20 de noviembre 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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Acoso, irrealidad y paranoia: la animación que cambió el cine

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Difícilmente se puede hablar de animación y cine adulto sin poner la mirada en Japón y el anime, una industria que no ha dejado de reivindicar el valor de los «dibujos animados» para contar historias. Películas como Akira o La tumba de las luciérnagas ya demostraron, hace décadas —ambas se estrenaron en 1988—, la capacidad narrativa y creativa de la animación made in Japan. En 2017, con Disney cada vez más dado a la desinfantilización de sus producciones y un panorama cinematográfico favorable para la animación, conviene echar la vista atrás.

1997. Hace exactamente 20 años. Satoshi Kon estrena su ópera prima. Se titula Perfect Blue y rompe con todos los esquemas del anime: una película que nunca se había hecho y que nunca se volvería a hacer. El thriller psicológico daba un golpe encima de la mesa y ponía todas las miradas sobre las posibilidades de la animación: un descenso a la locura en forma de planos asfixiantes que se suceden frenéticamente. Al espectador, indefenso ante el desarrollo de los acontecimientos, no le queda otra que aplaudir su propia desorientación.

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En Perfect Blue, Mima, una celebridad japonesa, deja su grupo de pop para emprender una carrera en solitario como actriz. Su empoderamiento en una sociedad egoísta e inherentemente machista la lleva a la confrontación con su entorno: sometida al acoso de uno de sus seguidores y la presión de su nuevo trabajo, la disociación de la realidad acaba por sumergirla en la más profunda paranoia.

El juego de identidades de Perfect Blue era el primer paso en el camino de un director que fallecía años después, en 2010. Masao Maruyama, productor de Perfect Blue y el resto de la filmografía de Satoshi Kon, visitó España durante el pasado Salón del Manga de Barcelona. Un histórico de la industria del anime que, a sus 76 años, continúa involucrándose en nuevas producciones. «Después de Perfect Blue no hay nada. La película llegó a un punto de perfección que es difícil de igualar o superar», comenta a Yorokobu.

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«La existencia de un director como Satoshi Kon, que apareció de la nada y desapareció de repente, es una anomalía dentro de la historia del anime. No había nadie antes de Satoshi Kon que explorara de la forma en que él lo hacía, y después de su fallecimiento tampoco ha aparecido nadie capaz de llegar a su nivel», explica.

Para Maruyama, el cine de Satoshi Kon gozaba de una profundidad sin igual, más cerca del cine de imagen real que del resto de producciones de animación. «Fue una película avanzada a su tiempo. Si hay alguien que puede seguir los pasos de Satoshi Kon probablemente no lo encontraremos en Japón, sino que tendremos que buscar en el cine de Hollywood», dice Maruyama, que pone los ojos en el director Darren Aronofsky. Precisamente Cisne Negro, de Aronofsky, está claramente inspirada en Perfect Blue.

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La tendencia actual del anime en Japón invita a pensar que obras como las de Satoshi Kon —los largometrajes Paprika, Tokyo Godfathers y Millennium Actress, además de la serie Paranoia Agent— serán difícilmente reproducibles. «La mayoría de la gente de la industria no está suficientemente preparada como para hacer otro tipo de obras», apunta Maruyama. «Siempre ha habido producciones de mala calidad, y siempre seguirá habiéndolas. Lo importante es que dentro de todo esa gran amalgama de anime de dudosa calidad, de vez en cuando surgen grandes creadores que marcan la diferencia. En el caso de Satoshi Kon el problema es que, por un lado, se adelantó a su tiempo y, por otro, falleció de forma prematura».

Si bien lo que hizo Perfect Blue ya se hacía en la imagen real, cabe situarla como punto de inflexión para el conjunto de la animación y la industria del cine. Celebrar su capacidad, hace tantos años, para tratar temas, hoy, de rabiosa actualidad. Cómo se comporta nuestra sociedad, nuestras personalidades, nuestros miedos, nuestras locuras. Perfect Blue las oprime con fuerza y las lanza por los aires. El resultado es estremecedor, pero merece la pena presenciarlo y resarcirse en su extrañeza.

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1997. Hace exactamente 20 años. Satoshi Kon estrena su ópera prima. Se titula Perfect Blue y rompe con todos los esquemas del anime: una película que nunca se había hecho y que nunca se volvería a hacer. El thriller psicológico daba un golpe encima de la mesa y ponía todas las miradas sobre las posibilidades de la animación: un descenso a la locura en forma de planos asfixiantes que se suceden frenéticamente. Al espectador, indefenso ante el desarrollo de los acontecimientos, no le queda otra que aplaudir su propia desorientación.

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En Perfect Blue, Mima, una celebridad japonesa, deja su grupo de pop para emprender una carrera en solitario como actriz. Su empoderamiento en una sociedad egoísta e inherentemente machista la lleva a la confrontación con su entorno: sometida al acoso de uno de sus seguidores y la presión de su nuevo trabajo, la disociación de la realidad acaba por sumergirla en la más profunda paranoia.

El juego de identidades de Perfect Blue era el primer paso en el camino de un director que fallecía años después, en 2010. Masao Maruyama, productor de Perfect Blue y el resto de la filmografía de Satoshi Kon, visitó España durante el pasado Salón del Manga de Barcelona. Un histórico de la industria del anime que, a sus 76 años, continúa involucrándose en nuevas producciones. «Después de Perfect Blue no hay nada. La película llegó a un punto de perfección que es difícil de igualar o superar», comenta a Yorokobu.

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«La existencia de un director como Satoshi Kon, que apareció de la nada y desapareció de repente, es una anomalía dentro de la historia del anime. No había nadie antes de Satoshi Kon que explorara de la forma en que él lo hacía, y después de su fallecimiento tampoco ha aparecido nadie capaz de llegar a su nivel», explica.

Para Maruyama, el cine de Satoshi Kon gozaba de una profundidad sin igual, más cerca del cine de imagen real que del resto de producciones de animación. «Fue una película avanzada a su tiempo. Si hay alguien que puede seguir los pasos de Satoshi Kon probablemente no lo encontraremos en Japón, sino que tendremos que buscar en el cine de Hollywood», dice Maruyama, que pone los ojos en el director Darren Aronofsky. Precisamente Cisne Negro, de Aronofsky, está claramente inspirada en Perfect Blue.

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La tendencia actual del anime en Japón invita a pensar que obras como las de Satoshi Kon —los largometrajes Paprika, Tokyo Godfathers y Millennium Actress, además de la serie Paranoia Agent— serán difícilmente reproducibles. «La mayoría de la gente de la industria no está suficientemente preparada como para hacer otro tipo de obras», apunta Maruyama. «Siempre ha habido producciones de mala calidad, y siempre seguirá habiéndolas. Lo importante es que dentro de todo esa gran amalgama de anime de dudosa calidad, de vez en cuando surgen grandes creadores que marcan la diferencia. En el caso de Satoshi Kon el problema es que, por un lado, se adelantó a su tiempo y, por otro, falleció de forma prematura».

Si bien lo que hizo Perfect Blue ya se hacía en la imagen real, cabe situarla como punto de inflexión para el conjunto de la animación y la industria del cine. Celebrar su capacidad, hace tantos años, para tratar temas, hoy, de rabiosa actualidad. Cómo se comporta nuestra sociedad, nuestras personalidades, nuestros miedos, nuestras locuras. Perfect Blue las oprime con fuerza y las lanza por los aires. El resultado es estremecedor, pero merece la pena presenciarlo y resarcirse en su extrañeza.

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Opiniones 4
  • A pesar de mi carente interés por el Anime, soy un fan incondicional del ya fallecido Satoshi Kon. Cine en estado puro y unos guiones, al nivel del mejor Kaufman o Sorkin (por citar dos).

    De todas yo me quedo con Millenium Actress, y como tú… Perfect Blue.

  • Mi preferida sigue siendo Millenium Actress pero Perfect Blue me marcó mucho. Creo que a pesar de estar muy de acuerdo con el análisis, me parece que es menos “universal” que MA, se entiende menos fuera del contexto de la sociedad japonesa, las idols, las rutinas de trabajo…

  • Ohh había escucha alguna que otra vez algunas de sus obras pero desconocía su nombre y no pensé que su series fueran asi, me tomaré mi tiempo para verlas.

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