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7 de marzo 2013    /   CINE/TV
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Por la ventana del transmongoliano

7 de marzo 2013    /   CINE/TV     por          
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Rubén Sánchez llevaba meses cogiendo el avión constantemente. Un medio de transporte que, según cuenta, permite viajar rápido pero en el que “no ves nada”. Cuando llegó la hora de tomarse unas vacaciones, el productor audiovisual decidió buscar lo opuesto. La experiencia de poder moverse de otra forma mucho más lenta y consciente sin preocuparse de la hora del reloj. La primera cosa que le vino a la cabeza a él y a su pareja, Cristina Fernández, fue coger el transiberiano, la línea de tren más larga del mundo.
“Habíamos visto la película Transsiberian y tenía un tío que hizo el viaje en la época comunista”. Buceando en foros descubrieron que esta aventura interminable tenía una ruta alternativa que incluía una desviación por Mongolia y China llamada el transmongoliano. Rizando el rizo más todavía, encontraron que la ruta tenía mucho menos turistas cuando  empieza en China en vez de Moscú.
Y así fue como llegaron a este tren, que recorre 2.215 kilómetros a los que hay que añadir el tramo restante del lago Baikal hasta Moscú y el tramo entre Pekín y la frontera Mongol. Un viaje que relatan en este vídeo de 4 minutos, que ya ha sido destacado por el equipo de Vimeo.

Las secuencias se centran principalmente en la estepa de este país asiático, aunque también hay imágenes del resto del viaje. “Es la parte más impresionante del trayecto. En Mongolia, literalmente, no hay nada urbanizado a excepción de la capital, Ulán Bator. Es un país de menos de 3 millones de habitantes que mide tres veces la extensión de España y que está poblado principalmente por nómadas. Las zonas de Siberia son mucho más monótonas”, explica Sanchez, que realizó el viaje en 2011 pero ha esperado hasta esta semana para compartirlo con el mundo.
Viajar en este tren supone una inmersión en tres culturas distintas y personajes extraños. “Está lleno de trabajadores y contrabandistas. Vimos detenciones duras, especialmente en las fronteras entre cada uno de los países. Cuando llegas a los pasos intentan esconder cosas en tu vagón para evadir el control policial. Lo más impresionantes de estos lugares es que están en medio de la nada. Alrededor hay estepas y poco más. Es como estar en el ‘Wild West’”, explica el fundador de la productora Factoria.
En cada control de frontera cambian las ruedas de los vagones y cambia la cafetería. “Te meten en una nave industrial durante 5 horas mientras te requisan el pasaporte y cambian el ancho de vía, que es distinto en China al resto de países. En la cafetería te encuentras que el chino que te atendía ha sido cambiado por un mongol”. Sánchez dice que en Rusia el paso fue aún más surrealista. “Allí te esperan policías en una zona vallada con pastores alemanes”.
El día a día es lento pero a la vez rápido. “No corre mucho pero los paisajes se te pasan volando. Cada vez que miras por la ventana ves algo nuevo y distinto”. Los trenes operan sin catenaria, una realidad que permite contemplar el paisaje sin nada de por medio. “Es una sensación salvaje”. Algo que ha intentado reflejar en su relato visual con un formato de 21:9. “La forma permite sumergirte en la atmósfera del tren”.
Entre 8 y 9 días dura el viaje aunque el productor y su pareja lo extendieron hasta casi un mes. “Hicimos paradas en Mongolia y en Siberia”. Durante los tramos de tren más largos se vuelve inevitable buscar la compañía de otras personas. “Deambulas por los pasillos y acabas entablando conversación con todo tipo de gente. Había un ruso que trabajaba en Vladivostok y realizaba el viaje a Moscú para ver a su familia. Te encuentras turistas curiosos de todo tipo de nacionalidades. También se hace vital hacer algún tipo de ejercicio. Una chica catalana que conocimos acabó enseñando a todo el vagón a hacer yoga y tai chi. Se genera un pequeño universo de convivencia en cada sección del tren”.
Las cafeterías eran menos transitadas de lo que uno podría pensar. “En la película Transiberiano es el centro de la actividad pero el que encontramos era bastante tranquilo”. De vez en cuando se encontraba obstáculos también. “Hay bastante borracho y te tienes que andar con cuidado cuando estás cerca de ellos”.
El viaje ha quedado atrás para Rubén Sánchez y Cristina Fernández, pero sigue viviendo en esta pequeña ventana que han creado para poder acompañarlos durante unos pocos minutos. “Si no lo compartes, se queda postrado en el pasado. De esta forma sigue con vida».

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Rubén Sánchez llevaba meses cogiendo el avión constantemente. Un medio de transporte que, según cuenta, permite viajar rápido pero en el que “no ves nada”. Cuando llegó la hora de tomarse unas vacaciones, el productor audiovisual decidió buscar lo opuesto. La experiencia de poder moverse de otra forma mucho más lenta y consciente sin preocuparse de la hora del reloj. La primera cosa que le vino a la cabeza a él y a su pareja, Cristina Fernández, fue coger el transiberiano, la línea de tren más larga del mundo.
“Habíamos visto la película Transsiberian y tenía un tío que hizo el viaje en la época comunista”. Buceando en foros descubrieron que esta aventura interminable tenía una ruta alternativa que incluía una desviación por Mongolia y China llamada el transmongoliano. Rizando el rizo más todavía, encontraron que la ruta tenía mucho menos turistas cuando  empieza en China en vez de Moscú.
Y así fue como llegaron a este tren, que recorre 2.215 kilómetros a los que hay que añadir el tramo restante del lago Baikal hasta Moscú y el tramo entre Pekín y la frontera Mongol. Un viaje que relatan en este vídeo de 4 minutos, que ya ha sido destacado por el equipo de Vimeo.

Las secuencias se centran principalmente en la estepa de este país asiático, aunque también hay imágenes del resto del viaje. “Es la parte más impresionante del trayecto. En Mongolia, literalmente, no hay nada urbanizado a excepción de la capital, Ulán Bator. Es un país de menos de 3 millones de habitantes que mide tres veces la extensión de España y que está poblado principalmente por nómadas. Las zonas de Siberia son mucho más monótonas”, explica Sanchez, que realizó el viaje en 2011 pero ha esperado hasta esta semana para compartirlo con el mundo.
Viajar en este tren supone una inmersión en tres culturas distintas y personajes extraños. “Está lleno de trabajadores y contrabandistas. Vimos detenciones duras, especialmente en las fronteras entre cada uno de los países. Cuando llegas a los pasos intentan esconder cosas en tu vagón para evadir el control policial. Lo más impresionantes de estos lugares es que están en medio de la nada. Alrededor hay estepas y poco más. Es como estar en el ‘Wild West’”, explica el fundador de la productora Factoria.
En cada control de frontera cambian las ruedas de los vagones y cambia la cafetería. “Te meten en una nave industrial durante 5 horas mientras te requisan el pasaporte y cambian el ancho de vía, que es distinto en China al resto de países. En la cafetería te encuentras que el chino que te atendía ha sido cambiado por un mongol”. Sánchez dice que en Rusia el paso fue aún más surrealista. “Allí te esperan policías en una zona vallada con pastores alemanes”.
El día a día es lento pero a la vez rápido. “No corre mucho pero los paisajes se te pasan volando. Cada vez que miras por la ventana ves algo nuevo y distinto”. Los trenes operan sin catenaria, una realidad que permite contemplar el paisaje sin nada de por medio. “Es una sensación salvaje”. Algo que ha intentado reflejar en su relato visual con un formato de 21:9. “La forma permite sumergirte en la atmósfera del tren”.
Entre 8 y 9 días dura el viaje aunque el productor y su pareja lo extendieron hasta casi un mes. “Hicimos paradas en Mongolia y en Siberia”. Durante los tramos de tren más largos se vuelve inevitable buscar la compañía de otras personas. “Deambulas por los pasillos y acabas entablando conversación con todo tipo de gente. Había un ruso que trabajaba en Vladivostok y realizaba el viaje a Moscú para ver a su familia. Te encuentras turistas curiosos de todo tipo de nacionalidades. También se hace vital hacer algún tipo de ejercicio. Una chica catalana que conocimos acabó enseñando a todo el vagón a hacer yoga y tai chi. Se genera un pequeño universo de convivencia en cada sección del tren”.
Las cafeterías eran menos transitadas de lo que uno podría pensar. “En la película Transiberiano es el centro de la actividad pero el que encontramos era bastante tranquilo”. De vez en cuando se encontraba obstáculos también. “Hay bastante borracho y te tienes que andar con cuidado cuando estás cerca de ellos”.
El viaje ha quedado atrás para Rubén Sánchez y Cristina Fernández, pero sigue viviendo en esta pequeña ventana que han creado para poder acompañarlos durante unos pocos minutos. “Si no lo compartes, se queda postrado en el pasado. De esta forma sigue con vida».

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