un paso sin saber si habían acertado en el anterior. Consiguieron completar el reparto con Melania Cruz, Miguel de Lira, Carlos Blanco, María Costas e Iván Marcos, entre otros. Aquello iba tomando forma. Además, otra productora gallega, Pixel Films, se sumó al proyecto.

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Por fin, llegó el momento de rodar. En esa fase tampoco abandonaron la osadía del principiante. López lo explica así: «Hubo muchas dificultades. Por ejemplo, empezamos sin haber conseguido la última ayuda, sin la que no podríamos haber terminado la película. Sacar adelante los ajustadísimos planes de rodaje, conseguir permisos sobre la campana, encontrar a las personas justas para cada puesto. A veces pienso que si no hubiese estado fulanito, esto no salía ni de coña».

Porque, cuando el dinero escasea, se han de multiplicar los esfuerzos. Para organizarse, decidieron que la película se rodaría en dos partes. La primera de ella, claro está, en Galicia. «Aquí grabamos casi todo de noche. Algunos éramos zombis de no dormir y por el estrés. Tuvimos mucha suerte porque el equipo técnico y artístico siempre construyó. Sin su ayuda y voluntad hubiéramos vuelto a casa el segundo día. A veces te entraban ganas de tirar la toalla, por el cansancio y por lo lejos que se veía el final. Es un trabajo muy de resistencia», recuerda el productor.

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José Luis Garci define el cine como encender una cámara en medio del desierto y que empiece a llover. Exactamente eso es lo que les ocurrió en Almería, hasta donde el equipo se desplazó para rodar la parte western de la cinta. Se cruzan España por carretera huyendo de la lluvia gallega… y les recibe un diluvio en el punto más seco de la Península Ibérica. No obstante, a veces sí que esquivaron la mala fortuna.

Por ejemplo, al coche del personaje del taxista se le rompió el motor justo al día siguiente de terminar de rodar. Se libraron por poco, pero en Almería las complicaciones salían de debajo de las piedras. López insiste: «El cúmulo de problemas era tal que una noche pensé que a la mañana siguiente tenía que decirles a todos que recogíamos las cosas y nos volvíamos a casa».

Pero no lo hicieron. De hecho, incluso terminaron el rodaje. Tras la postproducción, la película estaba lista. Varios años y muchos sufrimientos después, Dhogs era una realidad. La describe Andrés Goteira, guionista, director y, en definitiva, punto de partida de esta aventura: «En este primer viaje he querido realizar una película de género, jugar con las narrativas y, a partir de ahí, dar al espectador la posibilidad de sacar sus propias conclusiones. Me interesan mucho los cambios de perspectiva y las miradas desde diferentes puntos de vista».

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Si cuando arrancaron tenían pocas nociones de cómo se levanta una película, qué decir de cómo se distribuye. La idea era organizar un estreno en su pueblo, donde nadie se ha quedado sin comprarles una camiseta, y luego compartirla por internet. El sueño ya se había cumplido solo con terminarla. Pero cuando la cinta llegó a manos de gente con más experiencia en la industria, les avisaron: nada de subirla a cualquier plataforma. La película tenía posibilidades. Así, tocó documentarse sobre el funcionamiento de los festivales, pero sin albergar demasiadas esperanzas. A quién iba a interesarle la ópera prima de unos meirenses de los que nadie había oído hablar.

De repente, el bombazo. El Bafici, el prestigioso festival de cine de Buenos Aires, había seleccionado Dhog para competir en la sección Vanguardia y género. Cuando se repusieron de la sorpresa, organizaron la expedición a la capital argentina. El estreno mundial de tu película bien merece cruzar el charco.

Allí la presentaron, recibieron sus primeras críticas positivas y, en definitiva, se sintieron como los cineastas que son. Este increíble viaje bien podría terminar a orillas del río de la Plata, pero aún faltaba un pasito más. La distribuidora parisina Stray Dogs se interesó por el film y la ha incluido en su catálogo. A partir de ahora, será la encargada de moverla profesionalmente por otros festivales. Y, por supuesto, de intentar venderla.

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Pese a que la odisea no haya concluido, el productor hace balance: «Estamos muy orgullosos de que, dentro del bajo presupuesto del proyecto, hemos cerrado la peli sin deudas y pagando a todos los trabajadores, aunque mucho menos de los que nos gustaría». El resultado es una reivindicación del cine periférico, una mezcla de géneros rodada en gallego que mira de frente al espectador. «Queremos señalar a los malos y también al público, a la sociedad pasiva que no actúa. Sabemos que no es comercial, es dura y cruda. Buscamos generar sensaciones y movilizar conciencias, pero confiamos en tener un buen recorrido», aseguran.

En el aspecto técnico, lo último que transmite el acabado de la cinta es ser el resultado del arrojo de unos chavales inexpertos. Lo que se percibe es el talento de unos tipos que, lejos de la imagen que se asocia a algunos productores cinematográficos, se lanzaron a ciegas a hacer cine por pura vocación.

Y no piensan detenerse. Goteira ya está dándole vueltas a la segunda. Suso López concluye: «Ojalá podamos hacer la siguiente sin tener todos los días el agua al cuello. Bueno, no. No vamos a pedir tanto. Ojalá podamos hacer otra y ya; y que nos salga mejor. La ilusión la mantendremos. Es precioso hacer una película».

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Opiniones 2
  • Estos chicos han trabajado muy duro, no sólo en el rodaje de la película, en la gestión de la empresa que estaban llevando, en el saber estar y cumplir con toda la gente que intentó aportarles un granito de arena. Merecéis que vuestro trabajo se vea reconocido. Ánimo y a por otra.

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