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18 de agosto 2018    /   CIENCIA
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¿Es sano compartir saliva con tu perro?

18 de agosto 2018    /   CIENCIA     por          
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La imagen es idílica. Una pareja se relaja sentada sobre una manta de pícnic en el césped de un parque australiano. A los pies de la pareja, el que parece ser su perro. En un momento dado, la mujer decide ofrecerle su cono de helado al chucho. El animal le da algo más de veinte lametazos y, acto seguido, la dueña se vuelve a llevar el helado a la boca.

El vídeo que recoge la escena se ha vuelto viral y, con él, el debate sobre lo conveniente o no de compartir helado (y saliva) con un perro. Son muchas las personas que reconocen haber hecho eso mismo, o algo similar, con sus mascotas. A fin de cuentas, siempre se ha dicho que compartir es querer.

Para algunos, este tipo de costumbres forman parte de lo que ellos consideran la inconveniente humanización de los animales de compañía. Para otros, en cambio, no es nada del otro mundo.

El educador canino Enrique Solís, por ejemplo, asegura que «hay una gran diferencia entre humanizar al perro compartiendo el mismo plato de comida, y considerarle un miembro más de nuestra familia y dejar que nuestro perro nos lama la cara como muestra de cariño».

«Aunque es cierto que no es muy higiénico, hay muchas muestras de cariño que hacemos con nuestros seres queridos, como por ejemplo con nuestros hijos cuando son bebés, que no le extrañarían a nadie por muy antihigiénicas que sean», comenta sobre este tipo de gestos.

«Por nuestros familiares haríamos cualquier cosa y para nosotros, sin duda, nuestro perro es uno más de la familia».

Realmente, ¿es peor ingerir un alimento que tu perro ha lamido que, por ejemplo, dejar que el can te chupe la cara? No lo parece.

El problema es que a los perros les gusta hacer cosas como meter sus narices en todo lo que pillan a su alrededor o comerse los desperdicios o las heces de otros perros. «Habrá bacterias en la saliva de un perro», comenta en una entrevista digital un portavoz de la organización Battersea Dogs & Cats Home.

«Probablemente, solo hablaría de cautela a la hora de tratar el asunto. Depende de un propietario si quiere compartir algo con su perro, pero podría terminar con un malestar estomacal».

Sin embargo, la Asociación Veterinaria Británica se muestra menos condescendiente y desaconseja por completo compartir alimentos «por motivos de salud de las mascotas y de los humanos».

Lo cierto es que la mayoría de las bocas de los animales albergan un «enorme microbioma oral de bacterias, virus y hongos», según señala en otra entrevista la profesora Neilanjan Nandi, del Colegio de Medicina de la Universidad Drexel, en Filadelfia.

Y, aunque la saliva de un perro contiene proteínas que pueden ayudarles a limpiar o curar sus propias heridas, las personas deben tener en cuenta que «hay algunos organismos únicos para los perros que nosotros simplemente no estamos destinados a tolerar o combatir».

Además, algunas de las bacterias que hay en la boca de los perros son zoonóticas –la zoonosis se entiende como cualquier enfermedad o infección transmisible de manera natural entre los animales y las personas–.

Bacterias relativamente conocidas como la salmonela y otras de nombre impronunciable como el Clostridium difficile, la Escherichia coli o el Campylobacter, que pueden llegar a causar enfermedades gastrointestinales graves en humanos.

El veterinario clínico Joaquín Albaladejo señala que el riesgo es mayor «en aquellas mascotas que padezcan problemas bucales como la enfermedad periodontal, conocida comúnmente como sarro, la cual afecta a una amplia mayoría de animales a partir de los pocos años de edad».

Asegura que dichas bacterias pueden ser transmitidas y causar distintas infecciones, y no solo a nivel gastrointestinal.

«Este aspecto cobra vital importancia en los últimos tiempos ya que sabemos que, según la OMS, en unos años morirán más personas de infecciones bacterianas resistentes a los antibióticos que de cáncer, y hemos de ser conscientes de que nuestras mascotas son también un reservorio de agentes infecciosos», añade.

Ahora bien, dejando a un lado los riesgos para las personas, tampoco parece que el helado sea un alimento aconsejable para un perro. Según Solís, director de LealCan Adiestramiento, esto se debe a la gran cantidad de azúcar que contiene y a que algunos perros pueden ser intolerantes a los productos lácteos, entre otras cosas.

«Aparte, hay algunos alimentos que son tóxicos para los perros como, por ejemplo, el chocolate, las uvas, la cafeína, etc., y que en grandes cantidades pueden producir daños severos en su organismo», apostilla. «Por esto, sería conveniente que nos informemos bien antes de darle algo que se salga de su dieta habitual».

Y también, ya puestos, se trata de evitar contribuir a la epidemia de obesidad canina. La editora de la revista Your Dog Magazine Sarah Wright asegura que un par de chupetones a un helado «pueden ser para ellos el equivalente a un par de hamburguesas con queso» para los humanos.

Siempre se puede sustituir el helado común por algún otro tipo de refrigerio veraniego que no provoque ningún tipo de daño al animal.

«Algunos perros y gatos disfrutan de lamer cubitos de hielo que, incluso, pueden ser con sabor mezclándolos, por ejemplo, con un dado de caldo de pollo», asegura Albaladejo, responsable de la Clínica Veterinaria Ronda Sur. Eso sí, advierte, «siempre que este no lleve entre sus ingredientes cebolla», que es tóxica para estos animales de compañía.

La imagen es idílica. Una pareja se relaja sentada sobre una manta de pícnic en el césped de un parque australiano. A los pies de la pareja, el que parece ser su perro. En un momento dado, la mujer decide ofrecerle su cono de helado al chucho. El animal le da algo más de veinte lametazos y, acto seguido, la dueña se vuelve a llevar el helado a la boca.

El vídeo que recoge la escena se ha vuelto viral y, con él, el debate sobre lo conveniente o no de compartir helado (y saliva) con un perro. Son muchas las personas que reconocen haber hecho eso mismo, o algo similar, con sus mascotas. A fin de cuentas, siempre se ha dicho que compartir es querer.

Para algunos, este tipo de costumbres forman parte de lo que ellos consideran la inconveniente humanización de los animales de compañía. Para otros, en cambio, no es nada del otro mundo.

El educador canino Enrique Solís, por ejemplo, asegura que «hay una gran diferencia entre humanizar al perro compartiendo el mismo plato de comida, y considerarle un miembro más de nuestra familia y dejar que nuestro perro nos lama la cara como muestra de cariño».

«Aunque es cierto que no es muy higiénico, hay muchas muestras de cariño que hacemos con nuestros seres queridos, como por ejemplo con nuestros hijos cuando son bebés, que no le extrañarían a nadie por muy antihigiénicas que sean», comenta sobre este tipo de gestos.

«Por nuestros familiares haríamos cualquier cosa y para nosotros, sin duda, nuestro perro es uno más de la familia».

Realmente, ¿es peor ingerir un alimento que tu perro ha lamido que, por ejemplo, dejar que el can te chupe la cara? No lo parece.

El problema es que a los perros les gusta hacer cosas como meter sus narices en todo lo que pillan a su alrededor o comerse los desperdicios o las heces de otros perros. «Habrá bacterias en la saliva de un perro», comenta en una entrevista digital un portavoz de la organización Battersea Dogs & Cats Home.

«Probablemente, solo hablaría de cautela a la hora de tratar el asunto. Depende de un propietario si quiere compartir algo con su perro, pero podría terminar con un malestar estomacal».

Sin embargo, la Asociación Veterinaria Británica se muestra menos condescendiente y desaconseja por completo compartir alimentos «por motivos de salud de las mascotas y de los humanos».

Lo cierto es que la mayoría de las bocas de los animales albergan un «enorme microbioma oral de bacterias, virus y hongos», según señala en otra entrevista la profesora Neilanjan Nandi, del Colegio de Medicina de la Universidad Drexel, en Filadelfia.

Y, aunque la saliva de un perro contiene proteínas que pueden ayudarles a limpiar o curar sus propias heridas, las personas deben tener en cuenta que «hay algunos organismos únicos para los perros que nosotros simplemente no estamos destinados a tolerar o combatir».

Además, algunas de las bacterias que hay en la boca de los perros son zoonóticas –la zoonosis se entiende como cualquier enfermedad o infección transmisible de manera natural entre los animales y las personas–.

Bacterias relativamente conocidas como la salmonela y otras de nombre impronunciable como el Clostridium difficile, la Escherichia coli o el Campylobacter, que pueden llegar a causar enfermedades gastrointestinales graves en humanos.

El veterinario clínico Joaquín Albaladejo señala que el riesgo es mayor «en aquellas mascotas que padezcan problemas bucales como la enfermedad periodontal, conocida comúnmente como sarro, la cual afecta a una amplia mayoría de animales a partir de los pocos años de edad».

Asegura que dichas bacterias pueden ser transmitidas y causar distintas infecciones, y no solo a nivel gastrointestinal.

«Este aspecto cobra vital importancia en los últimos tiempos ya que sabemos que, según la OMS, en unos años morirán más personas de infecciones bacterianas resistentes a los antibióticos que de cáncer, y hemos de ser conscientes de que nuestras mascotas son también un reservorio de agentes infecciosos», añade.

Ahora bien, dejando a un lado los riesgos para las personas, tampoco parece que el helado sea un alimento aconsejable para un perro. Según Solís, director de LealCan Adiestramiento, esto se debe a la gran cantidad de azúcar que contiene y a que algunos perros pueden ser intolerantes a los productos lácteos, entre otras cosas.

«Aparte, hay algunos alimentos que son tóxicos para los perros como, por ejemplo, el chocolate, las uvas, la cafeína, etc., y que en grandes cantidades pueden producir daños severos en su organismo», apostilla. «Por esto, sería conveniente que nos informemos bien antes de darle algo que se salga de su dieta habitual».

Y también, ya puestos, se trata de evitar contribuir a la epidemia de obesidad canina. La editora de la revista Your Dog Magazine Sarah Wright asegura que un par de chupetones a un helado «pueden ser para ellos el equivalente a un par de hamburguesas con queso» para los humanos.

Siempre se puede sustituir el helado común por algún otro tipo de refrigerio veraniego que no provoque ningún tipo de daño al animal.

«Algunos perros y gatos disfrutan de lamer cubitos de hielo que, incluso, pueden ser con sabor mezclándolos, por ejemplo, con un dado de caldo de pollo», asegura Albaladejo, responsable de la Clínica Veterinaria Ronda Sur. Eso sí, advierte, «siempre que este no lleve entre sus ingredientes cebolla», que es tóxica para estos animales de compañía.

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