30 de marzo 2016    /   IDEAS
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¿Perro o gato? ¿Quién es el animal doméstico preferido?

30 de marzo 2016    /   IDEAS     por          
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A juzgar por los vídeos donde perros y gatos hacen monerías, podríamos dividir a ambas mascotas en dos categorías generales: los gatos, que suelen trolear; y los perros, que suelen ser bobos. Sea como fuere, nos encantan tanto unos como otros.

En términos generales, de hecho, nos gusta estar acompañados de animales: el 63% de las familias estadounidenses, por ejemplo, tiene un perro, un gato u otro acompañante no humano. De hecho, ya se prefieren mascotas antes que hijos. Pero ¿por cuál decantarnos? ¿Nuestra vida será más plena con un perro o un gato? ¿Guau o Miau?

Miau

Los gatos fueron los últimos animales domesticados por el ser humano, hace 3.500 años, por parte de los antiguos egipcios. Y como explica Carlos Fisas en Historias de la historia, «no se consideró animal doméstico, en Europa, hasta muy entrada la Edad Media, en la que unos mercaderes asiáticos introdujeron este animal en Venecia como remedio eficaz contra la plaga de ratas que infestaba entonces la república adriátrica». Ahora son los preferidos de YouTube. También de los villanos que acarician su lomo mientras estallan en carcajadas mefistofélicas.

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En la literatura, probablemente el gato más célebre haya sido aquél de sonrisa evanescente de Alicia en el País de las Maravillas, Cheshire. Pero le sigue muy de cerca el protagonista de la saga felina La canción de Cazarrabo, de Tad Williams. Y el Gato con botas, claro.

El gato más refinado, no obstante, fue Murr, que aparece en las obras del siglo XIX de **Ernst Theodor Amadeus Hoffmann**, pues es el único gato del mundo que ha resuelto el secreto de la filosofía felina. Como se describe en Breve guía de lugares imaginarios, de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi, Murr es autor del ensayo Divertimentos biográficos en el tejado, donde Murr «fue el primero en trazar una distinción científica y filosófica entre el gato estudiante que vaga por los tejados, de voz resonante, alma pura y estómago vacío, y el gato prosaico y calienta-cojines, acurrucado junto a un arenque frito y un cazo de deliciosa leche y con una excusa siempre a punto para no compartir su comida».

El comportamiento de los gatos ha fascinado a tantos investigadores que incluso el célebre etólogo y zoólogo inglés Desmond Morris dedico un libro exclusivo para ellos: Observe a su gato. Así empieza Morris a explicar por qué ronronea el gato:

La respuesta parece bastante obvia. Un gato que ronronea es un gato contento. Esto debería ser verdad, pero no lo es. Repetidas observaciones revelan que los gatos aquejados de un dolor, heridos, de parto o incluso moribundos ronronean a menudo en voz alta y durante mucho tiempo. Difícilmente cabe considerar contentos a estos gatos; naturalmente, es cierto que los gatos felices también ronronean, pero el encontrarse a gusto no es la única condición para ronronear. Una explicación más precisa, que se adecua a todos los casos, es que el ronroneo indica un estado de ánimo social amistoso: por parte de un gato herido por ejemplo, puede considerarse como señal para un veterinario de que necesita ayuda o una señal a su dueño dándole las gracias por su amistad.

El amor hacia los gatos fue también un ejemplo en el caso de Armand Jean du Plessis, más conocido como Cardenal Richelieu, que siempre cuidó en extremo a sus gatos si bien también los usaba para probar su comida y así librarse de cualquier posible veneno. Al fallecer, legó una pensión para el sostenimiento de los gatos y sus cuidadores.

Los gatos también han sido compañeros fieles de artistas, como el compositor italiano Doménico Scarlatti, que compuso una fuga para clavicordio en Re menor, La fuga del gato, inspirándose en el ruido que ocasionó su gato al subirse al clavicordio y pasear ociosamente por el teclado. Lo mismo le pasó a Chopin, que trató de imitar el paseo de su gato sobre las teclas de su piano para componer el Vals del gato.

El café más caro del mundo se elabora con las heces del gato de Algalia, su nombre es Kopi Luwak y cuesta 64 euros la taza.

La orina del gato brilla bajo la luz negra (ultravioleta). Y eso mola.

Guau

Los perros han evolucionado de los lobos (los lobos grises son sus parientes vivos más próximos), y empezaron a acompañar a los seres humanos hace 12.000 años. En la actualidad existen casi 400 razas de perros domésticos, pero todos pertenecen a la misma especie: Canis familiaris.

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Laika fue nuestra perra espacial (aunque murió calcinada, algo que los rusos trataron de ocultar a la opinión pública). El perro Apollo recibió la Medalla Dickin y fue elegido por Gran Bretaña como representante de todos los perros que han trabajado buscando víctimas de los atentados de las Torres Gemelas del 11S.

Old Drum hizo mucho por la dignidad de los perros en general, pues protagonizó una cruzada judicial que sentó jurisprudencia en Missouri, Estados Unidos. Old Drum era un perro de caza que murió en 1869 de un disparo por parte de un granjero simplemente porque merodeaba por sus tierras. Así empezó el caso Burden (dueño del perro) contra Hornsby (responsable de la muerte del perro), que se alargó durante cuatro juicios.

Uno de los cuatro abogados que defendía al perro, George G. Vest, fue recordado por la sentimental conclusión que pronunció ante la Corte Suprema de Missouri, que incluían frases como: «El único amigo absolutamente desinteresado que un hombre puede tener en este mundo egoísta, el único que nunca le abandona, el único que nunca demuestra ingratitud, es el perro». Burden ganó el juicio y, desde 1947, se puede visitar un monumento conmemorativo de Old Drum en el mismo lugar donde apareció muerto. La base del monumento (ya desaparecida por actos de vandalismo) estaba hecha de piedras enviadas por amantes de los perros del todo el mundo.

La imagen más inquietante de un perro probablemente sea la que plasmó a principios del siglo XX C.M. Coolidge en una serie de cuadros donde aparecen perros adoptando actitudes humanas, sobre todo en la serie de 16 óleos dedicada a perros jugando al póquer. Los más conocidos son A Bold Bluff y Waterloo, que en Estados Unidos son un icono de la cultura pop. Por ejemplo, en el especial de Halloween de la quinta temporada de Los Simpson aparece el mencionado lienzo y Homer, invadido por un súbito ataque de horror, vocifera: «¡Son perros! ¡Perros jugando al póker! ¡Uaaaah!».

Con 220 millones de células olfativas (los humanos solo poseemos 5 millones), el olfato perruno es 4 veces mejor que la mejor de las máquinas detectoras de olores. Incluso pueden oler el cáncer, tal y como explica John Lloyd en su libro El pequeño gran libro de la ignorancia (animal):

Unos médicos de California han descubierto que los labradores y los perros de agua portugueses son capaces de detectar el cáncer de pulmón y de pecho con mayor precisión que las pruebas más avanzadas, como las mamografías y los TAC. Los perros identificaron correctamente el 99% de cánceres de pulmón y el 88% de cánceres de pecho solo con oler el aliento de los enfermos.

Los suizos de las montañas también son los únicos europeos que comen carne de perro, aunque de forma ya muy marginal. Con todo, aún hay perros que acaban cubiertos de sal, ahumados o convertidos en embutido en las aldeas alpinas. Después de zamparse las partes más sabrosas del animal, con el resto preparan una manteca que se usa para curar la tos.

Lejos de ser un maltrato, los dueños de esos perros consideran que es una muestra de amor para la que ha sido su mascota querida. Aunque, para amor, el que profesan los propietarios de mascotas en el Reino Unido, que en 2008 gastaron unos 150 millones de dólares en regalos de Navidad para ellas.

El paroxismo del amor hacia los perros probablemente quedó representado en el ocaso de Leona Helmsley, una ricachona dueña de una cadena hotelera de Nueva York apodada por muchos como la «Reina del Mal». Al fallecer con 87 años, en su testamento dejó a su perro maltés, llamado Trouble, la nada desdeñable suma de doce millones de dólares.

Finalmente, a pesar de lo integrado que lo tenemos en la cultura popular, la FDA ofrece hasta 10 razones para las cuales es peligroso recompensar a nuestro perro con un hueso.

Guau vs. Miau

La elección entre perro y gato es muy personal. Algunos prefieren el servilismo bobalicón de los perros; otros, la independencia numantina de los gatos. Sin embargo, hay algunos datos objetivos a tener en cuenta.

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Por ejemplo, si fumas. Según un estudio llevado a cabo por un equipo de científicos de la Universidad de Glasgow, las mascotas que viven en casa de un fumador tienen peor salud. Pero los gatos son las mascotas con mayor peligro porque ingieren más humo que los perros debido a su alto nivel de autohigiene, por el que absorben más toxinas del ambiente.

Si tienes miedo a los ratones, cucarachas y otras criaturas del Averno, entonces te conviene un gato. Si bien los gatos son animales indolentes (usan un 4% de su tiempo en aparearse y el resto del tiempo, aparte de comer, beber, matar y defecar), lo importante es que matan mucho. En Estados Unidos existen alrededor de 75 millones de gatos, que son los responsables de la muerte de 1.000 millones de pájaros y 5.000 millones de roedores por año.

En el caso de que te preocupe tu salud cardiovascular, los perros pueden mejorar esta condición y los gatos pueden empeorarla. Es lo que sugiere un estudio realizado por Erika Friedmann y sus colegas de la University of Maryland. Comenta así el resultado Richard Wiseman en su libro 59 segundos:

Este sorprendente resultado animó a los científicos a explorar otros posibles efectos beneficiosos de tener perro. Se hicieron estudios que demostraban que los propietarios de perros soportaban mejor el estrés diario, veían la vida de manera más relajada, tenían la autoestima más alta y eran menos propensos a sufrir depresiones.

Obviamente, estos estudios solo muestran correlaciones y no causalidades, así que no sabemos si los perros o los gatos provocan estos efectos o son las personas predispuestas a sufrirlos los que escogen una u otra mascota en función de ellos. Para esclarecerlo definitivamente, Karen Allen, de la State University of New York en Buffalo, entregó un perro al que tenían que cuidar a corredores de bolsa que sufrían hipertensión. Otro grupo de corredores de bolsa no recibieron ningún perro. Transcurridos seis meses, los que cuidaron del perro mostraban una tensión inferior.

Así que tú decides, o guau o miau. O las dos cosas.

A juzgar por los vídeos donde perros y gatos hacen monerías, podríamos dividir a ambas mascotas en dos categorías generales: los gatos, que suelen trolear; y los perros, que suelen ser bobos. Sea como fuere, nos encantan tanto unos como otros.

En términos generales, de hecho, nos gusta estar acompañados de animales: el 63% de las familias estadounidenses, por ejemplo, tiene un perro, un gato u otro acompañante no humano. De hecho, ya se prefieren mascotas antes que hijos. Pero ¿por cuál decantarnos? ¿Nuestra vida será más plena con un perro o un gato? ¿Guau o Miau?

Miau

Los gatos fueron los últimos animales domesticados por el ser humano, hace 3.500 años, por parte de los antiguos egipcios. Y como explica Carlos Fisas en Historias de la historia, «no se consideró animal doméstico, en Europa, hasta muy entrada la Edad Media, en la que unos mercaderes asiáticos introdujeron este animal en Venecia como remedio eficaz contra la plaga de ratas que infestaba entonces la república adriátrica». Ahora son los preferidos de YouTube. También de los villanos que acarician su lomo mientras estallan en carcajadas mefistofélicas.

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En la literatura, probablemente el gato más célebre haya sido aquél de sonrisa evanescente de Alicia en el País de las Maravillas, Cheshire. Pero le sigue muy de cerca el protagonista de la saga felina La canción de Cazarrabo, de Tad Williams. Y el Gato con botas, claro.

El gato más refinado, no obstante, fue Murr, que aparece en las obras del siglo XIX de **Ernst Theodor Amadeus Hoffmann**, pues es el único gato del mundo que ha resuelto el secreto de la filosofía felina. Como se describe en Breve guía de lugares imaginarios, de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi, Murr es autor del ensayo Divertimentos biográficos en el tejado, donde Murr «fue el primero en trazar una distinción científica y filosófica entre el gato estudiante que vaga por los tejados, de voz resonante, alma pura y estómago vacío, y el gato prosaico y calienta-cojines, acurrucado junto a un arenque frito y un cazo de deliciosa leche y con una excusa siempre a punto para no compartir su comida».

El comportamiento de los gatos ha fascinado a tantos investigadores que incluso el célebre etólogo y zoólogo inglés Desmond Morris dedico un libro exclusivo para ellos: Observe a su gato. Así empieza Morris a explicar por qué ronronea el gato:

La respuesta parece bastante obvia. Un gato que ronronea es un gato contento. Esto debería ser verdad, pero no lo es. Repetidas observaciones revelan que los gatos aquejados de un dolor, heridos, de parto o incluso moribundos ronronean a menudo en voz alta y durante mucho tiempo. Difícilmente cabe considerar contentos a estos gatos; naturalmente, es cierto que los gatos felices también ronronean, pero el encontrarse a gusto no es la única condición para ronronear. Una explicación más precisa, que se adecua a todos los casos, es que el ronroneo indica un estado de ánimo social amistoso: por parte de un gato herido por ejemplo, puede considerarse como señal para un veterinario de que necesita ayuda o una señal a su dueño dándole las gracias por su amistad.

El amor hacia los gatos fue también un ejemplo en el caso de Armand Jean du Plessis, más conocido como Cardenal Richelieu, que siempre cuidó en extremo a sus gatos si bien también los usaba para probar su comida y así librarse de cualquier posible veneno. Al fallecer, legó una pensión para el sostenimiento de los gatos y sus cuidadores.

Los gatos también han sido compañeros fieles de artistas, como el compositor italiano Doménico Scarlatti, que compuso una fuga para clavicordio en Re menor, La fuga del gato, inspirándose en el ruido que ocasionó su gato al subirse al clavicordio y pasear ociosamente por el teclado. Lo mismo le pasó a Chopin, que trató de imitar el paseo de su gato sobre las teclas de su piano para componer el Vals del gato.

El café más caro del mundo se elabora con las heces del gato de Algalia, su nombre es Kopi Luwak y cuesta 64 euros la taza.

La orina del gato brilla bajo la luz negra (ultravioleta). Y eso mola.

Guau

Los perros han evolucionado de los lobos (los lobos grises son sus parientes vivos más próximos), y empezaron a acompañar a los seres humanos hace 12.000 años. En la actualidad existen casi 400 razas de perros domésticos, pero todos pertenecen a la misma especie: Canis familiaris.

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Laika fue nuestra perra espacial (aunque murió calcinada, algo que los rusos trataron de ocultar a la opinión pública). El perro Apollo recibió la Medalla Dickin y fue elegido por Gran Bretaña como representante de todos los perros que han trabajado buscando víctimas de los atentados de las Torres Gemelas del 11S.

Old Drum hizo mucho por la dignidad de los perros en general, pues protagonizó una cruzada judicial que sentó jurisprudencia en Missouri, Estados Unidos. Old Drum era un perro de caza que murió en 1869 de un disparo por parte de un granjero simplemente porque merodeaba por sus tierras. Así empezó el caso Burden (dueño del perro) contra Hornsby (responsable de la muerte del perro), que se alargó durante cuatro juicios.

Uno de los cuatro abogados que defendía al perro, George G. Vest, fue recordado por la sentimental conclusión que pronunció ante la Corte Suprema de Missouri, que incluían frases como: «El único amigo absolutamente desinteresado que un hombre puede tener en este mundo egoísta, el único que nunca le abandona, el único que nunca demuestra ingratitud, es el perro». Burden ganó el juicio y, desde 1947, se puede visitar un monumento conmemorativo de Old Drum en el mismo lugar donde apareció muerto. La base del monumento (ya desaparecida por actos de vandalismo) estaba hecha de piedras enviadas por amantes de los perros del todo el mundo.

La imagen más inquietante de un perro probablemente sea la que plasmó a principios del siglo XX C.M. Coolidge en una serie de cuadros donde aparecen perros adoptando actitudes humanas, sobre todo en la serie de 16 óleos dedicada a perros jugando al póquer. Los más conocidos son A Bold Bluff y Waterloo, que en Estados Unidos son un icono de la cultura pop. Por ejemplo, en el especial de Halloween de la quinta temporada de Los Simpson aparece el mencionado lienzo y Homer, invadido por un súbito ataque de horror, vocifera: «¡Son perros! ¡Perros jugando al póker! ¡Uaaaah!».

Con 220 millones de células olfativas (los humanos solo poseemos 5 millones), el olfato perruno es 4 veces mejor que la mejor de las máquinas detectoras de olores. Incluso pueden oler el cáncer, tal y como explica John Lloyd en su libro El pequeño gran libro de la ignorancia (animal):

Unos médicos de California han descubierto que los labradores y los perros de agua portugueses son capaces de detectar el cáncer de pulmón y de pecho con mayor precisión que las pruebas más avanzadas, como las mamografías y los TAC. Los perros identificaron correctamente el 99% de cánceres de pulmón y el 88% de cánceres de pecho solo con oler el aliento de los enfermos.

Los suizos de las montañas también son los únicos europeos que comen carne de perro, aunque de forma ya muy marginal. Con todo, aún hay perros que acaban cubiertos de sal, ahumados o convertidos en embutido en las aldeas alpinas. Después de zamparse las partes más sabrosas del animal, con el resto preparan una manteca que se usa para curar la tos.

Lejos de ser un maltrato, los dueños de esos perros consideran que es una muestra de amor para la que ha sido su mascota querida. Aunque, para amor, el que profesan los propietarios de mascotas en el Reino Unido, que en 2008 gastaron unos 150 millones de dólares en regalos de Navidad para ellas.

El paroxismo del amor hacia los perros probablemente quedó representado en el ocaso de Leona Helmsley, una ricachona dueña de una cadena hotelera de Nueva York apodada por muchos como la «Reina del Mal». Al fallecer con 87 años, en su testamento dejó a su perro maltés, llamado Trouble, la nada desdeñable suma de doce millones de dólares.

Finalmente, a pesar de lo integrado que lo tenemos en la cultura popular, la FDA ofrece hasta 10 razones para las cuales es peligroso recompensar a nuestro perro con un hueso.

Guau vs. Miau

La elección entre perro y gato es muy personal. Algunos prefieren el servilismo bobalicón de los perros; otros, la independencia numantina de los gatos. Sin embargo, hay algunos datos objetivos a tener en cuenta.

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Por ejemplo, si fumas. Según un estudio llevado a cabo por un equipo de científicos de la Universidad de Glasgow, las mascotas que viven en casa de un fumador tienen peor salud. Pero los gatos son las mascotas con mayor peligro porque ingieren más humo que los perros debido a su alto nivel de autohigiene, por el que absorben más toxinas del ambiente.

Si tienes miedo a los ratones, cucarachas y otras criaturas del Averno, entonces te conviene un gato. Si bien los gatos son animales indolentes (usan un 4% de su tiempo en aparearse y el resto del tiempo, aparte de comer, beber, matar y defecar), lo importante es que matan mucho. En Estados Unidos existen alrededor de 75 millones de gatos, que son los responsables de la muerte de 1.000 millones de pájaros y 5.000 millones de roedores por año.

En el caso de que te preocupe tu salud cardiovascular, los perros pueden mejorar esta condición y los gatos pueden empeorarla. Es lo que sugiere un estudio realizado por Erika Friedmann y sus colegas de la University of Maryland. Comenta así el resultado Richard Wiseman en su libro 59 segundos:

Este sorprendente resultado animó a los científicos a explorar otros posibles efectos beneficiosos de tener perro. Se hicieron estudios que demostraban que los propietarios de perros soportaban mejor el estrés diario, veían la vida de manera más relajada, tenían la autoestima más alta y eran menos propensos a sufrir depresiones.

Obviamente, estos estudios solo muestran correlaciones y no causalidades, así que no sabemos si los perros o los gatos provocan estos efectos o son las personas predispuestas a sufrirlos los que escogen una u otra mascota en función de ellos. Para esclarecerlo definitivamente, Karen Allen, de la State University of New York en Buffalo, entregó un perro al que tenían que cuidar a corredores de bolsa que sufrían hipertensión. Otro grupo de corredores de bolsa no recibieron ningún perro. Transcurridos seis meses, los que cuidaron del perro mostraban una tensión inferior.

Así que tú decides, o guau o miau. O las dos cosas.

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Opiniones 4
  • Por favor expresiones que ha usado en su artículo como «los perros, que suelen ser bobos» o «el servilismo bobalicón de los perros» denigran a estos animales que lejos de ser «bobos» son sumamente inteligentes, solo hay que comprobar las grandes labores que desempeñan ayudando al ser humano en tareas tan importantes como la ayuda a discapacitados, la localización de víctimas en catástrofes, la ayuda a las fuerzas de seguridad, la terapia en niños con grabes enfermedades, la localización del cáncer (actividad de la cual hace referencia en el artículo), la protección de personas indefensas, etc. Cualquier persona que conviva con uno de estos animales le puede dar miles de ejemplos de como en el día a día, estos fieles compañeros, demuestran sin lugar a dudas una inteligencia muy superior a la que (por ignorancia) se les otorga y ya hay numerosos estudios científicos que demuestran su alta capacidad para analizar problemas complejos y hallar soluciones inteligentes a estos.

    Por ello les ruego, que editen este artículo y cambien esas expresiones por otras más correctas y que se adapten más a la realidad.

  • Muy interesante artículo, le felicito Sergio, excelente.
    Creo que convendría tabién recordar un gato muy importante, clásico de Londres y que tiene hasta una estatua. Es el gato de Richard Whittington, que fue alcalde de Londres tres veces, miembro del parlamento y sheriff de la ciudad en torno al 1380, y todo ello partiendo de cero. Cuando murió legó toda su fortuna a una fundación de caridad con su nombre, que hoy tras más de 600 años sigue en funcionamiento. Su historia originó una leyenda en el siglo XVII que contaba que huérfano y bajo la protección de un comerciante el pequeño Richard se hizo con un chelín con el que compró un gato que le acompañaba a todas partes, una noche antes de partir al nuevo mundo, su gato le dijo que a su vuelta sería alcalde de Londres, y así fue. Esta historia es tan popular en Inglaterra que todos los años se representa en las escuelas inglesas, y en Londres, en Highgate Hill, hay una piedra donde se cree que el gato le habló de su fortuna al futuro triple alcalde de la ciudad del Támesis.

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