30 de agosto 2021    /   CREATIVIDAD
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Pepita Sandwich, la ilustradora de lágrimas a la que le gusta dibujar mal

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Llorar. Cry. Es el verbo que más se repite en las ilustraciones de Pepita Sandwich. La argentina afincada en Brooklyn dibuja casi tantas lágrimas como las que suelen deslizarse por sus propias mejillas.

«Siempre lloré mucho y me avergonzaba, intentaba no hacerlo en público, aunque siempre lloraba por la calle. Soy una persona extremadamente nostálgica y me emociono fácilmente con películas y libros. Lloro de risa y de rabia, a veces lloro y no sé bien por qué».

Lo de su nombre artístico tiene fácil explicación: «Mi nombre es Josefina, pero me llaman Pepita desde que nací, y nunca hubo un sándwich que no me quisiera comer».

Mientras sigue investigando y documentándose sobre «el misterio de los llantos», continúa trabajando en sus cómics. Ya tiene dos libros publicados y va a por el tercero. Todos ellos dibujados «mal», como a ella le gusta. «No me interesa respetar ninguna regla de perspectiva, proporciones o nada que tenga que ver con el dibujo clásico», dice antes de calificar su línea como «desprolija» y a su estilo como pop.

En lo que se refiere a su proceso de trabajo suele ser algo más metódica: «En general todo comienza con un poco de investigación tanto interna como externa sobre un tema, también busco algunas imágenes inspiradoras y hago dibujos rápidos. Una vez que la idea me convence, empiezo a dibujar las viñetas finales y también las edito mientras las termino.

Para los trabajos editoriales, como los cómics con The New Yorker o El Washington Post, pienso una lista de ideas que me gustaría desarrollar y escribo una propuesta de guion y también dibujo bocetos, los veo con los directores de arte y cuando tengo los comentarios de edición comienzo a dibujar las versiones finales. Para los libros el proceso suele ser parecido pero más largo».

Los viajes en el tiempo, la amistad, las mujeres y, por supuesto, el llanto son sus temas preferidos. «Ahora que vivo en Estados Unidos, me gusta visibilizar historias latinoamericanas». 

Y como nostálgica empedernida suele recurrir a las series que veía en cuando era niña, «esa de los noventa, con efectos especiales». Pero también a los libros de Clarice Lispector y los ensayos de Nora Ephron. Las pinturas de Matisse y Helen Frankenthaler. Los objetos cotidianos Kitsch de los setentas y las tiendas vintage. Los cómics de Tove Jansson y Lynda Barry. «Básicamente, cualquier cosa que me transporte o me haga soñar despierta», resume. 

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«Siempre lloré mucho y me avergonzaba, intentaba no hacerlo en público, aunque siempre lloraba por la calle. Soy una persona extremadamente nostálgica y me emociono fácilmente con películas y libros. Lloro de risa y de rabia, a veces lloro y no sé bien por qué».

Lo de su nombre artístico tiene fácil explicación: «Mi nombre es Josefina, pero me llaman Pepita desde que nací, y nunca hubo un sándwich que no me quisiera comer».

Mientras sigue investigando y documentándose sobre «el misterio de los llantos», continúa trabajando en sus cómics. Ya tiene dos libros publicados y va a por el tercero. Todos ellos dibujados «mal», como a ella le gusta. «No me interesa respetar ninguna regla de perspectiva, proporciones o nada que tenga que ver con el dibujo clásico», dice antes de calificar su línea como «desprolija» y a su estilo como pop.

En lo que se refiere a su proceso de trabajo suele ser algo más metódica: «En general todo comienza con un poco de investigación tanto interna como externa sobre un tema, también busco algunas imágenes inspiradoras y hago dibujos rápidos. Una vez que la idea me convence, empiezo a dibujar las viñetas finales y también las edito mientras las termino.

Para los trabajos editoriales, como los cómics con The New Yorker o El Washington Post, pienso una lista de ideas que me gustaría desarrollar y escribo una propuesta de guion y también dibujo bocetos, los veo con los directores de arte y cuando tengo los comentarios de edición comienzo a dibujar las versiones finales. Para los libros el proceso suele ser parecido pero más largo».

Los viajes en el tiempo, la amistad, las mujeres y, por supuesto, el llanto son sus temas preferidos. «Ahora que vivo en Estados Unidos, me gusta visibilizar historias latinoamericanas». 

Y como nostálgica empedernida suele recurrir a las series que veía en cuando era niña, «esa de los noventa, con efectos especiales». Pero también a los libros de Clarice Lispector y los ensayos de Nora Ephron. Las pinturas de Matisse y Helen Frankenthaler. Los objetos cotidianos Kitsch de los setentas y las tiendas vintage. Los cómics de Tove Jansson y Lynda Barry. «Básicamente, cualquier cosa que me transporte o me haga soñar despierta», resume. 

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