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6 de junio 2018    /   CINE/TV
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La película sobre gente solitaria que mata a Sánchez Dragó

6 de junio 2018    /   CINE/TV     por          
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«Coquetear con la muerte siempre mola, da morbo», lo dice Antonio Dyaz, cineasta, compositor, escritor y colaborador de Yorokobu. Su última película propone un revolcón jadeante y parafílico con la muerte: los protagonistas deben decidir cómo morir y los hay que desean fallecer bajo una montonera de culos de stripper. Pero ese es solo el último giro de la cinta. En principio, el film cuenta la vida de personas que viven solas en todo el mundo: esa tribu que crece cada año.

Dyaz decidió enviar 20 cámaras GoPro a una ristra de solitarios de diferentes continentes. «La idea se me ocurre porque yo vivo solo, y sé que cuando uno vive solo hace cosas muy raras. Hay unos efectos colaterales muy curiosos que se muestran sin pudor en la película», cuenta.

La película Solo (20 ways to die alone) se encuentra en pleno proceso de financiación en la plataforma Ulule. Es el quinto largometraje del autor tras títulos como Off, SeX, The Lobito o el documental Wear.

El grueso de este último trabajo está realizado, pero falta completarlo, y moverlo. Todavía no se ha filmado la muerte del propio Antonio Dyaz: «Yo moriré en los próximos días o semanas, ya te lo advierto, y será una muerte muy sexual», avisa Dyaz. El que sí ha muerto ya es Sánchez Dragó.

«Yo le dije: «Oye, Fernando, como media España te quiere ver muerto, vamos a matarte», y tuvo la enorme predisposición de invitarnos a su casa en Soria y fallecer amablemente para nosotros», relata Dyaz, siempre con voz de estar jugando a algo. «El tío fue fantástico. Tiene un cementerio privado en su mansión con el hueco donde va a morir. Ahí filmamos su muerte, en el nicho adonde irán sus huesos».

Antonio Dyaz
Fotograma de la película ‘Solo’

Onanismo y obsesión con las lavadoras

Las cámaras volaron hasta Rusia, Suecia, Uruguay, China o Australia. Los 20 protagonistas filman su día a día: «Como no estás observado por nadie tienes una libertad absoluta para todo, te muestras tal y como eres y haces lo que te da la gana: algunas cosas totalmente inofensivas y otras no tanto».

Una de las primeras derivadas de la soledad continuada que dibuja la película es el desarrollo de una sexualidad errática. «Soledad y onanismo son pareja. Ahí vamos a encontrar lo más interesante de la película, la gente ha perdido todo su pudor con esas cosas, yo el primero».

Se verán relaciones peculiares con mascotas, personas que juegan con pequeños robots o que pierden muchísimo tiempo mirando la lavadora u ordenando de forma obsesiva pilas de ropa por colores. «Cosas que hacen que no puedas vivir en compañía nunca más porque a ver quién aguanta eso».

El título de la cinta, Solo, no corresponde al adjetivo castellano, sino a un término inglés. «Como el piano solo, como cuando tocas un instrumento solo, de ahí viene: tú tocas el instrumento que es tu propia vida».

Antonio Dyaz
Fotografma de la película ‘Solo’

Es un relato de ficción con estética amateur. «Envié las cámaras y hay gente que sabe filmar y gente que no. Esa diversidad es la que da verosimilitud al proyecto. Pero dentro de la ficción no soy yo quien manda las cámaras, sino una mujer que vive sola y de una forma muy peculiar. A ella se le ocurre: el ocio es una de las cosas más peligrosas para quienes vivimos solos».

Dyaz no buscaba cualquier soledad. Le interesa la de los países desarrollados. «Aunque son distintos y hay diferencias culturales, en general la soledad es la misma». Que la historia desemboque en muerte, en 20 muertes, parte de una obsesión que taladra con frecuencia la mente de los solitarios. «Yo me pregunto mucho: ¿Si muriera ahora, cuánto tiempo tardarían en descubrir mi cadáver momificado? Es una paranoia importante».

Quien ha vivido solo lo sabe. Se desarrolla una especie de preocupación futura por el cadáver de uno. Cosa absurda: una vez muerto, nada importa. Sin embargo, parece como si la muerte en soledad fuera más muerte. Al no tener a nadie cerca, uno es el único responsable de su cuerpo frío, y esa carga resulta insoportable. «Claro, uno tiene que morir guapo, recién duchado a ser posible, pero eso nunca lo sabes: puede pasar cualquier cosa desde la última ducha hasta tu óbito».

Por eso, en última instancia, cada personaje de la película elige su muerte. «Yo no soy nadie para decirle a la gente cómo tiene que morir», declara Dyaz. Aquí van algunos ejemplos: desaparición inmaculada, aburrimiento, sobredosis accidental de alguna droga recreativa, alergia extrema, paro cardíaco tras excitación súbita, intoxicación por inhalación de insecticida… No hay suicidios: «Aunque no lo parezca, en realidad, estamos ante una comedia», expresa en el texto de la campaña.

El crowdfunding está en marcha. Falta por terminar la posproducción, grabar la canción original compuesta por Coque Malla y contratar a una oficina de comunicación con el fin de irrumpir en el Festival de Sitges con un ejército de 20 hombres y mujeres que deciden llevar su soledad y su rareza hasta las últimas consecuencias.

Antonio Dyaz

«Coquetear con la muerte siempre mola, da morbo», lo dice Antonio Dyaz, cineasta, compositor, escritor y colaborador de Yorokobu. Su última película propone un revolcón jadeante y parafílico con la muerte: los protagonistas deben decidir cómo morir y los hay que desean fallecer bajo una montonera de culos de stripper. Pero ese es solo el último giro de la cinta. En principio, el film cuenta la vida de personas que viven solas en todo el mundo: esa tribu que crece cada año.

Dyaz decidió enviar 20 cámaras GoPro a una ristra de solitarios de diferentes continentes. «La idea se me ocurre porque yo vivo solo, y sé que cuando uno vive solo hace cosas muy raras. Hay unos efectos colaterales muy curiosos que se muestran sin pudor en la película», cuenta.

La película Solo (20 ways to die alone) se encuentra en pleno proceso de financiación en la plataforma Ulule. Es el quinto largometraje del autor tras títulos como Off, SeX, The Lobito o el documental Wear.

El grueso de este último trabajo está realizado, pero falta completarlo, y moverlo. Todavía no se ha filmado la muerte del propio Antonio Dyaz: «Yo moriré en los próximos días o semanas, ya te lo advierto, y será una muerte muy sexual», avisa Dyaz. El que sí ha muerto ya es Sánchez Dragó.

«Yo le dije: «Oye, Fernando, como media España te quiere ver muerto, vamos a matarte», y tuvo la enorme predisposición de invitarnos a su casa en Soria y fallecer amablemente para nosotros», relata Dyaz, siempre con voz de estar jugando a algo. «El tío fue fantástico. Tiene un cementerio privado en su mansión con el hueco donde va a morir. Ahí filmamos su muerte, en el nicho adonde irán sus huesos».

Antonio Dyaz
Fotograma de la película ‘Solo’

Onanismo y obsesión con las lavadoras

Las cámaras volaron hasta Rusia, Suecia, Uruguay, China o Australia. Los 20 protagonistas filman su día a día: «Como no estás observado por nadie tienes una libertad absoluta para todo, te muestras tal y como eres y haces lo que te da la gana: algunas cosas totalmente inofensivas y otras no tanto».

Una de las primeras derivadas de la soledad continuada que dibuja la película es el desarrollo de una sexualidad errática. «Soledad y onanismo son pareja. Ahí vamos a encontrar lo más interesante de la película, la gente ha perdido todo su pudor con esas cosas, yo el primero».

Se verán relaciones peculiares con mascotas, personas que juegan con pequeños robots o que pierden muchísimo tiempo mirando la lavadora u ordenando de forma obsesiva pilas de ropa por colores. «Cosas que hacen que no puedas vivir en compañía nunca más porque a ver quién aguanta eso».

El título de la cinta, Solo, no corresponde al adjetivo castellano, sino a un término inglés. «Como el piano solo, como cuando tocas un instrumento solo, de ahí viene: tú tocas el instrumento que es tu propia vida».

Antonio Dyaz
Fotografma de la película ‘Solo’

Es un relato de ficción con estética amateur. «Envié las cámaras y hay gente que sabe filmar y gente que no. Esa diversidad es la que da verosimilitud al proyecto. Pero dentro de la ficción no soy yo quien manda las cámaras, sino una mujer que vive sola y de una forma muy peculiar. A ella se le ocurre: el ocio es una de las cosas más peligrosas para quienes vivimos solos».

Dyaz no buscaba cualquier soledad. Le interesa la de los países desarrollados. «Aunque son distintos y hay diferencias culturales, en general la soledad es la misma». Que la historia desemboque en muerte, en 20 muertes, parte de una obsesión que taladra con frecuencia la mente de los solitarios. «Yo me pregunto mucho: ¿Si muriera ahora, cuánto tiempo tardarían en descubrir mi cadáver momificado? Es una paranoia importante».

Quien ha vivido solo lo sabe. Se desarrolla una especie de preocupación futura por el cadáver de uno. Cosa absurda: una vez muerto, nada importa. Sin embargo, parece como si la muerte en soledad fuera más muerte. Al no tener a nadie cerca, uno es el único responsable de su cuerpo frío, y esa carga resulta insoportable. «Claro, uno tiene que morir guapo, recién duchado a ser posible, pero eso nunca lo sabes: puede pasar cualquier cosa desde la última ducha hasta tu óbito».

Por eso, en última instancia, cada personaje de la película elige su muerte. «Yo no soy nadie para decirle a la gente cómo tiene que morir», declara Dyaz. Aquí van algunos ejemplos: desaparición inmaculada, aburrimiento, sobredosis accidental de alguna droga recreativa, alergia extrema, paro cardíaco tras excitación súbita, intoxicación por inhalación de insecticida… No hay suicidios: «Aunque no lo parezca, en realidad, estamos ante una comedia», expresa en el texto de la campaña.

El crowdfunding está en marcha. Falta por terminar la posproducción, grabar la canción original compuesta por Coque Malla y contratar a una oficina de comunicación con el fin de irrumpir en el Festival de Sitges con un ejército de 20 hombres y mujeres que deciden llevar su soledad y su rareza hasta las últimas consecuencias.

Antonio Dyaz

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