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15 de julio 2016    /   CINE/TV
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Penny Dreadful disecciona el amor de los amantes y el amor a uno mismo

15 de julio 2016    /   CINE/TV     por          
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El amor mueve Penny Dreadful. Ni la violencia ni los monstruos de toda la vida (estos son un gancho). El amor en sus distintas manifestaciones —en exceso— es lo que atrapa. El amor a la familia, el amor de los amantes y el amor hacia uno mismo, el más difícil.

La lucha entre el bien y el mal es el contexto, como una guerra en la que no hay buenos ni malos sino personajes con claroscuros e intereses opuestos. La lucha entre el bien y el mal es el MacGuffin (Con Dios como personaje ausente que no muestra poder a través de crucifijos y agua bendita).

Los monstruos somos nosotros pasando por la vida. Hemos sido John Clare (la Criatura) cuando temíamos la soledad porque éramos bichos raros. Hemos sido el apático Dorian Gray que cerraba las puertas a las implicaciones emocionales. Hemos sido Víctor Frankenstein queriendo cambiar aquello que decíamos amar. Hemos sido Ethan Chandler desolado por la culpa. Hemos sido Vanessa Ives escapando de nosotros mismos. Estos monstruos no están construidos como criaturas sedientas de carne y sangre. Tienen corazón y lágrimas.

Yo soy yo y mis cicatrices

Hemos sido Brona/Lili en las noches más oscuras: con el alma destrozada por el dolor, alimentándonos de rencor. Dolor que queríamos extirpar quirúrgicamente o con sucedáneos como el alcohol o las drogas. Dolor que aceptábamos a regañadientes primero y con abulia más tarde. Finalmente creímos: «Yo soy yo con mis cicatrices», como Brona desafiando al Dr. Frankenstein.

Penny Dreadful - Brona encadenada
Brona llora por mantenerse completa: prefiere el dolor de los recuerdos a la felicidad química.

Cicatrices del corazón que, por qué negarlo, incomodan a los demás. (¿Cuántos no dicen que quieren conocer a alguien sin pasado?). Cuando se es mujer, esas cicatrices perturban a muchos hombres (Sean Connery obsesionado con conocer y comprender a Marnie, la ladrona, es una rareza). Por lo general, los hombres huyen o intentan someter a las mujeres «complicadas». Huir es más sencillo que intentar comprender. Por eso, Dorian Gray se deshace de Brona y Víctor Frankenstein la encadena. Brona es una mujer fuerte entre hombres apocados. «Quiero hacerte feliz», es la excusa del doctor. «Quieres que sea sumisa», dice Brona. A ella no le falta razón. Para Víctor, la felicidad es compartir la vida con una mujer de librito de consejos para ser una buena esposa («No molestes a tu marido hablándole de tus problemas»).

Las pretensiones del doctor recuerdan también al experimento que rompe a Malcolm McDowell en La naranja mecánica y lo convierten en un despojo emocional. Por suerte, Brona logra que Víctor aprenda que el dolor no puede separarse de una persona. Las cicatrices nos forman igual que los accidentes geográficos forman valles, montañas y ríos en la Tierra. Sin cicatrices seríamos criaturas planas.

«Es más fácil ser monstruo que persona», dice Víctor poco antes de liberar a Brona. Se entiende aquí ‘persona’ como un ser completo con una amalgama de recuerdos felices y recuerdos tristes, de esperanza y rencores. Así apuesta Penny Dreadful por las personas completas. La erradicación del dolor no es la panacea de la felicidad. Es justo la misma la enseñanza que recibe la protagonista de Del revés (Inside Out). Esto hace pensar que quizá circule en Hollywood una corriente  contra el pensamiento positivo y contra las propuestas químicas para ser feliz. Haya cierta conexión o no entre las historias, Penny Dreadful apuesta por el riesgo: en ningún momento los protagonistas se muestran pasivos.

Lancémonos al amor, aunque perdamos

Penny Dreadful - Lancémonos al amor
Lancémonos al amor, sugiere Vanessa.

«Lancémonos al amor», dice Vanessa esperanzada. «¿Y si no tenemos suerte?», dice John. «¿Acaso podemos estar más solos que ahora?», concluye Vanessa. No es un mensaje de filosofía positiva sino vitalista mezclado con una moderada resignación, la de quien siempre pierde. Su relación con Drácula es otra forma de perder. Aunque el vampiro la idolatra y ella se entrega a él libremente, la unión amenaza con destruir el mundo. ¿Pero acaso el amor no es un «nosotros contra el mundo»? Aunque sea el amor de dos yonquis que se sostienen el uno al otro camino a la destrucción.

El último capítulo demanda que Vanessa rompa con Drácula. Ethan Chandler al rescate (¡es un cowboy!) acaba con la adicción de Vanessa. Con mezcla de dolor y amor, Chandler aplica con su Colt la eutanasia necesaria. Vanessa se sacrifica no tanto por el mundo como por Ethan. Ella no quiere compartir con él una vida de constante huida de la Oscuridad.

John Clarke también pierde en el amor después de haber ganado por un tiempo breve. Escoge que su hijo permanezca muerto al amor (la exigencia) de su esposa. Un sacrificio que no será entendido ni recompensado. Es otra forma de amor. Sin embargo, esta nueva cicatriz lleva a Logan a descubrir que merece ser amado. John es un ejemplo de cómo dar vueltas a las cosas del amor puede torturar los pensamientos. Lo que hubiera sucedido si no se hubiera vuelto a acercar a su esposa. El viaje del monstruo es una educación sentimental.

El final no es de cuento de hadas. Los protagonistas deben reconstruir sus vidas sin Vanessa. Tienen nuevas heridas, pero no están rotos. Las nuevas plantas nacen de la tierra removida.

El amor mueve Penny Dreadful. Ni la violencia ni los monstruos de toda la vida (estos son un gancho). El amor en sus distintas manifestaciones —en exceso— es lo que atrapa. El amor a la familia, el amor de los amantes y el amor hacia uno mismo, el más difícil.

La lucha entre el bien y el mal es el contexto, como una guerra en la que no hay buenos ni malos sino personajes con claroscuros e intereses opuestos. La lucha entre el bien y el mal es el MacGuffin (Con Dios como personaje ausente que no muestra poder a través de crucifijos y agua bendita).

Los monstruos somos nosotros pasando por la vida. Hemos sido John Clare (la Criatura) cuando temíamos la soledad porque éramos bichos raros. Hemos sido el apático Dorian Gray que cerraba las puertas a las implicaciones emocionales. Hemos sido Víctor Frankenstein queriendo cambiar aquello que decíamos amar. Hemos sido Ethan Chandler desolado por la culpa. Hemos sido Vanessa Ives escapando de nosotros mismos. Estos monstruos no están construidos como criaturas sedientas de carne y sangre. Tienen corazón y lágrimas.

Yo soy yo y mis cicatrices

Hemos sido Brona/Lili en las noches más oscuras: con el alma destrozada por el dolor, alimentándonos de rencor. Dolor que queríamos extirpar quirúrgicamente o con sucedáneos como el alcohol o las drogas. Dolor que aceptábamos a regañadientes primero y con abulia más tarde. Finalmente creímos: «Yo soy yo con mis cicatrices», como Brona desafiando al Dr. Frankenstein.

Penny Dreadful - Brona encadenada
Brona llora por mantenerse completa: prefiere el dolor de los recuerdos a la felicidad química.

Cicatrices del corazón que, por qué negarlo, incomodan a los demás. (¿Cuántos no dicen que quieren conocer a alguien sin pasado?). Cuando se es mujer, esas cicatrices perturban a muchos hombres (Sean Connery obsesionado con conocer y comprender a Marnie, la ladrona, es una rareza). Por lo general, los hombres huyen o intentan someter a las mujeres «complicadas». Huir es más sencillo que intentar comprender. Por eso, Dorian Gray se deshace de Brona y Víctor Frankenstein la encadena. Brona es una mujer fuerte entre hombres apocados. «Quiero hacerte feliz», es la excusa del doctor. «Quieres que sea sumisa», dice Brona. A ella no le falta razón. Para Víctor, la felicidad es compartir la vida con una mujer de librito de consejos para ser una buena esposa («No molestes a tu marido hablándole de tus problemas»).

Las pretensiones del doctor recuerdan también al experimento que rompe a Malcolm McDowell en La naranja mecánica y lo convierten en un despojo emocional. Por suerte, Brona logra que Víctor aprenda que el dolor no puede separarse de una persona. Las cicatrices nos forman igual que los accidentes geográficos forman valles, montañas y ríos en la Tierra. Sin cicatrices seríamos criaturas planas.

«Es más fácil ser monstruo que persona», dice Víctor poco antes de liberar a Brona. Se entiende aquí ‘persona’ como un ser completo con una amalgama de recuerdos felices y recuerdos tristes, de esperanza y rencores. Así apuesta Penny Dreadful por las personas completas. La erradicación del dolor no es la panacea de la felicidad. Es justo la misma la enseñanza que recibe la protagonista de Del revés (Inside Out). Esto hace pensar que quizá circule en Hollywood una corriente  contra el pensamiento positivo y contra las propuestas químicas para ser feliz. Haya cierta conexión o no entre las historias, Penny Dreadful apuesta por el riesgo: en ningún momento los protagonistas se muestran pasivos.

Lancémonos al amor, aunque perdamos

Penny Dreadful - Lancémonos al amor
Lancémonos al amor, sugiere Vanessa.

«Lancémonos al amor», dice Vanessa esperanzada. «¿Y si no tenemos suerte?», dice John. «¿Acaso podemos estar más solos que ahora?», concluye Vanessa. No es un mensaje de filosofía positiva sino vitalista mezclado con una moderada resignación, la de quien siempre pierde. Su relación con Drácula es otra forma de perder. Aunque el vampiro la idolatra y ella se entrega a él libremente, la unión amenaza con destruir el mundo. ¿Pero acaso el amor no es un «nosotros contra el mundo»? Aunque sea el amor de dos yonquis que se sostienen el uno al otro camino a la destrucción.

El último capítulo demanda que Vanessa rompa con Drácula. Ethan Chandler al rescate (¡es un cowboy!) acaba con la adicción de Vanessa. Con mezcla de dolor y amor, Chandler aplica con su Colt la eutanasia necesaria. Vanessa se sacrifica no tanto por el mundo como por Ethan. Ella no quiere compartir con él una vida de constante huida de la Oscuridad.

John Clarke también pierde en el amor después de haber ganado por un tiempo breve. Escoge que su hijo permanezca muerto al amor (la exigencia) de su esposa. Un sacrificio que no será entendido ni recompensado. Es otra forma de amor. Sin embargo, esta nueva cicatriz lleva a Logan a descubrir que merece ser amado. John es un ejemplo de cómo dar vueltas a las cosas del amor puede torturar los pensamientos. Lo que hubiera sucedido si no se hubiera vuelto a acercar a su esposa. El viaje del monstruo es una educación sentimental.

El final no es de cuento de hadas. Los protagonistas deben reconstruir sus vidas sin Vanessa. Tienen nuevas heridas, pero no están rotos. Las nuevas plantas nacen de la tierra removida.

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Opiniones 3
  • La muerte de Vanessa es un error dentro de la línea de la historia. Después de vencer a su «muñeca», después de renunciar al crucifijo, después de aceptarse a sí misma lo siguiente hubiera sido dar rienda suelta a su lado oscuro, maligno y lujurioso en una cuarta temporada. Y en una quinta la «cura» por amor. Era la línea de la serie…no sé que le pasó a Logan pero se precipitó al final.

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