31 de julio 2012    /   CREATIVIDAD
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Pla: zapatos artesanos de diseño elaborados entre Mallorca y Bangladesh

31 de julio 2012    /   CREATIVIDAD     por          
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Estos zapatos recorren un largo camino. Su destino empieza en algún lugar del Pla, en Mallorca. En el sitio exacto donde la diseñadora Irene Peukes los imaginó por primera vez. Después viajan a Bangladesh. Pasan por las manos hábiles y entrenadas de artesanas que viven en campos de refugiados. Vuelven a la isla balear y un zapatero artesano remata el calzado. Llegan a una tienda donde, en vez de mercaderes, hay vendedores comprometidos. Y salen a caminar muy lejos. Tanto como su destino los lleve.

Los zapatos Pla se llaman así por el lugar donde se gestó la idea. Pero, además, su nombre va acompañado de una declaración de principios: “Más manos, menos máquinas”. Esa es la filosofía de la que surge el proyecto.

Irene Peukes entendía de zapatos. Trabajó en Camper durante ocho años. Conocía también el trabajo de artesanos que se dedican a tejer fuera de los grandes circuitos industriales del textil. Había diseñado una colección de verano, Guate Va Vest, con tejedores guatemaltecos.

La diseñadora andaba pensando en su proyecto de zapatos cuando un día entró a su tienda, en Mallorca, una mujer que había decidido dejar Madrid para vivir en la isla. Había dejado también la publicidad para dedicarse a la artesanía. Se llamaba Araceli Iranzo. Había entrado a buscar un vestido y descubrió una afinidad a medida con la dueña del local.

Iranzo hacía bolsos con las únicas ancianas de la isla que tienen permiso para utilizar un tipo especial de palmito protegido. El futuro del proyecto de los zapatos encajaba perfectamente con la suma de la experiencia de los trabajos en los que se ocupaban las dos.

“Nos hicimos amigas y empezamos a trabajar juntas para crear la marca. Queríamos unir diseño moderno con materiales tradicionales y que el proceso de elaboración se hiciera exclusivamente a mano”, explica Araceli Iranzo. “En Bangladesh se elabora la mitad del zapato. Coordinamos el trabajo de las artesanas con Cáritas. Son mujeres que viven en campos de refugiados. Después vuelve a Mallorca y aquí lo termina un zapatero artesano”.

En ese país se empieza la elaboración de los zapatos. Cada unidad se hace con una sola trenza de yute, un material resistente, sostenible e imprescindible para los pequeños agricultores de ese país. Las artesanas cosen a mano cada vuelta de trenza con la anterior y la unen a un forro de algodón que cubre el interior del zapato.

En Mallorca se elabora una suela suau, hecha de una capa de textil y crepe naturales, y a continuación los zapateros locales unen las dos partes en un proceso estrictamente manual.

El círculo que empieza con los conocimientos de diseño de Peukes se cierra con la experiencia de Iranzo en comunicación y marketing. Las socias dieron a la imagen de Pla el toque exquisito de la cámara de Carlos Spottorno. El fotógrafo viajó hasta Mallorca y Bangladesh para mostrar con sus imágenes y este vídeo parte del proceso de producción.

Los zapatos Pla estaban listos. En estos últimos meses lo han ido presentando por establecimientos de todo el país para que salga a la venta en la próxima colección primavera/verano.

Pero no vale cualquier tienda. Estos zapatos se producen según el Código de Prácticas de Comercio Justo y los puntos de venta tienen que ser coherentes con esta forma de pensar. “Hemos buscado las tiendas con las que compartimos la misma filosofía. Hemos hecho una gran selección. Estaremos en locales de comercio justo, tiendas de diseño, museos… y también venderemos a través de internet”, explica Iranzo. Además de España, buscan abrir mercado en Italia, Alemania, Francia, Inglaterra y Japón.

“Cada vez existe una corriente mayor de producción artesanal. Los zapatos Pla son una pequeñísima cadena más en la que ayudamos al mundo para que funcione de otra manera. Es una forma de incorporar productos de comercio justo en la vida de las personas”, comenta. “Pero no queremos que sea un acto de caridad. Nos interesamos mucho por el diseño porque pretendemos que sea un producto que guste. Queremos que cuando alguien lleve estos zapatos se sienta súper orgulloso”.

 

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Estos zapatos recorren un largo camino. Su destino empieza en algún lugar del Pla, en Mallorca. En el sitio exacto donde la diseñadora Irene Peukes los imaginó por primera vez. Después viajan a Bangladesh. Pasan por las manos hábiles y entrenadas de artesanas que viven en campos de refugiados. Vuelven a la isla balear y un zapatero artesano remata el calzado. Llegan a una tienda donde, en vez de mercaderes, hay vendedores comprometidos. Y salen a caminar muy lejos. Tanto como su destino los lleve.

Los zapatos Pla se llaman así por el lugar donde se gestó la idea. Pero, además, su nombre va acompañado de una declaración de principios: “Más manos, menos máquinas”. Esa es la filosofía de la que surge el proyecto.

Irene Peukes entendía de zapatos. Trabajó en Camper durante ocho años. Conocía también el trabajo de artesanos que se dedican a tejer fuera de los grandes circuitos industriales del textil. Había diseñado una colección de verano, Guate Va Vest, con tejedores guatemaltecos.

La diseñadora andaba pensando en su proyecto de zapatos cuando un día entró a su tienda, en Mallorca, una mujer que había decidido dejar Madrid para vivir en la isla. Había dejado también la publicidad para dedicarse a la artesanía. Se llamaba Araceli Iranzo. Había entrado a buscar un vestido y descubrió una afinidad a medida con la dueña del local.

Iranzo hacía bolsos con las únicas ancianas de la isla que tienen permiso para utilizar un tipo especial de palmito protegido. El futuro del proyecto de los zapatos encajaba perfectamente con la suma de la experiencia de los trabajos en los que se ocupaban las dos.

“Nos hicimos amigas y empezamos a trabajar juntas para crear la marca. Queríamos unir diseño moderno con materiales tradicionales y que el proceso de elaboración se hiciera exclusivamente a mano”, explica Araceli Iranzo. “En Bangladesh se elabora la mitad del zapato. Coordinamos el trabajo de las artesanas con Cáritas. Son mujeres que viven en campos de refugiados. Después vuelve a Mallorca y aquí lo termina un zapatero artesano”.

En ese país se empieza la elaboración de los zapatos. Cada unidad se hace con una sola trenza de yute, un material resistente, sostenible e imprescindible para los pequeños agricultores de ese país. Las artesanas cosen a mano cada vuelta de trenza con la anterior y la unen a un forro de algodón que cubre el interior del zapato.

En Mallorca se elabora una suela suau, hecha de una capa de textil y crepe naturales, y a continuación los zapateros locales unen las dos partes en un proceso estrictamente manual.

El círculo que empieza con los conocimientos de diseño de Peukes se cierra con la experiencia de Iranzo en comunicación y marketing. Las socias dieron a la imagen de Pla el toque exquisito de la cámara de Carlos Spottorno. El fotógrafo viajó hasta Mallorca y Bangladesh para mostrar con sus imágenes y este vídeo parte del proceso de producción.

Los zapatos Pla estaban listos. En estos últimos meses lo han ido presentando por establecimientos de todo el país para que salga a la venta en la próxima colección primavera/verano.

Pero no vale cualquier tienda. Estos zapatos se producen según el Código de Prácticas de Comercio Justo y los puntos de venta tienen que ser coherentes con esta forma de pensar. “Hemos buscado las tiendas con las que compartimos la misma filosofía. Hemos hecho una gran selección. Estaremos en locales de comercio justo, tiendas de diseño, museos… y también venderemos a través de internet”, explica Iranzo. Además de España, buscan abrir mercado en Italia, Alemania, Francia, Inglaterra y Japón.

“Cada vez existe una corriente mayor de producción artesanal. Los zapatos Pla son una pequeñísima cadena más en la que ayudamos al mundo para que funcione de otra manera. Es una forma de incorporar productos de comercio justo en la vida de las personas”, comenta. “Pero no queremos que sea un acto de caridad. Nos interesamos mucho por el diseño porque pretendemos que sea un producto que guste. Queremos que cuando alguien lleve estos zapatos se sienta súper orgulloso”.

 

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Opiniones 15
  • Lo encontraría genial si no fuera porqué tanto viage emite mucho CO2 que ayuda a derretir los polos… Habiendo tantas manos hábiles cerca que necesitan trabajo, no podríamos ajudar a los refugiados de otra manera? Gracias por escuchar, Montse

  • no veo mal que ayudemos a los refugiados dandoles trabajo pero creo que tambien deberiamos de ayudar a los de aqui porque aunque no lo creais tambien hay muchas personas que pasan hambre yo misma me las veo y me las deseo para llegar a fin de mes por lo que no me importaria hacer cualquier trabajo que pudiera realizar en casa ,yo he trabajado el trenzado de zapatos hace muchos años y ahora no encuentro quien me diga donde conseguir material para volver a empezar asi que si hay alguien que quiera darme trabajo de esa indole para hacer en casa que me lo diga que estoy dispuesta gracias

  • Vivo en San Lorenzo de El Escorial,quiero comprarlos,pf decirme en que zapaterias de Madrid puedo comprarlos. ME PARECEN MARAVILLOSOS. Gracias

  • m gusto mucho ,es una artesania fantastica y m da una idea para apoyar a las artesanas de mi puebla solo q aqui lo q se trabaja es la palma con la q se elaboran sombreros ,no se q tan resistente sea para el calzado

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