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6 de julio 2018    /   CIENCIA
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Podríamos estar a punto de erradicar la pobreza extrema por primera vez en la historia

6 de julio 2018    /   CIENCIA     por          
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Si todo continúa su curso, dentro de doce años (sí, 12) podremos erradicar toda la pobreza extrema en el mundo. Absolutamente toda.

Para que nos hagamos una idea de lo que significa este hito, hace solo 200 años el 95% de la humanidad vivía en la pobreza extrema. Ese porcentaje apenas ha variado en miles de años. Es la primera vez que las cosas, en ese sentido, van a mejor… y no dejan de hacerlo.

137.000 personas al día

Fue a partir del siglo XVIII cuando empezó a disminuir la pobreza extrema gracias, fundamentalmente, a la ciencia y la tecnología, amén de otros factores derivados. Estamos a punto de erradicar el hambre gracias al ingenio.

Esta disminución se ha acelerado particularmente en las últimas décadas. Hasta el punto de que en los periódicos debería aparecer el siguiente titular todos los días en los últimos 25 años: Hoy se ha logrado reducir el número de pobres en 137.000 personas.

El auténtico milagro de los panes y los peces versión hi-tech.

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Lo que ha demostrado este hito, también, es que el conocimiento puede hacer que el suministro alimentario crezca geométricamente, es decir, la cantidad de calorías que podemos obtener de un pedazo de tierra.

Hace 10.000 años nació la agricultura y, desde entonces, el ser humano ha modificado genéticamente plantas y animales, favoreciendo los más calóricos, sabrosos, fáciles de plantar y cosechar, etc. Por esa razón, las zanahorias, el maíz o los frutos silvestres, por ejemplo, eran muy diferentes, y también mucho más amargos, astringentes o sosos.

Durante esos miles de años, sin embargo, apenas se avanzó en la obtención de alimentos. No fue hasta el advenimiento de la Revolución Industrial que se produjo una verdadera revolución agrícola, como explica el psicólogo cognitivo de la Universidad de Harvard Steven Pinker en su reciente libro En defensa de la Ilustración:

La rotación de cultivos y las mejoras en los arados y las sembradoras fueron seguidas por la mecanización, que supuso el reemplazo de la musculatura humana y animal por la fuerza generada por los combustibles fósiles. A mediados del siglo XIX hacían falta veinticinco hombres durante un día entero para cosechar y trillar una tonelada de grano; en la actualidad una persona que maneja una cosechadora puede hacerlo en seis minutos.

Los ferrocarriles, los canales, los vehículos, los graneros y la refrigeración nivelaron los altibajos en la oferta y la demanda. El conocimiento en química nos hizo dar el siguiente salto cuántico.

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El milagro químico

A principios del siglo XX, la población creció tanto que empezaron a oírse discursos agoreros sobre la falta de tierras para dar de comer a tantas bocas. Thomas Malthus, uno de los primeros demógrafos, anunciaba que no había recursos suficientes para que nacieran más personas en la Tierra. Entonces, en 1909, Carl Bosch perfeccionó un método inventado por Fritz Haber que usaba metano y vapor con el fin de extraer el nitrógeno del aire y convertirlo en fertilizante a escala industrial.

Estos dos químicos, con su hallazgo, salvaron la vida a 2.7000 millones de personas, tal y como señala Matt Ridley en su libro El optimista racional:

Hoy en día, casi la mitad de los átomos de nitrógeno en nuestros cuerpos han pasado a través de este tipo de fábricas de amoniaco.

No solo se logró una eficiencia en la producción de alimentos para llegar a todas las bocas, sino que estos alimentos empezaron a reducir sus costes, volviéndose asequibles para todo el mundo, como vuelve a insistir Pinker:

Si los alimentos cultivados hoy tuvieran que cultivarse con las técnicas agrícolas previas a la fertilización nitrogenada, se labraría con arado un área del tamaño de Rusia.

Nada mejor que hacer una comparativa de lo que se podía comprar en Estados Unidos en el año 1901 con el salario de una hora y lo que podía comprarse un siglo después:

  • 3 litros de leche – 15 litros de leche
  • 0,5 kilogramos de mantequilla – 2,5 kilogramos
  • 12 huevos – 144 huevos
  • 0,9 kg de chuletas de cerdo – 2,4 kilogramos
  • 4 kg de harina – 22 kg.

Entre 1950 y 1960 tuvo lugar otro impulso, el dado por el ingeniero agrónomo estadounidense Norman Borlaug con ayuda de organizaciones agrícolas internacionales,  la llamada Revolución Verde. Gracias a este conjunto de tecnologías coordinadas, ahora el mundo necesita menos de un tercio de la tierra que solía necesitar para producir una cantidad determinada de alimento.

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En otras palabras: no solo había más comida para todos, no solo era más barata para todos… sino que, además, resulta más respetuosa con el medioambiente que las prácticas del pasado.

Este crecimiento exponencial de los alimentos ha permitido que en el año 2000 la ONU presentara ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio y uno de ellos, reducir a la mitad tasa de pobreza mundial, se cumpliera cinco años antes de lo previsto. En 2015, se quiso ir más lejos, y la ONU propuso acabar con la pobreza extrema para todo el mundo en todas las partes en el año 2030. Solo faltan doce años para lograrlo, y los más optimistas señalan que lo haremos incluso antes, hacia el año 2026.

Estamos hablando, obviamente, de pobreza extrema. Pero incluso los diferentes grados de pobreza son hogaño mucho más halagüeños que antaño: en 2011, más del 95% de los hogares estadounidenses por debajo del umbral de la pobreza tenían electricidad, agua corriente, inodoros con cisterna, nevera, cocina y televisión en color. Las familias más ricas del mundo, hace un siglo y medio, no tenían nada de todo eso.

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Milagro genético

El siguiente salto cuántico en la producción de alimentos pasa por la implantación de la ingeniería genética a gran escala, multiplicando varias veces la eficiencia y el respeto al medioambiente, amén de aumentar el rendimiento en la producción de vitaminas, la tolerancia a la sequía y la salinidad, la resistencia a la enfermedad, las plagas y el deterioro, y un largo etcétera que pone de manifiesto hasta qué punto era bruta, cruel e inconsciente con el medioambiente la agricultura de nuestros antepasados.

A pesar del síndrome de Frankenstein que despierta el término ingeniería genética en los legos o determinadas organizaciones ecologistas, lo cierto es que hay cientos de estudios realizados por las principales organizaciones sanitarias y científicas del planeta que certifican la seguridad de los cultivos modificados genéticamente (per se). No es extraño este rechazo si tenemos en cuenta que la mayor parte de la gente cree que los tomates ordinarios no tienen genes y los genéticamente modificados sí que los tienen.

Abjurar de una nueva tecnología sin disponer de suficiente información sobre ella puede retrasar temerariamente su implantación, a veces trayendo consigo el sufrimiento y la muerte de mucha gente. Si logramos superar estos escollos ideológicos, pues, nos encaminaremos no solo a la erradicación de la pobreza extrema, sino a una suerte de época de abundancia alimentaria barata, más segura, más nutritiva y más medioambientalmente sostenible.

Y así ha sido la historia del hambre y de cómo la hemos logrado vencer, desarrollando la agricultura, creando la rotación de cultivos, usando el guano, recurriendo a los huesos de bisonte molidos, y más tarde a los fertilizantes químicos, los cultivos híbridos, los pesticidas y la Revolución Verde.

Los cultivos modificados genéticamente llegan ahora, junto a los hidropónicos, aeropónicos, granjas verticales urbanas, cosecha robótica, carne cultivada in vitro, algoritmos de inteligencia artificial para gestionar cultivos y suministros, recuperación de la energía y los fertilizantes de las aguas residuales… y todo lo que nuestro ingenio pueda cultivar.

Porque como concluyen Peter H. Diamandis y Steven Kotler en su libro Abundancia, «la tecnología es un mecanismo de liberación de recursos. Puede convertir lo que antes era escaso en abundante». Un verdadero milagro hi-tech.

 

Si todo continúa su curso, dentro de doce años (sí, 12) podremos erradicar toda la pobreza extrema en el mundo. Absolutamente toda.

Para que nos hagamos una idea de lo que significa este hito, hace solo 200 años el 95% de la humanidad vivía en la pobreza extrema. Ese porcentaje apenas ha variado en miles de años. Es la primera vez que las cosas, en ese sentido, van a mejor… y no dejan de hacerlo.

137.000 personas al día

Fue a partir del siglo XVIII cuando empezó a disminuir la pobreza extrema gracias, fundamentalmente, a la ciencia y la tecnología, amén de otros factores derivados. Estamos a punto de erradicar el hambre gracias al ingenio.

Esta disminución se ha acelerado particularmente en las últimas décadas. Hasta el punto de que en los periódicos debería aparecer el siguiente titular todos los días en los últimos 25 años: Hoy se ha logrado reducir el número de pobres en 137.000 personas.

El auténtico milagro de los panes y los peces versión hi-tech.

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Lo que ha demostrado este hito, también, es que el conocimiento puede hacer que el suministro alimentario crezca geométricamente, es decir, la cantidad de calorías que podemos obtener de un pedazo de tierra.

Hace 10.000 años nació la agricultura y, desde entonces, el ser humano ha modificado genéticamente plantas y animales, favoreciendo los más calóricos, sabrosos, fáciles de plantar y cosechar, etc. Por esa razón, las zanahorias, el maíz o los frutos silvestres, por ejemplo, eran muy diferentes, y también mucho más amargos, astringentes o sosos.

Durante esos miles de años, sin embargo, apenas se avanzó en la obtención de alimentos. No fue hasta el advenimiento de la Revolución Industrial que se produjo una verdadera revolución agrícola, como explica el psicólogo cognitivo de la Universidad de Harvard Steven Pinker en su reciente libro En defensa de la Ilustración:

La rotación de cultivos y las mejoras en los arados y las sembradoras fueron seguidas por la mecanización, que supuso el reemplazo de la musculatura humana y animal por la fuerza generada por los combustibles fósiles. A mediados del siglo XIX hacían falta veinticinco hombres durante un día entero para cosechar y trillar una tonelada de grano; en la actualidad una persona que maneja una cosechadora puede hacerlo en seis minutos.

Los ferrocarriles, los canales, los vehículos, los graneros y la refrigeración nivelaron los altibajos en la oferta y la demanda. El conocimiento en química nos hizo dar el siguiente salto cuántico.

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El milagro químico

A principios del siglo XX, la población creció tanto que empezaron a oírse discursos agoreros sobre la falta de tierras para dar de comer a tantas bocas. Thomas Malthus, uno de los primeros demógrafos, anunciaba que no había recursos suficientes para que nacieran más personas en la Tierra. Entonces, en 1909, Carl Bosch perfeccionó un método inventado por Fritz Haber que usaba metano y vapor con el fin de extraer el nitrógeno del aire y convertirlo en fertilizante a escala industrial.

Estos dos químicos, con su hallazgo, salvaron la vida a 2.7000 millones de personas, tal y como señala Matt Ridley en su libro El optimista racional:

Hoy en día, casi la mitad de los átomos de nitrógeno en nuestros cuerpos han pasado a través de este tipo de fábricas de amoniaco.

No solo se logró una eficiencia en la producción de alimentos para llegar a todas las bocas, sino que estos alimentos empezaron a reducir sus costes, volviéndose asequibles para todo el mundo, como vuelve a insistir Pinker:

Si los alimentos cultivados hoy tuvieran que cultivarse con las técnicas agrícolas previas a la fertilización nitrogenada, se labraría con arado un área del tamaño de Rusia.

Nada mejor que hacer una comparativa de lo que se podía comprar en Estados Unidos en el año 1901 con el salario de una hora y lo que podía comprarse un siglo después:

  • 3 litros de leche – 15 litros de leche
  • 0,5 kilogramos de mantequilla – 2,5 kilogramos
  • 12 huevos – 144 huevos
  • 0,9 kg de chuletas de cerdo – 2,4 kilogramos
  • 4 kg de harina – 22 kg.

Entre 1950 y 1960 tuvo lugar otro impulso, el dado por el ingeniero agrónomo estadounidense Norman Borlaug con ayuda de organizaciones agrícolas internacionales,  la llamada Revolución Verde. Gracias a este conjunto de tecnologías coordinadas, ahora el mundo necesita menos de un tercio de la tierra que solía necesitar para producir una cantidad determinada de alimento.

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En otras palabras: no solo había más comida para todos, no solo era más barata para todos… sino que, además, resulta más respetuosa con el medioambiente que las prácticas del pasado.

Este crecimiento exponencial de los alimentos ha permitido que en el año 2000 la ONU presentara ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio y uno de ellos, reducir a la mitad tasa de pobreza mundial, se cumpliera cinco años antes de lo previsto. En 2015, se quiso ir más lejos, y la ONU propuso acabar con la pobreza extrema para todo el mundo en todas las partes en el año 2030. Solo faltan doce años para lograrlo, y los más optimistas señalan que lo haremos incluso antes, hacia el año 2026.

Estamos hablando, obviamente, de pobreza extrema. Pero incluso los diferentes grados de pobreza son hogaño mucho más halagüeños que antaño: en 2011, más del 95% de los hogares estadounidenses por debajo del umbral de la pobreza tenían electricidad, agua corriente, inodoros con cisterna, nevera, cocina y televisión en color. Las familias más ricas del mundo, hace un siglo y medio, no tenían nada de todo eso.

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Milagro genético

El siguiente salto cuántico en la producción de alimentos pasa por la implantación de la ingeniería genética a gran escala, multiplicando varias veces la eficiencia y el respeto al medioambiente, amén de aumentar el rendimiento en la producción de vitaminas, la tolerancia a la sequía y la salinidad, la resistencia a la enfermedad, las plagas y el deterioro, y un largo etcétera que pone de manifiesto hasta qué punto era bruta, cruel e inconsciente con el medioambiente la agricultura de nuestros antepasados.

A pesar del síndrome de Frankenstein que despierta el término ingeniería genética en los legos o determinadas organizaciones ecologistas, lo cierto es que hay cientos de estudios realizados por las principales organizaciones sanitarias y científicas del planeta que certifican la seguridad de los cultivos modificados genéticamente (per se). No es extraño este rechazo si tenemos en cuenta que la mayor parte de la gente cree que los tomates ordinarios no tienen genes y los genéticamente modificados sí que los tienen.

Abjurar de una nueva tecnología sin disponer de suficiente información sobre ella puede retrasar temerariamente su implantación, a veces trayendo consigo el sufrimiento y la muerte de mucha gente. Si logramos superar estos escollos ideológicos, pues, nos encaminaremos no solo a la erradicación de la pobreza extrema, sino a una suerte de época de abundancia alimentaria barata, más segura, más nutritiva y más medioambientalmente sostenible.

Y así ha sido la historia del hambre y de cómo la hemos logrado vencer, desarrollando la agricultura, creando la rotación de cultivos, usando el guano, recurriendo a los huesos de bisonte molidos, y más tarde a los fertilizantes químicos, los cultivos híbridos, los pesticidas y la Revolución Verde.

Los cultivos modificados genéticamente llegan ahora, junto a los hidropónicos, aeropónicos, granjas verticales urbanas, cosecha robótica, carne cultivada in vitro, algoritmos de inteligencia artificial para gestionar cultivos y suministros, recuperación de la energía y los fertilizantes de las aguas residuales… y todo lo que nuestro ingenio pueda cultivar.

Porque como concluyen Peter H. Diamandis y Steven Kotler en su libro Abundancia, «la tecnología es un mecanismo de liberación de recursos. Puede convertir lo que antes era escaso en abundante». Un verdadero milagro hi-tech.

 

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Opiniones 5
  • Ojalá que sí, pero hay 3 amenazas conectadas en el horizonte: el cambio climático que altera los ciclos de lluvias y las temperaturas, la agricultura poco sostenible que destruye suelos y contamina o despercia el agua y la inestabilidad política que trae lo anterior. Me temo que alrededor del 2025 habrá grandes masas de población sufriendo hambrunas y falta de agua, guerras y desplazamientos. Pero pienso que las décadas de 2020-2030 serán el punto crítico y que si logramos salir de ahí, sí se acabará la pobreza extrema, aunque el cambio climático nos traiga otros desastres más adelante. Saludos.

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