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22 de octubre 2015    /   IDEAS
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¿Puede un político cambiar de partido?

22 de octubre 2015    /   IDEAS     por          
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En el mundo de la política hay muchas contradicciones, y una típica se refiere a la capacidad de asumir errores. Por ejemplo, si un político hace algo mal y dimite se interpreta como que asume la culpabilidad, pero si no dimite se le critica incluso más. Otro ejemplo, algo más matizado, es el de cambiar de ideología o, al menos, de partido político. Ahí las críticas vienen porque normalmente se asocia a una búsqueda de mayor cuota de poder y porque en muchas ocasiones implica el tener que tragarse muchas declaraciones o posturas defendidas en el pasado.
Es cierto que no suelen darse grandes saltos de un lado a otro, pero hay no pocos casos de políticos destacados que han emprendido esa senda. Algunos, por ejemplo, formando partidos políticos nuevos. Lo hicieron Rosa Díez y Alberto Sotillos saliéndose del PSOE para fundar UPyD y Decide en Común respectivamente. En el mundo del nacionalismo lo hizo Patxi Zabaleta abandonando HB para crear Aralar, Carlos Garaikoetxea dejando el PNV para fundar EA, Xosé Manuel Beiras saliendo del BNG para crear Anova o Ernest Maragall abandonando el PSC para fundar Nova Esquerra Catalana. También lo hicieron Alejo Vidal Quadras y Francisco Álvarez Cascos en el PP para fundar Vox y FAC respectivamente, o Santiago Cervera abandonando UPN para montar una hasta entonces inexistente delegación del PP en Navarra. Hay muchísimos ejemplos así.
También, claro, hay casos a la inversa: partidos que desaparecieron para integrarse en otros mayores, haciendo que sus militantes abandonaran sus siglas, ya fuera entrando a las del partido mayor, ya fuera abandonando al barco por discrepar. Pasó por ejemplo con Unió Valenciana uniéndose al PP, o con Euskadiko Ezkerra uniéndose al PSOE.
Hay un último escenario, el más sensible, que es el que se produce cuando un político decide de forma individual irse de una formación no ya para crear otra, sino para incorporarse a algo que ya existía. No es por tanto poner en marcha algo nuevo, sino directamente cambiar de equipo.
El caso más reciente ha sido el de Irene Lozano, diputada de UPyD que compitió en las primarias de la formación para suceder a Rosa Díez y que perdió por poco frente a Andrés Herzog. Para sorpresa de muchos el PSOE le ha hecho un hueco en sus listas como independiente e irá como número cuatro al Congreso, muy por delante por ejemplo de Eduardo Madina, que fue quien perdió las primarias del PSOE frente a Pedro Sánchez y quien irá en el número siete. Poco antes que a ella, los socialistas también ‘fichaban’ a Zaida Cantera, que en su caso llegaba ‘jugadora libre’, porque no militaba en ningún partido


En este caso en particular se ha criticado a Lozano por sus airadas críticas al PSOE en el pasado, y desde su ya antigua formación algunos le han acusado de buscarse un «pesebre» en el que seguir conservando un cargo. Otras voces, sin embargo, han salido al paso de las críticas preguntándose si los políticos no tienen derecho a evolucionar, a cambiar de ideas o a querer unirse a un proyecto político diferente.
El de Lozano tampoco es el único caso. El ahora preso Rafael Blasco pasó por el PCE, por el PSOE y acabó con el PP, casi como Jorge Vestrynge, solo que éste ha acabado en Podemos. Gotzone Mora fue expulsada del PSOE por pedir el voto para el PP, que le dio varios cargos, igual que pasó con Rosa Aguilar, que dejó IU para irse al PSOE. Como ellos Toni Cantó o Ignacio Prendes dejaron UPyD para sumarse a Ciudadanos, mientras que Tania SánchezInés Sabanés hicieron lo propio para sumarse a Podemos y Equo.
Y todo esto sin hablar de acuerdos, como cuando la CHA e ICV hacen piña con IU, UPN o el PAR con el PP. O de coaliciones, como la ya extinta CiU o las vigentes de EH Bildu (Sortu, Alternatiba, EA y Aralar), Geroa Bai (PNV y Zabaltzen) o ERC-Sí. O de préstamos, como el caso de Raül Romeva de ICV siendo cabeza de lista por Junts pel Sí, o la fórmula de las convergencias de izquierda.
Visto todo esto y el enrevesado cruce de candidatos que entran y salen, partidos que se alían, escinden o unen e ideologías con cambios más o menos matizados, sólo falta una cosa más para acabar de marear: cuando ya se conforman todas las listas y candidaturas, encima hay pactos entre formaciones diferentes para conseguir investiduras. Así que… ¿ideología, dices? ¿Qué ideología?

En el mundo de la política hay muchas contradicciones, y una típica se refiere a la capacidad de asumir errores. Por ejemplo, si un político hace algo mal y dimite se interpreta como que asume la culpabilidad, pero si no dimite se le critica incluso más. Otro ejemplo, algo más matizado, es el de cambiar de ideología o, al menos, de partido político. Ahí las críticas vienen porque normalmente se asocia a una búsqueda de mayor cuota de poder y porque en muchas ocasiones implica el tener que tragarse muchas declaraciones o posturas defendidas en el pasado.
Es cierto que no suelen darse grandes saltos de un lado a otro, pero hay no pocos casos de políticos destacados que han emprendido esa senda. Algunos, por ejemplo, formando partidos políticos nuevos. Lo hicieron Rosa Díez y Alberto Sotillos saliéndose del PSOE para fundar UPyD y Decide en Común respectivamente. En el mundo del nacionalismo lo hizo Patxi Zabaleta abandonando HB para crear Aralar, Carlos Garaikoetxea dejando el PNV para fundar EA, Xosé Manuel Beiras saliendo del BNG para crear Anova o Ernest Maragall abandonando el PSC para fundar Nova Esquerra Catalana. También lo hicieron Alejo Vidal Quadras y Francisco Álvarez Cascos en el PP para fundar Vox y FAC respectivamente, o Santiago Cervera abandonando UPN para montar una hasta entonces inexistente delegación del PP en Navarra. Hay muchísimos ejemplos así.
También, claro, hay casos a la inversa: partidos que desaparecieron para integrarse en otros mayores, haciendo que sus militantes abandonaran sus siglas, ya fuera entrando a las del partido mayor, ya fuera abandonando al barco por discrepar. Pasó por ejemplo con Unió Valenciana uniéndose al PP, o con Euskadiko Ezkerra uniéndose al PSOE.
Hay un último escenario, el más sensible, que es el que se produce cuando un político decide de forma individual irse de una formación no ya para crear otra, sino para incorporarse a algo que ya existía. No es por tanto poner en marcha algo nuevo, sino directamente cambiar de equipo.
El caso más reciente ha sido el de Irene Lozano, diputada de UPyD que compitió en las primarias de la formación para suceder a Rosa Díez y que perdió por poco frente a Andrés Herzog. Para sorpresa de muchos el PSOE le ha hecho un hueco en sus listas como independiente e irá como número cuatro al Congreso, muy por delante por ejemplo de Eduardo Madina, que fue quien perdió las primarias del PSOE frente a Pedro Sánchez y quien irá en el número siete. Poco antes que a ella, los socialistas también ‘fichaban’ a Zaida Cantera, que en su caso llegaba ‘jugadora libre’, porque no militaba en ningún partido


En este caso en particular se ha criticado a Lozano por sus airadas críticas al PSOE en el pasado, y desde su ya antigua formación algunos le han acusado de buscarse un «pesebre» en el que seguir conservando un cargo. Otras voces, sin embargo, han salido al paso de las críticas preguntándose si los políticos no tienen derecho a evolucionar, a cambiar de ideas o a querer unirse a un proyecto político diferente.
El de Lozano tampoco es el único caso. El ahora preso Rafael Blasco pasó por el PCE, por el PSOE y acabó con el PP, casi como Jorge Vestrynge, solo que éste ha acabado en Podemos. Gotzone Mora fue expulsada del PSOE por pedir el voto para el PP, que le dio varios cargos, igual que pasó con Rosa Aguilar, que dejó IU para irse al PSOE. Como ellos Toni Cantó o Ignacio Prendes dejaron UPyD para sumarse a Ciudadanos, mientras que Tania SánchezInés Sabanés hicieron lo propio para sumarse a Podemos y Equo.
Y todo esto sin hablar de acuerdos, como cuando la CHA e ICV hacen piña con IU, UPN o el PAR con el PP. O de coaliciones, como la ya extinta CiU o las vigentes de EH Bildu (Sortu, Alternatiba, EA y Aralar), Geroa Bai (PNV y Zabaltzen) o ERC-Sí. O de préstamos, como el caso de Raül Romeva de ICV siendo cabeza de lista por Junts pel Sí, o la fórmula de las convergencias de izquierda.
Visto todo esto y el enrevesado cruce de candidatos que entran y salen, partidos que se alían, escinden o unen e ideologías con cambios más o menos matizados, sólo falta una cosa más para acabar de marear: cuando ya se conforman todas las listas y candidaturas, encima hay pactos entre formaciones diferentes para conseguir investiduras. Así que… ¿ideología, dices? ¿Qué ideología?

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