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14 de septiembre 2012    /   CREATIVIDAD
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Periodismo 3.0: ¿Periodismo Gonzo?

14 de septiembre 2012    /   CREATIVIDAD     por          
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Quiero ir a la Moncloa con un bazuka, echar abajo la puerta del despacho del señor presidente, cogerlo por las solapas y gritarle: ¡Habla!

… Y esperar a que sus palabras sean distintas a las que dice tras ensayos y maquillaje. Es lo que me pide el cuerpo después de leer  Transmetropolitan (1999).

I

El bazuka y la patada en la puerta son cosas que haría Spider Jerusalem, el protagonista del cómic distópico Transmetropolitan. Este personaje creado por Warren Ellis lleva al extremo el periodismo gonzo creado por Hunter S. Thompson.

II

El único crédito que le queda a los grandes medios es, por ahora, no haber dado por buenas leyendas urbanas, aunque algunos de sus empleados —de los mejores pagados— sí lo hacen en Twitter. Estos profesionales difunden mentiras, y se excusan con un “yo no lo dije. Lo tomé del twitter de (…)” El descrédito tiene la vigencia de un trending topic. Siguen en sus puestos aquellos periodistas que dieron por válidas las supuestas declaraciones de Iniesta sobre la donación de su prima por ganar la Eurocopa. Parece ser que lo que se dice en Twitter, queda en Twitter. Sin embargo, el tufo permanece. Hay seguidores desertores. Los fieles a estos profesionales hacen muescas: no perdonamos nuevos «errores».

Justamente leo sobre dos propuestas para el periodismo del futuro. Una está en seguir los pasos del longevo The Economist, cuyas noticias y artículos de opinión no están firmados. El consejo de redacción de The Economist se hace responsable de la información, de los análisis y las opiniones. Otra propuesta revela que un periodista valdrá tanto como la capacidad que tenga para acercarse a personas inaccesibles (lo mismo políticos que famosos que personajes anónimos). Este es un periodista que se mimetiza, que comparte el dolor, se indigna y se siente impotente, y lo muestra en sus escritos, aunque no llega a la violencia de Spider Jerusalem.

… Periodismo subjetivo, periodismo gonzo, pero no por ello menos veraz, en tanto que muestra con detalle una parte de la realidad. Las manipulaciones pueden llegar de tranquilos despachos: fotos que se retocan, datos que se omiten y declaraciones tergiversadas. Contar las cosas a pie de calle puede ser realmente auténtico. Spider Jerusalem trabaja a pecho descubierto: sus palabras y sus fotografías sin retocar llegan a los smartphones de los lectores mientras las va pariendo. La rabia y la subjetividad son fruto de las circunstancias.

III

Transmetropolitan mira a un futuro próximo. Tiene la capacidad de anticiparse a la aparición de los smartphones y las redes sociales. Por otro lado, predice una sociedad empobrecida. Pero, incluso así, todos los ciudadanos gozán de gadgets tecnológicos. Spider Jerusalem escribe para un portal de noticias, y se vale de las redes sociales para expandir sus crónicas. El editor no sugiere temas ni censura contenidos, a sabiendas de que Spider no se casa con credos políticos, religiosos o económicos. Sin embargo, este periodista del futuro no es una estrella del titular vacío, si no que se mancha las manos para mostrar la realidad de los barrios bajos y las políticas inhumanas a quiénes permanecen al margen de ellas.

Quiero ir a la Moncloa con un bazuka, echar abajo la puerta del despacho del señor presidente, cogerlo por las solapas y gritarle: ¡Habla!

… Y esperar a que sus palabras sean distintas a las que dice tras ensayos y maquillaje. Es lo que me pide el cuerpo después de leer  Transmetropolitan (1999).

I

El bazuka y la patada en la puerta son cosas que haría Spider Jerusalem, el protagonista del cómic distópico Transmetropolitan. Este personaje creado por Warren Ellis lleva al extremo el periodismo gonzo creado por Hunter S. Thompson.

II

El único crédito que le queda a los grandes medios es, por ahora, no haber dado por buenas leyendas urbanas, aunque algunos de sus empleados —de los mejores pagados— sí lo hacen en Twitter. Estos profesionales difunden mentiras, y se excusan con un “yo no lo dije. Lo tomé del twitter de (…)” El descrédito tiene la vigencia de un trending topic. Siguen en sus puestos aquellos periodistas que dieron por válidas las supuestas declaraciones de Iniesta sobre la donación de su prima por ganar la Eurocopa. Parece ser que lo que se dice en Twitter, queda en Twitter. Sin embargo, el tufo permanece. Hay seguidores desertores. Los fieles a estos profesionales hacen muescas: no perdonamos nuevos «errores».

Justamente leo sobre dos propuestas para el periodismo del futuro. Una está en seguir los pasos del longevo The Economist, cuyas noticias y artículos de opinión no están firmados. El consejo de redacción de The Economist se hace responsable de la información, de los análisis y las opiniones. Otra propuesta revela que un periodista valdrá tanto como la capacidad que tenga para acercarse a personas inaccesibles (lo mismo políticos que famosos que personajes anónimos). Este es un periodista que se mimetiza, que comparte el dolor, se indigna y se siente impotente, y lo muestra en sus escritos, aunque no llega a la violencia de Spider Jerusalem.

… Periodismo subjetivo, periodismo gonzo, pero no por ello menos veraz, en tanto que muestra con detalle una parte de la realidad. Las manipulaciones pueden llegar de tranquilos despachos: fotos que se retocan, datos que se omiten y declaraciones tergiversadas. Contar las cosas a pie de calle puede ser realmente auténtico. Spider Jerusalem trabaja a pecho descubierto: sus palabras y sus fotografías sin retocar llegan a los smartphones de los lectores mientras las va pariendo. La rabia y la subjetividad son fruto de las circunstancias.

III

Transmetropolitan mira a un futuro próximo. Tiene la capacidad de anticiparse a la aparición de los smartphones y las redes sociales. Por otro lado, predice una sociedad empobrecida. Pero, incluso así, todos los ciudadanos gozán de gadgets tecnológicos. Spider Jerusalem escribe para un portal de noticias, y se vale de las redes sociales para expandir sus crónicas. El editor no sugiere temas ni censura contenidos, a sabiendas de que Spider no se casa con credos políticos, religiosos o económicos. Sin embargo, este periodista del futuro no es una estrella del titular vacío, si no que se mancha las manos para mostrar la realidad de los barrios bajos y las políticas inhumanas a quiénes permanecen al margen de ellas.

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