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Publicado: 15 de febrero 2016 09:00  /   BRANDED CONTENT
 

La magia de las pequeñas editoriales

Publicado: 15 de febrero 2016 09:00  /   BRANDED CONTENT              
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De los muchos tópicos que a fuerza de repetir o de leer en los medios terminan penetrando por ósmosis en la conciencia colectiva, hay uno que afecta a los libros, y que es falso. La crisis no ha terminado con las editoriales pequeñas, sino que ha sucedido todo lo contrario. Una pléyade de nuevos sellos se han lanzado a la aventura de editar con pasión y entrega libros de carne y hueso. Nada de ebooks. La bifurcación entre los bits y los átomos se hace cada vez más patente, no son tanto dos formatos que conviven sino que se excluyen. Salvo un puñado de excepciones, los libros que triunfan en formato electrónico (normalmente autoeditados y luego distribuidos en plataformas como Amazon) no suelen conquistar el mundo del papel, y viceversa.

Por otra parte, cuando un autor publica un libro en un grupo editorial poderoso sin duda disfruta de algunas ventajas, como poder beneficiarse de su departamento de comunicación, normalmente celebrar un evento digno para presentar el libro y otras prebendas. Pero hay aspectos oscuros en esa relación.

Por ejemplo, si la editorial tiene su propia distribuidora y su propia imprenta es virtualmente imposible para el autor comprobar o verificar si la tirada final es la que se ha pactado. El autor normalmente se resigna y acepta las cifras que le ofrecen, sabiendo que no hay manera de contrastarlas ¿han fabricado 8.000 ejemplares de su libro? ¿o han sido 15.000? ¿Es cierto que ha habido muchas devoluciones? ¿Se han recomercializado con un precio de oferta en lugares como VIPS? Y otras muchas cuestiones que quedan sin respuesta.

Por eso la atención personalizada de las editoriales pequeñas supone un bálsamo al maltrecho ego del escritor. En una editorial grande es muy raro que los autores negocien sus condiciones con los editores, incluso es raro que lleguen a conocerse personalmente o a ser siquiera presentados. Si el autor tiene representante como si no, serán los empleados de la editorial quienes precisen los detalles, tanto contractuales como de producción del libro.

Y es que si el diablo está en los detalles no es menos cierto que la magia también anida en lo pequeño. La elección cuidadosa de las tipografías, el color del papel hueso, incluso su olor, para que la experiencia de abrir el libro y sumergirse en su lectura tenga un componente sensorial hermoso. Los colores de la cubierta, el gramaje del papel, la maquetación… Son infinidad los factores que separan un libro de Matilde Asensi en Planeta de uno de Arthur Machen o de Casanova editado por Valdemar.

En España son muchas las editoriales pequeñas que apuestan por libros minoritarios y exquisitos ¡y logran que les salgan las cuentas!. Sobreviven al mundo digital, a los ebooks y a los best sellers y a las 50 Sombras de Grey o a la saga Crepúsculo. Las suelen formar dos o tres socios entusiastas, que constituyen una suerte de nuevos bibliófilos, y que se gastan sus ahorros o el finiquito del despido, o que unifican la prestación por desempleo, o que hacen todo a la vez para poner en pie su sueño de papel. El impacto positivo en todos nosotros es preservar el placer de descubrir libros únicos.

La editorial Funambulista proclama en su web que «solo logra su objetivo confiando en el vértigo y no intentando resistirse a él». Por su parte, Los libros del K.O. han apostado por el ensayo, contra las profecías de agoreros como Jorge Herralde que vaticinaba que «hoy día ya no es posible sostener una editorial de no ficción». También cabe destacar Acantilado, Península o la mencionada editorial Valdemar, probablemente la más exquisita de todas, por la calidad de sus traducciones y el cuidado de su producción, manteniendo los precios razonables. No en vano Valdemar obtuvo en 2001 el Premio Nacional a la mejor Labor Editorial, es decir, ni es tan pequeña ni tan nueva pues lleva décadas resistiendo maravillosamente los embates del tiempo y de las tendencias. ¿Su truco? Prácticamente no editan a autores vivos, lo que provoca desazón entre quienes todavía no hemos sido visitados por la Parca pero nos gustaría leer nuestro nombre en los lomos de sus libros. Pero hay más nombres, como Páginas de Espuma, que está especializada en relatos cortos. Rayo Verde, El Rey Lear, Ediciones del Viento… la lista crece todos los años con nuevas incorporaciones. Gregory Doltz, de Editorial Alrevés, sostiene que «no hay nada más bonito que encontrar un talento: ayudarlo a editar su novela y a crecer juntos».

Pero las hay mucho más pequeñas, casi diminutas, que apenas editan cuatro o cinco títulos al año. Y algunas en proyecto, como la prometedora Ink Me, que bajo otros mimbres también ha hecho incursiones en los libros infantiles con la saga de Calabata. Eduardo Grojo, uno de sus fundadores, define la editorial como «una pequeña pero muy valiente empresa en estos tiempos de crisis, porque hace falta valentía para trabajar en los márgenes del sistema».

Otras tienen un tamaño mediano pero mantienen una prudente distancia con el mundo digital, como la exquisita editorial Siloé, centrada en manuscritos y facsímiles de libros de horas, o de títulos tan misteriosos como el Códice Voynich. Cada ejemplar se ilumina, se cose y se encuaderna a mano, empleando materiales envejecidos que replican las texturas de los manuscritos originales.

La poesía es habitualmente un terreno en el que se da por hecho que nadie gana dinero. Pero hay editoriales que apuestan por el verso, como las siete pequeñas compañías que forman REPE (Red de Editoriales de Poesía Emergente). Los nombres de estas «Siete Magníficas» son tan pintorescos como Ya lo dijo Casimiro Parker, Eclipsados, Cangrejo Pistolero, Huacanamo, 4 de Agosto, El Gaviero y Bella Varsovia.

Mientras hay papel hay esperanza. La lectura es el vehículo definitivo del saber, y sin las humildes pero valientes gestas de estos aventureros de la imprenta, quedaríamos huérfanos de conocimiento, de belleza y del rumor de las palabras.

Este artículo te lo trae Ron Ritual. Si quieres conocer más historias con impacto positivo haz clic aquí.

 

 

De los muchos tópicos que a fuerza de repetir o de leer en los medios terminan penetrando por ósmosis en la conciencia colectiva, hay uno que afecta a los libros, y que es falso. La crisis no ha terminado con las editoriales pequeñas, sino que ha sucedido todo lo contrario. Una pléyade de nuevos sellos se han lanzado a la aventura de editar con pasión y entrega libros de carne y hueso. Nada de ebooks. La bifurcación entre los bits y los átomos se hace cada vez más patente, no son tanto dos formatos que conviven sino que se excluyen. Salvo un puñado de excepciones, los libros que triunfan en formato electrónico (normalmente autoeditados y luego distribuidos en plataformas como Amazon) no suelen conquistar el mundo del papel, y viceversa.

Por otra parte, cuando un autor publica un libro en un grupo editorial poderoso sin duda disfruta de algunas ventajas, como poder beneficiarse de su departamento de comunicación, normalmente celebrar un evento digno para presentar el libro y otras prebendas. Pero hay aspectos oscuros en esa relación.

Por ejemplo, si la editorial tiene su propia distribuidora y su propia imprenta es virtualmente imposible para el autor comprobar o verificar si la tirada final es la que se ha pactado. El autor normalmente se resigna y acepta las cifras que le ofrecen, sabiendo que no hay manera de contrastarlas ¿han fabricado 8.000 ejemplares de su libro? ¿o han sido 15.000? ¿Es cierto que ha habido muchas devoluciones? ¿Se han recomercializado con un precio de oferta en lugares como VIPS? Y otras muchas cuestiones que quedan sin respuesta.

Por eso la atención personalizada de las editoriales pequeñas supone un bálsamo al maltrecho ego del escritor. En una editorial grande es muy raro que los autores negocien sus condiciones con los editores, incluso es raro que lleguen a conocerse personalmente o a ser siquiera presentados. Si el autor tiene representante como si no, serán los empleados de la editorial quienes precisen los detalles, tanto contractuales como de producción del libro.

Y es que si el diablo está en los detalles no es menos cierto que la magia también anida en lo pequeño. La elección cuidadosa de las tipografías, el color del papel hueso, incluso su olor, para que la experiencia de abrir el libro y sumergirse en su lectura tenga un componente sensorial hermoso. Los colores de la cubierta, el gramaje del papel, la maquetación… Son infinidad los factores que separan un libro de Matilde Asensi en Planeta de uno de Arthur Machen o de Casanova editado por Valdemar.

En España son muchas las editoriales pequeñas que apuestan por libros minoritarios y exquisitos ¡y logran que les salgan las cuentas!. Sobreviven al mundo digital, a los ebooks y a los best sellers y a las 50 Sombras de Grey o a la saga Crepúsculo. Las suelen formar dos o tres socios entusiastas, que constituyen una suerte de nuevos bibliófilos, y que se gastan sus ahorros o el finiquito del despido, o que unifican la prestación por desempleo, o que hacen todo a la vez para poner en pie su sueño de papel. El impacto positivo en todos nosotros es preservar el placer de descubrir libros únicos.

La editorial Funambulista proclama en su web que «solo logra su objetivo confiando en el vértigo y no intentando resistirse a él». Por su parte, Los libros del K.O. han apostado por el ensayo, contra las profecías de agoreros como Jorge Herralde que vaticinaba que «hoy día ya no es posible sostener una editorial de no ficción». También cabe destacar Acantilado, Península o la mencionada editorial Valdemar, probablemente la más exquisita de todas, por la calidad de sus traducciones y el cuidado de su producción, manteniendo los precios razonables. No en vano Valdemar obtuvo en 2001 el Premio Nacional a la mejor Labor Editorial, es decir, ni es tan pequeña ni tan nueva pues lleva décadas resistiendo maravillosamente los embates del tiempo y de las tendencias. ¿Su truco? Prácticamente no editan a autores vivos, lo que provoca desazón entre quienes todavía no hemos sido visitados por la Parca pero nos gustaría leer nuestro nombre en los lomos de sus libros. Pero hay más nombres, como Páginas de Espuma, que está especializada en relatos cortos. Rayo Verde, El Rey Lear, Ediciones del Viento… la lista crece todos los años con nuevas incorporaciones. Gregory Doltz, de Editorial Alrevés, sostiene que «no hay nada más bonito que encontrar un talento: ayudarlo a editar su novela y a crecer juntos».

Pero las hay mucho más pequeñas, casi diminutas, que apenas editan cuatro o cinco títulos al año. Y algunas en proyecto, como la prometedora Ink Me, que bajo otros mimbres también ha hecho incursiones en los libros infantiles con la saga de Calabata. Eduardo Grojo, uno de sus fundadores, define la editorial como «una pequeña pero muy valiente empresa en estos tiempos de crisis, porque hace falta valentía para trabajar en los márgenes del sistema».

Otras tienen un tamaño mediano pero mantienen una prudente distancia con el mundo digital, como la exquisita editorial Siloé, centrada en manuscritos y facsímiles de libros de horas, o de títulos tan misteriosos como el Códice Voynich. Cada ejemplar se ilumina, se cose y se encuaderna a mano, empleando materiales envejecidos que replican las texturas de los manuscritos originales.

La poesía es habitualmente un terreno en el que se da por hecho que nadie gana dinero. Pero hay editoriales que apuestan por el verso, como las siete pequeñas compañías que forman REPE (Red de Editoriales de Poesía Emergente). Los nombres de estas «Siete Magníficas» son tan pintorescos como Ya lo dijo Casimiro Parker, Eclipsados, Cangrejo Pistolero, Huacanamo, 4 de Agosto, El Gaviero y Bella Varsovia.

Mientras hay papel hay esperanza. La lectura es el vehículo definitivo del saber, y sin las humildes pero valientes gestas de estos aventureros de la imprenta, quedaríamos huérfanos de conocimiento, de belleza y del rumor de las palabras.

Este artículo te lo trae Ron Ritual. Si quieres conocer más historias con impacto positivo haz clic aquí.

 

 

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Opiniones 8
  • Os olvidáis de Litera Libros, pequeñísima editorial valenciana dedicada a libros de crianza. Magnífica. Os animo a conocerla.

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