18 de febrero 2021    /   BUSINESS
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¿Pero habrá algún día 21 millones de bitcoines?

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El bitcóin, como todas las criptomonedas, existe porque ya tocaba. Si la nube es donde estamos metiendo todas esas cosas que nadie sabe para qué sirven, pero que hemos decidido que son las más importantes del mundo, qué menos que hacer lo mismo con el dinero.

La entrada de las criptomonedas en las vidas de la gente y los sistemas financieros se está viviendo como una verdadera revolución. De un lado, los revolucionarios: fervorosos creyentes de las bondades de los activos digitales; de otro, los reaccionarios: eternos negacionistas de un cambio que puede transformar la manera en la que funciona el dinero.

Los demás, encajados entre ambas facciones, asisten ensimismados al debate que suscita el tema: ¿Es posible realmente que se muera el dinero tal y cómo lo conocemos? ¿Debería invertir en bitcoines? ¿Habrá algún día 21 millones de bitcoines? 

BITCÓIN: ¿QUIÉN ES?

En 2008, las criptomonedas nacen con un enigma: una persona, o varias, bajo el nombre de Satoshi Nakamoto envían un artículo a una lista de correo electrónico. En él, se describe un sistema de dinero digital descentralizado y de código abierto. También el protocolo para ponerlo en marcha. Nacía el bitcóin.

En uno de sus perfiles online, Nakamoto afirmaba ser un varón de 37 años residente en Japón. Sin embargo, al estilo del propio Bitcoin, la figura de Nakamoto ha estado envuelta desde el principio en la más absoluta especulación. Los hay que afirman que, de ser una persona, a tenor de su creación, solo podría ser un genio. También hay quienes niegan la mayor y defienden que de ninguna forma se puede crear algo así de manera individual. Por haber, los hay incluso que se dedican a defender que de qué iba a tener un japonés un inglés así de perfecto.

Al final, como suele pasar con todos los enigmas que dan pie al comienzo de una revolución, la única respuesta es que no existe una respuesta.

Rushay / Shutterstock.com

No obstante, desde la publicación del protocolo Bitcoin, los intentos de desvelar la identidad de su creador han sido constantes e, igualmente, infructuosos. Poco importa que por el camino Nakamoto haya sido galardonado por la revista The Economist, propuesto —y descartado—para el premio Nobel y que su criatura haya llegado a cotizar a 40.000 dólares.

La invención que según muchos está llamada a cambiar el mundo no tiene padre. 

¿SON REALES LAS CRIPTOMONEDAS?

El funcionamiento de las criptomonedas se basa, en primer lugar en el uso de blockchain para registrar las transacciones. Esta tecnología registra los cambios de manos (digitales) de las criptomonedas en una cadena de bloques. Cada parte (bloque) está formada por toda una serie de movimientos válidos que se registran en varios ordenadores al mismo tiempo. De esta forma, para modificarlos, hay que modificar muchos registros en muchos equipos diferentes.

Al mismo tiempo, para mantener la seguridad de las cadenas, el lenguaje utilizado para su codificación está encriptado. La traducción de las cadenas requiere de varias llaves o claves sin las cuales el contenido de las cadenas de bloques se mantiene protegido.

Es así como la combinación de ambas tecnologías hace que las transacciones no puedan falsificarse y que las criptomonedas nunca puedan gastarse más de una vez.

Lo primero que uno aprende sobre el dinero—cuando lo estudia, que no cuando se encuentra con él y la necesidad de utilizarlo— es que, para ser considerado como tal, debe tener tres características. Debe servir para valorar otras cosas, debe poder usarse para pagar y debe servir para depositar valor.

Si esto es así, hoy hay razones para argumentar que las criptomonedas cumplen las tres condiciones. Ya puede establecerse una comparación de valor con otras divisas, puede utilizarse para pagar y (de momento) ofrece rentabilidades mayores que la inflación y que muchos tipos de interés.

¿SUEÑAN LOS SERES HUMANOS CON DIVISAS DIGITALES?

Si bien las criptomonedas pueden considerarse dinero, hay una diferencia fundamental que las separa de las divisas de curso legal: no hay ninguna institución que respalde su valor. Este depende única y exclusivamente de la oferta y la demanda, de la mano invisible. Es, en otras palabras, el sueño húmedo de cualquier fanático de Adam Smith.

Roseed abbas / Shutterstock.com

En el caso del bitcóin, uno de los factores que más influye en la fluctuación de su valor es la disponibilidad. De acuerdo con el protocolo escrito por Nakamoto, nunca podrá haber más de 21 millones de bitcoines en circulación. De momento hay casi 19 (18,6 el 14 de febrero de 2021). Este límite conlleva una de las principales diferencias con las divisas de los países, cuya oferta puede ser manipulada para influir en su valor.

El famoso «imprimir dinero» de toda la vida. Sin embargo, es imposible no ver la limitación del número total disponible de bitcoines como un truco de marketing barato de marca de streetwear de logo plagiado a Barbara Kruger. Mantenemos baja la oferta para aumentar el valor a través de la ilusión de escasez.

La independencia de las criptomonedas—ese no depender de bancos ni de instituciones financieras—hace que las bocas tanto de libertarios como de anarquistas se encharquen solo de pensar en ellas. Quizá sea verdad que las criptomonedas nos acercan más a una forma de organización económica que solo dependa de las voluntades humanas.

Esa utopía contante y sonante tiene tantos riesgos como beneficios. En primer lugar, se trata de una serie de divisas con una enorme volatilidad y a merced absoluta de la especulación. Además, el potencial riesgo que podrían suponer para las divisas de curso legal reales (y las economías que sostienen) implica que muchos países podrían acabar a merced de la especulación (todavía más) sobre sus divisas.

Al mismo tiempo, al ser totalmente digitales, son presa con relativa frecuencia de ataques cibernéticos. En uno de los casos más sonados en España, en agosto de 2020, la firma 2gether, dedicada al trading en activos digitales, sufrió un ciberataque que culminó con la sustracción de 1,2 millones de euros en criptomonedas. Si ya solo el robo representa un duro golpe, la evolución del valor del bitcóin ha hecho que desde entonces, el valor de los activos digitales robados se haya cuadruplicado. La deuda ha pasado de 1,2 millones de euros a 5,9 (de momento), complicando aún más su devolución y aumentando la frustración de los clientes damnificados.

De acuerdo con el protocolo Bitcoin escrito por Nakamoto, nunca podrá haber más de 21 millones de bitcoines en circulación. De momento hay casi 19 (18,6 el 14 de febrero de 2021)

QUE VIENE EL COCO

Nadie sabe qué pasará en el futuro con el bitcóin y el resto de criptomonedas. ¿Es posible que las criptomonedas realmente sean el futuro? Es posible. La aparición de la tecnología blockchain y su aplicación en la creación de una divisa digital son como mirar algo que es muy desagradable pero que, una vez visto, ya no se puede olvidar.

Al mismo tiempo, los movimientos de las últimas semanas pueden tener un impacto considerable en el futuro. Las criptomonedas han recibido apoyos importantes. La compra de Tesla de 1.500 millones dólares en Bitcoin, el anuncio de Mastercard de que va a facilitar el pago con criptomonedas o la afirmación de que Twitter se plantea incluir los bitcoines en sus modelos de remuneración, barajando incluir activos digitales en su balance, son buenos ejemplos.

También hay instituciones que han anunciado su intención de crear sus propias criptomonedas, como los euros digitales o la criptomoneda china, que ya está en avanzado desarrollo.

Al final, parece que la única verdad absoluta es que el dinero, como la naturaleza, siempre se abre paso. Lo que sería de agradecer es que en su camino a la última-próxima-definitiva revolución no destruyese la economía de ningún país.

El bitcóin, como todas las criptomonedas, existe porque ya tocaba. Si la nube es donde estamos metiendo todas esas cosas que nadie sabe para qué sirven, pero que hemos decidido que son las más importantes del mundo, qué menos que hacer lo mismo con el dinero.

La entrada de las criptomonedas en las vidas de la gente y los sistemas financieros se está viviendo como una verdadera revolución. De un lado, los revolucionarios: fervorosos creyentes de las bondades de los activos digitales; de otro, los reaccionarios: eternos negacionistas de un cambio que puede transformar la manera en la que funciona el dinero.

Los demás, encajados entre ambas facciones, asisten ensimismados al debate que suscita el tema: ¿Es posible realmente que se muera el dinero tal y cómo lo conocemos? ¿Debería invertir en bitcoines? ¿Habrá algún día 21 millones de bitcoines? 

BITCÓIN: ¿QUIÉN ES?

En 2008, las criptomonedas nacen con un enigma: una persona, o varias, bajo el nombre de Satoshi Nakamoto envían un artículo a una lista de correo electrónico. En él, se describe un sistema de dinero digital descentralizado y de código abierto. También el protocolo para ponerlo en marcha. Nacía el bitcóin.

En uno de sus perfiles online, Nakamoto afirmaba ser un varón de 37 años residente en Japón. Sin embargo, al estilo del propio Bitcoin, la figura de Nakamoto ha estado envuelta desde el principio en la más absoluta especulación. Los hay que afirman que, de ser una persona, a tenor de su creación, solo podría ser un genio. También hay quienes niegan la mayor y defienden que de ninguna forma se puede crear algo así de manera individual. Por haber, los hay incluso que se dedican a defender que de qué iba a tener un japonés un inglés así de perfecto.

Al final, como suele pasar con todos los enigmas que dan pie al comienzo de una revolución, la única respuesta es que no existe una respuesta.

Rushay / Shutterstock.com

No obstante, desde la publicación del protocolo Bitcoin, los intentos de desvelar la identidad de su creador han sido constantes e, igualmente, infructuosos. Poco importa que por el camino Nakamoto haya sido galardonado por la revista The Economist, propuesto —y descartado—para el premio Nobel y que su criatura haya llegado a cotizar a 40.000 dólares.

La invención que según muchos está llamada a cambiar el mundo no tiene padre. 

¿SON REALES LAS CRIPTOMONEDAS?

El funcionamiento de las criptomonedas se basa, en primer lugar en el uso de blockchain para registrar las transacciones. Esta tecnología registra los cambios de manos (digitales) de las criptomonedas en una cadena de bloques. Cada parte (bloque) está formada por toda una serie de movimientos válidos que se registran en varios ordenadores al mismo tiempo. De esta forma, para modificarlos, hay que modificar muchos registros en muchos equipos diferentes.

Al mismo tiempo, para mantener la seguridad de las cadenas, el lenguaje utilizado para su codificación está encriptado. La traducción de las cadenas requiere de varias llaves o claves sin las cuales el contenido de las cadenas de bloques se mantiene protegido.

Es así como la combinación de ambas tecnologías hace que las transacciones no puedan falsificarse y que las criptomonedas nunca puedan gastarse más de una vez.

Lo primero que uno aprende sobre el dinero—cuando lo estudia, que no cuando se encuentra con él y la necesidad de utilizarlo— es que, para ser considerado como tal, debe tener tres características. Debe servir para valorar otras cosas, debe poder usarse para pagar y debe servir para depositar valor.

Si esto es así, hoy hay razones para argumentar que las criptomonedas cumplen las tres condiciones. Ya puede establecerse una comparación de valor con otras divisas, puede utilizarse para pagar y (de momento) ofrece rentabilidades mayores que la inflación y que muchos tipos de interés.

¿SUEÑAN LOS SERES HUMANOS CON DIVISAS DIGITALES?

Si bien las criptomonedas pueden considerarse dinero, hay una diferencia fundamental que las separa de las divisas de curso legal: no hay ninguna institución que respalde su valor. Este depende única y exclusivamente de la oferta y la demanda, de la mano invisible. Es, en otras palabras, el sueño húmedo de cualquier fanático de Adam Smith.

Roseed abbas / Shutterstock.com

En el caso del bitcóin, uno de los factores que más influye en la fluctuación de su valor es la disponibilidad. De acuerdo con el protocolo escrito por Nakamoto, nunca podrá haber más de 21 millones de bitcoines en circulación. De momento hay casi 19 (18,6 el 14 de febrero de 2021). Este límite conlleva una de las principales diferencias con las divisas de los países, cuya oferta puede ser manipulada para influir en su valor.

El famoso «imprimir dinero» de toda la vida. Sin embargo, es imposible no ver la limitación del número total disponible de bitcoines como un truco de marketing barato de marca de streetwear de logo plagiado a Barbara Kruger. Mantenemos baja la oferta para aumentar el valor a través de la ilusión de escasez.

La independencia de las criptomonedas—ese no depender de bancos ni de instituciones financieras—hace que las bocas tanto de libertarios como de anarquistas se encharquen solo de pensar en ellas. Quizá sea verdad que las criptomonedas nos acercan más a una forma de organización económica que solo dependa de las voluntades humanas.

Esa utopía contante y sonante tiene tantos riesgos como beneficios. En primer lugar, se trata de una serie de divisas con una enorme volatilidad y a merced absoluta de la especulación. Además, el potencial riesgo que podrían suponer para las divisas de curso legal reales (y las economías que sostienen) implica que muchos países podrían acabar a merced de la especulación (todavía más) sobre sus divisas.

Al mismo tiempo, al ser totalmente digitales, son presa con relativa frecuencia de ataques cibernéticos. En uno de los casos más sonados en España, en agosto de 2020, la firma 2gether, dedicada al trading en activos digitales, sufrió un ciberataque que culminó con la sustracción de 1,2 millones de euros en criptomonedas. Si ya solo el robo representa un duro golpe, la evolución del valor del bitcóin ha hecho que desde entonces, el valor de los activos digitales robados se haya cuadruplicado. La deuda ha pasado de 1,2 millones de euros a 5,9 (de momento), complicando aún más su devolución y aumentando la frustración de los clientes damnificados.

De acuerdo con el protocolo Bitcoin escrito por Nakamoto, nunca podrá haber más de 21 millones de bitcoines en circulación. De momento hay casi 19 (18,6 el 14 de febrero de 2021)

QUE VIENE EL COCO

Nadie sabe qué pasará en el futuro con el bitcóin y el resto de criptomonedas. ¿Es posible que las criptomonedas realmente sean el futuro? Es posible. La aparición de la tecnología blockchain y su aplicación en la creación de una divisa digital son como mirar algo que es muy desagradable pero que, una vez visto, ya no se puede olvidar.

Al mismo tiempo, los movimientos de las últimas semanas pueden tener un impacto considerable en el futuro. Las criptomonedas han recibido apoyos importantes. La compra de Tesla de 1.500 millones dólares en Bitcoin, el anuncio de Mastercard de que va a facilitar el pago con criptomonedas o la afirmación de que Twitter se plantea incluir los bitcoines en sus modelos de remuneración, barajando incluir activos digitales en su balance, son buenos ejemplos.

También hay instituciones que han anunciado su intención de crear sus propias criptomonedas, como los euros digitales o la criptomoneda china, que ya está en avanzado desarrollo.

Al final, parece que la única verdad absoluta es que el dinero, como la naturaleza, siempre se abre paso. Lo que sería de agradecer es que en su camino a la última-próxima-definitiva revolución no destruyese la economía de ningún país.

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