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31 de enero 2017    /   DIGITAL
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Personas que quizá conozcas: tú no lo sabes, pero Facebook sí

31 de enero 2017    /   DIGITAL     por          
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¿Le ves en todas partes? ¿En tu restaurante favorito? ¿En la sección de Personas que quizá conozcas de Facebook? ¿Te has girado en el pasillo de los perecederos porque has notado una presencia y, sí, ahí estaba? Entonces tu menor problema es la manía persecutoria: estás viviendo en una canción del siglo pasado; y encima es de Estopa. Por otro lado, si le ves en cada foto, es probable que hayas entrado en su Instagram. Sal. En lo que respecta a las personas que quizá conozcas de Facebook puedes seguir manteniendo tu preocupación.

«Hay alguien que me ha estado molestando en la vida real y ahora, de repente, han empezado a mostrarlo en la aplicación de personas que quizá conozcas. No quiero que esta persona sepa lo que estoy haciendo; le he bloqueado, pero sigo teniendo curiosidad por cómo, de repente, este hombre ha aparecido como un amigo recomendado».

Llegará el día en el que la comunidad de ayuda de Facebook superará a Yahoo! Respuestas; entonces sí, Mark Zuckerberg podrá hacer lo que disponga con internet. Preguntar por la política de privacidad de Facebook enlazando tu propio perfil de Facebook. La realidad se ha dado la vuelta a sí misma. Muchas veces.

Es inútil cuestionarse el sistema a través del cual Facebook elige qué personas puede que conozcas. En realidad, es baladí en comparación con el mensaje que esconde detrás: pide, colecciona y, por encima de todo, danos más. La red social se cubre las espaldas, aunque con la letra pequeña del consumo responsable en el servicio de ayuda donde explica qué es Personas que quizá conozcas.

«Ten en cuenta que sólo debes enviar solicitudes de amistad a personas con las que tengas relación en el mundo real, como amigos, familiares, compañeros de trabajo o compañeros de clase», apuntan. El sentido común, escondido en una matrioska de páginas más difícil de descifrar que las líneas temporales de Perdidos o el argumento de Origen.

Nos preocupa más el cómo que el porqué, y menos mal, porque el cómo es imposible descifrarlo. En este aspecto, como en muchos otros, Facebook utiliza la llamada técnica del político español, la de afirmar una cosa y la contraria sin que les titile el párpado. Y les funciona, en tanto en cuanto los únicos que se atreven a preguntar son esas personas que no detectan la ironía de su propia pregunta.

En el servicio de ayuda lo explican: «Te mostramos a personas basándonos en los amigos en común, la información de trabajos y estudios, las redes de las que formas parte, los contactos que has importado y otros muchos factores». Una pista para hallar el hilo de lo indescifrable: otros muchos factores.

¿Es la localización de tu móvil uno de esos otros muchos factores? Sí y no. Y luego sí (pero no) otra vez. Cuando hace unos meses en Fusion publicaron, apoyados en el testimonio de un portavoz de Facebook, que el personas que quizá conozcas podría ser en realidad personas que han estado en los mismos lugares que tú porque te estamos vigilando, el laberinto de contradicciones se activó.

A la declaración inicial sobre el uso de la posición del móvil le siguió una negativa rotunda: la localización sólo es uno de esos otros muchos factores, pero no es uno determinante que funcione por sí solo. Horas después, el último giro oficial: Facebook no rastrea, al estilo de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, los lugares que visitas para deducir relaciones. Bueno, sólo la puntita: durante 4 semanas en 2015, como prueba.

Here, there and everywhere, que dirían los Beatles. Las implicaciones de utilizar la geolocalización van más allá de la ética con la que tratas la privacidad de tus usuarios: al fin y al cabo, ellos mismos han dado su consentimiento sin saberlo, aunque sea de forma tácita (es revocable, además). Los conflictos se suceden cuando los algoritmos de Facebook, que vienen a ser como el ingrediente del amor en el guiso de una madre, sirven para desintegrar el anonimato que, a ciertos niveles y en muchas ocasiones, resulta innegociable.

Sin embargo, no es sólo la localización de los smartphones. La ambigüedad de «otros muchos factores» es una puerta abierta a la locura 2.0. Cuando alguien aparece en las amistades recomendadas y no compartes amigos, trabajos o estudios, la conspiranoia se abre paso. Y con razón.

De entre todas las teorías que han nacido a partir del misterio, la más apasionante es la que apunta a que el hecho de visitar un perfil te incluye automáticamente en la rampa de salida de personas que quizá conozcas de la otra persona. Hay quien se dedica a hacer experimentos públicos para demostrar ese extremo. ¿Dónde? Efectivamente, en la cara de Zuckerberg: la comunidad de ayuda de Facebook. «Tal vez este foro esté monitorizado», presiente uno de los investigadores cuando su teoría no se confirma.

«Él dispone las reglas y el tablero, y es un auténtico tramposo. Mira, pero no toques; toca, pero no pruebes; prueba, pero no saborees. Y mientras os lleva como marionetas de un lado a otro, ¿qué hace él? ¡Se descojona, se parte el culo de risa!». Al Pacino se refería a Dios en su famoso monólogo. Cuando se estrenó Pactar con el diablo, Mark Zuckerberg sólo tenía 13 años, pero el ejercicio de abstracción apenas cuesta. Él establece las reglas y el marco, y nosotros lo aceptamos todo, pero luego nos preguntamos qué está pasando cuando ese tipo que no soportamos aparece entre las personas que quizá conozcas. Y se nos queda cara de Keanu Reeves.

¿Le ves en todas partes? ¿En tu restaurante favorito? ¿En la sección de Personas que quizá conozcas de Facebook? ¿Te has girado en el pasillo de los perecederos porque has notado una presencia y, sí, ahí estaba? Entonces tu menor problema es la manía persecutoria: estás viviendo en una canción del siglo pasado; y encima es de Estopa. Por otro lado, si le ves en cada foto, es probable que hayas entrado en su Instagram. Sal. En lo que respecta a las personas que quizá conozcas de Facebook puedes seguir manteniendo tu preocupación.

«Hay alguien que me ha estado molestando en la vida real y ahora, de repente, han empezado a mostrarlo en la aplicación de personas que quizá conozcas. No quiero que esta persona sepa lo que estoy haciendo; le he bloqueado, pero sigo teniendo curiosidad por cómo, de repente, este hombre ha aparecido como un amigo recomendado».

Llegará el día en el que la comunidad de ayuda de Facebook superará a Yahoo! Respuestas; entonces sí, Mark Zuckerberg podrá hacer lo que disponga con internet. Preguntar por la política de privacidad de Facebook enlazando tu propio perfil de Facebook. La realidad se ha dado la vuelta a sí misma. Muchas veces.

Es inútil cuestionarse el sistema a través del cual Facebook elige qué personas puede que conozcas. En realidad, es baladí en comparación con el mensaje que esconde detrás: pide, colecciona y, por encima de todo, danos más. La red social se cubre las espaldas, aunque con la letra pequeña del consumo responsable en el servicio de ayuda donde explica qué es Personas que quizá conozcas.

«Ten en cuenta que sólo debes enviar solicitudes de amistad a personas con las que tengas relación en el mundo real, como amigos, familiares, compañeros de trabajo o compañeros de clase», apuntan. El sentido común, escondido en una matrioska de páginas más difícil de descifrar que las líneas temporales de Perdidos o el argumento de Origen.

Nos preocupa más el cómo que el porqué, y menos mal, porque el cómo es imposible descifrarlo. En este aspecto, como en muchos otros, Facebook utiliza la llamada técnica del político español, la de afirmar una cosa y la contraria sin que les titile el párpado. Y les funciona, en tanto en cuanto los únicos que se atreven a preguntar son esas personas que no detectan la ironía de su propia pregunta.

En el servicio de ayuda lo explican: «Te mostramos a personas basándonos en los amigos en común, la información de trabajos y estudios, las redes de las que formas parte, los contactos que has importado y otros muchos factores». Una pista para hallar el hilo de lo indescifrable: otros muchos factores.

¿Es la localización de tu móvil uno de esos otros muchos factores? Sí y no. Y luego sí (pero no) otra vez. Cuando hace unos meses en Fusion publicaron, apoyados en el testimonio de un portavoz de Facebook, que el personas que quizá conozcas podría ser en realidad personas que han estado en los mismos lugares que tú porque te estamos vigilando, el laberinto de contradicciones se activó.

A la declaración inicial sobre el uso de la posición del móvil le siguió una negativa rotunda: la localización sólo es uno de esos otros muchos factores, pero no es uno determinante que funcione por sí solo. Horas después, el último giro oficial: Facebook no rastrea, al estilo de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, los lugares que visitas para deducir relaciones. Bueno, sólo la puntita: durante 4 semanas en 2015, como prueba.

Here, there and everywhere, que dirían los Beatles. Las implicaciones de utilizar la geolocalización van más allá de la ética con la que tratas la privacidad de tus usuarios: al fin y al cabo, ellos mismos han dado su consentimiento sin saberlo, aunque sea de forma tácita (es revocable, además). Los conflictos se suceden cuando los algoritmos de Facebook, que vienen a ser como el ingrediente del amor en el guiso de una madre, sirven para desintegrar el anonimato que, a ciertos niveles y en muchas ocasiones, resulta innegociable.

Sin embargo, no es sólo la localización de los smartphones. La ambigüedad de «otros muchos factores» es una puerta abierta a la locura 2.0. Cuando alguien aparece en las amistades recomendadas y no compartes amigos, trabajos o estudios, la conspiranoia se abre paso. Y con razón.

De entre todas las teorías que han nacido a partir del misterio, la más apasionante es la que apunta a que el hecho de visitar un perfil te incluye automáticamente en la rampa de salida de personas que quizá conozcas de la otra persona. Hay quien se dedica a hacer experimentos públicos para demostrar ese extremo. ¿Dónde? Efectivamente, en la cara de Zuckerberg: la comunidad de ayuda de Facebook. «Tal vez este foro esté monitorizado», presiente uno de los investigadores cuando su teoría no se confirma.

«Él dispone las reglas y el tablero, y es un auténtico tramposo. Mira, pero no toques; toca, pero no pruebes; prueba, pero no saborees. Y mientras os lleva como marionetas de un lado a otro, ¿qué hace él? ¡Se descojona, se parte el culo de risa!». Al Pacino se refería a Dios en su famoso monólogo. Cuando se estrenó Pactar con el diablo, Mark Zuckerberg sólo tenía 13 años, pero el ejercicio de abstracción apenas cuesta. Él establece las reglas y el marco, y nosotros lo aceptamos todo, pero luego nos preguntamos qué está pasando cuando ese tipo que no soportamos aparece entre las personas que quizá conozcas. Y se nos queda cara de Keanu Reeves.

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Opiniones 3
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