14 marzo, 2019    /   CIENCIA
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Tu confortable sillón en realidad es un asesino lento

14 marzo, 2019    /   CIENCIA     por
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A finales de la década de 1920, dos jóvenes emprendedores de Michigan organizaron un concurso para bautizar al sillón abatible y tapizado que acababan de inventar. El nombre ganador fue La-Z-Boy (de lazy boy, perezoso). Los modelos actuales que fabrica la compañía ofrecen hasta 18 niveles de confort con respaldos y reposapiés acolchados que se regulan individualmente. También se puede añadir un posavasos.

A nadie se le ocurrió llamarlo Asesino en serie. Porque eso es lo que ahora son muchos de nuestros sillones y sillas, por todas las dolencias que provocan. Sencillamente, nuestro cuerpo no está diseñado tanto para estar sentado como para estar de pie.

De modo que congratulémonos de los sillones mullidos y cómodos o los sofás en los que nos arrebujamos para ver del tirón una temporada completa de una serie de Netflix. Pero nunca olvidemos que, bajo nuestras posaderas, hay algo que nos están intentando matar.

Calorías

Las sillas son un invento relativamente reciente. Los cazadores-recolectores y los agricultores de subsistencia, que tienen un estilo de vida más parecido al que nuestros cuerpos están adaptados, trabajan muchas horas al día, apenas son sedentarios y, de sentarse, lo hacen en un taburete, en el suelo o en una roca. Sentarse muchas horas, y sobre todo sentarse muchas horas en algo mullido y extremadamente cómodo, es un rara avis a nivel evolutivo.

Eso no significa que no debamos usar las sillas, los sillones, los sofás o las camas. El problema es que las usamos demasiado.

Por ejemplo, echemos un vistazo a la disparidad de la quema de calorías estar sentado y de pie. Por cada hora que estemos sentados en la silla del despacho, gastaremos unas 20 kilocalorías menos que estando de pie, porque ya no tensamos los músculos de las piernas, la espalda y los hombros. Esa cifra, sumada hora a hora, día a día, semana a semana, mes a mes, arroja una diferencia extraordinaria al cabo de un año.

Músculos

Pero no se trata solo de las calorías, sino de la atrofia muscular que supone sentarse en sillas tan cómodas que parece que estamos acostados en una cama. Las lumbalgias están entre los motivos más frecuentes de baja laboral. El dolor se produce porque, al estar sentados, la presión entre los discos de la columna aumenta y, además, la espalda pierde su curvatura natural. Tal y como explica Daniel E. Lieberman en su libro La historia del cuerpo humano:

Se reconoce ampliamente que el reposo prolongado en la cama tiene muchos efectos perjudiciales para el cuerpo, entre ellos la debilitación del corazón, la degeneración muscular, la pérdida de hueso y un grado elevado de inflamación de tejidos. El reposo prolongado en una silla tiene casi el mismo efecto porque tampoco usamos ninguno de los músculos de las piernas para sostener el peso del cuerpo, y si la silla tiene respaldo, reposacabezas y apoyabrazos, uno puede dejar de usar muchos de los músculos de la parte superior del cuerpo.

Tampoco se trata de que abandonemos nuestra silla de oficina y trabajemos de pie: lamentablemente, se han sobrestimado las virtudes de trabajar de pie. En realidad, lo que parece más saludable es no permanecer demasiado sentado ni demasiado de pie, alternando ambas modalidades cada cierto tiempo.

Es al menos lo que propone un equipo de investigadores de la Universidad de Pittsburgh. Para ellos, lo ideal es alternar cada posición no solo por cuestiones de salud, sino para evitar en parte el sobrepeso y para ser más productivos.

Dolores y enfermedades

El exceso de comodidad, pues, produce daños en nuestro cuerpo si abusamos de él. Por eso sentarse en cuclillas o en el suelo o incluso en un taburete, al requerir mayor control postural con la ayuda de diversos músculos de la espalda y el abdomen, reduce la atrofia.

Una atrofia que incluso puede suponer que se acorten los músculos de resultas de la inmovilización de las articulaciones durante periodos prolongados. Eso es lo que sucede cuando estamos mucho rato sentados, y por ello los músculos flexores de la cadera se acortan, incluso de forma permanente.

Luego, cuando nos levantamos, estos flexores más cortos quedan tensos y tiran de la pelvis hacia delante, formando una curva lumbar exagerada. Para contrarrestar esta curvatura, se contraen los músculos isquiotibiales de la parte posterior del muslo, inclinando la pelvis hacia atrás y dando lugar a una postura con la espalda plana y los hombros cargados hacia delante.

Por esa razón, además de evitar permanecer demasiado tiempo sentado en nuestro mullido asesino lento, es recomendable hacer estiramientos básicos cada cierto tiempo durante la jornada laboral (por ejemplo, repetir cinco veces lo siguiente: colocar las manos en la cadera y doblarse hacia atrás durante tres o cuatro segundos).

Esto también evitará que el asesino lento que hay debajo de nosotros propicie otras enfermedades o afecciones, como la estitiquez (al no haber movimiento, se corre el riesgo de sufrir enfermedades de colon como diverticulitis), insulina alta (condición médica de resistencia a la insulina que lleva al desarrollo de diabetes), cáncer (el sedentarismo se vincula, sobre todo, al cáncer de colon, de mama y de endometrio) y mala circulación de las piernas (aumenta el riesgo de padecer varices, tobillos hinchados o trombosis).

A veces las sonrisas, las palabras amables y hasta los sillones mullidos para relajarse tras una dura jornada laboral, pues, pueden esconder peligros inenarrables. No nos confiemos. Y permanezcamos de pie más tiempo.

A finales de la década de 1920, dos jóvenes emprendedores de Michigan organizaron un concurso para bautizar al sillón abatible y tapizado que acababan de inventar. El nombre ganador fue La-Z-Boy (de lazy boy, perezoso). Los modelos actuales que fabrica la compañía ofrecen hasta 18 niveles de confort con respaldos y reposapiés acolchados que se regulan individualmente. También se puede añadir un posavasos.

A nadie se le ocurrió llamarlo Asesino en serie. Porque eso es lo que ahora son muchos de nuestros sillones y sillas, por todas las dolencias que provocan. Sencillamente, nuestro cuerpo no está diseñado tanto para estar sentado como para estar de pie.

De modo que congratulémonos de los sillones mullidos y cómodos o los sofás en los que nos arrebujamos para ver del tirón una temporada completa de una serie de Netflix. Pero nunca olvidemos que, bajo nuestras posaderas, hay algo que nos están intentando matar.

Calorías

Las sillas son un invento relativamente reciente. Los cazadores-recolectores y los agricultores de subsistencia, que tienen un estilo de vida más parecido al que nuestros cuerpos están adaptados, trabajan muchas horas al día, apenas son sedentarios y, de sentarse, lo hacen en un taburete, en el suelo o en una roca. Sentarse muchas horas, y sobre todo sentarse muchas horas en algo mullido y extremadamente cómodo, es un rara avis a nivel evolutivo.

Eso no significa que no debamos usar las sillas, los sillones, los sofás o las camas. El problema es que las usamos demasiado.

Por ejemplo, echemos un vistazo a la disparidad de la quema de calorías estar sentado y de pie. Por cada hora que estemos sentados en la silla del despacho, gastaremos unas 20 kilocalorías menos que estando de pie, porque ya no tensamos los músculos de las piernas, la espalda y los hombros. Esa cifra, sumada hora a hora, día a día, semana a semana, mes a mes, arroja una diferencia extraordinaria al cabo de un año.

Músculos

Pero no se trata solo de las calorías, sino de la atrofia muscular que supone sentarse en sillas tan cómodas que parece que estamos acostados en una cama. Las lumbalgias están entre los motivos más frecuentes de baja laboral. El dolor se produce porque, al estar sentados, la presión entre los discos de la columna aumenta y, además, la espalda pierde su curvatura natural. Tal y como explica Daniel E. Lieberman en su libro La historia del cuerpo humano:

Se reconoce ampliamente que el reposo prolongado en la cama tiene muchos efectos perjudiciales para el cuerpo, entre ellos la debilitación del corazón, la degeneración muscular, la pérdida de hueso y un grado elevado de inflamación de tejidos. El reposo prolongado en una silla tiene casi el mismo efecto porque tampoco usamos ninguno de los músculos de las piernas para sostener el peso del cuerpo, y si la silla tiene respaldo, reposacabezas y apoyabrazos, uno puede dejar de usar muchos de los músculos de la parte superior del cuerpo.

Tampoco se trata de que abandonemos nuestra silla de oficina y trabajemos de pie: lamentablemente, se han sobrestimado las virtudes de trabajar de pie. En realidad, lo que parece más saludable es no permanecer demasiado sentado ni demasiado de pie, alternando ambas modalidades cada cierto tiempo.

Es al menos lo que propone un equipo de investigadores de la Universidad de Pittsburgh. Para ellos, lo ideal es alternar cada posición no solo por cuestiones de salud, sino para evitar en parte el sobrepeso y para ser más productivos.

Dolores y enfermedades

El exceso de comodidad, pues, produce daños en nuestro cuerpo si abusamos de él. Por eso sentarse en cuclillas o en el suelo o incluso en un taburete, al requerir mayor control postural con la ayuda de diversos músculos de la espalda y el abdomen, reduce la atrofia.

Una atrofia que incluso puede suponer que se acorten los músculos de resultas de la inmovilización de las articulaciones durante periodos prolongados. Eso es lo que sucede cuando estamos mucho rato sentados, y por ello los músculos flexores de la cadera se acortan, incluso de forma permanente.

Luego, cuando nos levantamos, estos flexores más cortos quedan tensos y tiran de la pelvis hacia delante, formando una curva lumbar exagerada. Para contrarrestar esta curvatura, se contraen los músculos isquiotibiales de la parte posterior del muslo, inclinando la pelvis hacia atrás y dando lugar a una postura con la espalda plana y los hombros cargados hacia delante.

Por esa razón, además de evitar permanecer demasiado tiempo sentado en nuestro mullido asesino lento, es recomendable hacer estiramientos básicos cada cierto tiempo durante la jornada laboral (por ejemplo, repetir cinco veces lo siguiente: colocar las manos en la cadera y doblarse hacia atrás durante tres o cuatro segundos).

Esto también evitará que el asesino lento que hay debajo de nosotros propicie otras enfermedades o afecciones, como la estitiquez (al no haber movimiento, se corre el riesgo de sufrir enfermedades de colon como diverticulitis), insulina alta (condición médica de resistencia a la insulina que lleva al desarrollo de diabetes), cáncer (el sedentarismo se vincula, sobre todo, al cáncer de colon, de mama y de endometrio) y mala circulación de las piernas (aumenta el riesgo de padecer varices, tobillos hinchados o trombosis).

A veces las sonrisas, las palabras amables y hasta los sillones mullidos para relajarse tras una dura jornada laboral, pues, pueden esconder peligros inenarrables. No nos confiemos. Y permanezcamos de pie más tiempo.

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