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4 de septiembre 2018    /   IDEAS
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Que quede claro: lo políticamente correcto es una mierda

4 de septiembre 2018    /   IDEAS     por          
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Ahora, consideremos las minorías en nuestra civilización. Cuanto mayor es la población, más minorías hay. No debemos meternos con los aficionados a los perros, a los gatos, con los médicos, abogados, comerciantes, directivos, mormones, baptistas, unitarios, chinos de segunda generación, suecos, italianos, alemanes, tejanos, habitantes de Brooklyn, irlandeses, nativos de Oregón o de México.

En este libro, en esta obra, en este serial de televisión la gente no quiere representar a ningún pintor, cartógrafo o mecánico que exista en la realidad.

Ray Bradbury nos avisó en 1953, pero nosotros seguimos pensando que Fahrenheit 451 era tan solo una novela distópica de ciencia ficción. Continuamos sin reconocer que todo lo que nos sucede hoy habitó antes en la mente de aquel visionario estadounidense.

Y lo que nos sucede hoy es esto: lo políticamente correcto ha fragmentado el mundo en miles de subgrupos listos para ofenderse, denunciarse, enfrentar a todos contra todos. El poder lo ha conseguido, aunque no le resultó fácil.

Durante décadas y de forma lenta pero creciente, la cultura, enemiga acérrima de los prejuicios, fue extendiéndose en capas cada vez más amplias de la población. Ahora tocaba desandar el camino. Pero el poder, como siempre, dio con la solución: ya no podía evitarse el acceso al conocimiento, pero sí podía simplificarse.

Los clásicos reducidos a una emisión radiofónica de quince minutos. Después, vueltos a reducir para llenar una lectura de dos minutos. Por fin, convertidos en un resumen de diccionario de diez o doce líneas.

Bradbury se quedó corto acortando. Claro que cuando escribió esto, aún faltaba más de medio siglo para la llegada de Twitter. Pero ahora todo es más fácil. Las redes sociales le permiten al poder enfrentar a hombres con mujeres, ingleses con europeos, norteamericanos con migrantes, catalanes con españoles…

La fragmentación está servida y los algoritmos se encargan del resto. Ahora una comunidad no se enfrenta a otra en el campo de batalla, sino odiándose en las redes sociales gracias a un sofisticado azuzamiento impulsado desde numerosos lugares del planeta.

De hecho, en el Oxford Internet Institute de la Universidad de Oxford se ha publicado un documento llamado Troops, Trolls and Troublemakers: A Global Inventory of Organized Social Media Manipulation en el que han identificado a 28 países que ya poseen organizaciones creadas para la manipulación de la opinión pública en dichas redes.

Esas organizaciones han descubierto que lo fundamental para ser eficaces en sus objetivos no es servirse del big data para llegar al individuo, sino utilizarlo para consolidar colectivos diferenciados por su orientación sexual, idioma, ideología o cualquier otro factor de cohesión endogámica y convencerles de que todos sus problemas se resolverían con la extinción del contrario.

Cuentan además con un apoyo adicional: las personas que convierten la dinamización de esos colectivos en una profesión y que, en consecuencia, fomentan su encono como un sistema para perpetuar el puesto de trabajo.

En ese contexto, lo políticamente correcto opera como una mistificación de la realidad. Su función no es la de evitar los conflictos, sino la de posponerlos. Permitir que permanezcan latentes para cuando sea necesario servirse de ellos (en unas elecciones, en un referéndum, para atacar al contrincante…) y alimentarlos mientras tanto en las redes sociales a través del goteo sistemático de campañas de desinformación, fake news, etc.

A este respecto, resulta significativa la noticia de que la Unión Europea haya aprobado la irrisoria cifra de 800.000 euros para apoyar al East StratCom Task Force, encargada de luchar contra la desinformación en las redes sociales. Un claro ejemplo del desinterés por acabar con un problema que, en el fondo del fondo, le resulta útil a demasiada gente.

Ahora, consideremos las minorías en nuestra civilización. Cuanto mayor es la población, más minorías hay. No debemos meternos con los aficionados a los perros, a los gatos, con los médicos, abogados, comerciantes, directivos, mormones, baptistas, unitarios, chinos de segunda generación, suecos, italianos, alemanes, tejanos, habitantes de Brooklyn, irlandeses, nativos de Oregón o de México.

En este libro, en esta obra, en este serial de televisión la gente no quiere representar a ningún pintor, cartógrafo o mecánico que exista en la realidad.

Ray Bradbury nos avisó en 1953, pero nosotros seguimos pensando que Fahrenheit 451 era tan solo una novela distópica de ciencia ficción. Continuamos sin reconocer que todo lo que nos sucede hoy habitó antes en la mente de aquel visionario estadounidense.

Y lo que nos sucede hoy es esto: lo políticamente correcto ha fragmentado el mundo en miles de subgrupos listos para ofenderse, denunciarse, enfrentar a todos contra todos. El poder lo ha conseguido, aunque no le resultó fácil.

Durante décadas y de forma lenta pero creciente, la cultura, enemiga acérrima de los prejuicios, fue extendiéndose en capas cada vez más amplias de la población. Ahora tocaba desandar el camino. Pero el poder, como siempre, dio con la solución: ya no podía evitarse el acceso al conocimiento, pero sí podía simplificarse.

Los clásicos reducidos a una emisión radiofónica de quince minutos. Después, vueltos a reducir para llenar una lectura de dos minutos. Por fin, convertidos en un resumen de diccionario de diez o doce líneas.

Bradbury se quedó corto acortando. Claro que cuando escribió esto, aún faltaba más de medio siglo para la llegada de Twitter. Pero ahora todo es más fácil. Las redes sociales le permiten al poder enfrentar a hombres con mujeres, ingleses con europeos, norteamericanos con migrantes, catalanes con españoles…

La fragmentación está servida y los algoritmos se encargan del resto. Ahora una comunidad no se enfrenta a otra en el campo de batalla, sino odiándose en las redes sociales gracias a un sofisticado azuzamiento impulsado desde numerosos lugares del planeta.

De hecho, en el Oxford Internet Institute de la Universidad de Oxford se ha publicado un documento llamado Troops, Trolls and Troublemakers: A Global Inventory of Organized Social Media Manipulation en el que han identificado a 28 países que ya poseen organizaciones creadas para la manipulación de la opinión pública en dichas redes.

Esas organizaciones han descubierto que lo fundamental para ser eficaces en sus objetivos no es servirse del big data para llegar al individuo, sino utilizarlo para consolidar colectivos diferenciados por su orientación sexual, idioma, ideología o cualquier otro factor de cohesión endogámica y convencerles de que todos sus problemas se resolverían con la extinción del contrario.

Cuentan además con un apoyo adicional: las personas que convierten la dinamización de esos colectivos en una profesión y que, en consecuencia, fomentan su encono como un sistema para perpetuar el puesto de trabajo.

En ese contexto, lo políticamente correcto opera como una mistificación de la realidad. Su función no es la de evitar los conflictos, sino la de posponerlos. Permitir que permanezcan latentes para cuando sea necesario servirse de ellos (en unas elecciones, en un referéndum, para atacar al contrincante…) y alimentarlos mientras tanto en las redes sociales a través del goteo sistemático de campañas de desinformación, fake news, etc.

A este respecto, resulta significativa la noticia de que la Unión Europea haya aprobado la irrisoria cifra de 800.000 euros para apoyar al East StratCom Task Force, encargada de luchar contra la desinformación en las redes sociales. Un claro ejemplo del desinterés por acabar con un problema que, en el fondo del fondo, le resulta útil a demasiada gente.

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Opiniones 4
  • No hay nada nuevo bajo los cielos…
    Bradburry fue uno de los primeros en proyectar en un lenguaje socio-político futurista lo que ya se sabía de lo que es capaz de hacer la humanidad. Algo se había aprendido de Hitler, algo que hoy en día se está olvidando, como si Auschwitz sólo fuera un sitio añejo lleno de telarañas…
    El ser humano ya mataba antes de ser homo sapiens, mataba y sigue matando de manera irracional desde que entró en la confusión entre su ser carnívoro y su ser vegetariano.
    Twitter no nos llevó a está situación, solamente aceleró el paso, al igual que las bombas atómicas y los drones matan de manera cada vez más rápida, industrial o quirúrgica.
    Hemos sido, somos y seguiremos siendo míseros miserables, más carnivores que vegetarianos, más egoístas que sabios, más brutos que listos y esto se refleja continuamente en el mar de insultos que flotan por por todos los tweets, comentarios de prensa y demás facebook del odio….
    No hay nada nuevo bajo los cielos…

  • En 1954, Jacques Brel nos dejó esta canción (La traducción no es la mejor, por eso dejo la versión original más abajo.):

    El diabo (va bien)

    Un día el diablo vino a la tierra.
    Un día el diablo vino a la tierra para
    vigilar sus intereses. Todo lo vio el
    diablo y todo lo oyó y tras haber
    visto todo, tras haber escuchado todo
    volvió a su casa, allá.
    Y allá se había preparado un gran banquete.
    Al final del banquete se ha levantado el diablo
    y ha pronunciado un discurso:

    Va bien.
    Siempre hay un poco por doquier
    Fuegos que iluminan la tierra muy bien
    Va bien
    Los hombres se divierten como locos
    En los peligrosos juegos de la guerra
    Va bien
    Los trenes descarrilan con estrépito
    Porque muchachos llenos de ideal
    colocan bombas en las vías
    Eso hace muertes originales
    Eso hace muertes sin confesión
    Confesiones sin remisión
    Va bien

    Nada se vende más todo se compra
    El honor e incluso la santidad
    Va bien
    Los estados mudan a escondidas
    en anónimas sociedades
    Va bien
    Los grandes se arrancan los dólares
    Llegados del país de los niños
    Europa ensaya El Avaro
    En un decorado de mil novecientos
    Eso hace muertos de inanición
    Y la inanición de las naciones
    Va bien

    Los hombres han visto tanto de esto
    Que sus ojos se han vuelto grises
    Va bien
    E incluso ya no se canta
    en todas las calles de París
    Va bien
    Se trata a los valientes de locos
    Y a los poetas de necios
    Pero en todos los periódicos
    Todos los cabrones tienen su foto
    Eso hace daño a las gentes honestas
    Y reír a las gentes deshonestas.
    Va bien, va bien, va bien, va bien.

    ——————

    Ça va, le Diable

    Un jour le Diable vint sur terre, un jour le Diable vint sur terre
    pour surveiller ses intérêts, il a tout vu le Diable, il a tout entendu
    et après avoir tout vu, après avoir tout entendu, il est retourné chez
    lui, là-bas.
    Et là-bas on avait fait un grand banquet, à la fin du banquet, il s’est
    levé le Diable, il a prononcé un discours et en substance il a dit ceci,
    il a dit:

    Il y a toujours un peu partout
    Des feux illuminant la terre ça va
    Les hommes s’amusent comme des fous
    Aux dangereux jeux de la guerre ça va
    Les trains déraillent avec fracas
    Parce que des gars pleins d’idéal
    Mettent des bombes sur les voies
    Ça fait des morts originales
    Ça fait des morts sans confession
    Des confessions sans rémission ça va

    Rien ne se vend mais tout s’achète
    L’honneur et même la sainteté ça va
    Les États se muent en cachette
    En anonymes sociétés ça va
    Les grands s’arrachent les dollars
    Venus du pays des enfants
    L’Europe répète l’Avare
    Dans un décor de mil neuf cent
    Ça fait des morts d’inanition
    Et l’inanition des nations ça va

    Les hommes ils en ont tant vu
    Que leurs yeux sont devenus gris ça va
    Et l’on ne chante même plus
    Dans toutes les rues de Paris ça va
    On traite les braves de fous
    Et les poètes de nigauds
    Mais dans les journaux de partout
    Tous les salauds ont leur photo
    Ça fait mal aux honnêtes gens
    Et rire les malhonnêtes gens.
    Ça va ça va ça va ça va

  • En la casa encendida en Madrid,hace un año,fui agredido por un loco,que despues de insultar a mi y a mi madre,q.p.d.se avalanzo contra mi golpeandome para matarme,uno de los golpes,fue a parar al mismo lugar,donde un par de años antes,tuve un hematoma interno de 12 ctms,este energumeno,esta obsesionado con el ascensor,lo ocupa y te dice,que alli,el ascensor esta para el,que tú,no importa si tienes setenta años,hijoputa baja por la escalera dice,denuncie los hecho,que no he tenido respuesta y ademas el energumeno,sigue allí,no se de que influencias gozará,influencias,que niega a rajatabla,un vijilante..¡Le dejamos entrar,porque no a pegado a nadie,masque a usted.! le parecera poco.. Sin embargo a mi me vetaron arbitrariamente en 2014,por quejarme,de las falsas acusaciones,de otro zumbado,que me imputaba,haberle substraido su movíl,movil,que se habia llevado el vigilante,por tenerlo indebidamente enchufado.

  • Muy cierto todo lo que decía aquí.Y felicidades por el blog.
    Twitter y Facebook están llenos de grupúsculos de gente sin argumentos que se dedica a insultar a la mínima que critiques su ideología prejuiciosa.
    Bradbury, Huxley, Orwell, estaban hablando de nuestro presente.

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