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26 de septiembre 2013    /   CINE/TV
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“El pinball se merece más de lo que tiene”

26 de septiembre 2013    /   CINE/TV     por          
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Va camino de cumplir un siglo de historia. Se han fabricado millones de máquinas en todo el mundo. Fue ilegal durante varias décadas porque se consideraba un juego de azar. En su época dorada, facturaba más que la industria del cine. El pinball fue la estrella de los salones recreativos durante años pero encontrar uno en nuestros días es casi arqueología. Si vas al patio de un colegio y preguntas a los críos por él, lo más probable es que la mayoría no sepa de qué estás hablando. Tal vez la selección natural ha hecho su trabajo, no vamos a ponernos a lloriquear y a buscar culpables, pero tampoco podemos a quitarle razón a Roger Sharpe, un ‘historiador del pinball’, cuando dice que estos cacharros “se merecen más de lo que tienen ahora”.

El pinball nació a principios de los años treinta y tuvo su momento de gloria entre la década de los sesenta y los primeros noventa. Era la reina de las máquinas recreativas electromecánicas y una de las pocas que logró sobrevivir a los videojuegos arcade y a las videoconsolas durante unos cuantos años. Y lo hizo con buena salud. La llegada de la primera Playstation de Sony en 1997 fue lo que le dio la estocada final. Hoy, solo queda una empresa en el mundo que se dedica a fabricar máquinas de pinball. El documental Special When Lit (2009) estudia el cuerpo y el alma de este juego, los porqués de su muerte y cómo una panda de chiflados románticos y encantadores insiste en mantenerlo con vida.

“Antes comíamos en casa y buscábamos el entretenimiento en la calle. Ahora la gente sale a comer a restaurantes, pero se entretiene en casa”. Tim Arnold, el regente del salón de la fama del pinball de Las Vegas lo tiene así de claro. Las consolas mataron a las estrellas del arcade. Y además, cuenta en la película, el pinball tiene un gran problema: solo tiene razón de ser en un salón recreativo.“Si quieres recordar una canción de cuando eras joven, la descargas y la metes en tu iPod. Si quieres ver una película que te gustaba de niño, te compras el DVD. La gente se acuerda del pinball, pero no tiene ningún sitio donde jugarlo”, asegura Tim. El pinball es un entretenimiento que difícilmente te puedes llevar a casa.

Los fabricantes también hacen autocrítica y se echan parte de la culpa por la defunción del pinball: reconocen que se hicieron cada vez más complicados, cada vez exigían más estrategia y el jugador esporádico perdió el interés, porque no entendía lo que tenía que hacer.

Special When Lit

Special When Lit

Special When Lit

Otros jugadores, en cambio, sí lograron comprender el lenguaje de la máquina, siguieron jugando con ella y puntuaron cada vez más alto, como si el tiempo se hubiera parado en los ochenta. Como sucede con otros juegos de pureza extrema, como el Tetris, los plusmarquistas mundiales alcanzan un estado ‘zen’ de concentración en el que solo están ellos y la máquina. No piensan más rápido que el resto. Sencillamente, no necesitan pensar.

Hay quien va más allá y dice que la relación del jugador y el pinball no solo es trascendental, sino también lasciva. Tiene sentido. Las ilustraciones de mujeres despampanantes y ligeras de ropa fueron uno de los reclamos de este juego durante sus años de gloria. No es casualidad que esas miradas femeninas se clavasen en el jugador mientras agarraba el mueble por los lados y empujaba la máquina con la cadera, como si le estuviese practicando el acto sexual de follar.

Algunos enamorados del pinball no han sido tan correspondidos por el juego como los recordmen que aparecen en la película y se han volcado en el coleccionismo. Ya no hay máquinas en los bares y apenas quedan salones recreativos, pero hay hogares que esconden cientos de estos ingenios en perfecto estado. Otros fanáticos también se dedican a documentar cómo funciona cada máquina que se cruza por su camino, como Josh Kaplan, que se define a sí mismo como “el Jim Morrison del pinball” y su sidekick, Koi Morris. Esta entrañable pareja de nerds ha entregado su vida al juego y lo reconoce con orgullo.

Estos coleccionistas enseñan sus piezas y vídeos al mundo, las cuidan, hacen que todo siga engrasado y mantienen con vida una parte de nuestra Historia de la Diversión que, de otra forma, estaría condenada a coger óxido en un vertedero. Algunos incluso las abren al público y fundan clubes para intentar conservar algo del ambiente que se vivía alrededor de este juego. Y todavía funciona. Como dice Steve Epstein al final de la película, “la magia del pinball todavía existe, pero hay que reconectarla con la gente”.

Special When Lit

Special When Lit

Special When Lit

Va camino de cumplir un siglo de historia. Se han fabricado millones de máquinas en todo el mundo. Fue ilegal durante varias décadas porque se consideraba un juego de azar. En su época dorada, facturaba más que la industria del cine. El pinball fue la estrella de los salones recreativos durante años pero encontrar uno en nuestros días es casi arqueología. Si vas al patio de un colegio y preguntas a los críos por él, lo más probable es que la mayoría no sepa de qué estás hablando. Tal vez la selección natural ha hecho su trabajo, no vamos a ponernos a lloriquear y a buscar culpables, pero tampoco podemos a quitarle razón a Roger Sharpe, un ‘historiador del pinball’, cuando dice que estos cacharros “se merecen más de lo que tienen ahora”.

El pinball nació a principios de los años treinta y tuvo su momento de gloria entre la década de los sesenta y los primeros noventa. Era la reina de las máquinas recreativas electromecánicas y una de las pocas que logró sobrevivir a los videojuegos arcade y a las videoconsolas durante unos cuantos años. Y lo hizo con buena salud. La llegada de la primera Playstation de Sony en 1997 fue lo que le dio la estocada final. Hoy, solo queda una empresa en el mundo que se dedica a fabricar máquinas de pinball. El documental Special When Lit (2009) estudia el cuerpo y el alma de este juego, los porqués de su muerte y cómo una panda de chiflados románticos y encantadores insiste en mantenerlo con vida.

“Antes comíamos en casa y buscábamos el entretenimiento en la calle. Ahora la gente sale a comer a restaurantes, pero se entretiene en casa”. Tim Arnold, el regente del salón de la fama del pinball de Las Vegas lo tiene así de claro. Las consolas mataron a las estrellas del arcade. Y además, cuenta en la película, el pinball tiene un gran problema: solo tiene razón de ser en un salón recreativo.“Si quieres recordar una canción de cuando eras joven, la descargas y la metes en tu iPod. Si quieres ver una película que te gustaba de niño, te compras el DVD. La gente se acuerda del pinball, pero no tiene ningún sitio donde jugarlo”, asegura Tim. El pinball es un entretenimiento que difícilmente te puedes llevar a casa.

Los fabricantes también hacen autocrítica y se echan parte de la culpa por la defunción del pinball: reconocen que se hicieron cada vez más complicados, cada vez exigían más estrategia y el jugador esporádico perdió el interés, porque no entendía lo que tenía que hacer.

Special When Lit

Special When Lit

Special When Lit

Otros jugadores, en cambio, sí lograron comprender el lenguaje de la máquina, siguieron jugando con ella y puntuaron cada vez más alto, como si el tiempo se hubiera parado en los ochenta. Como sucede con otros juegos de pureza extrema, como el Tetris, los plusmarquistas mundiales alcanzan un estado ‘zen’ de concentración en el que solo están ellos y la máquina. No piensan más rápido que el resto. Sencillamente, no necesitan pensar.

Hay quien va más allá y dice que la relación del jugador y el pinball no solo es trascendental, sino también lasciva. Tiene sentido. Las ilustraciones de mujeres despampanantes y ligeras de ropa fueron uno de los reclamos de este juego durante sus años de gloria. No es casualidad que esas miradas femeninas se clavasen en el jugador mientras agarraba el mueble por los lados y empujaba la máquina con la cadera, como si le estuviese practicando el acto sexual de follar.

Algunos enamorados del pinball no han sido tan correspondidos por el juego como los recordmen que aparecen en la película y se han volcado en el coleccionismo. Ya no hay máquinas en los bares y apenas quedan salones recreativos, pero hay hogares que esconden cientos de estos ingenios en perfecto estado. Otros fanáticos también se dedican a documentar cómo funciona cada máquina que se cruza por su camino, como Josh Kaplan, que se define a sí mismo como “el Jim Morrison del pinball” y su sidekick, Koi Morris. Esta entrañable pareja de nerds ha entregado su vida al juego y lo reconoce con orgullo.

Estos coleccionistas enseñan sus piezas y vídeos al mundo, las cuidan, hacen que todo siga engrasado y mantienen con vida una parte de nuestra Historia de la Diversión que, de otra forma, estaría condenada a coger óxido en un vertedero. Algunos incluso las abren al público y fundan clubes para intentar conservar algo del ambiente que se vivía alrededor de este juego. Y todavía funciona. Como dice Steve Epstein al final de la película, “la magia del pinball todavía existe, pero hay que reconectarla con la gente”.

Special When Lit

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Opiniones 6
  • «como si le estuviese practicando el acto sexual de follar.»
    Hombre, diciendo simplemente que el pinball es sexy hubiera quedado más bonito. Dicho así sólo se alimenta la leyenda negra del pinball.
    Gracias por el artículo, siempre gusta ver que alguien escribe sobre tu hobby. Lo único que hecho en falta algún referente español, aquí también tenemos coleccionistas, gurús, torneos, etc, historias interesantes que contar en definitiva. Estaría muy bien otro artículo centrado en este caso en el momento actual del pinball en nuestro país.

  • «Gracias pero yo hubiera…» Que siempre tengas que encontrarte gente en los comentarios que quiera poner la puntilla a todo.. Esa gente no crea nada, solo copian y ponen pegas. Nunca están las cosas a su gusto. Se escudan en que dan consejos pero solo acaban criticando. Ellos por supuesto lo hubieran hecho mejor, pero a la hora de la verdad nunca lo hacen. Por cierto muy buen artículo.

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