22 de mayo 2013    /   BUSINESS
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'Amanece, que no es poco' vuelve en un libro de José Luis Cuerda

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Un día cualquiera del fin del verano, en septiembre, amanecerá y en algunas librerías habrá un título nuevo. El libro reunirá el guión original, varias historias y material gráfico del rodaje y la película Amanece, que no es poco. En su elaboración trabajan ahora José Luis Cuerda, director de la película, y la editorial Pepitas de Calabaza.
La idea surgió de esta compañía editora y el director de cine “se entusiasmó con la idea”, cuenta Julián Lacalle, fundador de Pepitas de Calabaza. Puede que la edición de este libro fuese algo que, tarde o temprano, tendría que pasar en una especie de saldo de cuentas poético. La editorial se inspiró en este largometraje de culto para escribir su nombre. En una escena, concretamente, en la que, “durante una noche, un hombre cuenta sus penas a una calabaza”, explica el editor.
«Calabaza, se acaba un nuevo día y, como todas las tardes, quiero despedirme de ti. Quiero despedirme y darte las gracias por seguir aquí con nosotros. Tú que podías estar en la mesa de los ricos y los poderosos, has elegido el humilde bancal de un pobre viejo para dar ejemplo al mundo.
»Yo no puedo olvidar que en los momentos más difíciles de mi vida —cuando mi hermana se quedó preñada del negro, o cuando me caparon el hurón a mala leche—, solo tú prestabas oídos a mis quejas e iluminabas mi camino. Calabaza, yo te llevo en el corazón». (Amanece, que no es poco)
De esa calabaza, en una especie de surrealismo como el de Amanece, que no es poco, irían sacando pepitas los editores de esta nueva compañía en una ecuación en la que [pepita = libro]. Eso fue en una fecha indeterminada de la que Lacalle solo da una pista: “Hace cuatro meses celebramos 5.000 días”.
Y después llegó el lema que acompaña siempre al título de la compañía: ‘Una editorial con menos proyección que un cinexín’.
La editorial nació en Logroño con una misión que se imponía, sin contemplaciones, sobre objetivos lucrativos. “Queremos publicar libros que nos gustan y no encontramos en ninguna parte. Pretendemos acercar a la población cierto tipo de literatura que no está en el circuito comercial convencional. Queremos dar voz a gente maltratada, autores olvidados, escritores con propuestas diferentes…”, explica el editor.
Pepitas de calabaza surgió de una idea de Lacalle y en este tiempo que empezó hace 5.000 días más cuatro meses se han unido dos personas más “en las tareas del día a día”. Pero el proyecto no hubiese salido adelante sin esas “varias decenas de colaboradores que están echando un cable y han asumido la editorial como si fuera suya”, enfatiza Lacalle. Son traductores, diseñadores gráficos, expertos en artes gráficas…
La búsqueda de estos autores y estas obras que la Historia no ha puesto en el púlpito de la cultura está en manos de muchos colaboradores. “Somos muchas personas compartiendo ideas, descubriendo temas, discutiendo qué podemos hacer…”, indica el logroñés.
Pepitas de calabaza no nació con un ideario detrás. Le bastaron esos dos párrafos prestados de Amanece, que no es poco y un par de pistas más: “Abrazamos el humor como seguro de vida” y “siempre hemos buscado hacer del libro un objeto, además de iluminador, cómodo y bello”.
Las obras de esta editorial se centran a menudo en la crítica política. Los géneros más utilizados son el ensayo y la narrativa. Y dentro de esta última prestan mayor atención a “las vidas de individuos siempre únicos e irrepetibles, aunque con frecuencia a desmano”.
Pero Lacalle insiste: “No tenemos una declaración de intenciones. Cada obra es una especie de manifiesto. No tenemos que hablar nosotros. Son los libros los que tienen que hablar por nosotros”.
p2
Cita de este libro: […] Nadie debería trabajar jamás. El trabajo es la fuente de casi toda la miseria existente en el mundo. Casi todos los males que se pueden nombrar proceden del trabajo o de vivir en un mundo diseñado en función del trabajo. Para dejar de sufrir, hemos de dejar de trabajar. Eso no significa que tengamos que dejar de hacer cosas. Significa que hay que crear una nueva forma de vida basada en el juego: en otras palabras, una revolución lúdica. Por «juego» también se debe sobreentender fiesta, creatividad, convivialidad, comensalía y puede que hasta arte. El juego va más allá de los juegos infantiles, por dignos que sean. Hago un llamamiento a favor de una aventura colectiva basada en el júbilo generalizado y la exuberancia libre y recíproca. […]
pata
Picabia sintetizó este movimiento artístico en la frase: “La cabeza es redonda para permitir que las ideas cambien de dirección”.
p1
«Ninguno describe de manera tan desgarradora ni tan implacable la existencia de las masas humanas hundidas. Cossery alcanza abismos de desesperación, de envilecimiento y de resignación que ni Gorki ni Dostoievski supieron captar…». Henry Miller
p3
[…] Quizás estos dibujos recogidos en el presente volumen sean nada más y nada menos que espejos, divertidos espejos capaces de asomarnos a nuestros defectos, de descubrirnos nuestra propia trampa, de revelarnos en su más descuidada intimidad la verdad de nosotros los hombres, de nuestras preocupaciones, de nuestros títulos de gloria, de nuestros inventos, de nuestras inefables niñerías. Si así es, no debemos temer el enfrentarnos con ellos, porque esos espejos nos darán junto a la verdad, por áspera y desagradable que sea, una carcajada estimulante o una sonrisa caritativa. Y en esa carcajada o en esa sonrisa estará –no hay duda- la mejor terapéutica contra lo que amenace malograrnos los tímidos y dulces deseos que, en lo más hondo de nosotros mismos, nos animan a afeitarnos la triste barba del énfasis, de la soberbia, de la cursilería o de la estupidez. […] Rafael Azcona
p4
«Gracia, naturalidad, colorido y algo de sal gorda es lo que pueden encontrar en estos Veintidós cuentos picantes protagonizados por frailes, monjas, viudas, malmaridadas y algún obispo, que acaban de llegar a los escaparates. […] Si alguna vez se han preguntado, como también los neoclásicos lo hicieron en su tiempo, si la poesía sirve para algo, poemas como El reconocimiento, El cañamón o Las bendiciones de aumento les alegrarán, sin tienen, los humores, les levantarán, de paso, la moral y les darán una respuesta: la poesía sirve también para divertirse». José Ignacio Foronda, Imagina, La Rioja.

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La idea surgió de esta compañía editora y el director de cine “se entusiasmó con la idea”, cuenta Julián Lacalle, fundador de Pepitas de Calabaza. Puede que la edición de este libro fuese algo que, tarde o temprano, tendría que pasar en una especie de saldo de cuentas poético. La editorial se inspiró en este largometraje de culto para escribir su nombre. En una escena, concretamente, en la que, “durante una noche, un hombre cuenta sus penas a una calabaza”, explica el editor.
«Calabaza, se acaba un nuevo día y, como todas las tardes, quiero despedirme de ti. Quiero despedirme y darte las gracias por seguir aquí con nosotros. Tú que podías estar en la mesa de los ricos y los poderosos, has elegido el humilde bancal de un pobre viejo para dar ejemplo al mundo.
»Yo no puedo olvidar que en los momentos más difíciles de mi vida —cuando mi hermana se quedó preñada del negro, o cuando me caparon el hurón a mala leche—, solo tú prestabas oídos a mis quejas e iluminabas mi camino. Calabaza, yo te llevo en el corazón». (Amanece, que no es poco)
De esa calabaza, en una especie de surrealismo como el de Amanece, que no es poco, irían sacando pepitas los editores de esta nueva compañía en una ecuación en la que [pepita = libro]. Eso fue en una fecha indeterminada de la que Lacalle solo da una pista: “Hace cuatro meses celebramos 5.000 días”.
Y después llegó el lema que acompaña siempre al título de la compañía: ‘Una editorial con menos proyección que un cinexín’.
La editorial nació en Logroño con una misión que se imponía, sin contemplaciones, sobre objetivos lucrativos. “Queremos publicar libros que nos gustan y no encontramos en ninguna parte. Pretendemos acercar a la población cierto tipo de literatura que no está en el circuito comercial convencional. Queremos dar voz a gente maltratada, autores olvidados, escritores con propuestas diferentes…”, explica el editor.
Pepitas de calabaza surgió de una idea de Lacalle y en este tiempo que empezó hace 5.000 días más cuatro meses se han unido dos personas más “en las tareas del día a día”. Pero el proyecto no hubiese salido adelante sin esas “varias decenas de colaboradores que están echando un cable y han asumido la editorial como si fuera suya”, enfatiza Lacalle. Son traductores, diseñadores gráficos, expertos en artes gráficas…
La búsqueda de estos autores y estas obras que la Historia no ha puesto en el púlpito de la cultura está en manos de muchos colaboradores. “Somos muchas personas compartiendo ideas, descubriendo temas, discutiendo qué podemos hacer…”, indica el logroñés.
Pepitas de calabaza no nació con un ideario detrás. Le bastaron esos dos párrafos prestados de Amanece, que no es poco y un par de pistas más: “Abrazamos el humor como seguro de vida” y “siempre hemos buscado hacer del libro un objeto, además de iluminador, cómodo y bello”.
Las obras de esta editorial se centran a menudo en la crítica política. Los géneros más utilizados son el ensayo y la narrativa. Y dentro de esta última prestan mayor atención a “las vidas de individuos siempre únicos e irrepetibles, aunque con frecuencia a desmano”.
Pero Lacalle insiste: “No tenemos una declaración de intenciones. Cada obra es una especie de manifiesto. No tenemos que hablar nosotros. Son los libros los que tienen que hablar por nosotros”.
p2
Cita de este libro: […] Nadie debería trabajar jamás. El trabajo es la fuente de casi toda la miseria existente en el mundo. Casi todos los males que se pueden nombrar proceden del trabajo o de vivir en un mundo diseñado en función del trabajo. Para dejar de sufrir, hemos de dejar de trabajar. Eso no significa que tengamos que dejar de hacer cosas. Significa que hay que crear una nueva forma de vida basada en el juego: en otras palabras, una revolución lúdica. Por «juego» también se debe sobreentender fiesta, creatividad, convivialidad, comensalía y puede que hasta arte. El juego va más allá de los juegos infantiles, por dignos que sean. Hago un llamamiento a favor de una aventura colectiva basada en el júbilo generalizado y la exuberancia libre y recíproca. […]
pata
Picabia sintetizó este movimiento artístico en la frase: “La cabeza es redonda para permitir que las ideas cambien de dirección”.
p1
«Ninguno describe de manera tan desgarradora ni tan implacable la existencia de las masas humanas hundidas. Cossery alcanza abismos de desesperación, de envilecimiento y de resignación que ni Gorki ni Dostoievski supieron captar…». Henry Miller
p3
[…] Quizás estos dibujos recogidos en el presente volumen sean nada más y nada menos que espejos, divertidos espejos capaces de asomarnos a nuestros defectos, de descubrirnos nuestra propia trampa, de revelarnos en su más descuidada intimidad la verdad de nosotros los hombres, de nuestras preocupaciones, de nuestros títulos de gloria, de nuestros inventos, de nuestras inefables niñerías. Si así es, no debemos temer el enfrentarnos con ellos, porque esos espejos nos darán junto a la verdad, por áspera y desagradable que sea, una carcajada estimulante o una sonrisa caritativa. Y en esa carcajada o en esa sonrisa estará –no hay duda- la mejor terapéutica contra lo que amenace malograrnos los tímidos y dulces deseos que, en lo más hondo de nosotros mismos, nos animan a afeitarnos la triste barba del énfasis, de la soberbia, de la cursilería o de la estupidez. […] Rafael Azcona
p4
«Gracia, naturalidad, colorido y algo de sal gorda es lo que pueden encontrar en estos Veintidós cuentos picantes protagonizados por frailes, monjas, viudas, malmaridadas y algún obispo, que acaban de llegar a los escaparates. […] Si alguna vez se han preguntado, como también los neoclásicos lo hicieron en su tiempo, si la poesía sirve para algo, poemas como El reconocimiento, El cañamón o Las bendiciones de aumento les alegrarán, sin tienen, los humores, les levantarán, de paso, la moral y les darán una respuesta: la poesía sirve también para divertirse». José Ignacio Foronda, Imagina, La Rioja.

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