5 de diciembre 2019    /   IDEAS
por
 Juan Díaz-Faes

¿Son las periferias urbanas más feas que el centro de las ciudades?

5 de diciembre 2019    /   IDEAS     por          Juan Díaz-Faes
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Sucedió cuando la construcción de casas se convirtió en lucrativo negocio. O quizá cuando las ciudades se vieron desbordadas por la inmigración rural. Sucedió cuando las periferias empezaron a modelarse con escuadra y cartabón. O cuando los centros urbanos se dieron un lavado de cara, convirtiéndose en cuqui reflejo de lo que fueron.

Hay muchos factores que pueden darnos pistas. Pero ninguno llega a explicar del todo el por qué de una realidad discutible y subjetiva, pero que parece imponerse ladrillo a ladrillo. Las viviendas actuales han renunciado a la belleza exterior. Se han desnudado de balaustradas, impostas y molduras. Muestran sus vergüenzas de ladrillo y cemento a la ciudad. Así, las periferias se conforman como mares naranjas que circundan los centros policromados. Casas homogéneas que han perdido su identidad y su estilo y que podrían plantarse en Bombay con la misma gracia que en Ginebra.

¿Son más feas las casas de hoy en día? Hemos decidido preguntarselo a Juan Díez del Corral, el hater de la arquitectura moderna. Este arquitecto, autor del blog Cascotes, lleva años despotricando contra los atropellos de la arquitectura contemporánea. Sus escritos, llenos de humor e ironía, analizan la deriva de la construcción actual explicando los factores arquitectónicos, políticos y sociales, que nos han llevado hasta aquí. Le preguntamos por la belleza relativa de las casas, antiguas y nuevas, para salir de dudas.

Tienes varios blogs y libros despotricando sobre la fealdad de la arquitectura actual, ¿de verdad la cosa es para tanto o eres un poco cascarrabias?

Últimamente me hago esa pregunta a mí mismo muchas veces, sobre todo por saber si es un asunto propio o es algo que aumenta con la edad. Soy un arquitecto un poco raro, es verdad. Y seguramente algo cascarrabias también. Pero lo cierto es que cuando releo las cosas que he escrito en mi blog me suelo partir de risa. No creo que nadie haya escrito nada parecido nunca.

Cuando estudié la carrera en la primera mitad de los años 70 abracé la arquitectura como un oficio o un saber con el que podría mejorar el mundo. Pero de entonces para acá, la decepción fue poco a poco siendo de tal calibre que no pocas veces tuve que pasar al campo de la risa para poder soportarla. A comienzos del nuevo milenio escribí un Manual de crítica de la arquitectura algo más serio y vertebrado, pero como todo libro serio, ha pasado completamente desapercibido. Si consigo un buen lector gracias a tu entrevista me sentiré muy agradecido.

Vayamos al grano, ¿crees que las casas actuales son más feas de las que se construían antaño?

En tu pregunta parece haber tres temas de muy amplio desarrollo: las casas, la fealdad y la comparación entre el pasado y el presente. He dedicado buena parte de mi vida a estos tres asuntos y comprenderás que me resulte difícil contestar con la brevedad que exige una entrevista, pero como mi respuesta a su pregunta es básicamente afirmativa, lo que detecto gratamente en la pregunta es que ya empieza a haber una cierta preocupación por estos temas en personas no especializadas.

Este mismo año se conmemora el centenario de la fundación de la Bauhaus, que bien podría ser el hito que marca la deriva negativa de la arquitectura.

La construcción de nuestras casas, de nuestras ciudades o del mundo en general ha sido en los últimos 100 años uno de los temas más ausentes del interés colectivo.

Este mismo año se conmemora el centenario de la fundación de la Bauhaus, que bien podría ser el hito que marca la deriva negativa de la arquitectura. Es decir, el momento en que se confía todo el problema del hábitat y de la ciudad a unos arquitectos que, según las ideas de aquella escuela, pasan a convertirse bien en artistas del minimalismo o bien en ingenieros del almacenamiento humano.

¿Formaría esto parte de una tendencia generalizada? ¿La arquitectura monumental también es más fea o son casos separados?

Me parece muy bien hacer esa distinción entre la Arquitectura, digamos con mayúsculas, la de los templos y edificios representativos de la sociedad, y la arquitectura de las casas, los barrios y los tejidos urbanos en general, que configuran lo que podríamos llamar la habitación del género humano.

Digamos que la primera ha estado siempre en manos de expertos y que la historia da buena cuenta de sus evoluciones formales o, como se suele decir, de sus estilos. En la segunda, lo importante es fijarse en los cambios del modo de producción.

A eso vamos, ¿qué culpa tienen las grandes constructoras? No sé si es una cuestión de ahorrar costes eliminando todo elemento exterior ornamental o de contratar a buenos arquitectos…

Puestos a repartir culpabilidades sobre la ciudad tan desolada así creada, yo pondría en primer lugar a los arquitectos por su papel de teóricos de la ciudad; luego a los poderes públicos, que son los agentes ejecutivos y responsables de la nueva ciudad; y en tercer lugar a las constructoras, que no son más que el verdugo.

La abolición del ornamento que mencionas fue algo consustancial en la abolición del modelo arquitectónico burgués. Los arquitectos de aquella etapa eran grandes decoradores. Luego, ni eso.

Hablemos, pues, de los poderes públicos, ¿han influido en la estética de las viviendas actuales factores políticos como la gran migración a las ciudades en los 70 o la creación de grandes PAU en las periferias?

Absolutamente. La gran emigración del campo a la ciudad crea en todo el mundo un problema urgente de vivienda que se resuelve con los sistemas tecnificados de producción en masa más o menos ensayados en las tipologías de la Bauhaus.

De nada vale salvar las arquitecturas del pasado si no las comprendemos, si no entendemos los patrones o lenguajes con los que fueron creadas. Son simples momias, escenografías listas para vender a los turistas

Hasta mediados de siglo XX la ciudad aún integraba en un gran organismo (definido por el Plan General) esos primeros paquetes de viviendas, pero en la segunda mitad del siglo, los paquetes van surgiendo por adición más o menos inconexa mediante Planes Parciales o los PAU que mencionas.

En la Guía de arquitectura en dos volúmenes que he realizado sobre mi ciudad, Logroño, he querido dejar bien claro ese salto entre una ciudad de casas y una ciudad de paquetes.

 ¿Y cuándo se empezó a convertir la ciudad de casas en una ciudad de paquetes?

A nivel general hay tres etapas bien definidas: la de la ciudad de casas individuales, que coincidiría con lo que Christopher Alexander llama El modo atemporal de construir; la etapa de la ciudad formada por la agregación de casas colectivas hechas por la burguesía; y la ciudad de producción y consumo en masa, que es en la que vivimos ahora.

¿Y este cambio se adscribe a unos países o culturas concretas o es un fenómeno global?

El cambio de modelo es universal. En todas partes se han ido abandonando los lenguajes colectivos y compartidos de construir, lenguajes específicos de cada región, para pasar a un lenguaje tecnificado y único que lo mismo puede usted encontrar en Suecia que en el Congo. Donde puede haber más diferencias es en la etapa intermedia, es decir, entre países o ciudades donde la burguesía dejó tejidos más o menos cuajados.

Un cambio de modelo universal que nos está llevando a una homogeneización universal. Recorrer la periferia de una ciudad asiática no es muy distinto hoy en día que recorrer la de una ciudad europea o la de una americana. ¿Por qué se han ido eliminando los elementos diferenciadores?

Del mismo modo que ya no distinguimos entre un coche francés y uno japonés, o entre un móvil chino y uno americano. Como muy bien decían los arquitectos de la vanguardia o de la modernidad, el nuevo estilo lleva el nombre de internacional.

¿También hay una explicación sociocultural? En el pasado hubo culturas, como la árabe, que anteponían la belleza del interior a la del exterior de los edificios… ¿Puede estar pasando hoy día algo similar? ¿La gente hoy en día se compra casas pensando no tanto en la belleza del edificio como la de su piso en el interior?

Ja, ja, ja. Eso que dices me recuerda mucho al final de Sumisión, la famosa novela de Houellebecq en la que el protagonista busca ese argumento para abrazar el islam. El repliegue hacia el interior no es sino una derrota del ser humano en tanto que ser social.

Por muy elegante que pueda ser la lencería debajo de un burka, a mí no me convence esa doblez, ja ja ja. Disculpa si frivolizo un poco, pero es que ya que no he podido enseñar arquitectura en alguna de sus escuelas universitarias, he dedicado mi vida profesional a enseñar diseño de interiores…

¿Hay también una idealización de la arquitectura civil del pasado? No sé si solo han sobrevivido las casas más bonitas o si han sido rehabilitadas, pintados y vestidas de una pátina cuqui lista para vender al turista.

Sí, sí, por supuesto. La toma de conciencia sobre la desolación de la ciudad contemporánea de la que hablaba al principio va siempre acompañada de una mirada de nostalgia al pasado y a un deseo de salvar algo de las ciudades heredadas para que también las puedan ver nuestros hijos.

De nada vale salvar las arquitecturas del pasado si no las comprendemos, si no entendemos los patrones o lenguajes con los que fueron creadas. Son simples momias, escenografías listas para vender a los turistas, ese otro agente o esa otra cara de la depredación de la que últimamente parece que también se empieza a tomar conciencia.

Sucedió cuando la construcción de casas se convirtió en lucrativo negocio. O quizá cuando las ciudades se vieron desbordadas por la inmigración rural. Sucedió cuando las periferias empezaron a modelarse con escuadra y cartabón. O cuando los centros urbanos se dieron un lavado de cara, convirtiéndose en cuqui reflejo de lo que fueron.

Hay muchos factores que pueden darnos pistas. Pero ninguno llega a explicar del todo el por qué de una realidad discutible y subjetiva, pero que parece imponerse ladrillo a ladrillo. Las viviendas actuales han renunciado a la belleza exterior. Se han desnudado de balaustradas, impostas y molduras. Muestran sus vergüenzas de ladrillo y cemento a la ciudad. Así, las periferias se conforman como mares naranjas que circundan los centros policromados. Casas homogéneas que han perdido su identidad y su estilo y que podrían plantarse en Bombay con la misma gracia que en Ginebra.

¿Son más feas las casas de hoy en día? Hemos decidido preguntarselo a Juan Díez del Corral, el hater de la arquitectura moderna. Este arquitecto, autor del blog Cascotes, lleva años despotricando contra los atropellos de la arquitectura contemporánea. Sus escritos, llenos de humor e ironía, analizan la deriva de la construcción actual explicando los factores arquitectónicos, políticos y sociales, que nos han llevado hasta aquí. Le preguntamos por la belleza relativa de las casas, antiguas y nuevas, para salir de dudas.

Tienes varios blogs y libros despotricando sobre la fealdad de la arquitectura actual, ¿de verdad la cosa es para tanto o eres un poco cascarrabias?

Últimamente me hago esa pregunta a mí mismo muchas veces, sobre todo por saber si es un asunto propio o es algo que aumenta con la edad. Soy un arquitecto un poco raro, es verdad. Y seguramente algo cascarrabias también. Pero lo cierto es que cuando releo las cosas que he escrito en mi blog me suelo partir de risa. No creo que nadie haya escrito nada parecido nunca.

Cuando estudié la carrera en la primera mitad de los años 70 abracé la arquitectura como un oficio o un saber con el que podría mejorar el mundo. Pero de entonces para acá, la decepción fue poco a poco siendo de tal calibre que no pocas veces tuve que pasar al campo de la risa para poder soportarla. A comienzos del nuevo milenio escribí un Manual de crítica de la arquitectura algo más serio y vertebrado, pero como todo libro serio, ha pasado completamente desapercibido. Si consigo un buen lector gracias a tu entrevista me sentiré muy agradecido.

Vayamos al grano, ¿crees que las casas actuales son más feas de las que se construían antaño?

En tu pregunta parece haber tres temas de muy amplio desarrollo: las casas, la fealdad y la comparación entre el pasado y el presente. He dedicado buena parte de mi vida a estos tres asuntos y comprenderás que me resulte difícil contestar con la brevedad que exige una entrevista, pero como mi respuesta a su pregunta es básicamente afirmativa, lo que detecto gratamente en la pregunta es que ya empieza a haber una cierta preocupación por estos temas en personas no especializadas.

Este mismo año se conmemora el centenario de la fundación de la Bauhaus, que bien podría ser el hito que marca la deriva negativa de la arquitectura.

La construcción de nuestras casas, de nuestras ciudades o del mundo en general ha sido en los últimos 100 años uno de los temas más ausentes del interés colectivo.

Este mismo año se conmemora el centenario de la fundación de la Bauhaus, que bien podría ser el hito que marca la deriva negativa de la arquitectura. Es decir, el momento en que se confía todo el problema del hábitat y de la ciudad a unos arquitectos que, según las ideas de aquella escuela, pasan a convertirse bien en artistas del minimalismo o bien en ingenieros del almacenamiento humano.

¿Formaría esto parte de una tendencia generalizada? ¿La arquitectura monumental también es más fea o son casos separados?

Me parece muy bien hacer esa distinción entre la Arquitectura, digamos con mayúsculas, la de los templos y edificios representativos de la sociedad, y la arquitectura de las casas, los barrios y los tejidos urbanos en general, que configuran lo que podríamos llamar la habitación del género humano.

Digamos que la primera ha estado siempre en manos de expertos y que la historia da buena cuenta de sus evoluciones formales o, como se suele decir, de sus estilos. En la segunda, lo importante es fijarse en los cambios del modo de producción.

A eso vamos, ¿qué culpa tienen las grandes constructoras? No sé si es una cuestión de ahorrar costes eliminando todo elemento exterior ornamental o de contratar a buenos arquitectos…

Puestos a repartir culpabilidades sobre la ciudad tan desolada así creada, yo pondría en primer lugar a los arquitectos por su papel de teóricos de la ciudad; luego a los poderes públicos, que son los agentes ejecutivos y responsables de la nueva ciudad; y en tercer lugar a las constructoras, que no son más que el verdugo.

La abolición del ornamento que mencionas fue algo consustancial en la abolición del modelo arquitectónico burgués. Los arquitectos de aquella etapa eran grandes decoradores. Luego, ni eso.

Hablemos, pues, de los poderes públicos, ¿han influido en la estética de las viviendas actuales factores políticos como la gran migración a las ciudades en los 70 o la creación de grandes PAU en las periferias?

Absolutamente. La gran emigración del campo a la ciudad crea en todo el mundo un problema urgente de vivienda que se resuelve con los sistemas tecnificados de producción en masa más o menos ensayados en las tipologías de la Bauhaus.

De nada vale salvar las arquitecturas del pasado si no las comprendemos, si no entendemos los patrones o lenguajes con los que fueron creadas. Son simples momias, escenografías listas para vender a los turistas

Hasta mediados de siglo XX la ciudad aún integraba en un gran organismo (definido por el Plan General) esos primeros paquetes de viviendas, pero en la segunda mitad del siglo, los paquetes van surgiendo por adición más o menos inconexa mediante Planes Parciales o los PAU que mencionas.

En la Guía de arquitectura en dos volúmenes que he realizado sobre mi ciudad, Logroño, he querido dejar bien claro ese salto entre una ciudad de casas y una ciudad de paquetes.

 ¿Y cuándo se empezó a convertir la ciudad de casas en una ciudad de paquetes?

A nivel general hay tres etapas bien definidas: la de la ciudad de casas individuales, que coincidiría con lo que Christopher Alexander llama El modo atemporal de construir; la etapa de la ciudad formada por la agregación de casas colectivas hechas por la burguesía; y la ciudad de producción y consumo en masa, que es en la que vivimos ahora.

¿Y este cambio se adscribe a unos países o culturas concretas o es un fenómeno global?

El cambio de modelo es universal. En todas partes se han ido abandonando los lenguajes colectivos y compartidos de construir, lenguajes específicos de cada región, para pasar a un lenguaje tecnificado y único que lo mismo puede usted encontrar en Suecia que en el Congo. Donde puede haber más diferencias es en la etapa intermedia, es decir, entre países o ciudades donde la burguesía dejó tejidos más o menos cuajados.

Un cambio de modelo universal que nos está llevando a una homogeneización universal. Recorrer la periferia de una ciudad asiática no es muy distinto hoy en día que recorrer la de una ciudad europea o la de una americana. ¿Por qué se han ido eliminando los elementos diferenciadores?

Del mismo modo que ya no distinguimos entre un coche francés y uno japonés, o entre un móvil chino y uno americano. Como muy bien decían los arquitectos de la vanguardia o de la modernidad, el nuevo estilo lleva el nombre de internacional.

¿También hay una explicación sociocultural? En el pasado hubo culturas, como la árabe, que anteponían la belleza del interior a la del exterior de los edificios… ¿Puede estar pasando hoy día algo similar? ¿La gente hoy en día se compra casas pensando no tanto en la belleza del edificio como la de su piso en el interior?

Ja, ja, ja. Eso que dices me recuerda mucho al final de Sumisión, la famosa novela de Houellebecq en la que el protagonista busca ese argumento para abrazar el islam. El repliegue hacia el interior no es sino una derrota del ser humano en tanto que ser social.

Por muy elegante que pueda ser la lencería debajo de un burka, a mí no me convence esa doblez, ja ja ja. Disculpa si frivolizo un poco, pero es que ya que no he podido enseñar arquitectura en alguna de sus escuelas universitarias, he dedicado mi vida profesional a enseñar diseño de interiores…

¿Hay también una idealización de la arquitectura civil del pasado? No sé si solo han sobrevivido las casas más bonitas o si han sido rehabilitadas, pintados y vestidas de una pátina cuqui lista para vender al turista.

Sí, sí, por supuesto. La toma de conciencia sobre la desolación de la ciudad contemporánea de la que hablaba al principio va siempre acompañada de una mirada de nostalgia al pasado y a un deseo de salvar algo de las ciudades heredadas para que también las puedan ver nuestros hijos.

De nada vale salvar las arquitecturas del pasado si no las comprendemos, si no entendemos los patrones o lenguajes con los que fueron creadas. Son simples momias, escenografías listas para vender a los turistas, ese otro agente o esa otra cara de la depredación de la que últimamente parece que también se empieza a tomar conciencia.

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