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9 de enero 2018    /   IDEAS
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Para vivir mejor: más Platón y menos Mr. Wonderful

9 de enero 2018    /   IDEAS     por          
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Ha conseguido poner de acuerdo a 200.000 personas y eso es mucho más de lo que puede presumir el PP catalán. Se define como ateo, marxista pero ante todo maestro. Lleva 23 años tratando de explicar por qué la filosofía es importante. Compitiendo contra WhatsApp y YouTube para atraer la atención de los adolescentes, proponiéndoles a esos milenials –de los que creemos saberlo todo– que piensen. Más aún, que repiensen, que sean capaces de cuestionarse a sí mismos.

Y sin embargo son los adultos, los quinientos adultos que hoy se sientan en el Congreso de los Diputados, los más duros de mollera. Enrique P. Mesa es profesor de ESO y Bachillerato en un instituto del madrileño barrio de Villaverde. También es presidente de la Asociación de Profesores de Filosofía de Madrid y acaba de llevar 200.000 firmas al Congreso para salvar a esta asignatura de la ignominia.

En 2013, la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) supuso el mayor recorte vivido hasta ahora en los estudios de filosofía. De las tres asignaturas obligatorias que se impartían en Secundaria y Bachillerato (Ética de 4º de la ESO, Filosofía General de 1º de Bachillerato e Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato) solo dejaron una. A golpe de mayoría absoluta, los diputados del PP dejaron a esta ciencia al borde de su extinción y ni siquiera les hizo falta cicuta.

Para el entonces ministro de Educación, José Ignacio Wert, la filosofía –al igual que la música o la educación plástica– no eran más que asignaturas «que distraen», que nos quitan tiempo para estudiar lo que de verdad nos hace hombres y mujeres de provecho, que no nos dejan centrarnos en lo importante: los informes PISA. Con el tiempo se ha demostrado que, con o sin filosofía, seguimos en el vagón cola de las calificaciones europeas.

«Todas las materias enseñan a pensar, pero filosofía es la única que enseña a repensar. Es la única absolutamente crítica, en la que nada es indiscutible. La filosofía nos enseña a argumentar nuestras ideas, a cuestionarlo todo, a distanciarnos de nuestras propias creencias. Y eso en la adolescencia es fundamental», defiende con pasión este profesor que, con apenas trece años, ya le robaba los libros de filosofía a su hermano mayor.

Hace dos años empezó a recoger firmas. A través de la plataforma Change.org pidió apoyo a los españoles para que la filosofía no muriera de inanición. Ni él mismo se esperaba llegar tan lejos. «Era impensable, en el mejor de los casos pensaba que lograríamos 50.000 o 75.000 firmas. Hemos tenido mucho apoyo. Incluso el PP ha reconocido que se equivocó».

Efectivamente, lo reconoció la portavoz de Educación en el Congreso, Sandra Moneo, en un encuentro con periodistas el pasado mayo, pero todavía no han dicho cómo piensan arreglarlo. «Nosotros vamos a seguir luchando hasta que Ética de 4º de ESO e Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato vuelvan a ser obligatorias».

filosofía dentro

Filosofar con Spiderman y Bob Esponja

Enrique es de esos profesores que aún reivindican las clases magistrales, las de toda la vida. Para él no hay nada como un buen speech para despertar a todas esas mentes anestesiadas por el coctel hormonal de la pubertad. Pero lo hace a su manera. «Bob Esponja es uno de mis ídolos. Con él explicas a Marx que da gusto».

Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás

Quién dijo que la filosofía solo eran debates sesudos y señores con barba. En las clases de este educador madrileño se habla de Aristóteles y Nietzsche, pero también de los Simpsons o de Spiderman. Cualquier recurso es bueno para acercarse más a los chavales aunque para ello Enrique tenga que ponerse las pilas con el trap o el anime.

«Intento que las explicaciones siempre tengan que ver con casos concretos de la vida diaria, con elementos culturales que me unan a los alumnos».

Si se explica bien, la filosofía interesa. El año pasado, el número de inscritos en el grado de Filosofía de la Universitat de Barcelona creció un 25%. También en la Complutense de Madrid durante este curso se han cubierto por primera vez todas las plazas. Como asegura la Red Española de Filosofía (REF), hablar sobre Descartes o Platón «está de moda».

La pregunta es ¿puede la filosofía ayudarnos a comprender y solucionar los desafíos que ahora nos preocupan? Por supuesto, responde Enrique P. Mesa, pero matiza. «La filosofía puede dar respuestas a los problemas de hoy, pero así en plural. No hay soluciones únicas».

Le proponemos que diga nombres. Autores a los que podríamos consultar para, por ejemplo, abordar la crisis separatista en Cataluña. «Propondría leer a Marx y a todos aquellos autores de la Ilustración que se definían como cosmopolitas».

Para entender el impacto de las nuevas tecnologías y esa obsesión por los likes. «Tendríamos que recurrir a los existencialistas. A Sartre».

Para hablar de feminismo. «Sin duda, Simone de Beauvoir».

Para entender el sentido de la felicidad. «Por supuesto habría que estudiar la eudaimonía, la idea de felicidad aristotélica. Pero también, en el sentido contrario, tendríamos que leer a Schopenhauer. Sé que es fuerte lo que voy a decir, pero creo que la felicidad está sobrevalorada».

Y aquí hemos tocado hueso. Como buen filósofo, Enrique saca su arsenal de argumentos para argumentar que todo esto de la filosofía Mr. Wonderful tiene muy poco que ver con la filosofía de verdad.

«Esta búsqueda constante de la felicidad ha ocupado el hueco que antes llenaba la religión y eso es terrible. Puedes ver el mundo como un inmenso globo rosa pero tu finalidad no es esa, tu finalidad es pensar si de verdad reúnes las condiciones para ser feliz. Hay una frase de Kant que uso siempre en mis clases: «Lo importante no es ser feliz, sino ser digno de serlo”».

La tierra es plana o el peligro de que te den la razón

Vivimos una época en la que es rara la familia que no se siente a cenar un sábado por la noche con una tertulia de fondo, en la que todos opinamos y debatimos sobre todo. Podríamos pensar que somos más filosóficos que nunca, pero no nos engañemos. Esas tertulias se parecen más a los circos romanos que a ese ágora donde Sócrates animaba a los hombres a discutir sus ideas. Al final siempre ocurre lo mismo, unos animan al gladiador y otros al león.

«La filosofía te dice que toda verdad debe ser argumentada. Ahora lo que hay solo son discursos emocionales y eso es muy peligroso. El último gran discurso emocional en Europa fue el del nazismo».

El dialogo filosófico tampoco se prodiga en el nuevo ágora digital, donde casi siempre los algoritmos nos colocan frente a opiniones exactamente iguales a las nuestras. Como denunció el activista estadounidense Eli Pariser, nos movemos por Facebook o Twitter condicionados por un «filtro burbuja» que nos aleja del resto de puntos de vista.

«Esto explica por qué hay un grupo en Facebook titulado «La tierra es plana». Cuando no oyes argumentos en contra, cuando nadie es contrario a las ideas del grupo, este se acaba cerrando en sí mismo», insiste el profesor.

«Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás». Esta frase no aparece escrita en ningún felpudo de colores ni en una taza de porcelana. Lo dijo Descartes y es lo que nos intentan recordar esas 200.000 firmas que han sido llevadas al Congreso. Lo que no deja de repetir Enrique P. Mesa cada vez que le pregunta un periodista. Con la misma obsesión de esos locos que vagan por las calles de Nueva York anunciando el fin de los días. Que la filosofía merece ser salvada.

Ha conseguido poner de acuerdo a 200.000 personas y eso es mucho más de lo que puede presumir el PP catalán. Se define como ateo, marxista pero ante todo maestro. Lleva 23 años tratando de explicar por qué la filosofía es importante. Compitiendo contra WhatsApp y YouTube para atraer la atención de los adolescentes, proponiéndoles a esos milenials –de los que creemos saberlo todo– que piensen. Más aún, que repiensen, que sean capaces de cuestionarse a sí mismos.

Y sin embargo son los adultos, los quinientos adultos que hoy se sientan en el Congreso de los Diputados, los más duros de mollera. Enrique P. Mesa es profesor de ESO y Bachillerato en un instituto del madrileño barrio de Villaverde. También es presidente de la Asociación de Profesores de Filosofía de Madrid y acaba de llevar 200.000 firmas al Congreso para salvar a esta asignatura de la ignominia.

En 2013, la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) supuso el mayor recorte vivido hasta ahora en los estudios de filosofía. De las tres asignaturas obligatorias que se impartían en Secundaria y Bachillerato (Ética de 4º de la ESO, Filosofía General de 1º de Bachillerato e Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato) solo dejaron una. A golpe de mayoría absoluta, los diputados del PP dejaron a esta ciencia al borde de su extinción y ni siquiera les hizo falta cicuta.

Para el entonces ministro de Educación, José Ignacio Wert, la filosofía –al igual que la música o la educación plástica– no eran más que asignaturas «que distraen», que nos quitan tiempo para estudiar lo que de verdad nos hace hombres y mujeres de provecho, que no nos dejan centrarnos en lo importante: los informes PISA. Con el tiempo se ha demostrado que, con o sin filosofía, seguimos en el vagón cola de las calificaciones europeas.

«Todas las materias enseñan a pensar, pero filosofía es la única que enseña a repensar. Es la única absolutamente crítica, en la que nada es indiscutible. La filosofía nos enseña a argumentar nuestras ideas, a cuestionarlo todo, a distanciarnos de nuestras propias creencias. Y eso en la adolescencia es fundamental», defiende con pasión este profesor que, con apenas trece años, ya le robaba los libros de filosofía a su hermano mayor.

Hace dos años empezó a recoger firmas. A través de la plataforma Change.org pidió apoyo a los españoles para que la filosofía no muriera de inanición. Ni él mismo se esperaba llegar tan lejos. «Era impensable, en el mejor de los casos pensaba que lograríamos 50.000 o 75.000 firmas. Hemos tenido mucho apoyo. Incluso el PP ha reconocido que se equivocó».

Efectivamente, lo reconoció la portavoz de Educación en el Congreso, Sandra Moneo, en un encuentro con periodistas el pasado mayo, pero todavía no han dicho cómo piensan arreglarlo. «Nosotros vamos a seguir luchando hasta que Ética de 4º de ESO e Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato vuelvan a ser obligatorias».

filosofía dentro

Filosofar con Spiderman y Bob Esponja

Enrique es de esos profesores que aún reivindican las clases magistrales, las de toda la vida. Para él no hay nada como un buen speech para despertar a todas esas mentes anestesiadas por el coctel hormonal de la pubertad. Pero lo hace a su manera. «Bob Esponja es uno de mis ídolos. Con él explicas a Marx que da gusto».

Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás

Quién dijo que la filosofía solo eran debates sesudos y señores con barba. En las clases de este educador madrileño se habla de Aristóteles y Nietzsche, pero también de los Simpsons o de Spiderman. Cualquier recurso es bueno para acercarse más a los chavales aunque para ello Enrique tenga que ponerse las pilas con el trap o el anime.

«Intento que las explicaciones siempre tengan que ver con casos concretos de la vida diaria, con elementos culturales que me unan a los alumnos».

Si se explica bien, la filosofía interesa. El año pasado, el número de inscritos en el grado de Filosofía de la Universitat de Barcelona creció un 25%. También en la Complutense de Madrid durante este curso se han cubierto por primera vez todas las plazas. Como asegura la Red Española de Filosofía (REF), hablar sobre Descartes o Platón «está de moda».

La pregunta es ¿puede la filosofía ayudarnos a comprender y solucionar los desafíos que ahora nos preocupan? Por supuesto, responde Enrique P. Mesa, pero matiza. «La filosofía puede dar respuestas a los problemas de hoy, pero así en plural. No hay soluciones únicas».

Le proponemos que diga nombres. Autores a los que podríamos consultar para, por ejemplo, abordar la crisis separatista en Cataluña. «Propondría leer a Marx y a todos aquellos autores de la Ilustración que se definían como cosmopolitas».

Para entender el impacto de las nuevas tecnologías y esa obsesión por los likes. «Tendríamos que recurrir a los existencialistas. A Sartre».

Para hablar de feminismo. «Sin duda, Simone de Beauvoir».

Para entender el sentido de la felicidad. «Por supuesto habría que estudiar la eudaimonía, la idea de felicidad aristotélica. Pero también, en el sentido contrario, tendríamos que leer a Schopenhauer. Sé que es fuerte lo que voy a decir, pero creo que la felicidad está sobrevalorada».

Y aquí hemos tocado hueso. Como buen filósofo, Enrique saca su arsenal de argumentos para argumentar que todo esto de la filosofía Mr. Wonderful tiene muy poco que ver con la filosofía de verdad.

«Esta búsqueda constante de la felicidad ha ocupado el hueco que antes llenaba la religión y eso es terrible. Puedes ver el mundo como un inmenso globo rosa pero tu finalidad no es esa, tu finalidad es pensar si de verdad reúnes las condiciones para ser feliz. Hay una frase de Kant que uso siempre en mis clases: «Lo importante no es ser feliz, sino ser digno de serlo”».

La tierra es plana o el peligro de que te den la razón

Vivimos una época en la que es rara la familia que no se siente a cenar un sábado por la noche con una tertulia de fondo, en la que todos opinamos y debatimos sobre todo. Podríamos pensar que somos más filosóficos que nunca, pero no nos engañemos. Esas tertulias se parecen más a los circos romanos que a ese ágora donde Sócrates animaba a los hombres a discutir sus ideas. Al final siempre ocurre lo mismo, unos animan al gladiador y otros al león.

«La filosofía te dice que toda verdad debe ser argumentada. Ahora lo que hay solo son discursos emocionales y eso es muy peligroso. El último gran discurso emocional en Europa fue el del nazismo».

El dialogo filosófico tampoco se prodiga en el nuevo ágora digital, donde casi siempre los algoritmos nos colocan frente a opiniones exactamente iguales a las nuestras. Como denunció el activista estadounidense Eli Pariser, nos movemos por Facebook o Twitter condicionados por un «filtro burbuja» que nos aleja del resto de puntos de vista.

«Esto explica por qué hay un grupo en Facebook titulado «La tierra es plana». Cuando no oyes argumentos en contra, cuando nadie es contrario a las ideas del grupo, este se acaba cerrando en sí mismo», insiste el profesor.

«Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás». Esta frase no aparece escrita en ningún felpudo de colores ni en una taza de porcelana. Lo dijo Descartes y es lo que nos intentan recordar esas 200.000 firmas que han sido llevadas al Congreso. Lo que no deja de repetir Enrique P. Mesa cada vez que le pregunta un periodista. Con la misma obsesión de esos locos que vagan por las calles de Nueva York anunciando el fin de los días. Que la filosofía merece ser salvada.

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Opiniones 4
  • Sin duda, la sociedad debe plantearse el abrir los ojos pero desde ya y creo firmenmente que, si este post llega a la persepción de los no videntes, seria mucho más easy darles cuentas el por qué de su discapa idad socio-cultural. Por que sí, la filosofia crea/es cultura.

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