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18 de junio 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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Si escribes ‘Las Marías Josés’, ¿lo estás haciendo bien?

18 de junio 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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No era Escocia, pero aquella tierra también estaba llena de clanes. Al contrario que en el país de los kilts y el whisky, aquí la denominación de cada familia estaba marcada por el nombre de pila del fundador en cuestión y no por el apellido.

Había nombres masculinos, pero sin duda los más conocidos llevaban el apelativo de una mujer. Quedaba así claro el carácter matriarcal del clan, algo que llevaban muy a gala sus miembros, aunque quien ocupara la cúspide de la pirámide familiar tuviera bigotazos, más músculo y tableta que en la peli de 300 y luciera unos pelos en las axilas que le llegaran a la altura del pecho.

Así, aunque algunos buzones lucieran el nombre de Los Adolfos o Los Marcelos, era mucho más frecuente encontrar Las Marías Josés, Las Matildes, Las Carminas o Las Higinias.

Aquella costumbre se convirtió en ley y no hubo problemas hasta que a alguien en aquel lugar se le ocurrió que había que unificar la manera de llamarse. Los clanes con nombres no compuestos lo tenían fácil. El nombre en plural y listo.

Pero el problema llegaba cuando la fundadora del clan había tenido uno compuesto. ¿Cómo debía ser: las María Josés?, ¿las Marías Josés?, ¿las María José? «Mirad, idiotas», dijo la más anciana del lugar cuando le fueron a preguntar. «Llamaos como os salga del moño y dejadme dormir la siesta en paz».

Pues la abuela tenía razón: las tres son válidas, aunque la última es la menos frecuente. Cabe también la posibilidad de escribirlo todo junto, las Mariajosés, algo que facilitaría mucho la cuestión y que la Academia ya permite.

Los nombres propios, en realidad, no llevan plural porque designan a seres únicos. Pero cuando se asimilan a nombres comunes como es el caso (ya que designan a varios individuos con el mismo nombre), lo normal es colocar el plural siguiendo las reglas generales: las Carminas, los Adolfos o los Marcelos. Y en función de la terminación, puede mantenerse invariable o no: los Tomás o los Tomases.

La cosa se complica, claro, cuando el nombre es compuesto. Lo más frecuente es que la marca del plural la lleve el segundo elemento: las María Josés, sin que ninguna de las otras dos opciones, como ya se ha dicho, sea incorrecta.

A no ser que ese nombre compuesto tenga un grupo preposicional. O sea, que estemos ante María del Carmen o Juan de Dios. En este caso, debe mantenerse invariable: Las María del Carmen o los Juan de Dios.

Rizando el rizo, si citamos el nombre y el apellido, tenemos la opción de poner el plural al nombre o dejarlo invariable: no soporto a los Juanes Palomo o no soporto a los Juan Palomo.

En el caso de apellidos, si designan a miembros de una familia, deben permanecer invariables: Han regresado los García de sus vacaciones. Pero si designan a un grupo de individuos con el mismo apellido, es igual de válido en plural o mantenerlo invariable: los Garcías/García son las personas más encantadoras del mundo.

Y una cosilla más para rematar: si el apellido acaba en -z o en -s, suele permanecer invariables: Los Ruiz, los Chaves. Aunque ahí están los Orgaz para crear la excepción: los Orgaz o los Orgaces. Que siempre ha habido clases.

No era Escocia, pero aquella tierra también estaba llena de clanes. Al contrario que en el país de los kilts y el whisky, aquí la denominación de cada familia estaba marcada por el nombre de pila del fundador en cuestión y no por el apellido.

Había nombres masculinos, pero sin duda los más conocidos llevaban el apelativo de una mujer. Quedaba así claro el carácter matriarcal del clan, algo que llevaban muy a gala sus miembros, aunque quien ocupara la cúspide de la pirámide familiar tuviera bigotazos, más músculo y tableta que en la peli de 300 y luciera unos pelos en las axilas que le llegaran a la altura del pecho.

Así, aunque algunos buzones lucieran el nombre de Los Adolfos o Los Marcelos, era mucho más frecuente encontrar Las Marías Josés, Las Matildes, Las Carminas o Las Higinias.

Aquella costumbre se convirtió en ley y no hubo problemas hasta que a alguien en aquel lugar se le ocurrió que había que unificar la manera de llamarse. Los clanes con nombres no compuestos lo tenían fácil. El nombre en plural y listo.

Pero el problema llegaba cuando la fundadora del clan había tenido uno compuesto. ¿Cómo debía ser: las María Josés?, ¿las Marías Josés?, ¿las María José? «Mirad, idiotas», dijo la más anciana del lugar cuando le fueron a preguntar. «Llamaos como os salga del moño y dejadme dormir la siesta en paz».

Pues la abuela tenía razón: las tres son válidas, aunque la última es la menos frecuente. Cabe también la posibilidad de escribirlo todo junto, las Mariajosés, algo que facilitaría mucho la cuestión y que la Academia ya permite.

Los nombres propios, en realidad, no llevan plural porque designan a seres únicos. Pero cuando se asimilan a nombres comunes como es el caso (ya que designan a varios individuos con el mismo nombre), lo normal es colocar el plural siguiendo las reglas generales: las Carminas, los Adolfos o los Marcelos. Y en función de la terminación, puede mantenerse invariable o no: los Tomás o los Tomases.

La cosa se complica, claro, cuando el nombre es compuesto. Lo más frecuente es que la marca del plural la lleve el segundo elemento: las María Josés, sin que ninguna de las otras dos opciones, como ya se ha dicho, sea incorrecta.

A no ser que ese nombre compuesto tenga un grupo preposicional. O sea, que estemos ante María del Carmen o Juan de Dios. En este caso, debe mantenerse invariable: Las María del Carmen o los Juan de Dios.

Rizando el rizo, si citamos el nombre y el apellido, tenemos la opción de poner el plural al nombre o dejarlo invariable: no soporto a los Juanes Palomo o no soporto a los Juan Palomo.

En el caso de apellidos, si designan a miembros de una familia, deben permanecer invariables: Han regresado los García de sus vacaciones. Pero si designan a un grupo de individuos con el mismo apellido, es igual de válido en plural o mantenerlo invariable: los Garcías/García son las personas más encantadoras del mundo.

Y una cosilla más para rematar: si el apellido acaba en -z o en -s, suele permanecer invariables: Los Ruiz, los Chaves. Aunque ahí están los Orgaz para crear la excepción: los Orgaz o los Orgaces. Que siempre ha habido clases.

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