23 de noviembre 2011    /   CREATIVIDAD
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¿Se acerca el fin del café barato?

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Un amigo mío sostiene que el café es el combustible del capitalismo. De estar en lo cierto, el sistema vive sus últimos estertores o, al menos, sólo va a quedar reservado para una elite, según advierte una investigación de la revista Good: el café podría estar viviendo un ‘pico’ similar al del petróleo, el otro combustible del capitalismo.

El café mañanero de toda la vida rara vez cuesta más de 1,5 euros en una cafetería de barrio, donde desayunan cada día un elevado número de españoles. En locales más exquisitos o franquicias como Starbucks el precio parte de 2,5 euros, aunque puede dispararse fácilmente hasta los 4 o 5 euros, a poco que pidas algún extra u optes por un tamaño XL, a prueba de nervios sensibles.

Tal vez en un futuro no tan lejano, los precios del café Starbucks no nos parezcan tan abusivos. ¿Los culpables? Cómo no, el cambio climático y, cómo tampoco, la especulación.

En 2009 Colombia entregó la peor cosecha de café en tres décadas. Colombia es el tercer productor mundial, después de Brasil y Vietnam (¡!), pero su café sigue siendo el mejor del mundo, como aseguraba Juan Valdés. El aumento de las temperaturas y de las lluvias provocó que la cosecha pasara de 12 millones de sacos (a razón de 60 kilos de grano la unidad) en 2006 a 7,8 millones en 2009.

Y parece que el problema no es coyuntural sino estructural. Según relata gráficamente el escritor Taylor Clark en The New York Times, la mata de café es “la diva de las plantas, la Barbra Streissand de las cosechas: si recibe menos de 120 mm de lluvia al mes, o si la temperatura varía mucho de los 20 grados o si la mata está plantada a menos de 1.400 metros de altura, una arbusto de Arábica puede decidir espontáneamente morir”.

En Colombia han actuado casi todos esos factores y algún otro, como una plaga de hongos, amén del citado cambio climático, que exige ir elevando las plantaciones hacia lo alto de las montañas, un terreno más complicado para el cultivo y, sobre todo, más escaso. En todos los países productores se están registrando simultáneamente eventos de clima extremo, constata el importador Intelligentsia Coffee.

Pero si la influencia del hombre en el clima no fuera suficiente, una segunda mano (nada invisible) se conjura para disparar los precios de la materia prima: la especulación. Como ya vimos recientemente con el caso del cacao (‘Este es el hombre que quiere dejarnos sin chocolate’), el desajuste entre la oferta y la demanda no se puede solucionar en una cosecha, ni siquiera en varios años, sino que tardaría décadas en generarse los cafetales necesarios para nutrir a un mercado mundial sediento de café (sediento de capitalismo, siguiendo con la analogía del principio).

En realidad, la escasez actual de plantaciones es la consecuencia directa de la eliminación de aranceles sobre el café que promovió el gobierno de Reagan a finales de los ochenta. La irrupción como superproductor de Brasil y la entrada del recién llegado Vietnam inundó el mercado de café, haciendo reales los deseos metafóricos de Juan Luis Guerra. El resultado: la caída del precio del café en origen, lo que provocó que muchos agricultores abandonaran sus cafetales para plantar cosechas más rentables, como la soja en Brasil o la coca en Colombia (y ya tenemos el tercer gran combustible del capitalismo en el mismo artículo).

El resultado de este vaivén ha sido nefasto para los campesinos y fabuloso para los intermediarios, como viene siendo habitual en este tipo de componendas: mientras el valor de todo el café se ha más que duplicado entre 1990 y 2005 (de 30.000 a 70.000 millones de dólares), la cifra que llegó a manos de los agricultores se redujo a la mitad, de 11.000 a 5.500 millones, según escribe Zak Stone en Good.

Visto en Good.is y The New York Times.

Imagen de Mario Carvajal (CC, Flickr). Gráfico elaborado con datos de la Organización Internacional del Café.

Abundando:

‘Este es el hombre que quiere dejarnos sin chocolate’

De cómo la ingeniería financiera desencadenó la hambruna de 2008

 

Starbucks alerta del efecto del cambio climático sobre el café

“Las marcas quieren conquistar nuestro corazón pero sólo invaden nuestro cerebro”

El Monopoly fue originalmente creado para denunciar las injusticas del capitalismo

Las obras imprescindibles del management: hoy, “El arte de la guerra”

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Un amigo mío sostiene que el café es el combustible del capitalismo. De estar en lo cierto, el sistema vive sus últimos estertores o, al menos, sólo va a quedar reservado para una elite, según advierte una investigación de la revista Good: el café podría estar viviendo un ‘pico’ similar al del petróleo, el otro combustible del capitalismo.

El café mañanero de toda la vida rara vez cuesta más de 1,5 euros en una cafetería de barrio, donde desayunan cada día un elevado número de españoles. En locales más exquisitos o franquicias como Starbucks el precio parte de 2,5 euros, aunque puede dispararse fácilmente hasta los 4 o 5 euros, a poco que pidas algún extra u optes por un tamaño XL, a prueba de nervios sensibles.

Tal vez en un futuro no tan lejano, los precios del café Starbucks no nos parezcan tan abusivos. ¿Los culpables? Cómo no, el cambio climático y, cómo tampoco, la especulación.

En 2009 Colombia entregó la peor cosecha de café en tres décadas. Colombia es el tercer productor mundial, después de Brasil y Vietnam (¡!), pero su café sigue siendo el mejor del mundo, como aseguraba Juan Valdés. El aumento de las temperaturas y de las lluvias provocó que la cosecha pasara de 12 millones de sacos (a razón de 60 kilos de grano la unidad) en 2006 a 7,8 millones en 2009.

Y parece que el problema no es coyuntural sino estructural. Según relata gráficamente el escritor Taylor Clark en The New York Times, la mata de café es “la diva de las plantas, la Barbra Streissand de las cosechas: si recibe menos de 120 mm de lluvia al mes, o si la temperatura varía mucho de los 20 grados o si la mata está plantada a menos de 1.400 metros de altura, una arbusto de Arábica puede decidir espontáneamente morir”.

En Colombia han actuado casi todos esos factores y algún otro, como una plaga de hongos, amén del citado cambio climático, que exige ir elevando las plantaciones hacia lo alto de las montañas, un terreno más complicado para el cultivo y, sobre todo, más escaso. En todos los países productores se están registrando simultáneamente eventos de clima extremo, constata el importador Intelligentsia Coffee.

Pero si la influencia del hombre en el clima no fuera suficiente, una segunda mano (nada invisible) se conjura para disparar los precios de la materia prima: la especulación. Como ya vimos recientemente con el caso del cacao (‘Este es el hombre que quiere dejarnos sin chocolate’), el desajuste entre la oferta y la demanda no se puede solucionar en una cosecha, ni siquiera en varios años, sino que tardaría décadas en generarse los cafetales necesarios para nutrir a un mercado mundial sediento de café (sediento de capitalismo, siguiendo con la analogía del principio).

En realidad, la escasez actual de plantaciones es la consecuencia directa de la eliminación de aranceles sobre el café que promovió el gobierno de Reagan a finales de los ochenta. La irrupción como superproductor de Brasil y la entrada del recién llegado Vietnam inundó el mercado de café, haciendo reales los deseos metafóricos de Juan Luis Guerra. El resultado: la caída del precio del café en origen, lo que provocó que muchos agricultores abandonaran sus cafetales para plantar cosechas más rentables, como la soja en Brasil o la coca en Colombia (y ya tenemos el tercer gran combustible del capitalismo en el mismo artículo).

El resultado de este vaivén ha sido nefasto para los campesinos y fabuloso para los intermediarios, como viene siendo habitual en este tipo de componendas: mientras el valor de todo el café se ha más que duplicado entre 1990 y 2005 (de 30.000 a 70.000 millones de dólares), la cifra que llegó a manos de los agricultores se redujo a la mitad, de 11.000 a 5.500 millones, según escribe Zak Stone en Good.

Visto en Good.is y The New York Times.

Imagen de Mario Carvajal (CC, Flickr). Gráfico elaborado con datos de la Organización Internacional del Café.

Abundando:

‘Este es el hombre que quiere dejarnos sin chocolate’

De cómo la ingeniería financiera desencadenó la hambruna de 2008

 

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