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23 de septiembre 2015    /   CINE/TV
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Instrucciones para cantar como Julio Cortázar

23 de septiembre 2015    /   CINE/TV     por          
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Hace ya un par de siglos que Bécquer se preguntaba en versos qué es poesía. Para él, la respuesta estaba clara: «Poesía eres tú», respondía a la pregunta que le hacía su amada. Y si se lo preguntáramos hoy, ¿qué nos contestaría?
Seguramente las respuestas sean múltiples. Como múltiples son también las imágenes y recuerdos que un poema despierta en cada lector. Las palabras son las mismas; lo que sugieren, no. Es la magia de la metáfora, del lenguaje simbólico. Y ahí radica también la dificultad de plasmar en imágenes reales toda esa simbología.
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Adrián Suárez, director audiovisual español afincado en Colombia, donde trabaja para la productora Akira Cine, quiso asumir el reto de representar visualmente un poema. Llevaba tiempo rondándole la idea de contar una historia a través de objetos con una narrativa muy directa. Pero qué contar.
Poco amigo de las historias largas, pensó enseguida en la poesía, «en donde en pocas palabras las ideas se condensan, y normalmente cada palabra cuenta y no es gratuita (como sucede también en la publicidad, sector del que provengo)». Y la casualidad quiso que cayera en sus manos un libro de Bukowski, uno de sus autores favoritos. El estilo del poeta estadounidense encajaba con su idea de contar una historia con objetos. Los temas que trata y el uso, en opinión de Suárez, de un lenguaje muy directo, sin grandes parafernalias y recursos literarios, facilitaba el paso del poema en papel a la pantalla.
Rápidamente empezó a pensar en otros autores que pudieran cumplir también ese requisito. Julio Cortázar fue el elegido. Ambos, en opinión de Adrián, comparten un punto de partida desde lo cotidiano muy similar, a pesar de sus diferentes estilos. Solo faltaba elegir qué poemas plasmaría gráficamente. Los escogidos fueron El minuto, en el caso de Bukowski, e Instrucciones para cantar, de Cortázar.


¿Por qué esos dos poemas en concreto? En el caso de El minuto, ve reflejada su obsesión por el tiempo, por la forma en que este está representado, de forma circular a pesar de ser lineal. Los relojes solo son capaces de encerrar al tiempo en una rutina cíclica de la que no somos capaces de salir. «Nuestras vidas no deberían estar encerradas en el concepto de minutos, horas, días… Este poema transmite todo aquello que yo pienso. No me gustaría que mi vida, cuando eche la vista atrás, se parezca en lo más mínimo a las vidas “convencionales”», sino poder decir «“yo he vivido mi vida” y no la que marca ”un reloj”».
Captura de pantalla 2015-09-08 a la(s) 11.08.32
De Cortázar le gusta que, de pronto y «sin avisar», sus poemas dan un giro a mundos extraños y surrealistas, pero con un lenguaje muy normal. Si bien en un principio Suárez eligió Instrucciones para dar cuerda a un reloj, quiso alejarse de la temática del tiempo y se decantó finalmente por Instrucciones para cantar.
La intención estética fue siempre lograr un lenguaje muy sencillo y directo, en el que los protagonistas fueran los objetos. Cada uno de ellos le llevó tiempo y una cuidadosa búsqueda por mercadillos urbanos de Bogotá hasta dar con los adecuados. Por otro lado estaba el tema del color y la composición. Quizá por su bagaje en agencias de publicidad, entendía cada plano como si de una gráfica independiente se tratara y buscaba un código más cercano a la publicidad y al diseño gráfico que al cine. «Me encantan los formatos cortos en los que cada segundo está pensado al milímetro y en donde uno se puede entretener en el detalle», indica.
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Una vez montada la estructura, quiso dar una vuelta de tuerca más y pasó a integrar lo que él llama «elementos inesperados» que dotaran a la pieza de algo más especial. «Por ese motivo decidí “degollar” a los actores. Me hacía gracia pensar que ellos también se convertían en objetos», explica. Quitándoles las cabezas los despersonalizaba. Aunque también da algunos ejemplos más: «la rotura del espejo o la explosión del reloj que se transforma en bolas que nadie espera».
Que nadie busque, sin embargo, una interpretación del significado de ambos poemas. Suárez no lo ha pretendido en ningún momento. Sencillamente «esta es mi forma de imaginármelos». Su intención es sorprender visualmente al espectador, hacerle caer en una especie de síndrome de Stendhal dándole el gusto de ver algo bonito, algo que desee reproducir una y otra vez y que le anime a fijarse detenidamente en los detalles con el mismo cuidado que puso Adrián Suárez en representar plásticamente cada verso.
¿Qué otra cosa es, si no, la poesía? Lorca lo definió muy bien: «Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio».
Captura de pantalla 2015-09-08 a la(s) 11.07.54
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Hace ya un par de siglos que Bécquer se preguntaba en versos qué es poesía. Para él, la respuesta estaba clara: «Poesía eres tú», respondía a la pregunta que le hacía su amada. Y si se lo preguntáramos hoy, ¿qué nos contestaría?
Seguramente las respuestas sean múltiples. Como múltiples son también las imágenes y recuerdos que un poema despierta en cada lector. Las palabras son las mismas; lo que sugieren, no. Es la magia de la metáfora, del lenguaje simbólico. Y ahí radica también la dificultad de plasmar en imágenes reales toda esa simbología.
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Adrián Suárez, director audiovisual español afincado en Colombia, donde trabaja para la productora Akira Cine, quiso asumir el reto de representar visualmente un poema. Llevaba tiempo rondándole la idea de contar una historia a través de objetos con una narrativa muy directa. Pero qué contar.
Poco amigo de las historias largas, pensó enseguida en la poesía, «en donde en pocas palabras las ideas se condensan, y normalmente cada palabra cuenta y no es gratuita (como sucede también en la publicidad, sector del que provengo)». Y la casualidad quiso que cayera en sus manos un libro de Bukowski, uno de sus autores favoritos. El estilo del poeta estadounidense encajaba con su idea de contar una historia con objetos. Los temas que trata y el uso, en opinión de Suárez, de un lenguaje muy directo, sin grandes parafernalias y recursos literarios, facilitaba el paso del poema en papel a la pantalla.
Rápidamente empezó a pensar en otros autores que pudieran cumplir también ese requisito. Julio Cortázar fue el elegido. Ambos, en opinión de Adrián, comparten un punto de partida desde lo cotidiano muy similar, a pesar de sus diferentes estilos. Solo faltaba elegir qué poemas plasmaría gráficamente. Los escogidos fueron El minuto, en el caso de Bukowski, e Instrucciones para cantar, de Cortázar.


¿Por qué esos dos poemas en concreto? En el caso de El minuto, ve reflejada su obsesión por el tiempo, por la forma en que este está representado, de forma circular a pesar de ser lineal. Los relojes solo son capaces de encerrar al tiempo en una rutina cíclica de la que no somos capaces de salir. «Nuestras vidas no deberían estar encerradas en el concepto de minutos, horas, días… Este poema transmite todo aquello que yo pienso. No me gustaría que mi vida, cuando eche la vista atrás, se parezca en lo más mínimo a las vidas “convencionales”», sino poder decir «“yo he vivido mi vida” y no la que marca ”un reloj”».
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De Cortázar le gusta que, de pronto y «sin avisar», sus poemas dan un giro a mundos extraños y surrealistas, pero con un lenguaje muy normal. Si bien en un principio Suárez eligió Instrucciones para dar cuerda a un reloj, quiso alejarse de la temática del tiempo y se decantó finalmente por Instrucciones para cantar.
La intención estética fue siempre lograr un lenguaje muy sencillo y directo, en el que los protagonistas fueran los objetos. Cada uno de ellos le llevó tiempo y una cuidadosa búsqueda por mercadillos urbanos de Bogotá hasta dar con los adecuados. Por otro lado estaba el tema del color y la composición. Quizá por su bagaje en agencias de publicidad, entendía cada plano como si de una gráfica independiente se tratara y buscaba un código más cercano a la publicidad y al diseño gráfico que al cine. «Me encantan los formatos cortos en los que cada segundo está pensado al milímetro y en donde uno se puede entretener en el detalle», indica.
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Una vez montada la estructura, quiso dar una vuelta de tuerca más y pasó a integrar lo que él llama «elementos inesperados» que dotaran a la pieza de algo más especial. «Por ese motivo decidí “degollar” a los actores. Me hacía gracia pensar que ellos también se convertían en objetos», explica. Quitándoles las cabezas los despersonalizaba. Aunque también da algunos ejemplos más: «la rotura del espejo o la explosión del reloj que se transforma en bolas que nadie espera».
Que nadie busque, sin embargo, una interpretación del significado de ambos poemas. Suárez no lo ha pretendido en ningún momento. Sencillamente «esta es mi forma de imaginármelos». Su intención es sorprender visualmente al espectador, hacerle caer en una especie de síndrome de Stendhal dándole el gusto de ver algo bonito, algo que desee reproducir una y otra vez y que le anime a fijarse detenidamente en los detalles con el mismo cuidado que puso Adrián Suárez en representar plásticamente cada verso.
¿Qué otra cosa es, si no, la poesía? Lorca lo definió muy bien: «Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio».
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Opiniones 3
  • Este es un pequeño homenaje a las lecturas que me han emocionado, desde los clásicos «Capítulo 7» de Julio Cortázar o «Anabel Li» de Edgar A. Poe, a la introducción de «Trainspotting» de Irvine Welsh, el «No volveré a ser joven» de Jaime Gil de Biedma, «Carrer de Pelai 3» de Fonollosa, el cuento «Los pájaros prohibidos» de Galeano y el poema «No se trata de rencor sino de odio» del inigualable José María Panero. También está Baricco. Y Jim Morrison. Todo es Morrison.

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