17 de junio 2016    /   IDEAS
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Política para desencantados: la campaña llega a Tinder, Telegram y YouTube

17 de junio 2016    /   IDEAS     por          
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Hace unos días las principales cadenas de televisión emitieron a la vez un mismo programa por primera vez en la historia de España. Se trataba del debate electoral a cuatro entre Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Era, casi, programación única. Pero seguro que fueron pocos los jóvenes que se quedaron a verlo.

Lo que seguramente muchos jóvenes sí han visto, y han compartido en redes, es lo que sucedió después. Alguien grababa a Pedro Sánchez caminando por la calle, a eso de la una de la madrugada, yendo hacia Ferraz para encontrarse con los incondicionales de sus filas. Sánchez, alto como es, y seguramente cegado por el flash, se daba de bruces con la rama de un árbol e improvisaba, entre risas, que son las cosas del directo.

Aunque no fue ni mucho menos buscado, y aunque muchos compartieron el vídeo en redes (y medios) para reírse del candidato socialista, su buena reacción y la naturalidad del momento lo convirtieron en una pieza perfecta para llegar a aquellos que no suelen informarse sobre política por los cauces habituales (o, directamente, pasan de la política). Los jóvenes, sí, pero no sólo ellos.

Los políticos muchas veces aburren. Eso, que no es nuevo de ahora, se ha convertido en un problema importante en lo que respecta al enganche generacional: el nicho de esos ‘desinteresados’ por la política ya no es tan grande como antes (la indignación y la reacción a ella han mermado aquello de la desafección política), pero sí es potencialmente útil. Es por eso por lo que los líderes políticos se están acercando a aplicaciones como Snapchat, aunque en muchos casos cueste entender el entorno: el objetivo es ‘cazar’ a aquellos que quedan sin decidir su voto.

Es Snapchat, pero no sólo es Snapchat. La política se ha subido a la ola de la televisión, que ha dedicado sus espacios de máxima audiencia en fin de semana al debate político (quién lo hubiera dicho hace unos años). En esa batalla mediática, que tiene que ver con audiencias pero también con poder de influencia, ha habido un claro ganador: La Sexta fue la emisora más vista durante esa noche de ‘emisión única’, lo que reafirma la victoria que ya logró en la cobertura de la noche electoral del 20D. Y desplazar a TVE de esa hegemonía en la información política e institucional, lograda durante décadas, no era fácil

Ese nicho no sólo es numéricamente importante, sino también interesante en lo cualitativo. Tanto es así que por primera vez Telecinco, siempre volcada en los ‘realities’ y la programación espectáculo, ha iniciado una cobertura global de las elecciones del 26J.

La cuestión es que La Sexta tiene posiblemente el público más joven y más desencantado (con la situación, no con la cadena) de las televisiones actuales. Es gente a la que, en un porcentaje alto y visto lo visto, le interesa la política. Espectacularizada, pero política.

¿Y qué pasa con esa gente que no ve la televisión, pero que sí ha visto cosas como el vídeo de Sánchez y la rama? La política también está llegando a ellos. No sólo es Snapchat, o las redes sociales ‘tradicionales’ para el contenido informativo, como son Facebook o Twitter. Hace unos días comenzaba su actividad Politibot, un ‘bot’ de Telegram tras el que hay varios miembros de Politikon y el exsubdirector de El Español. Su objetivo: enviar píldoras de información sobre la campaña a todo el que le siga a través de la app de mensajería directa. Y, aunque experimental, está siendo un éxito.

Lo que comparte son gráficos, vídeos, cosas sencillas y directas, mayoritariamente visuales. Es el idioma que se habla ahora en las redes, el que llega a más gente. La simplificación máxima de lo complejo, la información cribada y seleccionada por gente con criterio para aquellos a los que de esa forma si quieren acercarse a la política.

No es éste el único ejemplo de utilización inusual de una aplicación para fines distintos. En Reino Unido, por ejemplo, se ha puesto en marcha un experimento a través de Tinder a cuenta del referéndum sobre la continuidad del país en la Unión Europea. Usando el sistema de la aplicación basado en los ‘swipes’, en lugar de decidir si alguien te hace tilín o no, decides si la información que te muestran es real o falsa. Es una iniciativa que busca concienciar y movilizar al voto, pero es también el primer caso de utilización de una plataforma como Tinder como herramienta política.

Pero si hay un nicho por excelencia de los alejados a los canales tradicionales, ese es el público de los ‘youtubers’. Su televisión no es la del salón, no conciben la existencia de horarios o programas comerciales y forman numerosísimas comunidades que se enrocan alrededor de autores cuyos códigos la industria no entiende.

En medio de esa vorágine uno de ellos, Jaume Rojo (alias ‘Rush Smith‘) lanzaba un vídeo hace unos días anunciando que iba a grabarse con los líderes de tres de las grandes formaciones políticas (Rajoy no ha querido y ha mandado a Pablo Casado en su lugar). Avisa de que mostrará su ideología, pero que no quiere faltas de respeto contra ninguna fuerza y que su intención es movilizar al voto y tomar conciencia sobre algo que interesa a todos. Así lo anunciaba en Twitter hace unos días

El primero en ‘someterse’ a la entrevista fue Pablo Casado. La primera pregunta, centrada en el área temática del youtuber, fue por la industria del videojuego y la animación, y Casado reconoció no saber qué responder. De paso, dejaba otra perla: las campañas muchas veces son como son para conseguir captar la atención de los medios, y los paseos por un campo de alcachofas o la visita a la explotación ganadera con un mono de trabajo son sólo «una carcasa bajo la que hacer llegar un mensaje».  A partir de ahí, entrevistado y entrevistador jugaron a tres videojuegos que servían de palanca para introducir preguntas acerca, por ejemplo, de pactos y entendimiento con otras formaciones.

Fresco, sencillo y diferente: diez minutos de exposición a un público totalmente de nicho y una forma distinta de conocer a un candidato (bueno, en este caso, al enviado del candidato). Éste es el resultado del primer vídeo.

El segundo, con Pablo Iglesias, fue un encuentro en directo auspiciado por Twitter más luego un rato de juegos entre el youtuber y el candidato

La política llega a todos los rincones, adaptando su mensaje a cada uno de ellos. Tras años de desafección ha llegado la reacción contraria. A ver cuánto dura…

Hace unos días las principales cadenas de televisión emitieron a la vez un mismo programa por primera vez en la historia de España. Se trataba del debate electoral a cuatro entre Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Era, casi, programación única. Pero seguro que fueron pocos los jóvenes que se quedaron a verlo.

Lo que seguramente muchos jóvenes sí han visto, y han compartido en redes, es lo que sucedió después. Alguien grababa a Pedro Sánchez caminando por la calle, a eso de la una de la madrugada, yendo hacia Ferraz para encontrarse con los incondicionales de sus filas. Sánchez, alto como es, y seguramente cegado por el flash, se daba de bruces con la rama de un árbol e improvisaba, entre risas, que son las cosas del directo.

Aunque no fue ni mucho menos buscado, y aunque muchos compartieron el vídeo en redes (y medios) para reírse del candidato socialista, su buena reacción y la naturalidad del momento lo convirtieron en una pieza perfecta para llegar a aquellos que no suelen informarse sobre política por los cauces habituales (o, directamente, pasan de la política). Los jóvenes, sí, pero no sólo ellos.

Los políticos muchas veces aburren. Eso, que no es nuevo de ahora, se ha convertido en un problema importante en lo que respecta al enganche generacional: el nicho de esos ‘desinteresados’ por la política ya no es tan grande como antes (la indignación y la reacción a ella han mermado aquello de la desafección política), pero sí es potencialmente útil. Es por eso por lo que los líderes políticos se están acercando a aplicaciones como Snapchat, aunque en muchos casos cueste entender el entorno: el objetivo es ‘cazar’ a aquellos que quedan sin decidir su voto.

Es Snapchat, pero no sólo es Snapchat. La política se ha subido a la ola de la televisión, que ha dedicado sus espacios de máxima audiencia en fin de semana al debate político (quién lo hubiera dicho hace unos años). En esa batalla mediática, que tiene que ver con audiencias pero también con poder de influencia, ha habido un claro ganador: La Sexta fue la emisora más vista durante esa noche de ‘emisión única’, lo que reafirma la victoria que ya logró en la cobertura de la noche electoral del 20D. Y desplazar a TVE de esa hegemonía en la información política e institucional, lograda durante décadas, no era fácil

Ese nicho no sólo es numéricamente importante, sino también interesante en lo cualitativo. Tanto es así que por primera vez Telecinco, siempre volcada en los ‘realities’ y la programación espectáculo, ha iniciado una cobertura global de las elecciones del 26J.

La cuestión es que La Sexta tiene posiblemente el público más joven y más desencantado (con la situación, no con la cadena) de las televisiones actuales. Es gente a la que, en un porcentaje alto y visto lo visto, le interesa la política. Espectacularizada, pero política.

¿Y qué pasa con esa gente que no ve la televisión, pero que sí ha visto cosas como el vídeo de Sánchez y la rama? La política también está llegando a ellos. No sólo es Snapchat, o las redes sociales ‘tradicionales’ para el contenido informativo, como son Facebook o Twitter. Hace unos días comenzaba su actividad Politibot, un ‘bot’ de Telegram tras el que hay varios miembros de Politikon y el exsubdirector de El Español. Su objetivo: enviar píldoras de información sobre la campaña a todo el que le siga a través de la app de mensajería directa. Y, aunque experimental, está siendo un éxito.

Lo que comparte son gráficos, vídeos, cosas sencillas y directas, mayoritariamente visuales. Es el idioma que se habla ahora en las redes, el que llega a más gente. La simplificación máxima de lo complejo, la información cribada y seleccionada por gente con criterio para aquellos a los que de esa forma si quieren acercarse a la política.

No es éste el único ejemplo de utilización inusual de una aplicación para fines distintos. En Reino Unido, por ejemplo, se ha puesto en marcha un experimento a través de Tinder a cuenta del referéndum sobre la continuidad del país en la Unión Europea. Usando el sistema de la aplicación basado en los ‘swipes’, en lugar de decidir si alguien te hace tilín o no, decides si la información que te muestran es real o falsa. Es una iniciativa que busca concienciar y movilizar al voto, pero es también el primer caso de utilización de una plataforma como Tinder como herramienta política.

Pero si hay un nicho por excelencia de los alejados a los canales tradicionales, ese es el público de los ‘youtubers’. Su televisión no es la del salón, no conciben la existencia de horarios o programas comerciales y forman numerosísimas comunidades que se enrocan alrededor de autores cuyos códigos la industria no entiende.

En medio de esa vorágine uno de ellos, Jaume Rojo (alias ‘Rush Smith‘) lanzaba un vídeo hace unos días anunciando que iba a grabarse con los líderes de tres de las grandes formaciones políticas (Rajoy no ha querido y ha mandado a Pablo Casado en su lugar). Avisa de que mostrará su ideología, pero que no quiere faltas de respeto contra ninguna fuerza y que su intención es movilizar al voto y tomar conciencia sobre algo que interesa a todos. Así lo anunciaba en Twitter hace unos días

El primero en ‘someterse’ a la entrevista fue Pablo Casado. La primera pregunta, centrada en el área temática del youtuber, fue por la industria del videojuego y la animación, y Casado reconoció no saber qué responder. De paso, dejaba otra perla: las campañas muchas veces son como son para conseguir captar la atención de los medios, y los paseos por un campo de alcachofas o la visita a la explotación ganadera con un mono de trabajo son sólo «una carcasa bajo la que hacer llegar un mensaje».  A partir de ahí, entrevistado y entrevistador jugaron a tres videojuegos que servían de palanca para introducir preguntas acerca, por ejemplo, de pactos y entendimiento con otras formaciones.

Fresco, sencillo y diferente: diez minutos de exposición a un público totalmente de nicho y una forma distinta de conocer a un candidato (bueno, en este caso, al enviado del candidato). Éste es el resultado del primer vídeo.

El segundo, con Pablo Iglesias, fue un encuentro en directo auspiciado por Twitter más luego un rato de juegos entre el youtuber y el candidato

La política llega a todos los rincones, adaptando su mensaje a cada uno de ellos. Tras años de desafección ha llegado la reacción contraria. A ver cuánto dura…

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